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utopia
Los libros de utopías constituyen un género fascinante en donde las miserias de nuestras sociedades son arregladas con una omnipresente racionalidad sin fisuras, para gloria de un género -el humano- que ve realizadas sus ansias de perfección. Es un género que arranca desde que el hombre comenzó a escribir y a imaginarse las vidas de los dioses, y que más tarde tendría nombre propio gracias a la famosa "Utopia" de Tomás Moro. Tras él, muchos autores han hecho clásicos de este género como los "Walden" de Thoreau y Skinner, las narcóticas sociedades de Huxley ("Un mundo Feliz", "La isla"), las opresivas sátiras tras el muro de Orwell ("1984") y Zamiatin ("Nosotros"), y por supuesto todas aquellas sociedades descritas en galaxias muy, muy lejanas por casi todos los escritores de ese infravalorado género que es la ciencia ficción.
Recorrer una de estas utopías es deslumbrarse por una sociedad sin sombras en donde todos sin excepción cumplen con un cometido, y en donde todo parece funcionar a la perfección. Y quizás por ese exceso de perfección anti-natura, asistimos al predecible derrumbamiento de la utopía precisamente por aquel aspecto más difícil de incorporar a nuestras sociedades contemporáneas, o por el contrario, por la carencia en estas sociedades de una necesidad vital cultural contemporánea nuestra, que tuvo ser eliminada en aras del ideal utópico: desde poder fumar tabaco u otras drogas, leer libros, o algo tan intangible como la libertad de expresión. Triste final para unas utopías pensadas para redimir nuestras sociedades, y convencernos de la felicidad alcanzada en la imperfección del fracaso social en donde nos alojamos.
Afortunadamente, las utopías sin final existen y se encuentran en ese otro género tan popular hoy en día como es la literatura de viajes. Periodistas en gira, corresponsales/traductores de prensa internacional, viajeros de agencia, y personajes anónimos con aires de grandeza ofrecen sus más variadas crónicas sobre utopías de postín que sólo existen en su imaginación, y que han sido creadas por su falta de conocimiento, o por el asombro del turista que llega por vez primera. El mejor ejemplo es el de Diego Hidalgo, aquel notario español de viaje por la Rusia comunista, que lejos de dar rigurosidad notarial a los hechos del viaje, se cree todas las pamplinas presentadas por la agencia estatal de viajes soviética (Intourist), y nos presenta una sociedad utópica más perfecta que las presentadas en las novelas, por la sencilla razón de que en 1929 el final del comunismo ruso era impensable. Salvando las distancias, lo que vió Hidalgo se asemejaría a lo que podríamos ver hoy en día en un viaje oficialista por la Corea de Kim Jong-il. Como él y aún en sociedades de información como la nuestra -o precisamente por exceso de información- muchos nos deslumbran con pasajes de la tierra prometida, que resultan ser fabulaciones construidas en torno a predisposiciones demasiado optimistas y parciales.
Quizás sea por la distancia o por el exotismo asociado a la cultura japonesa, pero la tendencia actual en general presenta a un Japón de una irrealidad mediática, a la altura de la propaganda estadounidense vía Hollywood dorando el sueño americano. En Japón la utopía no existe, asi como tampoco puede reducirse a una de esas anti-utopías catastrofistas escritas por veteranos residentes. Y por supuesto, quién busque la verdera-opinión-objetiva sobre Japón, no la encontrará aquí.
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Comentarios para: "utopia"
Ademas de esos viajes de corresponsal, de curioso, de principiante, no olvides a otros viajeros que cruzan grandes distancias creyendo en una utopia peor aun y prefieren salir de un infierno para caer en otro. Un infierno hostil protegido como una fortaleza, adornado con abundancia, mantenido por conveniencia, enfermo de amnesia y vigilado por nuevos agitadores que perpetúan la ignorancia de algo tan natural como la inmigración.
Muchas veces nos cegamos con el proposito de satisfacer nuestros sueños, pensado que lo que esta por venir a la fuerza va a ser mejor. Los viajes no precisan ser materiales para perseguir una utopia, algunas viven en un sitio algo mas lejano en el tiempo, a veces simplemente en el recuerdo. El oficialismo y la perfeccion acaban por hacer que asistamos a pequeñas distopias sociales.
Qué curioso, conozco a Diego Hidalgo en persona y pese a que es un Utópico y soñador empedernido, creeme que no es facil hacerle ver mieles dónde solo hay fango ...
Aprovecho para dejarte un trocito del sueño de Diego Hidalgo, visita www.colegiosmundounido.org
Qué mejor que seguis soñando un mundo uwc
Desconozco si son familia, pero el Diego Hidalgo que conoces no es al que yo me refiero. Comprueba las fechas y verás que el Diego Hidalgo que mencionas, todavía no había nacido en 1929, fecha del viaje a la Unión Soviética.
Ah! Qué curioso, el Diego Hidalgo del que tú hablas es el padre del Diego Hidalgo Schnur del que yo hablo ...
Así es, el Diego Hidalgo que visitó Rusia, es el padre de Diego Hidalgo Schnur y sinceramente, si increíble era el padre, más increíble es aún el hijo. Ya me hubiese gustado tener algo de sus genes.
supermegaduper
Para José A.
Me gustaría saber que lazos te unen a Diego Hidalgo, yo también le conozco.
Si quieres podríamos hablar por messenger.
Perdón, el mensaje era para "buchan"
que bueno sería si las sciedades utopicas existieran.