Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

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Noviembre 30, 2006

big in japan

El comic basado en la victoria de la selección española de baloncesto en Japón es tan fiel a la realidad, que hasta el detalle de la cinta con los ideogramas al revés de Japón (日本) ha quedado recogido. Me imagino que para los puristas de los manga en nada podrá competir con el famoso "Slam Dunk", pero al fin y al cabo la victoria de nuestra selección es un hecho histórico y no una ficción animada, por mucho que tengamos a ET en nuestras filas...

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Noviembre 29, 2006

Tokyo-Hokkaido // día 2

No debían de ser ni las seis de la mañana cuando recogimos la tienda de campaña y salímos del siniestro camping. Era una mañana bastante gris que hacía presagiar un chaparrón que no tardo en llegar. Sin embargo, la carretera estaba vacía, y la fina lluvia no era un impedimento suficiente para desmoralizarnos, sino todo lo contrario, un acicate para avanzar más y llegar por lo menos hasta Sendai y Matsushima, la meta propuesta ese día. Así, casi sin darnos cuenta pasamos por el paso de Shirakawa, y cuando paramos por fin a desayunar nos habíamos recorrido cien kilómetros, y el sol empezaba a pegar con una furia endiablada. Sentados en un diminuto banco de plástico de un konbini cercano a una gasolinera, disfrutamos del sol, nos quitamos capas y capas de ropa que se secaron en un momento, y nos quedamos en camiseta para disfrutar y aprovechar un sol que en ese momento pensabamos que se prolongaría para todo el día, y que haría de nuestra visita a Matsushima una experiencia inolvidable. Rodeados de camiones que entraban y salían con estrépito de la cercana gasolinera, fue también cuando por vez primera tomamos el que sería nuestro desayuno base de todos los días. A falta de bares de carretera y estaciones de servicio de imbebible café servido en vasos de cartón, las tiendas de 24h (konbini) fueron los lugares donde poder tomar un zumo de naranja, un calentito café de lata, y algún bollo a poder ser de chocolate.

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Desayuno en la carretera

Repuestas las fuerzas tras el refrigerio, no volvimos a parar hasta que una vez en Sendai fuimos hasta la oficina de turismo de la estación de tren para obtener las indicaciones de como llegar hasta la famosa Mediatheque. La sensación que tuvimos de Sendai fue la de una ciudad con el tamaño justo, de grandes y arboladas avenidas, que disfruta de un emplazamiento privilegiado entre el mar y la montaña. Una de esas ciudades de gran calidad de vida, pero que sin embargo por alguna razón me hace pensar que les falta algo de carisma, y de que poco aguantaría en una ciudad así. Demasiado perfecta. Fue también en Sendai donde tuvimos nuestra primera comida stamina. Esto es, restaurante familiar tipo steak-house, y filetón para recuperar energía. Y con el tiempo todavía de cara, nos dirigimos a la costa, al famoso lugar de Matsushima.

"Ya es un lugar común decirlo: el paisaje de Matsushima es el más hermoso de Japón. No es inferior a los de Deteiko y Seiko, en China. El mar, desde el sureste, entra en una bahía de aproximadamente tres ri, desbordante como el río Sekkoh de China. Es imposible contar el número de las islas: una se levanta como un índice que señala al cielo; otra se tiende boca abajo sobre las olas; aquella parece desdoblarse en otra; la de más allá se vuelve triple; algunas, vistas desde la derecha, semejan ser una sola y vistas del lado contrario, se multiplican. Hay unas que parecen llevar un niño a la espalda; otras como si lo llevaran en el pecho; algunas parecen mujeres acariciando a su hijo. El verde de los pinos es sombrío y el viento salado tuerce sin cesar sus ramas de modo que sus líneas curvas parecen obra de un jardinero. La escena tiene la fascinación distante de un rostro hermoso. Dicen que este paisaje fue creado en la época de los dioses impetuosos, la divinidad de las montañas. Ni pincel de pintor ni pluma de poeta pueden copiar las maravillas del demiurgo"

