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Diciembre 13, 2006
spiral
En plena avenida Aoyama, muy cerca del cruce con la aenida Omotesando se encuentra un híbrido entre centro comercial, sala de exposiciones, tiendas de diseño y restaurantes que es Spiral. El nombre sin duda responde al pasillo en espial que recorriendo una enorme tobera por la que entra la luz natural a raudales, sirve para comunicar las diferentes plantas del edifio. Es este un espacio multiusos que ha albergado desde exposiciones de arquitectos españoles, festivales de cine, conciertos, pasando por mercadillos o demás eventos menores, aunque cuenta con una galería permanente que merece la pena visitar si se pasa por la zona.
Es un sitio perfecto para perder unas horas de una tarde ociosa, ya sea viendo alguna exhibición o echando un vistazo a una tienda de decoración en la que siempre se encontrará alguna prohibitiva sorpresa. Pero sin duda, lo mejor es la tienda de música situada justo a la entrada del edifico, bajo el génerico nombre Spiral Records. Es esta sin duda mi tienda favorita de música, ya que invariablemente siempre hay algo que me guste. Aunque pequeña, tienen una cuidada selección de vinilos, CDs y DVDs de estilos que van desde clásicos olvidados del funky o la bossa nova, a remezclas de desconocidos DJs o bandas no comerciales de países lejanos. De entre las últimas recomendaciones, a destacar el grupo alemán Radio Citizen, las buenísimas remezclas del álbum "Big Chill Classics" de Mr. Scruff, y especialmente un disco imprescindible para jubilar de una vez los siempre repetitivos discos de villancicos: "Presente de Natal", villancicos con aires de bossa nova interpretados y arreglados por ese buenísimo proyecto de Moose Hill que es Naomi&Goro. Discos de esos imposibles de encontrar por internet, y que constituyen pequeños tesoros por los que hacer un desembolso.
Diciembre 11, 2006
Tokyo-Hokkaido // día 3
Nos levantamos como nuevos tras apurar al máximo la hora de salida del hotel, y felices por comprobar que había parado de llover nos dirigimos al cercano conjunto de templos de Chusonji, visita obligada para todos aquellos que peregrinos al igual que Basho, paran en Hiraizumi. Andando entre los templos que salpican esta empinada colina, recuperamos el placer de andar y nos dejamos llevar por la belleza de una ciudad que dicen llegó a rivalizar con Kioto, aunque hoy día sólo queden estos templos como testimonio de una ciudad arrasada por cruentas batallas.

Entrada a uno de los templos de Chusonji
Tras un desayuno un tanto tardío con café frío para refrescarnos del calor de la mañana, emprendimos de nuevo el viaje, contentos de estas secos, descansados, y con un excelente tiempo por delante. Durante varios kilómetros recorrimos pequeños pueblos que salpicaban una campiña de verdes campos de arroz, apenas interrumpidos por escondidas acequias y pequeños caminos. Me sorprendio pese al calor ver que en los campos siempre había alguien trabajandolos, o cuanto menos inspeccionandolos, una imagen que no tenía de mis viajes por España donde rara la vez era ver a un agricultor en faena, y menos a unas horas tan calurosas y tardías. Fue entonces cuando en la soledad de una carretera de llanos prados verdes de arroz, me dio por pensar en la hermosas austeridad y sequedad de nuestra meseta castellana. En esos pensamientos estaba cuando casi sin enterarnos llegamos a Morioka, capital de de la prefectura de Iwate y ciudad de respetable tamaño. Aunque nuestra intención era probar el famoso wankosoba de Morioka, ante la incertidumbre de si llegaríamos a tiempo a coger el ferry, y todavía con el desayuno a medio digerir, continuamos el viaje.
A poco de dejar atrás Morioka, el paisaje camnio abruptamente y dejamos los amplios campos de arroz, para dentrarnos en una sierra de frondosos cedros, guiados por una serpenteante carretera paralela al famoso río Kitakamigawa que por no tener demasiada pendiente, nos llevó suavemente entre bosques y frecos aromas de montaña. El paisaje nos abrió el apetito, y decidimos hacer fonda en un restaurante recomendado por la guía pasado el pequeño pueblo de Iwatekawaguchi, y situado en la ribera del Kitakamigawa. De nuevo la guía nos falló, y no pudimos encontrarlo, por lo que nuestros deseos de tomar una soba del lugar se fueron al traste, y nos tuvimos que conformar conn un triste obento de konbini.
