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Junio 29, 2006
onna
En un relato de Tanizaki Junichiro -novelista y uno de los mayores teóricos de estética japonesa-, recuerdo como divagaba tangencialmente sobre la belleza femenina, y el atractivo de ciertos tipos de cánones en el Japón feudal. En concreto, sorprendido se preguntaba como esas mujeres-crisálidas cultivadas en oscuros palacios, de pieles lechosas que nunca habían visto el sol, y cuerpos escuálidos hundidos bajo pesados kimonos, portaban una enfermiza carga erótica, mortal en especial para curtidos hombres de campo intrigados por la exclusividad de la vida de palacio. El arte japonés de la época, influenciado quizás por místicas representaciones budistas, retroalimentaba la tendencia al tratar a la mujer como etéreos personajes ausentes, de una lúgubre fragilidad representativa sin embargo de una elitista minoría que poco tenía que ver con el estereotipo real de la mujer. Eran estas lozanas mujeres de pieles quemadas por el duro trabajo en el campo, rebosantes de vitalidad y de cuerpos bastos forjados por el quehacer diario y el parir. Y sin embargo, y en una muestra más de que el hombre poco esta sujeto a cualquier teoría de selección natural, estas mujeres nada tenían que hacer a la hora de competir en encantos, con la fragilidad de esas otras mujeres antinatura, cautivas en oscuras habitaciones de aire enrarecido.

"Honoo" - Uemura Shoen, 1918
En ese paraíso orgiástico para la época que fue la Montaña Mágica de Thomas Mann, la belleza tuberculosa de trémulas mujeres de pieles vahídas, causaba estragos entre aquellos románticos turbados por el calavérico erotismo de unos cuerpos salidos de ultratumba. Mujeres que al igual que sus contemporáneas japonesas, compartían ese brillo venoso surgido de entre translúcidas pieles salidas de fetales profundidades en donde no llega el sol. Sin embargo, el cautiverio de estas mujeres resultaba en una independencia intelectual que quizás en último término, era lo que realmente cautivaba al macho de la época que rondaba las clases altas. Ávidas lectoras de pliegos sedosos como sus cuerpos, las mujeres japonesas de palacio crearon por primera vez una cultura de género en un mundo eminentemente masculino. Leyendo y aprendiendo a hurtadillas la culta lengua china oficialmente sólo apta para hombres, ante sus ojos pasaron lejanos mundos literarios inconcebibles en el confinamiento de palacio, que fueron antídotos con los que combatir la cruel tiranía de vivir en claustrofóbicas jaulas de oro. En las horas de tedio, las mujeres adaptaron con sus trazos suaves y delicados la antigua transcripción fonética del manyogana, para escribir obras maestras de la literatura en el silabario hoy conocido como hiragana, accesible a todas las clases sociales. De entre estas pioneras escritoras del periodo Heian (794-1185 ), tres nombres lograron salir de entre las sombras de palacio:Murasaki Shikibu ("Genji monogatari"), la madre de Michitsuna ("Kagero nikki") y Sei Shonagon ("Makura no shosi"). Nombres y obras que apenas representan a las muchas obras perdidas en ese furtivo intercambio de pliegos escondidos entre las mangas del kimono.
A día de hoy, el antiguo canon japones de física fragilidad se ha extendido a la intelectualidad, aunque el prototipo de mujeres descerebradas y sumisas mantiene algunas características antiguas como pieles vírgenes de sol. Sin embargo, multitud de cánones surgidos de oscuras fantasías masculinas y alimentados por los media han terminado por distorsionar la imagen de clásica belleza de la mujer japonesa, y a tenor de mucha de la pornografía que se exhibe sin pudor en horario prime-time o en las estanterías de las librerías, el nuevo modelo ideal de belleza consta de algunas aberraciones como pechos rollizos, dientes imperfectos resemblando caras de púberes, o piernas deformadas que poco tienen que ver con el esbelto caminar de la mujer madura, pero que en su torpeza parecen traer el recuerdo de inocentes niñas que por primera vez calzan los zapatos de tacón de su madre. Características que no hacen más que degradar la imagen de una mujer demasiado maleable, cuya identidad se pierde en esta sociedad eminentemente machista.
