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Tokyo-Hokkaido // día 2
No debían de ser ni las seis de la mañana cuando recogimos la tienda de campaña y salímos del siniestro camping. Era una mañana bastante gris que hacía presagiar un chaparrón que no tardo en llegar. Sin embargo, la carretera estaba vacía, y la fina lluvia no era un impedimento suficiente para desmoralizarnos, sino todo lo contrario, un acicate para avanzar más y llegar por lo menos hasta Sendai y Matsushima, la meta propuesta ese día. Así, casi sin darnos cuenta pasamos por el paso de Shirakawa, y cuando paramos por fin a desayunar nos habíamos recorrido cien kilómetros, y el sol empezaba a pegar con una furia endiablada. Sentados en un diminuto banco de plástico de un konbini cercano a una gasolinera, disfrutamos del sol, nos quitamos capas y capas de ropa que se secaron en un momento, y nos quedamos en camiseta para disfrutar y aprovechar un sol que en ese momento pensabamos que se prolongaría para todo el día, y que haría de nuestra visita a Matsushima una experiencia inolvidable. Rodeados de camiones que entraban y salían con estrépito de la cercana gasolinera, fue también cuando por vez primera tomamos el que sería nuestro desayuno base de todos los días. A falta de bares de carretera y estaciones de servicio de imbebible café servido en vasos de cartón, las tiendas de 24h (konbini) fueron los lugares donde poder tomar un zumo de naranja, un calentito café de lata, y algún bollo a poder ser de chocolate.

Desayuno en la carretera
Repuestas las fuerzas tras el refrigerio, no volvimos a parar hasta que una vez en Sendai fuimos hasta la oficina de turismo de la estación de tren para obtener las indicaciones de como llegar hasta la famosa Mediatheque. La sensación que tuvimos de Sendai fue la de una ciudad con el tamaño justo, de grandes y arboladas avenidas, que disfruta de un emplazamiento privilegiado entre el mar y la montaña. Una de esas ciudades de gran calidad de vida, pero que sin embargo por alguna razón me hace pensar que les falta algo de carisma, y de que poco aguantaría en una ciudad así. Demasiado perfecta. Fue también en Sendai donde tuvimos nuestra primera comida stamina. Esto es, restaurante familiar tipo steak-house, y filetón para recuperar energía. Y con el tiempo todavía de cara, nos dirigimos a la costa, al famoso lugar de Matsushima.
"Ya es un lugar común decirlo: el paisaje de Matsushima es el más hermoso de Japón. No es inferior a los de Deteiko y Seiko, en China. El mar, desde el sureste, entra en una bahía de aproximadamente tres ri, desbordante como el río Sekkoh de China. Es imposible contar el número de las islas: una se levanta como un índice que señala al cielo; otra se tiende boca abajo sobre las olas; aquella parece desdoblarse en otra; la de más allá se vuelve triple; algunas, vistas desde la derecha, semejan ser una sola y vistas del lado contrario, se multiplican. Hay unas que parecen llevar un niño a la espalda; otras como si lo llevaran en el pecho; algunas parecen mujeres acariciando a su hijo. El verde de los pinos es sombrío y el viento salado tuerce sin cesar sus ramas de modo que sus líneas curvas parecen obra de un jardinero. La escena tiene la fascinación distante de un rostro hermoso. Dicen que este paisaje fue creado en la época de los dioses impetuosos, la divinidad de las montañas. Ni pincel de pintor ni pluma de poeta pueden copiar las maravillas del demiurgo"

