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denzuin
I walked down the west side of Hongodai Hill and then up the slope of Koishikawa towards Denzuin Temple. The whole area has changed in appearance since the trams started going through there but, in those days, there was merely the mud wall of the Arsenal on the left as one walked up the slope, and on the right there were only open fields. I stopped for a moment, and thinking of nothing in particular, looked towards the hill on the other side of the valley. The view is not bad even now, but it was much more pleasant then. All was green as far as I could see: it was a soothing sight. I then began to wonder whether a suitable house could not be found in the neighborhood. I walked across the fields until I came to a narrow lane, and then followed it northward. Even today, that neighborhood has a higgledy-piggledy look. You can imagine what it was like in those days. I walked around in circles through innumerable little alleys until I came upon a small confectioner's. I went in and asked the woman who kept the shop whether she knew of a small but neat house that I could rent. "Well, let me see now .. ."
Cuando seguimos los pasos a la par que los trazos de esos Baroja, Galdós e Inclán en sus recorridos por Madrid, los nombres de las calles evocan nuestros propios recuerdos de unos lugares que a partir de ahora se nos presentarán indisolubles de esta recién adquirida memoria ajena. Lugares comúnes en donde generaciones en tránsito dejaron un pedacito de sus vivencias, inconscientes de que un cronista casual uniría esos pequeños retazos de transeúntes anónimos a sus propias vivencias de ficción. Descubrir en una vieja placa el nombre de una de estas calles -lugares en donde el tiempo se acumula indolente en el mismo espacio-, es dejarse llevar por una memoria histórica imperceptiblemente cincelada, que nos dará el único gozo que estos enormes mausoleos colmena que llamamos ciudad pueden ofrecernos: Recuerdos pasados.
Sin embargo, en este enjambre de calles sin sentido que es Tokio, en donde hasta los números se pierden en una caótica sucesión, el encontrar las reminiscencias de un pasado literario es harto difícil. Sólo los nombres de los templos son una referencia espacial, al igual que las grandes avenidas cuyos límites se amplían con cada nuevo ensanche. Pero en esta búsqueda por los límites de la ficción, contamos con una curiosa coincidencia que nos ayudará a situar muchas de las grandes novelas: Casi sin excepción, todos los grandes escritores japoneses modernos han estado ligados de una u otra forma a la académicamente omnipresente Universidad de Tokio. Por lo que todos sin excepción, han compartido el espacio vital en torno al ya tradicional campus de Hongo. Por ejemplo, los pasos dados por Natsume Soseki en "Kokoro" hacia el templo Denzuin, quizás sirivieron para inspirar a que Nagai Kafu situara una de sus novelas en este templo, o quizás ambos decidieron incluir este templo tras escuchar literariamente primero y realmente después el sonido de la campana descrita por Futabatei Shimei en su novela de 1891 titulada "Ukigumo" (Nubes flotantes).
Area que abarca Hongo-Yushima. Entre el Tokyo Dome y el parque Ueno. Con una cruz, el templo Denzuin.
Aunque cada día al volver a casa me dejo llevar por calles diferentes que me desciendan sin sobresaltos por la pequeña colina de Hongo, o aunque en algún rato al caer la tarde pueda escaparme para descubrir algún viejo café cercano a la universidad -poblados por estudiantes sonmolientos o enfrascados en encendidos debates-, apenas conozco los secretos de este pequeño barrio en donde todavía se encuentran viejas construcciones y sombríos apartamentos de madera carcomida. Un barrio en pendiente donde la luz se filtra por ángulos no habituales, y que en sus calles recoge un silencio similar al que se vive en la enorme biblioteca central de la Universidad.
Hongo-Yushima literario por la revista 東京生活
Cuando la revista "Tokyo Seikatsu" (Vivir en Tokio) dedicó un número especial a la zona Hongo-Yushima, no dudé en hacerme con un número que ahora se vende como souvenir en la tienda de recuerdos del mismo campus. En sus páginas reconocí algunos de mis lugares favoritos, y nuevos sitios que sin duda se convertirán en sitios predilectos a medida que los vaya conociendo. Una guía imprescindible por la que descubrí pequeños Ryokan tradicionales que casi creía extintos en Tokio, legendarias tiendas de dulces, o la existencia de confortables bares en donde el viejo cuero de mullidos sillones amortigua el aterciopelado sonido de atemporales vinilos de jazz, cambiados con destreza por un viejo barman que una vez fue, como no podía ser de otra forma, un estudiante de la Universidad de Tokio.
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