Junio 27, 2006
Aragón 92-69 Nihon
Uno. Cuando un amigo japonés me espetó si había estado alguna vez en una provincia de España llamada Aragón, creí que me iba a salir con algo relacionado con la Expo. Pero cuando me dijo que la selección japonesa de baloncesto había perdido contra la selección de Aragón, no salía de mi asombro. Vale que en esta preselección japonesa de gira por Europa todavía faltan algunos jugadores, pero perder de forma tan abultada frente a un combinado cuyas máximas estrellas son Alberto Angulo y Zapata, dice mucho del pobre nivel de esta selección de cara al mundial. En fin, otra anécdota más para alimentar mi frustación baloncestística en este país.
Dos. De la lista de Pepu, una pega: Antes que a Mumbrú yo habría llevado a Iker Iturbe o Sergi Vidal; y un interrogante: ¿de verás Raúl López no tendría sitio como tercer base?
Junio 26, 2006
sasebo
Los establecimientos de comida rápida han desvirtuado la imagen de las hamburguesas, hasta el punto que se nos hace difícil disociarlas de la idea de comida basura. Puestos a pensar, una hamburguesa es un gran invento que combina carne con vegetales, y que si se usan los ingredientes adecuados, se podría considerar hasta un plato sano. Y hasta que a un Adriá se le ocurra deconstruirla para convertirla en una delicatessen, de momento es un plato popular y accesible, del que hasta los más sibaritas pueden incluso disfrutar gastronómicamente. Y no, no me he vuleto loco.
La primera regla es eludir los establecimientos de comida rápida, ya que el engrudo bañado en salsa que venden bajo el nombre de "burguer", es cualquier otra cosa menos una hamburguesa. En Tokio la mejor opción es ir a Kua Aina, un restaurante hawaiano con algunas franquicias por Japón, en el que se puede disfrutar de varios tipos de sandwiches y hamburguesas "customizables", y de una calidad decente. Buenas hamburguesas que realmenten no tienen nada de especial, de las que se encuentran en cualquier restaurante americano de esos temáticos (Hard Rock, Planet Hollywood, Fridays, Fosters Hollywood, etc...).
En aquel periplo en carretera por Kyushu, recuerdo que yendo a Fukuoka desde Nagasaki, y mientras me recuperaba del susto de haber visto una réplica siniestra y de enormes dimensiones de un típico pueblo Europeo situado en tierra de nadie y convertido en parque temático, paré en un pueblo llamado Sasebo. Probablemente hubiese pasado de largo si no hubiera sido por un curioso cartel publicitario que anunciaba "Sasebo Burguer" como una atracción turística, y que visto casualmente a la hora de la comida, me hizo salivar como los perros de Pavlov. Más tarde me enteraría de que me encontraba en el primer sitio de todo Japón en donde se empezaron a vender hamburguesas. Todo empezó a comienzos de los cincuenta, cuando algunos japoneses de la zona vieron que preparar la comida del "invasor" situado en una base naval cercana, podía ser una buena manera de ganarse la vida. De esta forma nació la primera hamburguesa en Japón, que con el tiempo daría lugar a una denominación de origen conocida como "Sasebo Burguer". Aunque por supuesto hay muchas especialidades, lo que hace diferente a este tipo de hamburguesas del resto es un pan crujiente similar al de los kebab, y bacon de los famosos cerdos negros de Kagoshima. Aunque para los habitantes de Sasebo el secreto es el cariño que se pone el hacer estas hamburguesas a mano...