Tras la frugal comida, vencimos las ganas de siesta y de un baño en el río, y continuamos el delicioso camino tostandonos al sol. Al poco llegamos a Ichinohe, que podría traducirse libremente como primera posta (一戸), ya que es la primera parada de una serie de nueve pueblos numerados consecutivamente en el periodo Muromachi, y que hoy en día se extienden entre las prefecturas de Iwate y Aomori. Fuimos pasando las diferentes postas con la mente puesta en la octava, Hachinohe, importante puerto de Aomori en donde deberíamos de tomar el ferry nocturno que por fin nos conduciría a la isla de Hokkaido.
Casi sin darnos cuenta estabamos ya en la entrada de Hachinohe, y todavía apenas había empezado a atardecer, por lo que no hizo falta apenas ponernos de acuerdo cuando ante la visión del río Mabechigawa, nos pusimos a buscar un buen lugar en donde descansar y poder bañarnos. Tras el caluroso viaje y ante un sol que no cejaba en su empeño de quemarnos vivos, nos dimos un refrescante baño en las aguas de un río que bajaban con fuerza pese a estar próxima su desembocadura. De espaldas a la corriente, su fuerza actuaba a modo de silla que mantenía nuestro peso en una cómoda postura ideal para una siesta. Entre árboles y campos de arroz estabamos descansando cuando el sonido lejano de una escopeta lejana nos hizo rememorar historias camperas de guardias forestales y escopetas de pueblo, hasta que la cercana fumigación de un campo de arroz nos hizo pensar que quizás el agua no estaba tan limpia como parecía, y que ya iba siendo hora de dirigirnos al muelle.

En el río Mabechigawa
Con los últimos rayos de sol llegamos a Hachinohe, y tras confirmar nuestras reservas nos dimos una vuelta por las factorías de la ciudad para hacer tiempo hasta la salida, y de paso cenar otro de nuestros menú calóricos y cárnicos de restaurante familiar. Tras la cena, embarcamos junto con los demás motoristas los primeros, y nos condujeron a la "suite" de motoristas, una enorme habitación enmoquetada separada del resto de enormes compartimentos de tercera, donde habríamos de pasar la noche. El barco pronto se lleno de familias y grupos de jóvenes de excursión, que miraan con cierto recelo cada vez que pasaban por la zona sin tabiques de motoristas. Y no era para menos, ya que compartíamos habitación con unos temerarios ángeles del infierno, de esos de negras chupas de cuero con tachuelas, en donde bordados dragones y voluptuosas mujeres parecen mirar con ojos desafiantes. Lo cierto es que imponían cierto respeto, aunque como descubrimos más adelante, nos encontrabamos ante otra manifestación de mimetismo japonés. Atuendos perfectamente copiados, pero formas olvidadas. El grupo en cuestión era un grupo de talluditos sarariman miembros de algún club, disfrazados para la ocasión de motoristas, pero desde luego sin tatuajes, sin espíritu salvaje, abstemios, y con una jerarquía que nos impresionó al verles al día siguiente salir en formación del ferry, todos perfectamente conectados con sus comunicadores en el casco, aguardando las órdenes del cabecilla. La forma perfecta para destrozar ese espíritu motero del "born to be wild"...
Tiempo de viaje: 7h
Alojamiento: 6280 yen (ferry)
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Apéndice. Hiraizumi
"Me habían encomiado mucho las dos famosas capillas. Ambas estaban abiertas; en la de los sutras están las estatuas de los tres capitanes y en la de la Luz (Hikarido) yacen tres ataúdes, tres Budas velan. Los siete tesoros se han dispersado, el viento ha roto las puertas incustradas de perlas y las columnas doradas se pudren bajo la escarcha y la niebla. Hace tiempo que todo se habría derrumbado, agrietado por el abandono y comido por las plantas salvajes, pero han levantado nuevos muros y han construido un techo contra el agua y el viento. Estos monumentos, viejos mil años, todavía afrontarán al tiempo"
Cuanta razón tenia Basho. Estos templos, bien preservados hoy en día son ya un tesoro monumental y último vestigio de la gloria que una vez tuvo Hiraizumi, ciudad convertida por el clan Fujiwara en un centro cultural y administrativo que situado en las regiones del norte, pudiese rivalizar con la imperial Kioto. Antes de que en 1089 la familia Fujiwara cambiase la faz de Hiraizumi, el primer templo de Chusonji perteneciente a la secta budista Tendai ya había sido terminado, concreamente en el 850. Con la llegada del poderoso clan y hasta su ocaso a manos del clan rival de Minamoto, el número de templos no dejó de crecer, aunque hoy en día apenas quedan algunos vestigios del gran conjunto monumental que fue Hiraizumi, ciudad condenada desde entonces al olvido pero que sin embargo tuvo un breve pero incomparable apogeo.
