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Mayo 29, 2006
colinas
Recientemente ví en las noticias como Takao Arayama, un anciano de 70 años, quitaba por dos días el recórd establecido por un paisano de ser la persona más longeva en subir el Everest. Pensando en los méritos de este tipo de marcas establecidas por gente de dinero y con mucho tiempo libre, me vinieron a la cabeza las charlas de Sebastián Álvaro, director de "Al filo de lo imposible" los jueves en el programa de radio de "El larguero". Conversaciones en donde prima el respeto por la montaña y el recuerdo del espíritu romántico de los grandes escaladores, que con el único apero de su coraje realizaron logros imposibles de superación personal, y que convierten records como el de este japonés en una batallita sin importancia.
La escalada al Everest se ha convertido en un nuevo destino exótico para los amantes de la exclusividad y el fanfarroneo. Son muchas las agencias que ofrecen este tipo de viaje aventura, en donde el peligro se ha reducido al mínimo. Garantizan que cualquier persona de vida no demasiado sedentaria pueda llegar a la cima ligero de equipaje, e hiperoxigenado por el uso obligatorio de unas botellas de oxígeno que una vez usadas, se acumulan en vertederos que afean y contaminan un paisaje no hace mucho tiempo vírgen.
Cuando un verano de hace tres años realicé la subida al Monte Fuji, poco podía imaginar con lo que me encontraría. Al caer la tarde, miles de turistas empiezan una procesión desde la quinta estación a 2300 metros, a la que se accede fácilmente por carretera. El gran complejo turístico montado en torno a esta estación, es sólo el anticipo de lo que se verá una vez empiece la ascención. En las tiendas se souvenires, los bastones y las banderas de Estados Unidos y Japón son los objetos más reclamados, junto con las botellas de oxígeno para garantizar una cómoda ascensión a aquellos que les falte el aire en los apenas 3776 metros de altitud.

De la serie "36 vistas del monte Fuji" - Hokusai, 1827
Comienza la ascensión, y por un camino en zigzag de suave pendiente en donde se alternan más tiendas de souvenires, restaurantes y hasta pequeños albergues, la gente empieza su descafeinada aventura o su peregrinación de casi obligado y patriótico cumplimiento. Para la ocasión, no falta la ropa de montaña de última generación, botas de expediciones antárticas, o piolet y camprones lucidos como innecesarios artículos de adorno. Es en esa árida subida cuando el misticismo de subir el monte Fuji se va diluyendo como el oxígeno, aumentando una sensación de hastío y desgana a la par que la brusca bajada de temperatura. Una vez llegados al circo montado en la cima, intentando comprar un asiento caliente y alguna bebida reconfortante para pasar las últimas horas de penumbra, y sin ganas de discutir con unos empleados solamente preocupados en hacer caja, pensé en como la comercialización y explotación de un itinerario natural le quita todo su encanto turístico, por mucho que la afluencia de turistas aumente.
En esos pensamientos pesimistas estaba, cuando obervé como la marabunta humana se removía inquieta en la cima, buscando un lugar en alguno de los atestados miradores. Era el amanecer. Fue entonces cuando contemplando los primeros rayos de un sol que se asomaba lentamente por el horizonte, entré en un estado catártico de ensimismamiento que me mantuvo ajeno a los gritos de júbilo de la gente, y que dió sentido y alegría a la desilusión de la ascensión, haciéndome pensar que a pesar de todo, había merecido la pena.
Mayo 21, 2006
Albéniz
"Los ciudadanos en un país libre y democrático, son los únicos propietarios y responsables de la ciudad en la que viven con sus decisiones y sus acciones. No nos dejemos hurtar el patrimonio"
Supongo que cada uno tendrá sus recuerdos de cuando pisó por primera vez el Teatro Albéniz. En mi caso, esa primera vez fue en solitario para ver una representación de danza contemporánea incluida en el siempre excelente Festival de Otoño. Luego llegarían más festivales, momentos históricos como "¿Quién teme a Virginia Woolf?" de Adolfo Marsillach y Nuria Espert, y por supuesto, las representaciones de unos Joglars que hicieron de este teatro su talismán en Madrid. Representaciones de calidad en un marco que sin embargo dejaba mucho que desear, y es que este no ha sido uno de mis teatros predilectos, pese a que en estos últimos años se han acometido algunas reformas menores, a la espera de presupuesto -supongo- para acometer un completo lavado de cara.
Llamemoslé encanto a ese aire de dejadez del teatro, o mejor aún, esperemos a que se apaguen las luces para que una vez absortos en plena función, olvidarnos de las las grietas y de ese olor a humedad ahora mezclado con el de miseria humana y perfume francés que emana de la platea. Porque si algo se ha caracterizado este teatro que amenazan con quitarnos, es una excelente y cuidada programación que ha atraído a miles de espectadores de muy diversos intereses que han hecho de este teatro su único nexo en común.
Ahora que los grandes cines se fragmentan en multicines sin glamour y con menos mármol, o que viejos teatros renacen bajo el impulso de modas comerciales -leáse musicales, es momento de defender un espacio escénico con solera, respetado tanto por el público como por el gremio. Un espacio en donde el peso de la cultura continúe ejerciendo de contrapeso en este Madrid hueco.
Mayo 17, 2006
denzuin
I walked down the west side of Hongodai Hill and then up the slope of Koishikawa towards Denzuin Temple. The whole area has changed in appearance since the trams started going through there but, in those days, there was merely the mud wall of the Arsenal on the left as one walked up the slope, and on the right there were only open fields. I stopped for a moment, and thinking of nothing in particular, looked towards the hill on the other side of the valley. The view is not bad even now, but it was much more pleasant then. All was green as far as I could see: it was a soothing sight. I then began to wonder whether a suitable house could not be found in the neighborhood. I walked across the fields until I came to a narrow lane, and then followed it northward. Even today, that neighborhood has a higgledy-piggledy look. You can imagine what it was like in those days. I walked around in circles through innumerable little alleys until I came upon a small confectioner's. I went in and asked the woman who kept the shop whether she knew of a small but neat house that I could rent. "Well, let me see now .. ."