Tras esa primera experiencia de reinvención a la japonesa, creía que tan famosas hamburgesas no habían salido de los límites del pequeño pueblo de Sasebo, y que en realidad todo era un montaje publicitario para engañar a un puñado de turistas, o aparecer como anécdota graciosa en alguna guía de viajes. Sin embargo, cuando me enteré de que en Tokio desde hace unos años vive un expatriado de Sasebo que se ha traído el secreto, y trata de montar un imperio "burguesero", me faltó tiempo para acercarme a probarlo.

En un minúsculo local situado en el cruce de las avenidas Nakano y Okubo, tres personas se afanan sorprendentemente sincronizadas, en preparar las famosas hamburguesas en una diminuta cocina. Aunque apenas seis personas caben en el local, el goteo de gente que se lleva las hamburguesas a casa es continuo, lo que da muestra de su fama en el barrio de Nakano, y más alla, como testifican las pequeñas polaroid de famosetes que se han pasado por el restaurante. Encontré mesa, y quizás aún bajo los malditos efluvios de este persistente colesterol, puedo decir que merece la pena pasarse por Nakano para degustar una Sasebo burguer jumbo.
Junio 23, 2006
amable
No suelo fijarme mucho en la multitud de rankings mundiales que cada día inundan las páginas de los periódicos, y que hablan de forma bastante subjetiva sobre calidades de vida, de servicios, o de temás más prosaicos como ese ranking que sale cada año por primavera, y que intenta echar por tierra el mito hispano de fogosidad y pasión, afirmando que nuestra frecuencia de relaciones sexuales está por debajo de la media europea.
Ojeando un estudio realizado por la publicación Reader's Digest sobre las ciudades más amables del mundo, me encontré con una frase a propósito de la mala educación asiática diciendo que quizás los resultados hubieran cambiado en esta región si se hubiese incluido a China y Japón. En el caso de China, de seguro que muchas de sus ciudades rivalizarían con Bombay por ser la ciudad más descortés, mientras que en el caso de Japón, y en contra de lo que se pudiera suponer, utilizando el método aplicado por la revista estoy seguro de que ocuparía puestos bastante bajos en este ranking de ciudades amables.
Por supuesto, en la prueba llamada service test (un dependiente da las gracias al cliente tras la compra) cualquier ciudad japonesa sería lider indiscutible, aunque siempre habría que precisar donde termina la amabilidad espontánea de las gentes y empieza la amabilidad forzada del buen empleado. Pero en los otros dos test que se practicaron, las puntuaciones hubieran sido bastante bajas o incluso inexistentes en el llamado door test, dada la desconfianza japonesa a abrir las puertas de casa a un desconocido.
En el test llamado document drop, que mide la respuesta de la gente a ayudar a recoger papeles que se han caído, los resultado serían en mi opinión negativos. Podría hablar de experiencias personales que refrendarían este juicio, aunque en todo caso sólo serían una generalización más sin demasiada importancia después de todo. Experiencias por otro lado que concuerdan con la opinión de otros, y que terminarían por explicar esta falta de amabilidad como algo cultural. Al igual que los habitantes de Hong Kong se defienden de su supuesta falta de amabilidad alegando que no dar las gracias es una costumbre china que no denota descortesía, en Japón el no ayudar a un desconocido se resolvería alegando que esa persona no entra dentro de las obligaciones de grupo (giri), por no existir ningún lazo de unión. Algo parecido pasa a la hora de recoger basura de la calle: Poca gente se agachará a recoger un papel, por el simple hecho de que ese es un trabajo que le corresponde hacer a otra persona.
Valoraciones subjetivas y generalizaciones aparte, de lo que no me queda ninguna duda es que ese honroso 12º puesto de Madrid, no sería superado por Tokio en ningún caso.