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Monumento al "Oku no hosomichi" de Basho en el templo Godaido

Entramos a la bahía de Matsushima por Shiogama, y ante nosotros se abrió la belleza de un lugar que sería imposible describir más perfectamente de como lo hizo Matsuo Basho, y los miles de peregrinos antes y después de él que poéticamente se dejaron llevar por la plácida composición de este lugar. Impresionados, no hacíamos más que parar para fotografiar el lugar mientras seguíamos pequeñas carreteras sin tráfico que iban bordeando la costa entre los pinos centenarios del lugar. Al final, con las cámaras de fotos colgadas al cuello, fuimos recorriendo la costa lentamente hasta que llegamos al famoso lugar donde se encuentran los templos de Godaido y Zuiganji. Es este también el lugar donde desembarcó Basho, mencionando explícitamente la pequeña isla de Oshima, aunque entonces era "una estrecha lengua de tierra que penetra en el mar". Vistos los templos y sin tiempo para visitar las dos famosas islas de Oshima y Fukurajima, decidimos seguir la carretera de la costa hasta Okumatsushima. Fue entonces cuando el tiempo cambió de improviso, y empezó una lluvia que nos acompañaría hasta el final del día. Quizás fue la niebla que se instaló con la lluvia la que hizo de nuestra visitia a Okumatsushima una experiencia más bella aún que la contemplación de Matsushima con el tiempo claro. Entre la bruma, los islotes se difuminaban como si fueran grandes barcazad mecidas por la corriente, y los pinos se contrastaban en un verde casi grisaceo de un bello aspecto melancólico, acentuado por la leve luz del atardecer. Con esta imagen en nuestros corazones y pese a la lluvia, continuamos el camino intentando aprovechar los últimos rayos de sol.

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Vista desde Okumatsushima

Una vez que cayó la noche y ante la insistente lluvia, hicimos una pequeña parada en Kurihara para recuperar fuerzas y pensar an algún lugar donde pasar la noche. Decidimos que ante la lluvia, la mejor opción sería un hotel, por lo que decidimos parar en el siguiente hotel de carretera que vieramos. Fueron muchos los hoteles de carretera que vimos, aunque la perspectiva de compartir cama en un love-hotel no nos atraía demasiado, por lo que continuamos el camino hasta que en Ichinoseki, un pueblo de tamaño considerable, por fin encontramos y preguntamos precios en un par de Business Hotel. Ya haía un rato que había dejado de llover, por lo que de nuevo estabamos disfrutando de la carretera tras una larga travesía bajo el agua. Ante esta perspectiva, consultamos el mapa y decidimos que ya que no llovía, podíamos dejar el hotel para otra ocasión y pasar la noche en el cercano camping de Hiraizumi. Sin embargo, apenas salimos de Ichinoseki comenzó a llover de nuevo, y una vez en Hiraizumi y tras comprobar que de nuevo la guía nos había engañado con un camping inexistente, decidimos alojarnos en un confortable ryokan, situado junto a un onsen (aguas termales) de bastante renombre en la zona. Tras quitarnos las humedades del viaje con las excelentes aguas termales, enfundados en nuestros yukata nos acostamos con la promesa de apurar las reparadoras horas de sueño en una cama de verdad el máximo tiempo posible.

Día 2 Nishinasuno (Tochigi) - Hiraizumi (Iwate)
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Distancia recorrida: 392 Km
Tiempo de viaje: 16h
Alojamiento: 5500 yen

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Apéndice. Shirakawa no seki

"Cuanta razón tenía aquel poeta que al llegar a este lugar dijo: ¡si sólo pudiera darles un vislumbre de esto a los de la capital!. El paso de Shirakawa es uno de los tres más famosos del Japón y es el más amado por los poetas..."

