Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y disgresivas de una vida en Tokio

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año nuevo

El 25 de diciembre acaba la navidad en Japón. Súbitamente y sin ambagajes. Mero trámite. De la noche a la mañana los adornos festivos desaparecen de las tiendas, los árboles de navidad se esfuman, y los gorros de Papá Noél desaparecen de las cabezas de los aliviados empleados de restaurantes de comida rápida. Una navidad tan corta, que sólo así se explica que en Japón comience a principios de noviembre. Tras la breve navidad, es tiempo de o-shogatsu (正月,), la verdadera fiesta tradicional japonesa del año nuevo, y no esa navidad importada de tintes rojos capitalistas e ilusiones empaquetadas.

Los adornos navideños se ven reemplazados por kadomatsu (門松), un adorno tradicional consistente en bambú y ramas de pino, colocados en las entradas de centros comerciales, oficinas y viviendas. Redecorado Japón en cuestión de horas, la gente aguarda las vacaciones para atrincherarse en casa con la familia, y beber y comer y volver a beber durante tres días como si la vida les fuera en ello. Tres días en donde la única salida es al templo para descubrir la ventura del nuevo año (omikuji), o la visita a alguno de los centros comerciales, únicos comercios abiertos y motor ecónomico del país, que en medio de las celebraciones del nuevo año han preparado las rebajas. Por lo demás, en o-shogatsu la gente se engancha a la televisión. Programas interminables inundan la parrilla, y humoristas y demás showman alternan aparaciones por una y otra cadena hasta el hastío. Si se pudiese hablar de una pasatiempo nacional en Japón, ese sería comer y ver la tele. O mejor aún, ver en la tele como otros comen. Al menos de entre toda la telebasura de esos días, hay un evento deportivo que se ha convertido en una tradición: la carrera de relevos Hakone ekiden. Es una carrera en la que estudiantes universitarios compiten por relevos para cubrir en el plazo de dos días la distancia entre Tokyo y Hakone. Unos cien kilómetros de ida y otros cien de vuelta.

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La carrera es una síntesis del espíritu japonés, y como tal atrae a millones de espectadores que se conmueven con las lesiones de los corredores. Y es que aunque cada corredor tiene que completar 20 kilómetros de forma individual, una lesión que le obligue a retirarse acabaría con el equipo fuera de competición, y sin plaza para la carrera del próximo año. Por lo que una carrera individual se convierte en una carrera de equipo, en donde todos los corredores tienen que dar el máximo para lograr que su equipo gane. Aunque al final, lo que atrae al espectador no es el resultado ni la curiosidad por ver que universidad se hará con el título (la universidad de Komazawa este año), sino el morbo de ver a unos jóvenes corredores desplomarse a pocos metros de la línea de relevo, incapaces de dar un paso más, para fundirse después en lágrimas con el resto de un conmovido equipo. Es entonces cuando se produce la comunión del espectador con ese espíritu colectivo tan de la tierra.

::: escrito en Enero 16, 2008 9:30 AM |

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Comentarios para: "año nuevo"

Excelente artículo; realmente se lee con gusto un texto como éste, sin faltas y bien hilvanado. Un saludo y Feliz Año.

Escrito por:
Qwenty | Enero 21, 2008 7:15 PM




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