Junio 21, 2006
sport
Debió de ser en plena euforia del Mundial de Corea y Japón, cuando los japoneses volcados con su selección nacional descubrieron el viejo placer español -principal causa de bronca con la parienta- de ver el fútbol en el bar con los amiguetes. Los japoneses reciclaron el concepto a la americana (como siempre), y desde entonces no han hecho más que proliferar los llamados "sport bar". Bares temáticos cuajados de enormes televisores, en donde los gritos de ánimo están permitidos e incluso provocados por unos camareros más preocupados en crear ambiente que en servir; seña de una identidad basada en camisetas, posters, bufandas y demás parafernalia deportiva. En pleno Mundial, muchos bares normales se han apuntado a la moda de los "sport bar" colocando una gran televisión de plasma, y ofreciendo alguna selección de cervezas internaciones en consonancia con los equipos participantes, por eso de dar un poco de color al chiringuito. Pese al reciclaje de muchos bares, conseguir un asiento de última hora en estos establecimientos para ver alguno de los partidos de Japón es imposible, existiendo reservas hechas con meses de antelación.
Afortunadamente, gracias a esta especialización y diversidad temática tan japonesa, he descubierto uno de estos bares que ya he hecho uno de mis favoritos, y que como no podía ser de otra manera, está dedicado al baloncesto. En España, un bar temático de estas caracterísiticas sería impensable, pese a los tímidos esfuerzos de ese Tony Roma`s plagado de camisetas de basket de jugadores nacionales y grandes estrellas de la NBA. Sin embargo, y pese que el baloncesto en Japón es poco popular, los pocos aficionados son lo sufientemente fanáticos como para embarcarse en la aventura de un bar de estas caracterísiticas. Situado en Takadanobaba, no sorprenderá a nadie que el bar se llame #23 en honor a Michael Jordan, ni que la decoración pase por disitintas camisetas de este jugador. Y aunque en su programación se incluyan eventos deportivos de todo tipo, el baloncesto ocupa un lugar prioritario, razón por la que últimamente he frecuentado este local para ver la serie final de la NBA.
Una serie interesante, y que ha hecho justicia con dos ilustres veteranos que se merecían el anillo de campeones como broche a sus carreras: Gary Payton y Alonzo Mourning.
Junio 19, 2006
desasosiego
En plena temporada de lluvias, el cielo se blinda de un gris ceniciento de una opacidad sorprendentemente uniforme. Mirando al cielo intentando descifrar la excepción en el inevitable pronóstico lluvioso, apenas entrevemos los contornos de unas abigarradas nubes de densidad palpable. En los breves periodos en los que el cielo descansa de su interminable descarga, acontecen unos extraños periodos de falsa ufanía. Tiempo en el que las calles se llenan de apresurada gente apurando los breves intervalos sin lluvia, llevando a cabo una frenética actividad despertados como están del sopor húmedo del tsuyu.
En unos instantes, las primeras gotas anuncian el retorno de una lluvia que hasta ahora permanecía a la espera amenazante sobre nuestras cabezas, y que poco a poco va derramándose en una caída sin fin aparente. Los olores verdes se nos cuelan por las fosas nasales unos breves insntantes, antes de que la tierra empiece a supurar esa húmedad inolora capaz de atrofiar todos nuestros sentidos. Nos invade entonces el tedio de una mortecina tarde que languidece ahogada por la tormenta. Un tedio físico y brumoso, que nos envuelve incluso en los paseos paraguas en mano, por charcos convertidos en oceános. Los reflejos de las luces en los charcos, son recordatorios de una claridad que se nos antoja imposible en estos días de color marengo. Caminamos entonces buscando en el suelo los brillos de unos charcos que al pisarlos pieden la su nitidez de espejo para fundirse con el tono borroso de la tarde. Intoxicados por los efluvios húmedos del día, buscamos cobijo imposible en algún lugar seco, aguardando el brillante sol de un húmedo estío que al menos seque las penas del largo invierno.
"Somos, por más que no queramos serlo, siervos del momento y de sus olores y formas, súbditos del cielo y de la tierra [...] Oscuras transmutaciones, sentidas tal vez sólo en el interior de los sentimientos abstractos, se producen porque llueve o porque deja de llover, se sienten sin sentirlas porque sin sentirlo el tiempo se sintió".
