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colinas
Recientemente ví en las noticias como Takao Arayama, un anciano de 70 años, quitaba por dos días el recórd establecido por un paisano de ser la persona más longeva en subir el Everest. Pensando en los méritos de este tipo de marcas establecidas por gente de dinero y con mucho tiempo libre, me vinieron a la cabeza las charlas de Sebastián Álvaro, director de "Al filo de lo imposible" los jueves en el programa de radio de "El larguero". Conversaciones en donde prima el respeto por la montaña y el recuerdo del espíritu romántico de los grandes escaladores, que con el único apero de su coraje realizaron logros imposibles de superación personal, y que convierten records como el de este japonés en una batallita sin importancia.
La escalada al Everest se ha convertido en un nuevo destino exótico para los amantes de la exclusividad y el fanfarroneo. Son muchas las agencias que ofrecen este tipo de viaje aventura, en donde el peligro se ha reducido al mínimo. Garantizan que cualquier persona de vida no demasiado sedentaria pueda llegar a la cima ligero de equipaje, e hiperoxigenado por el uso obligatorio de unas botellas de oxígeno que una vez usadas, se acumulan en vertederos que afean y contaminan un paisaje no hace mucho tiempo vírgen.
Cuando un verano de hace tres años realicé la subida al Monte Fuji, poco podía imaginar con lo que me encontraría. Al caer la tarde, miles de turistas empiezan una procesión desde la quinta estación a 2300 metros, a la que se accede fácilmente por carretera. El gran complejo turístico montado en torno a esta estación, es sólo el anticipo de lo que se verá una vez empiece la ascención. En las tiendas se souvenires, los bastones y las banderas de Estados Unidos y Japón son los objetos más reclamados, junto con las botellas de oxígeno para garantizar una cómoda ascensión a aquellos que les falte el aire en los apenas 3776 metros de altitud.

De la serie "36 vistas del monte Fuji" - Hokusai, 1827
Comienza la ascensión, y por un camino en zigzag de suave pendiente en donde se alternan más tiendas de souvenires, restaurantes y hasta pequeños albergues, la gente empieza su descafeinada aventura o su peregrinación de casi obligado y patriótico cumplimiento. Para la ocasión, no falta la ropa de montaña de última generación, botas de expediciones antárticas, o piolet y camprones lucidos como innecesarios artículos de adorno. Es en esa árida subida cuando el misticismo de subir el monte Fuji se va diluyendo como el oxígeno, aumentando una sensación de hastío y desgana a la par que la brusca bajada de temperatura. Una vez llegados al circo montado en la cima, intentando comprar un asiento caliente y alguna bebida reconfortante para pasar las últimas horas de penumbra, y sin ganas de discutir con unos empleados solamente preocupados en hacer caja, pensé en como la comercialización y explotación de un itinerario natural le quita todo su encanto turístico, por mucho que la afluencia de turistas aumente.
En esos pensamientos pesimistas estaba, cuando obervé como la marabunta humana se removía inquieta en la cima, buscando un lugar en alguno de los atestados miradores. Era el amanecer. Fue entonces cuando contemplando los primeros rayos de un sol que se asomaba lentamente por el horizonte, entré en un estado catártico de ensimismamiento que me mantuvo ajeno a los gritos de júbilo de la gente, y que dió sentido y alegría a la desilusión de la ascensión, haciéndome pensar que a pesar de todo, había merecido la pena.
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Comentarios para: "colinas"
Yo también hice la típica subida al Monte Fuji y solo se puede resumir en una palabra: decepcionante. Además de parecer la estación de Shinjuku en hora punta (había colas para subir), en medio de la oscuridad, podías el olor cada vez más intenso a cloaca te anunciaba cuando te acercabas a un puerto y el cada vez más elevado precio de las bebidas de los expendedores automáticos te daba pistas de lo cerca que te encontrabas de la cima. El Fuji es para verlo de lejos porque de cerca pierde todo su encanto.
... Todo degenera... Tal vez seamos demasiado romanticos, pero parece que todo va poco a poco perdiendo su valor y prime mas el poder decir "he subido al Fujisan" que experimentar las sensaciones que describes del amanecer. Que por cierto, el amanecer mereció la pena porque aún nos falta un poco mas para joder tambien el Sol :-( . Es una lástima que cada vez mas cosas tengan mas valor por lo que han sido que por lo que siguen siendo. Casi prefiero seguir fantaseando con como sería "mi subida" al Fujisan. En fins, abrazos pa todos y cuidaos.
Obviamente es desagradable..... pero creoq es parte del juego de subir al buen fujisan, o ir al legendario teotihuacan, o al gólgota en jerusalém.
la belleza d hoy está, según yo, en lugares mas remotos, lugares olvidados, así como las buenas azoteas... los callejones, el drenaje... las interminables carreteras no turísticas q t llevan aotro tipo de santuarios y lugares propios de la medtación calma y belleza física que uno busca... hay q resintonizarse a la exploración de un mundo compeltamente explorado, pero con muchos lugares olvidados.
y bueno... dicen q nada permanece arruinada para siempre :-)
Amigos: me voy a Japón proximamente y, entre otras cosas, pensaba subir al Fuji, pero creo después de leer vuestros comentarios iré más ligero de equipaje de lo que había previsto.
Gracias . Un saludo, Mr. Xu
Por cierto amaneceres bonitos los hay por doquier: Cazorla, Pirineos, Gredos....
Acabo de llegar de Japon y he subido el monte fuji desde la segunda estación, para mi no es decepcionante. Obviamente se ha hecho mucho comercio pero igual que aquí, alli tambien sacan dinero del turismo, no?? es lícito, no??
Yo si lo recomiendo, es un amanecer muy bonito y no me arrepiento de haberlo hecho todo y que no iba nada preparada en cuanto al equipo y lo subi con bambas y sin baston,