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sukida!
"They never rent quality flicks. They always pick the most intellectually devoid movies on the rack [...] It's like in order to join, they have to have an I.Q. that's less than their shoe size"
El videoclub más cercano a mi casa, situado en plena Kasuga dori, es aparte del más barato de la zona, el único en donde el DVD continúa siendo un artículo de lujo. En la estrecha estantería de los DVDs, sólo algunos de los más recientes éxitos de Hollywood logran un hueco, tras pasar, eso sí, por lo menos un mes desde su lanzamiento para el mercado doméstico. El punto fuerte de este videoclub no son las ocasionales liquidaciones de video 2000 ni Betamax, ni la pequeña sección porno separada del resto por una poca disuasoria cortinilla fucsia: Es la excelente selección de clásicos (serie B incluidos) contenidos en sobredimensionadas cajas de VHS. Apiladas en estrechísimos pasillos, las descoloridas, desproporcionadas y polvorientas fundas de VHS compiten por atraer la mirada del espectador en busca de alguna joya. Reconozco que apenas frecuento este videoclub, salvo alguna lluviosa tarde, que desencantado por mi indecisón ante la vasta selección del Tsutaya, me da por rescatar alguna perla que mantenga engrasado el vetusto VHS del salón.
uno. Aunque en su momento me fue imposible verla en la pantalla grande, al poco de su lanzamiento me hice con "Su-ki-da", segunda película de Ishikawa Hiroshi tras su opera prima "Tokyo sora". Si bien el guión de esta era una excelente aproximación a los soledades urbanas de una gran ciudad, de esas que apenas percibidas van entumeciéndote el carácter hasta abocarte a un trágico final o a una casa repleta de gatos; el flojo guión de esta su segunda película escrita, dirigida, editada, fotografiada y producida por él mismo como es habitual- gira en torno a la típica historia interruptus de amores adolescentes enfundados en almidonados uniformes, que por uno de esos giros de la vida, hace un amago de revivirse años después siendo unos amargados adultos. Pese a la falta de ritmo de la historia, la película es un bello ejercicio de fotografía que da continuidad al excelente trabajo técnico realizado en esa ya otro pequeña gran película que fue "Tokyo Sora". Si para Tarkovsky, como buen heredero de la escuela soviética, la luz en cada una de sus películas era tratada como una magnitud física aplicada con precisión premeditada, en "Su-ki-da" es un elemento libre y juguetón que incluso da ritmo a las lentas escenas contemplativas ocurridas en las familiares -por repetitivas- verdes riberas de los canalizados ríos japoneses. Las pequeñas diferencias lumínicas del paso de una nube, o los reflejos en ventanas o bruñidas superficies son buscados por la cámara y deliberadamente aprovechados para acentuar la naturalidad de muchas de las escenas. Y precisamente aquí reside la dificultad técnica de la película, y la muestra del excelente director de fotografía que es Ishikawa, por conseguir todo esto sin dar una apariencia de dejadez o falta de medios. Y si además añadimos una pegadiza y sencilla melodía a unas actrices como MIyazaki Aoi y Nagasaku Hiromi, que soportan el peso de una interpretación coja en su contrapartida masculina; tenemos una hermosa película independiente de esas calificadas lentas, que no son más que un anhelo humano por ralentizar momentos de una existencia que se nos escapa sin remedio en pequeños alientos.

dos. La película "Tony Takitani" tenía en principio todos los ingredientes para ser una gran película -guión adaptado de un relato de Murakami Haruki, banda sonora de Sakamoto Ryuichi, una suave fotografía y dos actores de peso como Ogata Issei y Miyazawa Rie- y sin embargo te deja con una sensación de desazón, por ver que pese a tener momentos geniales envueltos de la particular atmósfera de las novelas de Murakami, la película no llega a explotar todas sus virtudes, y se queda en una mera fábula con reminiscencias narrativas de "Amelie". La artificialidad de los decorados, y la fría distancia emocional de los personajes, fracasa en la necesaria identificación del espectador con la película, que ve ante sus ojos un bello ejercicio narrativo de literarias frases transplantadas crudamente del relato original, pero inconexas en su conjunto fílmico. Palabras que se pierden en el al rato cansino desplazamiento horizontal de la cámara, para morir definitivamente en los silencios de unos protagonistas que pretenden convencernos de una soledad basada sólo en el silencio, cuando bien es sabido que de todas las soledades, esta es la más inocua.

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