Junio 13, 2006
land

Junio 12, 2006
cocoonibiza_tokyo
En ese particular ranking de las fiestas en el Womb, la noche del sábado pasado desplaza a la anterior número uno. Sonidos de Ibiza encarnados por Ricardo Villalobos, uno de los mejores DJ de tecno del momento, que sabe fusionar sonidos poco habituales de esta disciplina, para crear melodias de una simplicidad engañosa. Escuchando atentamente se intuye una profundidad sonora poco habitual, que si la unimos a la perfecta comunión que establece con el púlico, convierte sus sesiones en verdaderas descargas de adrenalina que te atan a la pista de baile sin posibilidad de escapar. Una frenética Fiesta con mayúsculas, de esas en donde ese buen rollo tipo Ibiza fluye a la par de unos vinilos que han visto mucho mundo y provocado muy buenas vibraciones.
Y aunque muchos de los japoneses vinieron para ver a Fumiya Tanaka, un clásico de la escena japonesa, seguro que comprobaron lo que ya llevo diciendo en estas páginas desde hace tiempo: Que los "correctos" DJs japoneses están todavía en esto de la electrónica a años luz de los grandes DJs europeos.

Y merece la pena también hablar de lo que parece una nueva política del Womb que deberían de imitar otros clubes: Descuentos de 1000 yenes para unos socios que se identifican por medio de lectores de huellas digitales, y sobretodo, una hora de cierre indeterminada entre las 6 y las 6:30 de la mañana en función del DJ. Si la regla en otros clubes de Tokio es echar a la gente a las cinco, aún a costa de sacrificar ese feeling que se establece a veces entre público y DJ, en el Womb la hora se alarga lo que haga falta para alargar esos momentos de felicidad de unos noctámbulos que no pueden curar su insomnio en los inexistentes after hour tokiotas.
Junio 07, 2006
mundobasket
Ya va quedando menos para el otro mundial, el de baloncesto, y el único en el que España realmente tiene posibilidades de llegar más allá de cuartos. Antes de que comience la euforia mundialista del fútbol, no queda de más recordar que poco a poco y sin apenas anunciarse, un mundobasket se esta forjando al otro lado del mundo...

Cartel promocional del Mundial de Baloncesto de Japón en una abandonada carretera comarcal
Junio 05, 2006
near ≒ equal
Ser artista se ha convertido en una carrera académica perfectamente planificada, en la que cualquier persona con un mínimo de talento y un máximo de perseverancia puede llegar a completar, e incluso triunfar. Las reglas de este juego del nuevo arte japonés dicen que tras entrar en una facultad de Bellas Artes de cierto prestigio, se hace necesario continuar bajo la tutela de algún profesor a la búsqueda de un doctorado, para en el camino poder reunir los suficientes diplomas que te abran las puertas para poder exhibir tu trabajo, o al menos la excusa académica que te exima de las críticas de unos críticos también vendidos al mismo podrido mundo académico. En esta situación el público es sólo un mandado de la crítica que aprecia lo que se le pone delante, y que llamará arte a aquellas mierdas que lleven el certificado de excelencia académica. Es por eso que individuos como Hisashi Tenmyouya suponen un soplo de aire fresco en este mercado escatológico del arte.

El documental estrenado el pasado sábado hace justicia a un artista que ajeno al sistema, ha sabido hacerse a si mismo gracias a ese autodidáctico esfuerzo de los verdaderos artistas. Tras llegar a ser director de arte de portadas de música, el impulso por pintar que le carcomía por dentro alcanzó su máximo apogeo y le llevó a tomar una decisión de la que afortunadamente todavía no se arrepiente: dedicarse exclusivamente a la pintura. Quizás su mayor influencia viene de la pequeña escuela de pintura que atendió siendo estudiante de secundaria, en donde predominaba el gusto por la pintura japonesa o nihonga. De esta primera influencia viene su estudio por la pintura clásica japonesa, y en particular de las técnicas empleadas por la famosa escuela de pintura Kano. Sin embargo, fue la figura de Kawanabe Kyosai la que marcó su idea de pintura más profundamente.
