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repaso
El pasado viernes se dieron los premios de la academia de cine japonesa y como todos los años, la gala fue soporífera. Las galas de cine occidentales son un espectáculo, un derrocho de ingenio guionizado en donde se opta por la brevedad, y por un conductor dinámico y con chispa que sepa dar ingenio y frescura a la a veces interminable sucesión de caras conocidas. Sin embargo, la gala japonesa es un derroche de tedio, formalidad y preguntas estúpidas que refrendan la idea de que los guionistas de este país llevan por lo menos una década en servicios mínimos, como demuestra el hecho de que el galardón al mejor guión no distingue entre mejor guión adaptado ni mejor guión original. Doscientos cincuenta euros es lo que cuesta el cubierto de la gala, y gracias a esta cena es como consiguen los nominados aguantar esta farsa. Comienza la gala, y los nominados van subiendo al estrado en donde son interrogados por la pareja de presentadores con preguntas que van desde ¿por qué has cambiado tu peinado? a ¿cuál fue tu escena favorita?. Preguntas que diligentemente y sin gracia contestan unos nominados un poco disgustados porque no se les ha preguntado cual es su color favorito. Tras la interminable ronde presentaciones, y ahora que ya se conocen todos, comienza por fin la entrega de premios. De nuevo la misma fría indiferencia en la presentación, y otra vez el ganador al estrado para hacer su correcto discursito. Por suerte, a estas alturas de la gala muchos ya están un poco achispados por el alcohol y dejan alguna perla, o están ya tan mamados dormidos que apenas se distingue un gracias en su breve lista de agradecimientos. Termina la gala, y la impresión es que ni siquiera las actrices pudieron lucir palmito. No se porqué extraña razón en la gala de este año casi todas las nominadas llevaban falda, enseñando unas piernas sin medias en donde con toda claridad se distinguía el feo contorno de unos calcetines recién quitados.
Y en cuanto a las películas, dos dramas coparon todos los premios: “Bizan” y “Tokyo Tower”. Dos dramas que no pasarán a la historia de la filmografía japonesa, en especial “Bizan”, el típico drama de muerte mezclado con recuerdos que tanto gusta últimamente en Japón. De "Tokyo Tower", mejor película del año según la academia, algo más se podría decir. Con el epígrafe de "Mi madre y yo, y a veces mi padre", la película, basada en la autobiografía homónima de Lily Franky cuenta la historia de este todoterreno de las artes, que antes del libro se paseaba por la televisión dando glamour y un toque "cultural" a los programas que le acogían. Odagiri Jo encarna el papel protagonista, haciendo de él mismo, ya que estoy seguro que de mayor le gustaría vivir del cuento "artístico" como hace Lily. Menos mal que la academia no le premió pese a estar nominado, y en su lugar concedió el premio a mejor actor y actriz a los otros dos protagonistas de la película: la madre, Kiki Kirin, y el padre, Kobayashi Kaoru, dos veteranos actores que sin duda se lo merecían. En especial Kiki Kirin, una veteranísima actriz que por fin ve recompensado su trabajo con un premio que siempre le era esquivo, gracias a una interpretación memorable. Sin lugar a dudas, la mejor interpretación femenina del cine japonés en años. Una derroche de fuerza, sensibilidad, naturalidad y pasión que por desgracia no ha transmitido a su hija, que hace el papel de joven madre.
De las otras películas galardonadas, "Soredemo boku wa yattenai" ("Eso no lo hice") es un soplo de aire fresco en una industria viciada por la ñoñería, y también una película valiente que denuncia el caduco sistema penal japonés. Escrita y dirigida por Suo Masayuki, famoso por su película "Shall we dance?", cuenta la historia de un joven acusado falsamente de acoso sexual en el tren, enfrentado en solitario a un sistema judicial que hace aguas. Y del resto de películas nominadas y no nominadas, se deduce que este año ha sido especialmente flojo. Este es mi repaso personal del cine japonés en el año 2007:
-La esperada película de Kitano Takeshi fue una nueva página personal aprovechada para relatar sus disquisiciones como creador sin importarle un ápice la audiencia, pese a que en los treinta primeros minutos hace un brillantísimo análisis a la vez que una ácida crítica, de lo que se ha convertido el cine japonés contemporáneo.
-Pese a que fue galardonada en Cannes, “Mogari no mori” pasó desapercibida en Japón, con una distribución muy limitada que además se vió frenada con su estreno simultáneo por televisión por cable. Aun así, es para mi la mejor película del año. Por la interpretación, por el tempo, y por lo arriesgado de una historia poco convencional que trata de esos marginados que son los ancianos.
-No hay término medio, para unos “Dainipponjin” es la película del año y para otros un engaño. Matsumoto Hitoshi, famosísimo cómico japonés, emula los pasos de Kitano escribiendo, dirigiendo e interpretando su ópera prima. Aunque la historia de monstruos gigantes arrasando Tokio no tiene por donde cogerse, y menos el estrambótico final, lo cierto es que entre combate y combate la película tiene momentos brillantes, a la vez que incisivas críticas de la sociedad japonesa. Momentos que desgraciadamente no compensan el excesivo metraje, dejando cierta desazón de lo que pudo haber sido si no se hubiera abusado de tantos combates.
-Otra de las películas que acaparó nominaciones, “Tennen kokekko”, es una énesima historia de amor de instituto, con la originalidad que está situada en un perdido pueblo que sólo cuenta con seis estudiantes. Ahí acaba la originalidad de una historia estival, que al igual que el calor del verano, se hace soporífera e interminable.
- De “Sakuran”, la película de la fotógrafa Ninagawa Mika, resultó ser exactamente lo que parecía. Un colorista ejercicio visual y punto. Interpretaciones vacías, especialmente la de la modelo protagonista (llamarla actriz es decir mucho), y una historia mal dirigida y llevada sin ritmo.
- La segunda parte de “Pacchigi!” resultó ser más de lo mismo. Coreanos, broncas y peleas callejeras. Redundancia que esta vez no contó con el apoyo de público ni de crítica, pasando desapercibida pese a los infructuosos esfuerzos de ese soberbio Garcí a la japonesa que es Izutsu Kazuyuki.
Muchos más bodrios me he tragado este año que ni si quiera merecen unas líneas. Al menos, mantengo la esperanza de arreglar este año cinematográfico cuando consiga ver en DVD: la última película de Aoyama Shinji, “Sad Vacation”; “Megane”, de Ogigami Naoko, directora de la genial “Kamome shokudo”; y “Kokudo 20”, una prometedora road movie. Y es que pese a haber visto mucho cine japonés reciente, siempre me quedo con la sensación de que cualquier película japonesa antigua fue mejor...
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