Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

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Octubre 31, 2006

todos los santos

Hacía tiempo que había oído hablar sobre esa fiesta que en las noches de Halloween, se creaba espontáneamente sólo a través del boca a boca -y ahora de los emails- en un vagón de tren de la famosa línea circular Yamanote. Hasta ahora no me atría la perspectiva de invadir un espacio público con decenas de extranjeros ebrios, dando así más razones a los japoneses sobre la degeneración de unos extranjeros, que en sus países de origen se comportan de forma manifiestamente diferente, pero que en Japón se transforman en pequeños ciclones que arrastran todo lo que se pone en medio hacia el vórtice de su ego. Sin embargo, la posibilidad de hacer el ganso con los colegas y de paso tomar parte de una tradición más antigua de lo que pensaba, terminó por convencerme.

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Se notaba buen rollo en la fiesta, y las reacciones de los japoneses fueron básicamente dos: La de aquellos que con sentido del humor fotografíaban con el móvil a estos colgados extranjeros, y la de esos otros que con cara de asco pensarían porque no nos extraditaban. Y aunque al final empezó a degenerar un poco, la fiesta no fue muy diferente a lo que se puede ver en un vagón del último tren de la noche, repleto de sarariman (oficinistas) alcoholizados y faltos de sueño(s). Quizás la diferencia está en que nuestros disfraces son más coloridos que sus grisaceos trajes almidonados, y que sólo los llevamos una vez al año...

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Octubre 24, 2006

sónarsound

"I say hola... ¡HOOOLA!
You say Sonar... ¡SOOONAAA!"

Afra & Incredible Beatbox band

Siguiendo con la política de internalización del festival Sónar, otro año más aterrizo en Tokio el Sonarsound, aunque esta vez con un mejor marketing, y sobretodo, con mucho más espacio. El lugar elegido fue un recinto del que desconocía su existencia llamado Ebisu Garden Hall. Todo un acierto aunque este un poco lejos de la estación. Comparativamente la capacidad es similar a la de la pista central del Ageha, aunque desgraciadamente no llega a los niveles de excelencia acústica de este gran club.

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Y a mi que me las fotos usadas me recuerdan a una versión mala de Sugimoto Hiroshi en color...

El festival se hizo coincidir con un lunes festivo, por lo que fueron tres días de música, conferencias y performances, aunque sólo pude asistir a la sesión inagural dedicada al hip-hop, aunque fue sin duda la mejor en cuanto a número de artistas conocidos. Sorprende que un festival catalán en sus raices, no apueste por mostrar lo mejor del underground patrio, y traigan sólo a un enchufado Angel Molina como cabeza de cartel de la escena club española, cuando este DJ en el Sonar de BCN se dedica a rellenar huecos. La parte electrónica estuvo muy descuidada, y sólo gracias a la presencia de De La Soul, DJ Kentaro y DJ Krush se logró salvar el expediente de un festival que por intentar abarcar tantos días y tantas músicas, se quedó en un quiero y no puedo de dudosa calidad.

Y de la noche del sábado, lo mejor fue un como siempre correcto DJ Krush que parece que por él no pasan los años, unos sorprendentes, divertidos, además de famosísimos "Afra & Incredible Beatbox band", que con sus juegos bucales calentaron al público; unos mermados De La Soul que aún así ofrecieron un concierto lleno de energía que se alargó más de la cuenta gracias al delirio del público; y sobretodo, un DJ Kentaro que dejó al público boquiabierto con sus malabarismos sobre los platos.

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Una lástima que no haya tenido mucha repercusión en los medios locales, ya que con que hubieran traído a la mitad de los buenos artistas que llevan a Barcelona, hubiese sido un exitazo y referente seguro en la escena de Tokio.