Cuando con la revolución Meiji se fracturó el rígido sistema social del periodo Tokugawa, los pintores también se vieron libres en un arte, que hasta entonces había estado sometido a unos gustos impuestos que diferenciaban entre una elevada pintura sólo apreciada por las clases altas (la de la escuela Kano), y una pintura popular y sin ningún valor artístico que era del ukiyo-e. En ambos casos, los temas estaban marcados de antemano, y el artista poco podía hacer por innovar salvo cuando usaba seudónimos. Kawanabe Kyosai fue quizás el último gran pintor de estilo típicamente japonés, y el único de su generación que no sucumbió a los gustos occidentales que llegaron con la apertura Meiji. Fue además uno de los pintores más completos de todos los tiempos, alumno del famoso grabador de ukiyo-e Kuniyoshi Utagawa, y más tarde también aventajado alumno de la escuela Kano. Que en una misma persona se juntase el arte más elevado y a la vez el más despreciado era una contradicción que el mismo Kawanabe asumió con una simplicidad asombrosa, ya que para él, ambos estilos eran arte, y ambos estilos debían de llevar un mensaje simbólico que les dotase de un valor independiente de la técnica.
Haciendo un símil con Kawanabe, Tenmyouya empezó publicando sus primeras pinturas en un medio de cultura popular considerado de los más bajos (revistas), y en particular en una publicación de tatuajes ("Burst") lejos del impacto mediático de esas creídas exclusivas revistas de arte y diseño. Además, el estilo elegido fue el del ukiyo-e, en clara referencia a esa cultura popular de antaño, pero esta vez con un mensaje impreso destinado a calar en los rudos tatuadores, o en esos otros repositorios de la pnitura tradicional japonesa que son los horishi (artistas tatuadores). Con este bagaje, su primera exposición en solitario parecía difícil de ver la luz, hasta que gracias a la ayuda de una tataranieta de Kawanabe, uno de sus cuadros se expuso en una pequeña sala del Kawanabe Kyousai Memorial Museum.

Cartel para el Mundial de Fútbol del 2006 - Hisashi Tenmyouya
Desde entonces Tenmyouya se ha convertido en un aclamado artista en Japón y en el extranjero, con numerosas exposiciones a sus espaldas, y el título de abanderado del neo-nihonga. Aunque para Tenmyouya lo del neo es simplemente por una cuestión técnica y no de tema, que no es otra que la sustitución de los tradicionales pigmentos por una más moderna pintura acrílica. Única diferencia de una pintura que él sitúa en los contextos tradicionales de excepción del Kabuki-mono y vasara, a la vez que rescata motivos y temas tradicionales que han hecho que muchos jóvenes japoneses vuelvan a recuperar el interés por su propia cultura, recuperando ese mestizaje cultural tan necesario.
El documental es parte de la serie "near-equal" de documentales dedicados a conocer a grandes artistas japoneses contemporáneos. La serie se empezó con el fotógrafo Moriyama Daido, y se completa con el artista Makoto Aida, y el escultor Funakoshi Katsura.
El documental sigue a Tenmyouya durante cinco meses desde finales del 2005 hasta la inaguración de la exposición en el MOT a principios del 2006. Un periodo de tiempo comprimido en apenas una hora y veinte minutos, en donde la forma de trabajo se alterna con reflexiones sobre su idea del arte. Un documental interesante pero que apenas toca la figura humana de un pintor que parece sólo vivir para su arte, en las cuatro pareces de un vacío estudio. Un documental que bien podría haberse echo en menos de dos semanas, y que hace preguntarse las razones de esta visión tan alejada de un artista, quizás demasiado celoso con su vida privada pese a mostrarse de acuerdo a participar. Un documental que se ve que le ha quedado un poco grande en la que es la primera experiencia en el largo de Go Ishizaki, director, cámara y editor del mismo, que cuando le conocí antes de la proyección me dió la impresión de ser más competente.