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memento
...cosas así de simples y soberbias...
Para Caballero Bonald, esta frase es la suma de sus pequeñas experiencias recordadas en la soledad decrépita de una noche de insomnio. Muchas veces, gracias a estas pequeñas sensaciones estivales acumuladas entre las capas de nuestra conciencia que poco a poco van consumiendose en placentreros recuerdos, sobrevivimos al forzado hibernamiento del ya no tan crudo invierno.

...junto a los barrizales suntuosos del Éufrates...
Recuerdos de la belleza del parque Sesshutei de Yamaguchi, una pequeña ciudad que otrora compitiese en refinamiento con Kioto, pero que hoy en día es un mosaico de aislados puntos turísticos en donde apenas se percibe la grandeza de una ciudad indistenguible en su crecimiento de otras ciudades de Japón. Dice la leyenda que el parque fue diseñado por el gran artista y monje budista zen Sesshu, y así lo anuncian y lo venden. Aunque una vez dentro del parque la humildad se impone, y todo queda en una mera coincidencia temporal que medió entre la visita de Sesshu a la ciudad, y la primera planificación del parque. Aún así, es este un parque de espíritu inimitablemente japonés, que observado desde la cómoda veranda de madera del antiguo pabellón, conforma un paisaje atrapado en la paradoja de una perfección orgánica que no es fruto de la naturaleza. Gracias a ese artificio humano, nuestros sentidos creen encontrar el equilibro, en un sentimiento muy diferente al sobrecogimiento producido por otros fenómenos naturales espontáneos.

... de todo lo que amé en días inconstantes ya sólo van quedando rastros...
Son los jardínes japoneses lugares para la contemplación, como demuestra el hecho de que los artistas en su diseño seleccionen hasta los mejores lugares de observación. El paseo por estos jardínes provocan un estado de trance, atrapados como estamos por una belleza que camuflada en "fortuitas" disposiciones arbóreas y florales, nos parece desligada a un síndrome de Stendhal que en su origen despreció toda aquella belleza no moldeada por el hombre. En un estado de frío estupor nos dejamos llevar por el parque, sin encontrar un momento para el sosiego salvo cuando el caliente macha (variedad japonesa de té verde) nos despeja de tan elevados pensamientos, y con su fuerte sabor nos baja a la tierra. Sensaciones que por el frío invierno, toman un cariz ascético en ocasiones incómodo.

...el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana...
Es por esa incomidad por la que prefiero el esparcimiento en parques donde se pueden invadir las zonas verdes. Experiencia ahora imposible, y que por tanto me hace añorar tardes calurosas en el parque Rinkaikoen. Allí, tumbado entre la suave textua vegetal y un aroma que no es sino el gemido de la hierba aplastada, disfruto de las soberbias formas de cirros y nimbos, alternandolo con la lenta y apacible lectura de un libro -mecido por el salino ronroneo de una brisa marina que envuelve a este particular parque costero.
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Comentarios para: "memento"
me incorporo hoy a la lectura de este blog. y al llegar aquí, me acomodo en el abierto corredor techado, descalzado. es un placer leerte. el jardin contemplativo japones me fascina porque funde la arquitectura, el habitaculo donde permanecemos o vivimos, con las sensaciones estéticas y transcendentales que la naturaleza posee, conectandonos a ellas además a través del paso de las estaciones. son jardines impolutos, que ganan envejeciendo y, viables a cualquier escala.todo jardín es una realización estética humana, una arquitectura realizada con elementos vegetales. el jardín zen lleva ésto hasta el límite, incluso forzando la vegetación mediante podas y tutores, y además ampliando la paleta con elementos no vegetales como las rocas y el agua. el parque urbano y la próxima implantación generalizada del diseño paisajistico son hechos relativamente recientes. el ancestral y profundo amor al jardín de los japoneses se refleja en sus parques publicos