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aromas
Tras la lluvia el olor de la tierra dispara nuestro aletargado olfato. Es el olor del humus, que en su lenta putrefacción desprende una fragancia que poco tiene que ver con olores de descomposición. Incluso recuerdo haber visto en un documental de cocinas imposibles, a un chef japonés que utilizaba esta, al fin y al cabo, tierra, para aderezar sus platos de fusión francesa.
No sólo a humus huele Tokio tras la lluvia. De vez en cuando llega un olor que me trae recuerdos de las serranías castellanas y sus rojizos pinos albares. Olor de madera mojada que se funde a veces con el del humo de la madera recién quemada. Reminiscencias de chimeneas de montaña. Fragancias de resinas nobles ocupando la habitación en algo que alguien vendería después como aromaterapia. Son maderas usadas para calentar el agua de antiguos baños públicos, de esos que todavía conservan un cobertizo de Uralita con madera apilada y cortada, que en la espera a ser quemadas destilan sus fragancias en contacto a la fresca humedad de la lluvia caída. Aromas de pueblo que por momentos enmascaran la realidad urbana de la ciudad, como cuando furtivamente brisas de sabor salitre se cuelan entre el muro de rascacielos, reivindicando un mar tan cercano como olvidado.
De la madera recién cortada que mientras se desangra grita en un estallido de fragancias, a la difunta madera de templos y santuarios. Maderas de cedro, oscuras por el paso del tiempo y ahumadas por la adsorción continuada de incienso, liberan al ser humedecidas una mezcolanza de olores sacramentales embalsamados en el perenne incienso. Olores que fluyen y se diluyen por los alrededores, a modo de silenciosa y subrepticia homilía que denota la presencia del recinto sagrado. Olores muy diferentes a la marasma de olores encerrados en catedrales; aromas estancos sin ventilar, de una crasitud solemne y artificiosa, que poco tiene que ver con la comunión natural de los santuarios japoneses.
Perfumes cargados de memoria que fugaces se disipan por la carcoma del asfalto.
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Comentarios para: "aromas"
Llevo leyéndote desde hace al menos cuatro años y no encuentro a otra persona que sepa describir tan bien algo efímero como un aroma. Me encanta leerte.
Gracias por escribir.
Muchas gracias. Me alegra poder transmitir un pedacito oloroso de esta ciudad.