Nuestro paso por Shirakawa fue bastante fugaz, aunque a la vuelta pudimos disfrutar los parajes en torno a este lugar gracias a que tomamos un desvío de la carretera principal que nos llevó por pequeños pueblos y colinas en donde el tiempo parecía haberse detenido. Sin embargo, ya anteriormente tuve ocasión de acercarme a lo que es hoy el paso de Shirakawa, que no es otra cosa que un centro de interpretación del famoso libro Sendas de Oku, y homenaje a todos los peregrinos y poetas que pasaron por este famoso lugar. Construido con el fin de reactivar el turismo local, sus principals visitantes son turistas patrios principalmente, o grupos de escolares a los que se les ha asignado la tediosa tarea de leer este clásico. Con todo, el paso de Shirakawa todavía conserva cierto atractivo en la frondosidad de sus bosques, y en ese pequeño templo medio escondido en la cima de una colina, en donde aún hoy día, se intuye el reflejo capturado de la mirada de Basho y Sora clavándose en nuestras entrañas. Y es como diría Basho: "Imposible pasar por ahí sin que fuese tocada mi alma".

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Noviembre 28, 2006

filmoteca

El Cine Doré de Madrid, sede de la Filmoteca, es quizás como deberían de ser todas las filmotecas del mundo. Un viejo cine remozado que conserva intacto el aroma de los viejos teatros, y el peso de una historia proyectada sin descanso en una blanca pantalla ajena al amarillento paso del tiempo. De mis años de espectador asiduo de este sacrosanto recinto, recuerdo las caras de muchos de esos espectadores habituales, anclados a la misma butaca sesión tras sesión, y de sus discusiones con algún incauto o perverso espectador dispuesto a usurpar una butaca ganada a pulso en la rutina de la película diaria. Recuerdo también los trapicheos en la cafetería de esos ancianos portadores de listas mágicas en donde por un precio, podías conseguir en VHS ese deseado clásico del underground cinematográfico. Pero era en la gran sala del cine Doré -una sala de butacas rojas con el punto perfecto de incomodidad para joderte la siesta cuando tocaba uno de esos bodrios de cine francés que a alguien se le antojo en calificar de arte-, donde la magia de este cine se percibía aún antes del comienzo de la película: En ese momento en que las luces se apagaban y dejaban unas pequeñas luces como estrellas que todavía centelleaban por unos instantes invitando a un silencio que no se verá roto nunca, gracias a esos espectadores habituales capaces de acallar hasta a ese sempiterno espectador del carraspeo, especie que infecta todavía gran parte de los teatros españoles.

De la primera vez que vine a Tokio con la intención de estar más de quince días, lo primero que hice fue localizar la filmoteca y hacerme con el programa mensual. Tremenda desilusión. La filmoteca japonesa (東京国立近代美術館フィルムセンター),dependiente del Museo Nacional de arte contemporáneo, ocupa un edifio sin encanto cercano a la estación de Tokio, compartido con una biblioteca sobre el cine, y un pequeño museo de objetos relacionados con el séptimo arte. Unas instalaciones bastante funcionales en donde se programa principalmente cine japonés, y en donde son raras las retrospectivas dedicadas a directores de otras latitudes. Películas sin unos subtítulos en inglés, que podrían servir como reclamo para la gran colonia de espectadores foráneos con tiempo libre, que estarían dispuestos a convertirse en espectadores habituales. Los precios tampoco acompañan a convertir esta filmoteca en un espacio popular, ya que no existen los abonos y la entrada está en 800 yenes, un precio que pese a ser barato si lo comparamos con el precio medio de una entrada de un cine comercial (en torno a los 1500 yenes), no es lo suficientemente atrayente. El resultado es que en una sesión normal, el cine presenta un aspecto vacío, ocupado por algún perdido estudiante, un aún más perdido turista, y por los habituales ancianos del lugar (muchos vestidos a la manera tradicional japonesa) que conservan internacionales hábitos como el de ocupar siempre la misma butaca: Hay aquí como en Madrid el espectador que siempre ocupa la misma butaca de primera fila situada más a la izquierda. Un sombrío panorama para un cine que pese a cumplir una imprescindible labor de difusión y conservación de la cultura patria, ha fracasado en su conexión con el público, pese a que las películas japonesas antiguas son infinitamente más interesantes que las modernas.

