Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y disgresivas de una vida en Tokio

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Tokyo-Hokkaido // día 8

Dormimos como nunca habíamos dormido antes en la tienda, quizás por la falta de sueño acumulada en nuestros dos días en Sapporo. Pese a ser las siete de la mañana, nos levantamos como nuevos y tras empaquetar todo, nos pusimos a bajar el puerto en un maravilloso día de verano. Sin niebla y sin lluvia, el ir tomando las curvas del puerto mientras bajabamos fue una auténtica gozada, que se multiplicó cuando las curvas dejaron paso a una enorme recta que marcaba y atravesaba el valle donde esperaba nuestra próxima parada: Abashiri y los territorios japoneses bañados por el mar de Okhotsk.

Es famosa la ciudad de Abashiri por albergar desde los albores del periodo Meiji, una cárcel que desde su fundación en 1890 hasta hoy, sigue siendo una de las más duras y estrictas del sistema penitenciario japonés. Hoy en día, la cárcel es un moderno bloque de hormigón separada de la ciudad por un río, y localizada lo suficientemente lejos como para no molestar a unos por otra parte ya acostumbrados vecinos. Muchos de los viejos edificios de la cárcel fueron movidos a una explanada situada en el otro margen del río, para funcionar junto a otras reproducciones de edificios típicos de la cárcel como un museo en donde mostrar las duras condiciones de un penal, que como toda cárcel hecha leyenda, tiene también su historia negra. Historias como las de los cientos de reclusos que sometidos a trabajos forzados, perecieron en la construcción de la carretera que debía de comunicar Abashiri con Asahikawa, y que hoy es conocida como la carretera nacional 39 (国道39号), la misma por la que llegamos hasta esta ciudad, sin ser conscientes de que bajo el asfalto había algo más que sudor... Aunque de todas las historias, es la del preso que logró escapar de Abashiri la más famosa de todas. Proeza que le ha convertido en un héroe local, inmortalizado en una serie de televisión que narra su particular "Fuga de Alcatraz", y que fue grabada en las localizaciones originales.

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Un buen lugar para disfrutar el paisaje de esta región es el observatorio del Monte Tento, un fantasmal edificio rodeado por macizos de flores multicolores, desde donde se aprecian los grandes lagos de Abashiri, Notoro y Tofutsu, empequeñecidos en tamaño frente a la inmensidad del mar de Okhotsk.

Unas de las cosas que teníamos bien presentes antes de emprender el viaje a Hokkaido, fue que queríamos profundizar más en la cultura de los Ainu, primigenios habitantes de esta isla, y única minoría étnica dentro de la a veces enfermiza homogeneidad japonesa. Pese a haber estudiado previamente sobre la cultura Ainu, el viaje por Hokkaido me enseñó muchos aspectos que no conocía, además de tener la ocasión de conocer a algunos en persona. Por todo, les debo un completo artículo que complemente la escasa información que se tiene en los países hispanohablantes sobre este pueblo. De los muchos museos dedicados a los Ainu en Hokkaido, muchos carecen de rigor académico y son meras atracciones turísticas. Una de las pocas excepciones es el situado en Abashiri y conocido como "Hokkaido Museum of Northern Peoples". Sin ser un museo centrado en los ainu, lo interesante precisamente reside en la comparación que hace entre todos los pueblos que poblaron las regiones polares más septentrionales, lo que permite establecer rasgos culturales propios de los ainu que permiten clasificarlos como un pueblo independiente. A través de numerosos objetos de uso cotidiano o ceremonial, así como de reproducciones a escala natural de viviendas, se nos presentan las conclusiones etnográficas de un pueblo cuya memoria nos llega como ecos de una fuerza vital como sólo la tienen aquellas tradiciones transmitidas oralmente.

Tras nuestra ración de stamina (léase carnaza), nos dirigimos hacia la península de Shiretoko, cambiando esta vez nuestra habitual carretera entre montañas, por una bella carretera (244) que paralela al mar, nos permitió contemplar las verdes planicies en donde pastan los únicos caballos salvajes de todo Japón. Llamados Dosanko o Washu, fueron introducidos en Hokkaido desde Tohoku en el siglo XV, siendo hoy en día un tipo de caballo paticorto, fuerte y resistente a los duros inviernos, de un tamaño algo mayor al habitual de los caballos autóctonos japoneses. Aunque muchos son cuidados en granjas, la gran mayoría permanece en una libertad "controlada" en algunas de las enormes praderas de Hokkaido.

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En la pequeña ciudad pesquera de Shari, cambiamos a la carretera 334, que también paralela a la costa, nos ofreció un bello atardecer con la cascada de Oshinkoshin a nuestras espaldas, que marca el comienzo del parque nacional de Shiretoko. Toda la península es un parque nacional creado en 1964, que en el 2005 fue distinguido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, distinción compartida con la isla de Yakushima, y el parque de Shirakami-Sanchi en la prefectura de Aomori. Shiretoko es el más grande de los tres lugares, y quizás el único lugar de Japón en donde es posible internarse por parajes aún vírgenes. Aunque la carretera 334 es la única carretera de acceso al parque que además lo divide en dos mitades, sólo a través de senderos y rutas se puede acceder al interior de la península, aunque por su boscosidad y falta de caminos transitados, suele ser el barco el medio de transporte usado para llegar a los lugares más bellos y remotos.

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Con los últimos rayos de sol hundiéndose en el mar de Okhotsk, atravesamos la península por la solitaria carretera. A medida que ibamos subiendo el puerto en torno al Monte Rausu (1661mts), la niebla empezó a envolvernos hasta el punto en que eramos incapaces de distinguirnos, y sólo el ronroneo de las motos nos indicaba que apenas unos metros nos separaban. Poco a poco fuimos avanzando, tanteando cada tramo de carretera, no sólo por el peligro de las curvas, sino por el miedo a cruzarnos con uno de los numerosos osos, ciervos o cualquier tipo de animal salvaje de los muchos que pueblan el parque. Sanos y salvos llegamos al otro lado de la península, hasta el pequeño pueblo de Rausu. Tras una frugal cena de konbini, nos dirigimos por la carretera 87 hasta el punto accesible por carretera más lejano de Shiretoko: Un pequeñísimo pueblo llamado Aidomari en donde según los mapas, podíamos pernoctar en una rider house. Fue en esta oscura carretera cuando se nos cruzó el tan temido ciervo, aunque afortunadamente reaccionamos a tiempo, y el ciervo ahuyó asustado, no sin antes quedarse un buen rato examinándonos. El alojamiento resultó ser una de esas casas prefabricadas usadas en la construcción, en donde coincidimos con otros dos moteros que habían montado su tienda dentro por eso de tener algo de privacidad. Sin apenas intercambiar palabra nos metimos en nuestros sacos, y al poco nos quedamos dormidos.

Día 8 Sounkyo - Aidomari (Shiretoko)
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Distancia recorrida: 336 Km
Tiempo de viaje: 13h
Alojamiento: 0 yen
::: escrito en Abril 17, 2007 10:40 PM |

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