Fue también en Hiraizumi donde abandonamos la senda marcada por Basho, para continuar nuestro viaje hacia Hokkaido. Sin embargo, son muchos los lugares que nos faltaron por recorrer en Tohoku, y de seguro que volveremos por los pasos de Basho para recorrer esta apenas conocida parte de Japón.
Diciembre 10, 2006
crossover jazz
Cuarta entraga de un particular festival de jazz, que visto el éxito de público de las dos últimas entregas con un Ageha hasta los topes, se le augura continuidad y un prometedor futuro. Tokyo Crossover Jazz Festival es como su nombre sugiere, una mezcla de jazz con sonidos actuales, de esos que suenan en los clubes más modernos, gracias a que muchos DJs sabiamente han vuelto los ojos a cláiscos como Thelonious Monk, Miles Davis o John Coltrane entre otros, para crear samples y melodías que capturan en esencia el espíritu de esos viejos clásicos. Con este festival queda demostrado que es Japón país puntero en este tipo de "jazz fusión"; primero porque abundan aquí multitud de bandas que responden a esta etiqueta, y segundo porque un evento de estas características en otro país quizás no hubiese tenido el mismo poder de convocatoria.
Koop & Yukimi NaganoCon Shuya Okino de Kyoto Jazz Massive ejerciendo como maestro de ceremonias, por el festival pasó lo más granado de la escena internacional, así como una pequeña representación patria de calidad. Aunque me fue imposible repartirme entre los tres escenarios dispuestos para la ocasión, disfrute, bailé y conocí a nuevas bandas como Koop, que realizan un jazz muy eslavo y muy de cabaret, que alcanzó su punto álgido cuando entro en escena como colaboradora especial Yukimi Nagano, una cantante de origen japonés pero sueca de adopción que con sus suaves maneras, su tímido glamour y su melódica voz se metió al público en el bolsillo. Una banda y cantante a seguir desde ahora. Pero además de este fantástico descubrimiento, por supuesto disfrute con "viejos conocidos" como Jûrgen Von Knoblauch, famoso e increible DJ del colectivo Jazznova, que demostró una vez más ser un clásico de la fusión y el buen gusto. Shachô, el cantante de Soil & "Pimp" sessions que hizo una brevísima pero intensa aparición como DJ, y por supuesto unos fabulosos Kyoto Jazz Massive, que con la colaboración de Vanessa Freeman y Tasita D´Mour como cantantes de lujo ofrecieron una vibrante actuación que pretendía ser el broche final a la fiesta, pero que gracias al calor del público fue la antesala a un momento histórico: Con abrigos y todo fueron saliendo al escenario principal muchos de los músicos y cantantes que habían participado en el festival, y todos juntos improvisaron durante casi media hora para delirio del público que había aguantado hasta el final. Momentos de muchas emociones que sirvieron para demostrar los grandísimos músicos que son, y que el secreto del jazz reside en esos especiales momentos que nacen de la improvisación, verdadera esencia de la creación.
ImprovisandoDiciembre 07, 2006
rostro
"If poets are the unacknowledged legislators of the world, science-fiction writers are its court jesters. We are Wise Fools who can leap, caper, utter prophecies and scratch ourselves in public. We can play with Big Ideas because the garish motley of our pulp origins makes us seem harmless."
Cuando hace poco un equipo médico confirmó el éxito del primer trasplante total de cara, la reacción de la prensa generalista pasó de la sorpresa inicial, a la comparación con películas y tramas de oscuros cirujanos colaborando con no menos peligrosos mafiosos; y por último, con las implicaciones éticas y psicológicas respecto al paciente de tan inusual operación. Una serie de cuestiones e interrogantes que en realidad fueron en parte respondidas en 1964 por Kobo Abe en su novela "El rostro ajeno" (Tanin no kao), llevada al cine dos años después por Teshigara Hiroshi.
Un accidente es el desencadenante de que el protagonista de esta novela, un reputado cirujano plástico, decida probar en si mismo la técnica del trasplante de rostro tras sufrir el rechazo social e incluso familiar de no poseer cara. Comienza entonces una opresiva historia kafkiana en la que se reflexiona sobre la importancia de un rostro en una sociedad como la nuestra, en la que la imagen y el aspecto físico son casi definitivos en la valoración de otros individuos. Una cara que nos distingue de los demás, y que en definitiva, con su variedad de gestos y matices, nos da nuestra identidad. Sin ella, no somos nadie: infrahumanos condenados al ostracismo. Y junto a las acertadísimas reflexiones sociales, una trama amorosa que como en otras de sus novelas, es llevada más allá del límite de lo políticamente correcto.