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Con ocasión del Festival de Cine TOKYO FILMex, la filmoteca japonesa ofreció un ciclo homenaje a Okamoto Kihachi (fallecido el año pasado) con la proyección de sus doce películas más representativas subtituladas en inglés. Aunque de Okamoto sólo conocía y de oídas "La batalla de Okinawa" (激動の昭和史 沖縄決戦), después de ver esta y "Todo sobre el matrimonio" (結婚のすべて), me quedé con la sensación de haber descubierto a un grandísimo director poseedor de una mirada cínica y crítica totalmente independiente, que plasmó en sus películas no solamente las preocupaciónes de su generación, sino las del pueblo japonés en general de una forma desnuda y sin posturas ambiguas, que dan mucha más validez a sus películas pese a haber sido filmadas hace mucho tiempo. Y es que nunca había visto en un cine de Japón que la gente aplaudiera al final de la película como pasó con la deliciosa "Todo sobre el matrimonio". Me supo mal el no haber tenido más tiempo para ver más películas de este director, aunque espero encontrar más de sus películas en el videoclub.

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Noviembre 27, 2006

resfest | 10

Poco a poco y sin casi hacer ruido, el festival de video digital Resfest ha cumplido su décimo aniversario. En estos tiempos de globalización e interconectividad, el festival ha sabido crecer llevando las nuevas creaciones en videoarte a cada vez más países, siendo hoy en día un tour casi interminable que recorre el globo con gran éxito de público. Antes de la llegada del Resfest, estaba el Artfutura que pasó de una primera edición más parecida a un stand del Simo en donde probar las últimas tecnologías en realidad virtual, a ser un reclamo de arte contemporáneo que llegó a ocupar parte de los bajos del MNCARS. Más que un festival de cine al uso, el Resfest es un baremo de tendencias. Parte de los artistas o de los conceptos mostrados, pasarán a corto plazo a disposición de agencias de publicidad, videos musicales, e incluso largos de animación a largo plazo. Si antiguamente la visita a este festival era casi obligatoria para conocer de primera mano los últimos desarrollos en video digital, hoy día que practicamente puedes descargar las últimas creaciones en tu disco duro, la existencia de este festival esta condenada al fracaso de público, aunque intuyo que terminará siendo (si no lo es ya) una especie de Oscar del video-arte digital.

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Y pese a que me he visto todos los videos de Radiohead miles de veces, no me importó asistir al Laforet de Harajuku para ver ese homenaje a Radiohead titulado "Radiohead, the visionaries. 10 years of breaking new talent". Una selección de los videos más influyentes de Radiohead, mostrados en pantalla grande y con sonido de calidad. Hacer una selcción es siempre una tarea dolorosa, y al final nadie estará de acuerdo. En mi caso, creo que hay dos videos que sobran: el de "Paranoid android" es quizás el ejemplo más claro en la historia del video-clip de como cargarse una excelente canción con un video chapucero, y "Knives out" aún siendo un video creado por el intocable Michel Gondry, creo que es una visión excedida que roza la parodia de su propio mundo particular. Así que yo en su lugar incluiría el video de la excelente y poco conocida colaboración Radiohead & UNKLE "Rabbit in your Headlights", además de todo un clásico como "Fake Plastic trees" dirigido por Jake Scott.

Y a falta de un concierto de Radiohead, no fue un mal plan para pasar una tarde de domingo.



Lista oficial de videos de Radiohead en el Resfest

STREET SPIRIT | 1996 | JONATHAN GLAZER
PARANOID ANDROID | 1997 | MAGNUS CARLSSON
KARMA POLICE | 1997 | JONATHAN GLAZER
NO SURPRISES | 1998 | GRANT GEE
PYRAMID SONG | 2001 | SHYNOLA
KNIVES OUT | 2001 | MICHEL GONDRY
GO TO SLEEP | 2003 | ALEX RUTTERFORD
THERE THERE | 2003 | CHRIS HOPEWELL
I MIGHT BE WRONG | 2001 | SOPHIE MULLER
LIKE SPINNING PLATES | 2002 | JOHNNY HARDSTAFF
NATIONAL ANTHEM | 2002 | MIKE MILLS
SIT DOWN STAND UP | 2003 | ED HOLDSWORTH
CREEP | 2005 | LAITH BAHRANI