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Octubre 23, 2006

hotel

Con la oficialista apertura de Japón en 1868, la creciente venida de extranjeros contratados para mejorar las infraestructuras del país presentaron un problema añadido: lugares donde alojarlos. Aunque muchos de estos extranjeros vieron con buenos ojos ocupar casas de comerciantes -algo más consistentes que las tradicionales casas de madera-, muchos de ellos no aceptaron alojar a su familia en endebles construcciones indígenas, y exigieron casas a imagen y semejanza de aquellas que dejaron en Estados Unidos o Europa. Estos mismos sibaritas domésticos, fueron los que impulsaron en parte la creación de hoteles de estilo occidental, que ofreciesen no sólo acomodo, sino que fuesen reductos culturales en donde los inmigrantes pudiesen salir de la barbarie y compartir las familiares tradiciones del mundo civilizado. Con el tiempo, los hoteles serían también las puntas de lanza de una "okupación" cultural que atraería irremisiblemente a una sociedad japonesa dispuesta a dejar de lado sus ancestrales costumbres, para abrazar las refinadas y aparatosas etiquetas sociales de una sociedad en extremo victoriana.

Al principio, se utilizó un pabellón conocido como Enryokan, situado en los famosos jardínes Hama Rikyu de Tokio. De exterior japonés pero decorado interiormente al estilo occidental, pronto se quedó pequeño y obsoleto, utilizándose finalmente como un exótico emplazamiento para recibir importantes dignitarios a la manera japonesa. Con el propósito de acomodar al creciente número de visitantes extrajeros, bajo la supervisión del Ministerio de Asuntos Exteriores, el famoso edificio conocido como Rokumeikan fue completado en 1883. Aunque desde luego no fue el primer edificio de estilo occidental construido en Japón, junto con el Hotel Fujiya construido en 1878 fue lo más aproximado a un hotel (los ryokan no cuentan) que tuvo Japón, y en torno a donde giró parte de la vida social de la época hasta la construcción, del no menos importante, famoso Hotel Imperial (Teitoku Hoteru) en 1890. La prensa de la época ensalzó el Rokumeikan como ejemplo de moderna construcción, siguiendo la línea de respeto al poder y admiración por todo lo extranjero que caracterizó al periodo Meiji, aunque por otro lado, dentro de la comunidad de extranjeros residentes en Tokio, se alzaron algunas voces críticas contra la construcción de este mausoleo tan fuera de lugar. En concreto, Pierre Loti (el autor de "Madame Chrysanthème") comparó este edificio con la aberración de construir un gran casino en algún pequeño y recoleto pueblo de la campiña francesa. El edificio fue tal y como se esperaba, famoso por sus decadentes fiestas y comidas de imitación europea, que de seguro convirtieron sus enormes ventanales en atracción para un pueblo que por vez primera vería chatos japoneses departir con estirados occidentales de grandes narices, todos ellos embutidos en curiosos trajes, ridículos sombreros, y brillantes zapatos. Fiestas de los maniquíes. Una función social que más tarde desempeñaría el Hotel Imperial, construido curiosamente al lado del Rokumeikan, y reconstruido por Frank Lloyd Wright en 1923 para dar paso a una anodina construcción de hormigón sin encanto en 1967.

