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Agosto 30, 2007
firma
El a veces sofocante peso de la burocracia hace que encontremos momentos de felicidad en pequeñas acciones antisistema, que a ojos del "gran hermano" probablemente no sean más que inocuas (y controladas) muestras de rebeldía.
En Japón, el equivalente de firma como forma de identificación personal es un sello de plástico con el apellido inscrito llamado hanko. Exceptuando la firma de las tarjetas de crédito, el hanko es necesario para todo tipo de transacciones bancarias, legales y administrativas. Una de las primeras cosas que hacen muchos extranjeros al llegar a Japón es hacerse con uno de estos sellos, ya sea con la transcripción fonética de su nombre o con el más exótico uso de ideogramas que suenen un tanto forzadamente a su nombre extranjero. Para mi, este pequeño paso es simplemente pasar por el aro de un sistema burocrático que considera a los extranjeros ciudadanos de tercera. Por lo que si no tenemos los mismos derechos, en mi opinión el inmigrante en Japón tampoco tendría que tener los mismos deberes. Aplicando esta máxima, en los algo más de cuatro años que llevo en Japón he conseguido mantenerme ajeno al sistema y realizar todas las transacciones únicamente con mi firma. Apertura de cuentas de banco, transacciones, firma de contratos de arrendamiento y demás trámites validados únicamente con mi grafía.
Un pequeño triunfo contra el sistema, o una reafirmación de mi identidad en un país ajeno.