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rostro
"If poets are the unacknowledged legislators of the world, science-fiction writers are its court jesters. We are Wise Fools who can leap, caper, utter prophecies and scratch ourselves in public. We can play with Big Ideas because the garish motley of our pulp origins makes us seem harmless."
Cuando hace poco un equipo médico confirmó el éxito del primer trasplante total de cara, la reacción de la prensa generalista pasó de la sorpresa inicial, a la comparación con películas y tramas de oscuros cirujanos colaborando con no menos peligrosos mafiosos; y por último, con las implicaciones éticas y psicológicas respecto al paciente de tan inusual operación. Una serie de cuestiones e interrogantes que en realidad fueron en parte respondidas en 1964 por Kobo Abe en su novela "El rostro ajeno" (Tanin no kao), llevada al cine dos años después por Teshigara Hiroshi.
Un accidente es el desencadenante de que el protagonista de esta novela, un reputado cirujano plástico, decida probar en si mismo la técnica del trasplante de rostro tras sufrir el rechazo social e incluso familiar de no poseer cara. Comienza entonces una opresiva historia kafkiana en la que se reflexiona sobre la importancia de un rostro en una sociedad como la nuestra, en la que la imagen y el aspecto físico son casi definitivos en la valoración de otros individuos. Una cara que nos distingue de los demás, y que en definitiva, con su variedad de gestos y matices, nos da nuestra identidad. Sin ella, no somos nadie: infrahumanos condenados al ostracismo. Y junto a las acertadísimas reflexiones sociales, una trama amorosa que como en otras de sus novelas, es llevada más allá del límite de lo políticamente correcto.
Kobo Abe no es un escritor de ciencia ficción al uso, o al menos, no un especialista del género aunque en muchas de sus novelas se sirva de planteamientos hipotéticos para desarrollar la psicología de unos personajes avanzados a la mentalidad de la época. Las etiquetas poco valen con este dramaturgo, escritor, fotógrafo y director de teatro, siempre al margen de la sociedad por sus hirientes y críticas novelas, que sin embargo han sido el germen de parte de la literatura contemporánea japonesa. Sin éxito, se le intentó clasificar dentro del realismo mágico, más tarde, se le quiso conocer como el Kafka japonés, y por último, hasta se le intentó banalizar como escritor de ciencia-ficción. Etiquetas que servirían para clasificar algunos de sus libros, pero no toda su heterogénea obra. Fue siempre un candidato a recibir el Nobel de literatura, aunque su pasado comunista, discreción y falta de tacto social -aparte del planteamiento incómodo de muchas de sus novelas y obras de teatro, siempre le mantuvieron al margen. Aunque si no hubiera muerto tan repentinamente, quizás hubiese sido él y no Oe Kenzaburo (ambos compartieron el prestigiosos premio Tanizaki en 1967) quien recibiera un Nobel que quizás llevaba escrito su nombre, pero que llegó un año tarde. Algo de lo que el propio Oe era consciente, al mencionar a Kobo Abe en su discurso de aceptación del Nobel, y reconocer que él recibía el premio por el mero hecho de estar vivo.
El influjo de Abe es reconocible en el que es hoy el otro candidato japonés al Nobel: Murakami Haruki. Vilipendiado por honorables como Oe Kenzaburo, que ven en él una gastada fotocopia del estilo de Abe depurado para el consumo generalista y despojado de incómodas afirmaciones políticas, en mi opinión no da la talla para un honor negado a grandes como Mishima Yukio, Tanizaki Junichiro o el propio Abe. Cierto que ha habido escritores que ganaron este galardón por un único libro (obra maestra, eso si), pero nunca por escribir variaciones del mismo libro una y otra vez como hace Murakami, pese a atraparnos con su prosa fácil de best-seller.
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Comentarios para: "rostro"
Gracias por abrir esta ventana a la literatura japonesa contemporánea.
elgelatinero.blogspot.com
¡Hola!
Era alumna de Roland. ¿Me recuerdas?
Ahora vivo en Barcelona.
La vida en BCN esta muy bien, pero tengo añoranza de Tokyo un poco.
Todavia tu escrito es dificil para mi, pero sigo leer tu blog.