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Hoy en día aún quedan vestigios de estas construcciones de la época, en forma de dos hoteles construidos como residencias de verano que permitiesen a los sufridos visitantes extranjeros escapar de la opresiva humedad de los veranos tokiotas. Construido en 1878 y ampliado a lo largo de los años, el Hotel Fujiya es aún hoy día, un hotel con el encanto de los viejos hoteles europeos de gran lujo, a los que no tiene nada que envidiar, ya que es más antiguo que el mítico Hotel RItz de París (1898) o que el Hotel Palace de Madrid (1912), auque sobretodo es lugar en donde las tradiciones occidentales han ido encontrando acomodo a lo largo de los años junto con las costumbres japonesas. Situado en un tranquilo enclave de montaña en Hakone, y protegido por frondosos bosques de un verde tan intenso que en ocasiones se torna azabache, sus edificios son ejemplos de un perfecto equilibrio entre arquitectura japonesa reinterpretada a la manera occidental del art-decó, demostrando que las líneas suaves y redondeadas de inspiración orgánica son las formas más acogedoras. El Hotel en todos estos años ha sabido preservar sus principios fundacionales que le describían como un Hotel para extranjeros, y aunque su biblioteca de libros en inglés es hoy día un museo de viejos volúmenes cuarteados, el pequeñísimo baño público del hotel demuestra que no estamos ante un hotel japonés convencional. Traspasar las puertas de este singular alojamiento es transportarse un siglo atrás, cuando europeos con posibles y buscadores de fortuna llegados a Japón, alternaban en los salones de nobles maderas, consumiendo vino francés y comidas de unos sabores que rememoraban tiempos felices de latitudes conocidas. Para los privilegiados japoneses y miembros de la familia imperial que frecuentaban este hotel, los veranos en esta villa era un exámen diario sobre etiqueta, y una ventana a una civilización que se bañaba en agua fría por diversión y que practicaba extraños deportes en los que las mujeres también podían tomar parte. Tanto la piscina cubierta como la exterior todavía son utilizables hoy en día, así como un bello jardín de estilo japonés que aunque precioso a los ojos del turista extranjero, a ojos del turista japonés no es tan impactante como los viejos invernaderos al estilo de los melancólicos jardínes botánicos de ciudades europeas. Dentro de las habitaciones y de los distintos salones y pabellones, flota un olor de respetable antiguedad, parecido al de ese aire que invita a la reflexión y a la contemplación contenido en centenarias catedrales o marmóleos museos. Especialmente para aquellos extranjeros que han vivido un tiempo largo en Japón, el Hotel Fujiya produce una placentera sensación de familiariaridad, que emana de sus mullidas alfombras, gastados mármoles, bruñidos metales por el óxido, o cuidadas maderas de un brillo opaco que hace tiempo cambiaron sus fragancias por un leve crepitar semejante a una pequeña protesta por el paso del tiempo. Es en definitiva un destino casi obligado para aquel transeúnte que en cualquier época del año, busque un poco de acogedora tranquilidad; de esa que los modernos e impersonales hoteles de nuestro siglo, a pesar de todas sus comodidades, no pueden ofrecernos por faltarles ese calor humano y ese mimo por el detalle, como el que a lo largo de más de un siglo de historia ha ido destilando este hotel, tanto a sus más distinguidos huéspedes como a sus anónimos viajeros, sin distinción y con esmero.

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Hotel Fujiya

Unos años antes a la construcción del Hotel Fujiya, en 1886, el misionero inglés Alexander Croft Shaw eligió los bellos parajes de Karuizawa para pasar el verano con sus familiares y amigos. Y al igual que siglos antes la nobleza japonesa quedó cautivada por el frescor y la belleza de estos bosques, extranjeros de varias nacionalidades hicieron suyo este lugar de recreo, y a través del boca a boca, cada verano fueron llegando más y más pequeños grupos de extranjeros, para divertimento de los sorprendidos parroquianos. Este hecho no pasó desapercibido para el empresario Yamamoto Naoyoshi, que siguiendo los pasos de Yamaguchi Senosuke y su Hotel Fujiya, decidió construir otro hotel de estilo occidental para disfrute y solaz de los numerosos distinguidos turistas de esta famosa villa. Terminado en 1906, pronto el Hotel Mikasa se convirtió en el símbolo de glamour de este pequeño destino vacacional, atrayendo numerosos huéspedes distinguidos de varias nacionalidades, y reactivando la economía de un pueblo que a partir de entonces adoptaría un marcado acento occidental. Además de fiestas de alta sociedad, visitas imperiales o de jefes de estado, el Hotel Mikasa fue también durante la guerra el emplazamiento elegido para reuniones clandestinas con oficiales nazis. Lamentablemente, el inmovilismo de los propietarios del Hotel a la hora de hacer reformas, terminó por provocar el cierre de este pequeño establecimiento en 1970, aunque a día de hoy continúa abierto como museo en donde aprender sobre la historia de este hotel considerado patrimonio nacional, y de su influencia en una época de Karuizawa que ya le pertenece.

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Hotel Mikasa

De la visita al Hotel Mikasa no pude resistirme y acabé comprándome una perturbadora foto que pese a llevar el estigma de una maldición, a día de hoy parece no haberse cumplido. La fotografía fue tomada en los jardínes del Hotel Mikasa en 1912, en el curso de una representación teatral del "Flautista de Hamelin" por parte de la colonia extranjera residente, con el objeto de recaudar fondos para la construcción de un nuevo club naútico en Yokohama. Con sólo mirar las caras de maligna complicidad que emanan de esta foto, Agatha Christie hubiese escrito una excelente novela de misterio y asesinatos, o por lo menos, hubiese podido discernir el secreto que encierra esta fotografía.

