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Tokyo-Hokkaido // día 5-7
No eran todavía las seis de la mañana cuando nos levantamos, y tras preparar nuestro escaso equipaje y quitarnos las legañas, enfilar bajo la lluvia los 35 kilómetros que separan Otaru de Sapporo. Aunque un poco tarde, llegamos a la estación de Sapporo justo para recibir a otro David, que se nos uniría en nuestro recorrido turístico por la capital de Sapporo, tras haber vivido su propia odisea al venirse en tren desde Hiroshima. Tras tomar nuestro primer desayuno consistente en días, dejamos el equipaje en una taquilla y emprendimos el recorrido por Sapporo.
Es Sapporo una de las ciudades más jóvenes de Japón, prácticamente creada de la nada a comienzos del periodo Meiji, como centro administrativo del entonces casi salvaje Hokkaido. Territorio en el que los japoneses emularon su propia conquista del "oeste", quizás sin tanto derramamiento de sangre indígena, aunque sigue siendo esta una parte bastante oscura de la historia japonesa. La ciudad de Sapporo se planteó siguiendo los estándares occidentales de la época, con una disposición urbana en grandes avenidas muy al estilo de las amplias manzanas americanas. En tamaño, es la quinta ciudad de Japón y capital de Hokkaido, famosa por su festival de la nieve a mediados de febrero, y principalmente por la cerveza que lleva su nombre. Aunque seguramente para los españoles es la ciudad unida a la única medalla de oro conseguida en unos Juegos Olímpicos de inverno: La conseguida por Fernández Ochoa en 1972.
La visita a los principales monumentos puede hacerse incluso en una mañana, y andando pueden verse los edificios Meiji de la Universidad y la famosa torre del reloj, así como la no menos famosa Sapporo Tower que preside el parque Odori. Aunque el más placentero monumento es sin duda la antigua fábrica de cerveza Sapporo, reconvertida en Museo y restaurante en donde disfrutar del famoso cordero de la región, bien regado con excelentes variedades de cerveza del mismo nombre.

Tras alargar nuestra estancia en Sapporo por dos noches, finalmente y haciendo acopio de voluntad conseguimos escapar de los cantos de sirena del barrio de Susukino, quizás el más famoso barrio de todo Japón en cuanto a vida nocturna, más incluso que el conocido Kabukicho de Shinjuku.
Antes de por fin dejar atrás Sapporo, hicimos parada de relax en el parque Moerenuma. Es este parque la gran obra póstuma del escultor Noguchi Isamu, famoso escultor japonés nacido en Estados Unidos, conocido globalmente por sus lámparas de papel de arroz, y por unas esculturas de formas suaves y orgánicas que combinadas con sus arreglos del espacio urbano, le han convertido en una figura indiscutible de la escultura del siglo XX. Un paseo por el que fue su último proyecto es una bocanda de aire fresco en un espacio de grandes dimensiones, pero al mismo tiempo abarcable a la escala humana. Desde sus suaves colinas mullidas de verde, se observa una panorámica despejada de la ciudad, y del meandro del río sobre el que se apoya el parque. Pequeños grupos escultóricos, junto a una pirámide de cristal delimitan los distintos espacios de un parque lleno de vida, en donde los jóvenes y no tan jóvenes disfrutan sin aglomeraciones ni impedimentos, el encanto de sus verdes praderas, suaves pendientes, y refrescantes fuentes.
Siguiendo la carretera 12 continuamos nuestra ruta hacia el norte, puestos los ojos en Abashiri, ciudad situada en la costa norte. ue un viaje placentero en el que nos acompaño el buen tiempo, y en el que relajados volvimos a recuperar el gusto por la carretera tras dos días en los que aparcamos las motos en Sapporo. Tras pasar por la sorprendentemente grande ciudad de Asahikawa, paramos para hcer una pequeña parada cuando estaba cayendo la tarde en el pequeño pueblo de Kamikawa, antesala al Parque Nacional de Daisetsuzan, el más grande de Hokkaido. Sentados frente a nuestras motos en el parking de un konbini, entablamos conversación con el conductor de una vieja pick-up, que nos recomendó hacer noche antes de pasar un puerto de mala climatología y muchas curvas. Siguiendo su consejo, seguimos unos kilómetros en los que nos vimos asaltados por una fina lluvia y una intensa niebla, hasta que decidimos parar en un camping cercano a Sounkyo onsen. Tras montar la tienda, decidimos ir a relajarnos a las famosas aguas termales de Sounkyo, una pequeña villa de montaña que parece haber sido transplantada desde los Alpes. Sus casas de madera estilo alpino poco tienen que ver con las casas tradicionales japonesas, resultando en un coqueto pueblo de pequeñas calles adoquinadas salteadas por bancos y casas tirolesas de madera. De nuevo en medio de la montaña, en plena naturaleza y tras un reconfortante baño, caímos rendidos en la tienda.
Tiempo de viaje: 9h
Alojamiento: 4000 yen
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Comentarios para: "Tokyo-Hokkaido // día 5-7"
mmmh Susukino, cordero y jarras de cerveza, la carrera de taxi más corta de la historia precedente de la noche más larga, repetiremos.