HARROWDOWN HILL | 2006 | CHEL WHITE

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Noviembre 16, 2006

Tokyo-Hokkaido // día 1

"Todo lo que veía me invitaba al viaje; tan poseído estaba por los dioses que no podía dominar mis pensamientos; los espíritus del camino me hacían señas y no podía fijar mi mente ni ocuparme en nada"

Matsuo Basho- "Sendas de Oku"

La realidad es que aunque el viaje hasta Hokkaido lo decidimos con relativa antelación, apenas pudimos prepararlo, y sólo teníamos una vaga idea de los lugares por donde queríamos pasar, y la ruta más apropiada que deberíamos seguir siempre con la premisa de no coger autopistas de peaje. En especial, ayudó bastante para hacernos una idea aproximada de la duración del viaje la página de otro intrépido motero que se recorrió Japón hace algún tiempo, aunque sin duda fueron las famosas guías de viajes "Touring Mapple" (imprescindibles) las que nos permitieron planificar sobre la marcha muchos de nuestros destinos.

¿Y por qué Hokkaido? Aún hoy en día, para los japoneses la isla de Hokkaido representa un territorio salvaje y desconocido, aún virgen en recursos, y diferente en casi todo a la monotonía del paisaje de las desarrolladas islas de Honshu y Kyushu. Si trazásemos un paralelismo, Hokkaido representaría en el subconsciente colectivo la misma imagen que Alaska ofrece a los norteamericanos: vastas extensiones de belleza inhóspita. En verano, las nieves dejan paso a enormes prados verdes surcados por larguísimas carreteras en donde disfrutar una conducción cómoda. Es sin duda ese aspecto de aventura lo que más atrae de esta enorme isla llena de parques naturales. Por esto mismo, son muchos los libros y películas que se han ocupado de Hokkaido, y que si cabe, han alimentado más el viejo anhelo de un viaje de estas características. En mi caso, el mito se alimentó gracias a dos películas de Yamada Yoji: "Kazoku", el duro viaje de una familia desde Kyushu hasta Hokkaido para asentarse allí en plena recuperación económica japonesa y con la Expo de Osaka de por medio; y "Shiawase no kiiroi hankachi", quizás la más famosa road-movie japonesa ambientada como no en un Hokkaido, que parece que apenas ha cambiado en los últimos treinta años.

Pero antes de llegar a la "tierra prometida" para cualquier motero que es la "carretera del mar del norte" (literalmente es lo que significa Hokkaido 北海道) nos quedaba un largo camino por la parte noreste (Tohoku 東北) de la isla de Honshu. Y así, en una despejada tarde de un lunes de agosto, enfilamos la Kokudo 4 (carretera nacional 4) que nos habría de llevar por algo más de quinientos kilómetros a través de Tohoku, hasta el puerto de Hachinohe. Pesé a salir casi al caer la tarde, nos hicimos kilómetros y kilómetros de forma insaciable, como si nos apremiase la urgencia de dejar atrás la contaminada metrópoli y el invariable paisaje de grises edificios. Con los primeros claros en la carretera, cubiertos del brillante verde estival de los campos de arroz en la provincia de Saitama, pudimos por fin relajarnos al sentir que los humores de Tokio quedaban lejos, y que por fin el campo abierto y las estrellas serían nuestro horizonte. Apurando las últimas luces del atardecer, atravesemos el majestuoso Tonegawa, que separa las provincias de Saitama e Ibaraki, y desde las alturas de un elevado puente, pudimos distinguir en sus orillas niños chapoteando en sus aguas, e invitándonos a relajarnos en sus verdes riberas. Pero aún quedaba viaje y kilómetros por hacer, y ya habría tiempo de disfrutar de las aguas fluviales. Al poco entramos en la provincia de Tochigi, y auqnue era Utsunomiya y la promesa de sabrosas gyoza (empanadillas chinas al vapor) nuestro destino final, la falta de un camping en torno a la ciudad y el tener todavía energías más que suficientes, nos llevaron a continuar.