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Al principio no me di cuenta, pero la fotografía exhibida en el Hotel Mikasa tenía recortado el borde derecho, por lo que el último personaje que se aprecia es esa monjita de aspecto siniestro. Sin embargo, la fotografía que compré en una pequeña tienda de fotografía en Karuizawa está completa, aunque curiosamente, se ve claramamente que se intentó trucar rudimentariamente para que no apareciese cierto personaje cuyo cuerpo porta un bastón, y que se sitúa a la izquierda de otro sospechoso personaje de barbas postizas. Misterio que sin duda hace tiempo se perdió en el curso de la historia, pero que es un guiño más de esta fotografía deliciosamente siniestra.

::: escrito a las 10:17 PM | {comentarios} (1)

Octubre 16, 2006

¿japofilia?

Y mira que me encantaría poder suscribir la célebre frase de Groucho Marx "I don't want to belong to any club that will accept me as a member", aunque me temo que ya es demasiado tarde...

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Mauro Entrialgo para "El Jueves"

::: escrito a las 9:04 AM | {comentarios} (5)

Octubre 15, 2006

shonan

Quizás fueron los tres días de incesantes lluvias las que dejaron un terroso cielo azul Klein, calentado por esa dura luz propia del otoño, que desprovista del manto de humedad y contaminación se percibía como la afilada equivalencia de esa otra meridiana claridad tan propia de los cielos madrileños. La amable temperatura de un lunes festivo fue la invitación a un último día de playa y solaz, en las playas que se extienden continuas a las colinas de Kamakura y que han dado en componer el perfil de una costa conocida como Shonan.

En verano, hordas juveniles sedientas de un sol que supla las cabinas de rayos uva y demás productos químicos usados en el oscuro invierno capitalino, convierten esta playa en un vertedero donde la arena actúa como un serrín que poco puede hacer para enmascarar los olores de leches solares y de fritanga de los puestos de yakisoba. Una playa masificada atronada por una banda sonora de solapadas radiofórmulas, escupidas incansablemente por los chiringuitos de una playa que alimentan minúsculos bikinis en donde el relleno ha ganado terreno a la ocre carne quemada por el sol. Este circo de lujuria entrevista entre tejidos de neopreno acabó con una particular fiesta de despedida el tres de septiembre, fecha tras la cual la playa recuperó la normalidad propia del resto del año, para ser de nuevo un tranquilo espacio de arena contiguo al malecón, en donde el mar recupera su papel de único concertista de esta particular sinfonía playera.

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Y tumbado al tibio sol de un refulgente día de otoño, mecido al ritmo de los acordes marinos, recordé los días de un siempre pluvioso septiembre, en donde la lluvía en su metrónoma caída me llevaba dulcemente en los primeros compases del vals de los sueños...

::: escrito a las 9:48 PM | {comentarios} (3)

Octubre 13, 2006

sukida!

"They never rent quality flicks. They always pick the most intellectually devoid movies on the rack [...] It's like in order to join, they have to have an I.Q. that's less than their shoe size"

Randal Graves en "Clerks"

El videoclub más cercano a mi casa, situado en plena Kasuga dori, es aparte del más barato de la zona, el único en donde el DVD continúa siendo un artículo de lujo. En la estrecha estantería de los DVDs, sólo algunos de los más recientes éxitos de Hollywood logran un hueco, tras pasar, eso sí, por lo menos un mes desde su lanzamiento para el mercado doméstico. El punto fuerte de este videoclub no son las ocasionales liquidaciones de video 2000 ni Betamax, ni la pequeña sección porno separada del resto por una poca disuasoria cortinilla fucsia: Es la excelente selección de clásicos (serie B incluidos) contenidos en sobredimensionadas cajas de VHS. Apiladas en estrechísimos pasillos, las descoloridas, desproporcionadas y polvorientas fundas de VHS compiten por atraer la mirada del espectador en busca de alguna joya. Reconozco que apenas frecuento este videoclub, salvo alguna lluviosa tarde, que desencantado por mi indecisón ante la vasta selección del Tsutaya, me da por rescatar alguna perla que mantenga engrasado el vetusto VHS del salón.

