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Aquella batalla se perdió. A pesar del heroísmo del pueblo español, a pesar de la ayuda que pudieran darle los otros pueblos del mundo, y la única potencia socialista que existía en aquella época, la causa del pueblo, sin una vigorosa conducción unificada, carcomida incluso, a veces, por disensiones internas, fue minándose, con la ayuda también de las potencias occidentales, que la cercaron, para caer derrotada definitivamente, y pasarse a la guerra mundial.
España era una avanzada que iba por el camino del poder popular. Allí, efectivamente, el pueblo había ganado el poder en elecciones libres, y se aprestaba a realizar las reformas necesarias para conquistar la felicidad. Pero se habían olvidado del ejército, se habían olvidado que había un ejército, representante de una clase vencida en unas elecciones, pero no aniquilada, y que estaba expectante. Ese ejército se alzó en el año 1936, y a pesar de toda la heroicidad del pueblo, de esa heroicidad que nos llenó, incluso, de un orgullo subconsciente de pertenecer a la misma raza, y ser descendientes, más o menos, directos, de aquellos españoles, a pesar de esa lucha, el poder del pueblo sucumbió.
Se sabía lo que era España en aquel momento: fue un reducto y fue un campo de prueba, donde se empezaron a probar las armas de la potencia más fuerte de aquella época, que era la Alemania nazi. Allí probaron sus bombarderos en picada; allí probaron sus nuevos tipos de tanques; allí probaron y empezaron a trabajar sobre su famosa «Blitzkrieg»; y, allí también probaron los bombardeos en masa, de los cuales Guernica es un crudo ejemplo.
Luchaban los patriotas españoles entonces por cambiar la faz del país, por hacerlo en paz, por derrotar a todas las fuerzas del mal, las mismas fuerzas que existieron aquí, y convertir a España en el paraíso terrenal en que todos soñamos que se va a convertir nuestro país. Pero no pudo ser.
En aquella época, las fuerzas imperialistas eran demasiado fuertes. Aquella vez los tanques, los aviones y los soldados armados, fueron más fuertes que el pueblo indefenso.
La batalla de España fue sí una guerra, una guerra civil, una guerra muy dura, pero fue también una batalla. Parte de la guerra enorme que el imperialismo llevaba contra las fuerzas progresistas, y aunque esa batalla se perdiera en ese momento allí, sirvió para ganar tiempo, que era algo precioso en aquel momento.
La historia dirá cuánto valió exactamente ese tiempo, cuánto le debe el mundo al sacrificio de los españoles que lucharon, casi sin armas, contra la barbarie fascista. Pero aun sin poder valorarla exactamente, todos sabemos que el valor de ese sacrificio fue enorme, y, ciertamente, que parte de los bellos resultados de hoy se deben a aquella lucha heroica de tres años.
Extractos del discurso de Ernesto Che Guevara en el acto de homenaje al general Líster
2 de junio de 1961
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