A la altura de Nishinasuno (西那須野) decidimos parar y dirigirnos a una zona de camping junto a un pequeño lago que parecía el lugar ideal para un merecido descanso. Los dos camping de la zona estaban completos por ser comienzo de las vacaciones del Obon, aunque nos costaba entender que no hubiese ni un espacio para nuestra pequeña tienda de campaña. Consultamos la guía y decidimos probar en otro camping cercano antes de barajar la posibilidad de una acampada libre. Una pequeña pero intensa lluvia de verano nos sorprendió buscando el camping en una oscura carretera, y nos dió un susto que me dejo sin el intermitente izquierdo delantero para el resto del viaje. Paró de llover tan rápidamente como había empezado, y por fin encontramos el camping, o lo que quedaba de él...

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Parecía que llevaba abandonado bastante tiempo, con las instalaciones cerradas a cal y canto, y con la maleza cubriendo lo que antaño debieron de ser los espacios para instalar las tiendas. Pese al aspecto fantasmagórico, el cansancio, el hambre, la incipiente lluvia y la nocturnidad fueron factores más que suficientes para plantar allí mismo nuestra tienda, y tras una frugal cena de conbini, pasar un duermevela atentos a los sonidos de un camino cercano, con el temor de que o bien nos echarán por acampar en una propiedad privada, o bien se presentara sierra mecánica en la mano, el causante del cierre. Por suerte no sucedió ni lo uno ni lo otro, y con las primeras luces del alba emprendimos de nuevo el viaje.


Día 1 Tokyo - Nishinasuno (Tochigi)
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Distancia recorrida: 180 Km
Tiempo de viaje: 6h
Alojamiento: 0 yen

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Apéndice. Oku no hosomichi

Aunque de forma deliberada buscamos algunas de las paradas que hizo Matsuo Basho en su recorrido por Tohoku, no seguimos con rigor su mismo camino como hacen cada año decenas de peregrinos japoneses emulando sus pasos. Sin embargo, son muchos los lugares compartidos con Basho por los que pasamos en este y otros viajes, por lo que merece la pena trazar un paralelismo hasta el punto en que nuestros pasos se separaron del ya histórico camino registrado por Basho en su diario de viaje.

Al parecer, el dieciseis de Mayo Basho parte de un lugar casualmente cercano a mi lugar de residencia actual (probablemente Sugamo) recordando las flores de cerezo vistas en la zona de Ueno y Yanaka (actual Nishi-nippori). El primer día de su viaje llegó a la posada de Soka, lugar al que se acede por la ruta 4, y que hoy en día es una ciudad dormitorio en la provincia de Saitama poblada por enormes residencias colmenas. Curiosamente, Soka es el lugar donde compré mi moto.

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Lago Chuzenji y entre la bruma el monte Nantai en Nikko

Otro de los lugares comunes es Nikko, en la provincia de Tochigi. Aunque en este viaje no pasamos por Nikko, es este un destino turístico obligado tanto por la majestuosidad barroca de los templos dedicados a Tokugawa Ieyasu, como por la belleza natural de sus alrededores. Son en los alrededores del monte Nantai donde Basho camina y medita, evitando mencionar el mausoleo del famoso shogun.


Mirar, admirar
hojas verdes, hojas nacientes
entre la luz solar

Tras su paso por Nikko, Basho disfruta de la hospitalidad de las gentes de Kurobane, en Nasu. Es Nasu el lugar donde hicimos nuestra primera parada y primera noche, sorprendidos al igual que Basho por la lluvia y la noche.