uno. Aunque en su momento me fue imposible verla en la pantalla grande, al poco de su lanzamiento me hice con "Su-ki-da", segunda película de Ishikawa Hiroshi tras su opera prima "Tokyo sora". Si bien el guión de esta era una excelente aproximación a los soledades urbanas de una gran ciudad, de esas que apenas percibidas van entumeciéndote el carácter hasta abocarte a un trágico final o a una casa repleta de gatos; el flojo guión de esta su segunda película escrita, dirigida, editada, fotografiada y producida por él mismo como es habitual- gira en torno a la típica historia interruptus de amores adolescentes enfundados en almidonados uniformes, que por uno de esos giros de la vida, hace un amago de revivirse años después siendo unos amargados adultos. Pese a la falta de ritmo de la historia, la película es un bello ejercicio de fotografía que da continuidad al excelente trabajo técnico realizado en esa ya otro pequeña gran película que fue "Tokyo Sora". Si para Tarkovsky, como buen heredero de la escuela soviética, la luz en cada una de sus películas era tratada como una magnitud física aplicada con precisión premeditada, en "Su-ki-da" es un elemento libre y juguetón que incluso da ritmo a las lentas escenas contemplativas ocurridas en las familiares -por repetitivas- verdes riberas de los canalizados ríos japoneses. Las pequeñas diferencias lumínicas del paso de una nube, o los reflejos en ventanas o bruñidas superficies son buscados por la cámara y deliberadamente aprovechados para acentuar la naturalidad de muchas de las escenas. Y precisamente aquí reside la dificultad técnica de la película, y la muestra del excelente director de fotografía que es Ishikawa, por conseguir todo esto sin dar una apariencia de dejadez o falta de medios. Y si además añadimos una pegadiza y sencilla melodía a unas actrices como MIyazaki Aoi y Nagasaku Hiromi, que soportan el peso de una interpretación coja en su contrapartida masculina; tenemos una hermosa película independiente de esas calificadas lentas, que no son más que un anhelo humano por ralentizar momentos de una existencia que se nos escapa sin remedio en pequeños alientos.

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dos. La película "Tony Takitani" tenía en principio todos los ingredientes para ser una gran película -guión adaptado de un relato de Murakami Haruki, banda sonora de Sakamoto Ryuichi, una suave fotografía y dos actores de peso como Ogata Issei y Miyazawa Rie- y sin embargo te deja con una sensación de desazón, por ver que pese a tener momentos geniales envueltos de la particular atmósfera de las novelas de Murakami, la película no llega a explotar todas sus virtudes, y se queda en una mera fábula con reminiscencias narrativas de "Amelie". La artificialidad de los decorados, y la fría distancia emocional de los personajes, fracasa en la necesaria identificación del espectador con la película, que ve ante sus ojos un bello ejercicio narrativo de literarias frases transplantadas crudamente del relato original, pero inconexas en su conjunto fílmico. Palabras que se pierden en el al rato cansino desplazamiento horizontal de la cámara, para morir definitivamente en los silencios de unos protagonistas que pretenden convencernos de una soledad basada sólo en el silencio, cuando bien es sabido que de todas las soledades, esta es la más inocua.

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Octubre 11, 2006

mαραθών

No es exactamente el gordo, pero me tocó la lotería y seré uno más de los treinta mil afortunados de entre noventa y cinco mil aplicantes en correr la primera edición del maratón de Tokio, convertido ahora en una carrera popular que se presupone estará a la altura del famoso NYC Marathon.

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Hasta el 18 de Febrero del próximo año tengo de plazo para prepararme, y reciclar ese cuerpo de atleta de 400 metros propio de un jugador de baloncesto, en un cuerpo que aguante los históricos 42.195 kilómetros de la prueba. Y aunque el límite de tiempo son siete horas, espero acabarlo en algo más de cuatro horas. Ya veremos en que acaba esto.

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Octubre 10, 2006

¿sucesión o secesión?