Monumento al "Oku no hosomichi" de Basho en el templo Godaido
Entramos a la bahía de Matsushima por Shiogama, y ante nosotros se abrió la belleza de un lugar que sería imposible describir más perfectamente de como lo hizo Matsuo Basho, y los miles de peregrinos antes y después de él que poéticamente se dejaron llevar por la plácida composición de este lugar. Impresionados, no hacíamos más que parar para fotografiar el lugar mientras seguíamos pequeñas carreteras sin tráfico que iban bordeando la costa entre los pinos centenarios del lugar. Al final, con las cámaras de fotos colgadas al cuello, fuimos recorriendo la costa lentamente hasta que llegamos al famoso lugar donde se encuentran los templos de Godaido y Zuiganji. Es este también el lugar donde desembarcó Basho, mencionando explícitamente la pequeña isla de Oshima, aunque entonces era "una estrecha lengua de tierra que penetra en el mar". Vistos los templos y sin tiempo para visitar las dos famosas islas de Oshima y Fukurajima, decidimos seguir la carretera de la costa hasta Okumatsushima. Fue entonces cuando el tiempo cambió de improviso, y empezó una lluvia que nos acompañaría hasta el final del día. Quizás fue la niebla que se instaló con la lluvia la que hizo de nuestra visitia a Okumatsushima una experiencia más bella aún que la contemplación de Matsushima con el tiempo claro. Entre la bruma, los islotes se difuminaban como si fueran grandes barcazad mecidas por la corriente, y los pinos se contrastaban en un verde casi grisaceo de un bello aspecto melancólico, acentuado por la leve luz del atardecer. Con esta imagen en nuestros corazones y pese a la lluvia, continuamos el camino intentando aprovechar los últimos rayos de sol.

Vista desde Okumatsushima
Una vez que cayó la noche y ante la insistente lluvia, hicimos una pequeña parada en Kurihara para recuperar fuerzas y pensar an algún lugar donde pasar la noche. Decidimos que ante la lluvia, la mejor opción sería un hotel, por lo que decidimos parar en el siguiente hotel de carretera que vieramos. Fueron muchos los hoteles de carretera que vimos, aunque la perspectiva de compartir cama en un love-hotel no nos atraía demasiado, por lo que continuamos el camino hasta que en Ichinoseki, un pueblo de tamaño considerable, por fin encontramos y preguntamos precios en un par de Business Hotel. Ya haía un rato que había dejado de llover, por lo que de nuevo estabamos disfrutando de la carretera tras una larga travesía bajo el agua. Ante esta perspectiva, consultamos el mapa y decidimos que ya que no llovía, podíamos dejar el hotel para otra ocasión y pasar la noche en el cercano camping de Hiraizumi. Sin embargo, apenas salimos de Ichinoseki comenzó a llover de nuevo, y una vez en Hiraizumi y tras comprobar que de nuevo la guía nos había engañado con un camping inexistente, decidimos alojarnos en un confortable ryokan, situado junto a un onsen (aguas termales) de bastante renombre en la zona. Tras quitarnos las humedades del viaje con las excelentes aguas termales, enfundados en nuestros yukata nos acostamos con la promesa de apurar las reparadoras horas de sueño en una cama de verdad el máximo tiempo posible.

Tiempo de viaje: 16h
Alojamiento: 5500 yen
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Apéndice. Shirakawa no seki
"Cuanta razón tenía aquel poeta que al llegar a este lugar dijo: ¡si sólo pudiera darles un vislumbre de esto a los de la capital!. El paso de Shirakawa es uno de los tres más famosos del Japón y es el más amado por los poetas..."
Nuestro paso por Shirakawa fue bastante fugaz, aunque a la vuelta pudimos disfrutar los parajes en torno a este lugar gracias a que tomamos un desvío de la carretera principal que nos llevó por pequeños pueblos y colinas en donde el tiempo parecía haberse detenido. Sin embargo, ya anteriormente tuve ocasión de acercarme a lo que es hoy el paso de Shirakawa, que no es otra cosa que un centro de interpretación del famoso libro Sendas de Oku, y homenaje a todos los peregrinos y poetas que pasaron por este famoso lugar. Construido con el fin de reactivar el turismo local, sus principals visitantes son turistas patrios principalmente, o grupos de escolares a los que se les ha asignado la tediosa tarea de leer este clásico. Con todo, el paso de Shirakawa todavía conserva cierto atractivo en la frondosidad de sus bosques, y en ese pequeño templo medio escondido en la cima de una colina, en donde aún hoy día, se intuye el reflejo capturado de la mirada de Basho y Sora clavándose en nuestras entrañas. Y es como diría Basho: "Imposible pasar por ahí sin que fuese tocada mi alma".




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Comentarios para: "Tokyo-Hokkaido // día 2"
Hola, estoy leyendo este blog y pienso... eres un español que vive en japon? tengo planeado una viaje alli y puede que me puedas ayudar. :-)