Kobo Abe no es un escritor de ciencia ficción al uso, o al menos, no un especialista del género aunque en muchas de sus novelas se sirva de planteamientos hipotéticos para desarrollar la psicología de unos personajes avanzados a la mentalidad de la época. Las etiquetas poco valen con este dramaturgo, escritor, fotógrafo y director de teatro, siempre al margen de la sociedad por sus hirientes y críticas novelas, que sin embargo han sido el germen de parte de la literatura contemporánea japonesa. Sin éxito, se le intentó clasificar dentro del realismo mágico, más tarde, se le quiso conocer como el Kafka japonés, y por último, hasta se le intentó banalizar como escritor de ciencia-ficción. Etiquetas que servirían para clasificar algunos de sus libros, pero no toda su heterogénea obra. Fue siempre un candidato a recibir el Nobel de literatura, aunque su pasado comunista, discreción y falta de tacto social -aparte del planteamiento incómodo de muchas de sus novelas y obras de teatro, siempre le mantuvieron al margen. Aunque si no hubiera muerto tan repentinamente, quizás hubiese sido él y no Oe Kenzaburo (ambos compartieron el prestigiosos premio Tanizaki en 1967) quien recibiera un Nobel que quizás llevaba escrito su nombre, pero que llegó un año tarde. Algo de lo que el propio Oe era consciente, al mencionar a Kobo Abe en su discurso de aceptación del Nobel, y reconocer que él recibía el premio por el mero hecho de estar vivo.
El influjo de Abe es reconocible en el que es hoy el otro candidato japonés al Nobel: Murakami Haruki. Vilipendiado por honorables como Oe Kenzaburo, que ven en él una gastada fotocopia del estilo de Abe depurado para el consumo generalista y despojado de incómodas afirmaciones políticas, en mi opinión no da la talla para un honor negado a grandes como Mishima Yukio, Tanizaki Junichiro o el propio Abe. Cierto que ha habido escritores que ganaron este galardón por un único libro (obra maestra, eso si), pero nunca por escribir variaciones del mismo libro una y otra vez como hace Murakami, pese a atraparnos con su prosa fácil de best-seller.
Diciembre 01, 2006
you too
Tras haber sido pospuesto, por fin primer día de concierto de U2 en Tokio. Se les veía con ganas de agradar y recompensar a un público que llevaba largo tiempo esperándoles, por eso, el concierto duró algo más de dos horas, e incluyó un totalmente prescindible nuevo tema que dejó al público bastante frío. Los experimentos en el estudio, por favor. Los años no perdonan, y aunque Bono aguantó bien hasta la mitad del concierto, cuando llegó el turno de interpretar "Miss Sarajevo", se vió que ya no tiene la voz de antes, rayando el más absoluto ridículo cuando intentó más mal que bien (que ya es loable), interpretar la parte de Pavarotti. Con todo, lo que no puede reprocharsele es una entrega total. Vamos, que sudó bien la camiseta, y nunca mejor dicho. Por eso, a Bono se le perdona todo, hasta esa filosofía paz y amor new age que se empeña en vender en todos sus conciertos y apariciones públicas. Aunque a veces tiene sus momentos de comunión mística colectiva, como cuando pidió al público hacer un enorme árbol de navidad enseñando las pantallas de los teléfonos móviles. Un espectáculo precioso que se estropeó cuando a continuación pidió que escribiesemos mensajes de texto para financiar no se que obra benéfica.

desde el teléfono móvil
En cierto sentido creo que U2 son para mi generación (a falta de Queen) algo así como los Rolling para las generaciones anteriores: Una banda de rock siempre dispuesta a actuar, cuyas canciones -gusten o no-, son parte de la banda sonora de nuestras vidas. Temas que al oirlos siempre traen algún recuerdo, y que son ya clásicos de la historia de la música, y que todavía, pese a la voz cada vez más quebrada de Bono, son capaces de llegarte muy adentro. Especialmente en conciertos como este, todo un alarde de energía visual y sonora, con el añadido de que con tanta obra benéfica, declaración de los derechos humanos, referencias religiosas y ONGs de por medio, sales del concierto bendecido y sintiéndote mejor persona.