Un lluvioso 26 de septiembre, al tiempo que era nombrado presidente Abe Shinzo, unas decenas de personas se manifestaban en el parque de Hibiya -en pleno barrio ministerial-, gritando en voz alta lo que todo el mundo sabe pero que nadie se atrevía a decir en voz alta sobre el nuevo presidente no electo por los ciudadanos, pero presidente al fin y al cabo por obra y gracia del Jiminto (Partido Liberal Democrático). La versión de estas gentes difería en parte de la cara amable presentada por los tertulianos matutinos, que hablaban sobre el presidente más joven que ha tenido Japón (como si la edad fuese sinónimo de renovación) y sobre como este cambio ayudaría a desbloquear las relaciones con el resto de países asiáticos. Bien poco importan sus cincuenta y un años cuado pertenece a una de las más rancias dinastías conservadoras, de esas que han convertido un supuesto parlamento democrático en una cámara de decrépitos Lores, herederos de viejos sillones que por siempre albergarán familiares posaderas de iguales ideas. Todos los expertos coinciden que Abe es de todos los parlamentarios japoneses el más escorado a la derecha, aunque como buen zorro político, sabe mostrarse lo suficientemente pragmático como para venderse como un inocente tecnócrata de centro. Sus reticiencias a acompañar a Koizumi en sus últimas visitas al "Templo Maldito" (leáse Yasukuni) son parte de una cuidadosa estrategia política que ha culminado con su reciente visita amistosa a China. Una cortina de humo por parte del hombre que ha representado el ala dura del partido frente a los excesos norcoreanos; que es el máximo valedor del cambio de la constitución japonesa para resucitar un ejército a imagen y semejanza del de sus adorados yankees, y que no dudó en posicionarse en contra de una sucesión imperial femenina.

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Lo cierto es que para gran parte de la ciudadanía japonesa los temas políticos pueden obviarse, siempre y cuando la economía marche. Muchos esperan que Abe sepa manejar la espiral de crecimiento económico marcada por Koizumi, y Japón siga manteniedo su puesto como una de las más fuertes economías mundiales a la estela de la norteamericana. Un camino eminentemente capitalista que ha llevado a Japón a ocupar el segundo puesto mundial de países con más diferencia entre ricos y pobres, tras de Estados Unidos como no podía ser menos. Puesto que para algunos es motivo de orgullo por el mimetismo con la santa y libre economía americana, pero que para otros como Fujiwara Masahiko (autor del bestseller "La dignidad del estado"), es el fin del marcado ideal japonés impuesto tras la II Guerra Mundial de una sociedad igualitaria de clase media. Para Abe al igual que para Koizumi, la desaparición de la clase media japonesa es sólo un daño colateral al servicio de un buen indice de crecimiento económico anual. Sin embargo, las perspectivas para Abe no son halagüeñas en el sentido económico. Por un lado, con Koizumi se ha retirado también de la escena política Takenaka Heizo, el teórico y artífice en la sombra de las reformas económicas, guru que sin duda estará disfrutando de un dorado retiro como consultor en alguna gran multinacional japonesa. Sin el apoyo teórico, Abe se enfrentará los dos proximos años a la jubilación en masa de la generación del baby-boom hambienta de pensiones que sin duda se han ganado, y que deberán de salir de las arcas de un estado deficitario con una multimillonaria deuda desperdigada en inservibles infraestructuras y deficitarias autopistas. Un panorama en el que Abe no disfrutará de los privilegios que tuvo un Koizumi que se vió con un cheque en blanco, y libre para hacer cuantas reformas le viniesen en gana con tal de reflotar un barco que se iba a pique pese a los esfuerzos de sus ortodoxos predecesores.

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De momento, la mayoría del pueblo japonés no quiere buscar en las sombras de su nuevo presidente, y en su clásica actitud continuista, da un ciego voto de confianza incapaz de distinguir que en sus declaraciones de hacer una Casa Blanca estilo americano, no se refería a hacer un bonito palacete blanco como el que sale en las películas, sino de acaparar un poder ejecutivo que le permita hacer frente a sus nacionalísticas pretensiones sin rendir cuentas a nadie. Y sobre esta perenne venda que el pueblo japonés lleva puesta, poco pueden hacer las verdades coreadas por una minoría de resignados japoneses una fría mañana de septiembre.

Verdades que no tuvieron más eco que el de sus propias palabras en los graníticos muros ministeriales.

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