"Tengo un conocido en un sitio llamado Kurobane, en Nasu. Por buscarlo, atravesé en línea recta los campos en lugar de ir por los senderos. A lo lejos se veía un pueblo pero de pronto empezó a llover y se vino encima la noche; me detuve en casa de un campesino, que me dio alojamiento"

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Noviembre 14, 2006

wabi / sabi

Si atendemos a la introducción del libro "Wabi-Sabi: for Artists, Designers, Poets & Philosophers", estos famosos valores estéticos japoneses, claves para entender la cultura y la sociología de este pueblo, se nos presentan como oscuras enseñanzas transmitidas milenariamente por algo parecido a logias masónicas, y que el iluminado autor de este pequeño libro ha tenido el privilegio de descubrírselo incluso al propio japonés, y compartirlo en forma de esquemática enseñanza, para que pueda ser aprovechada por esa nueva cultura occidental que se nutre de falsos valores espirituales venidos de exóticas partes de asia. El mercantilismo de ciertos valores estéticos no es algo nuevo, y especialmente en Estados Unidos, el fenómeno abarca desde libros de autoayuda basados en el Zen vendidos a granel en los Wal-mart, o absurdas reinterpretaciones de "El libro de la Guerra" que causó furor entre los yuppies de los ochenta.

Estos dos valores estéticos son efectivamente conocidos por todos los japoneses, que los estudian en su etapa escolar como parte de alguna aburrida clase de literatura, muy parecida a esa en donde los escolares españoles repiten valores estéticos del siglo de oro con el tedio de juntar palabras en frases de críptico significado. Son también muchos los artistas que reflejan estos dos valores; o al menos eso dicen los críticos de arte, encargados de velar por la interpretación final e histórica de mucho del arte que nos llega. Para los artistas y el ciudadano de a pie, estos dos conceptos están tan ligados a la propia cultura japonesa, que desligarlos de ella para estudiarlos como un ente separado es como intentar intuir el todo como la suma de partes independientes. Generalizando, wabi se refiere a una simplicidad orgánica o cuanto menos en comunión con el entorno, y que en su contemplación obtenemos un fuerte sentimiento de saudade; mientras que sabi es la vida de un objeto atemporal embellecido por el paso del tiempo, concepto brillantemente explicado por Tanizaki Junichiro en su famoso "Elogio de la sombra": "We [Japanese] do not dislike everything that shines, but we do prefer a pensive luster to a shallow brilliance, a murky light that, whether in a stone or an artifact, bespeaks a sheen of antiquity".

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Pero quizás es en los utensilios de la ceremonia del té donde mejor se perciben estos dos valores estéticos, concretamente, en los cuencos (chawan) hechos a mano de la escuela Raku fundada por el maestro Chojiro en Kioto a finales del siglo XVI. Son cuencos de una plasticidad semejante a la de pequeñas esculturas, realizados en un estilo que podría parecer imperfecto, pero que en realidad encierra una esencia de imperfección que comulga a con nuestra propia naturaleza humana. Recipientes inertes y apagados, pero que en contacto con los verdes tonos brillantes del macha (té verde) emiten iridiscentes reflejos que convierten la mundana experiencia de beber té, en una experiencia estética de primer orden. Y así, en la intuición estética nacida de la propia experimentación, encontramos el significado de unos valores estéticos olvidados en una maraña de construcciones teórico-prácticas.

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Más información

"Los valores estéticos en la cultura clásica japonesa". Federico Lanzaco Salafranca. Ed. Verbum. Madrid, 2003

Sin duda, el mejor libro y el mejor autor para profundizar en la esencia de la estética japonesa.

::: escrito a las 11:00 PM | {comentarios} (3)

aki

No es todavía otoño, no hay todavía en el aire el amarillo de las hojas caídas o la tristeza húmeda del tiempo que va a ser más tarde invierno. Pero hay un resquicio de tristeza anticipada, una pena vestida para el viaje, en el sentimiento de que estamos vagamente atentos a la difusión coloreada de las cosas, al tono diferente del viento, al sosiego más viejo que se arrastra, al caer la noche, por la presencia inevitable del universo.

Fernando Pessoa - "Livro do Desassossego"
::: escrito a las 12:11 AM | {comentarios} (0)