Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y disgresivas de una vida en Tokio

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glamour

Kinoshita Takanori (1894-1973) es un pintor apenas conocido en Japón, cuya obra nunca hubiese sido objeto de una retrospectiva en el museo de arte de Yokohama, si no fuera porque este pintor nació y vivió toda su vida en esta cosmopolita villa. Retrospectiva construida a base de prestamos de modestas colecciones privadas y familiares, y de cuadros venidos de numerosos museos provinciales y metropolitanos, muestra del relativo olvido en el que estaba este pintor. En los años veinte, en pleno florecimiento Taisho (época de apertura democrática en Japón, 1912-26) se trasladó a la Ecole de Paris para realizar estudios de pintura. Como muchos otros pintores japoneses fascinados por occidente, Kinoshita cumpliço su sueño de estudiar en la meca de la pintura mundial, con la salvedad de que fue de los pocos pintores que se mantuvo fiel al estilo clásico. Dadaismo, surrealismo, cubismo o futurismo fueron tendencias que no lograron calar en el estilo académico de Kinoshita. Cuando regresó a Japón en los convulsos años previos a la guerra, fundó una sociedad con pintores clásicos como él que llamo simplemente con el año de su fundación: 1930. Con el tiempo, se fue quedando sólo como único estandarte del clasicismo, y con la guerra, y gracias a su acomodada posición, evitó el tener que participar como pintor de propaganda. Con la paz y la ocupación de posguerra, el sueño americano llegó a Japón, y con él, la mayor fuente de inspiración de Kinoshita.

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La dorada década de los cincuenta. Kinoshita pasará a la historia por sus retratos de mujeres japonesas occidentalizadas. De un estilo realista marcado por sus trazos suaves, en la mayoría de sus cuadros de esta época no hay kimonos, ni referencias japonesas. Los lugares en donde posan las retratadas (clases de piano o de ballet, bibliotecas, cafés) son de clara importación europea. Incluso si aparece algún libro o revista entre las manos de la modelo, no hay caracteres chinos, sino clara caligrafía occidental. Sin embargo, los cuadros reflejan la elitista moda de la época, y un glamour que explica la fascinación de los japoneses por Audrey Hepburn. Mujeres estilizadas posando con estilo y contención en las formas, de una pasta muy distinta a la de esas mujeres fatales del mejor Shangai de los treinta. Y es que pese al atrezzo del cuadro, inequívocamente nos encontramos ante esa mezcla de inocencia y timidez impuesta a las mujeres japonesas. En todos los retratos de Kinoshita las mujeres tienen la mirada perdida, ruborizadas, sin atreverse a mirar directamente al espectador. Incluso los numerosos desnudos transmiten el pudor de unas modelos reacias a enseñar sus formas, y que parecen que en cualquier momento cogerán la almohada para taparse. Ni rastro de esa mirada entre pícara y complaciente que denota seguridad, de la famosa Maja desnuda pintada por Goya.

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Paseando entre el glamour de los cuadros, me vino a la cabeza la excelente serie americana de televisión “Mad Men”. Basada en la misma época en la que Kinoshita pintó sus más famosos cuadros, ofrece una visión del mundo laboral estadounidense de la época que recuerda al japonés de hoy en día. Los americanos abandonaron Japón a finales de los cincuenta, y les dejaron un “sueño” y unos valores que se olvidaron de ir renovándolos con el tiempo. En “Mad Men” las mujeres son los floreros de la oficina, y como tal, están sujetas a un comportamiento deliberadamente machista que hoy en día sería considerado delito. No en Japón. Las mujeres japonesas aceptan su rol laboral secundario, y como aquellas mujeres de la Madison Avenue, sólo aspiran a cazar a algún compañero que las retire, les ponga una casita en los suburbios, y un par de hijos para pasar el rato. Cumplido el objetivo, la venda esta puesta y hacen la vista gorda a las cada vez más frecuentes reuniones hasta madrugada, inesperados viajes de negocios de fin de semana, y fragancias de perfume femenino enmascaradas en el rancio olor de tabaco, whisky y tergal. Eso si, mientras dura su floración, mantienen un impecable estilo construido a base de prestigiosas marcas, y pulido día a día con las últimas revistas de moda. Incluso el propio Kinoshita fue ilustrador de moda en revistas como “Shukan Asahi”, de ahí su extremada sensibilidad para captar esa sofisticación femenina, única arma para desenvolverse en un mundo de hombres.

::: escrito en Mayo 23, 2008 06:10 PM |

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Comentarios para: "glamour"

Conosco uma obra de Kinushita acá en mi ciudad...se hay alguno interese, estoy a disposición...
Y perdona mi castelhano, por que soy brasileño e hablo português.
Gracias
Kiko Reis

Escrito por:
Kiko Reis | Junio 3, 2008 10:58 AM

ops, y hablo...jajaja

Escrito por:
Kiko Reis | Junio 3, 2008 10:59 AM




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