Cuando seguimos los pasos a la par que los trazos de esos Baroja, Galdós e Inclán en sus recorridos por Madrid, los nombres de las calles evocan nuestros propios recuerdos de unos lugares que a partir de ahora se nos presentarán indisolubles de esta recién adquirida memoria ajena. Lugares comúnes en donde generaciones en tránsito dejaron un pedacito de sus vivencias, inconscientes de que un cronista casual uniría esos pequeños retazos de transeúntes anónimos a sus propias vivencias de ficción. Descubrir en una vieja placa el nombre de una de estas calles -lugares en donde el tiempo se acumula indolente en el mismo espacio-, es dejarse llevar por una memoria histórica imperceptiblemente cincelada, que nos dará el único gozo que estos enormes mausoleos colmena que llamamos ciudad pueden ofrecernos: Recuerdos pasados.
Sin embargo, en este enjambre de calles sin sentido que es Tokio, en donde hasta los números se pierden en una caótica sucesión, el encontrar las reminiscencias de un pasado literario es harto difícil. Sólo los nombres de los templos son una referencia espacial, al igual que las grandes avenidas cuyos límites se amplían con cada nuevo ensanche. Pero en esta búsqueda por los límites de la ficción, contamos con una curiosa coincidencia que nos ayudará a situar muchas de las grandes novelas: Casi sin excepción, todos los grandes escritores japoneses modernos han estado ligados de una u otra forma a la académicamente omnipresente Universidad de Tokio. Por lo que todos sin excepción, han compartido el espacio vital en torno al ya tradicional campus de Hongo. Por ejemplo, los pasos dados por Natsume Soseki en "Kokoro" hacia el templo Denzuin, quizás sirivieron para inspirar a que Nagai Kafu situara una de sus novelas en este templo, o quizás ambos decidieron incluir este templo tras escuchar literariamente primero y realmente después el sonido de la campana descrita por Futabatei Shimei en su novela de 1891 titulada "Ukigumo" (Nubes flotantes).
Area que abarca Hongo-Yushima. Entre el Tokyo Dome y el parque Ueno. Con una cruz, el templo Denzuin.
Aunque cada día al volver a casa me dejo llevar por calles diferentes que me desciendan sin sobresaltos por la pequeña colina de Hongo, o aunque en algún rato al caer la tarde pueda escaparme para descubrir algún viejo café cercano a la universidad -poblados por estudiantes sonmolientos o enfrascados en encendidos debates-, apenas conozco los secretos de este pequeño barrio en donde todavía se encuentran viejas construcciones y sombríos apartamentos de madera carcomida. Un barrio en pendiente donde la luz se filtra por ángulos no habituales, y que en sus calles recoge un silencio similar al que se vive en la enorme biblioteca central de la Universidad.
Hongo-Yushima literario por la revista 東京生活
Cuando la revista "Tokyo Seikatsu" (Vivir en Tokio) dedicó un número especial a la zona Hongo-Yushima, no dudé en hacerme con un número que ahora se vende como souvenir en la tienda de recuerdos del mismo campus. En sus páginas reconocí algunos de mis lugares favoritos, y nuevos sitios que sin duda se convertirán en sitios predilectos a medida que los vaya conociendo. Una guía imprescindible por la que descubrí pequeños Ryokan tradicionales que casi creía extintos en Tokio, legendarias tiendas de dulces, o la existencia de confortables bares en donde el viejo cuero de mullidos sillones amortigua el aterciopelado sonido de atemporales vinilos de jazz, cambiados con destreza por un viejo barman que una vez fue, como no podía ser de otra forma, un estudiante de la Universidad de Tokio.
Mayo 16, 2006
レッドパージ reddo pâji
Hay que reconocer el mérito a George Clooney y Steven Soderbergh, fundadores de la productora Section Eight y que gracias a los beneficios de la saga Oceans, consiguen hacer cine independiente políticamente incorrecto. Que una película como "Buenas noches y buena suerte" a priori condenada al circuito alternativo, logre llegar al circuito comercial tiene mérito. Que Clooney tiene tirón no es la única razón. De entre las posibles causas está que es una película co-producida por la recién creada división de cine independiente de la Warner, y en el caso del estreno japonés, el que otra de las productoras implicadas sea Tohokashinsha (la misma de "Lost in Translation"), puede explicar el estreno de una película inusual en la limitada cartelera japonesa.

En un cine medio vacío de una nublosa tarde de domingo, la película empieza con una breve introducción política destinada a un público japonés que poco sabe de "caza de brujas", libertad de prensa, alternancia política, o democracia a fin de cuentas. La introducción no provocó ninguna indegestión a los espectadores parapetados bajo grandes cubos de palomitas, pero si que debió de dejar un gusto amargo a aquellos espectadores que pensaban ver el último blockbuster de Clooney. Impresión que debieron de ver vista confirmada con pánico, cuando vieron que el color no aparecía por ninguna parte. El blanco y negro límpido de una fotografía de estudio, ensuciado habilmente con constantes primeros planos desenfocados, es una obra como no podía ser menos del genial Robert Elswit, colaborador habitual de Paul Thomas Anderson. Un acertado tratamiento que huye del cliché habitual de los remakes en blanco y negro inspirados en películas de los cincuenta.
Mientras un genial David Strathairn rememoraba los discursos políticos del gran icono del periodismo Edward R. Murrow, el público japonés poco podía imaginar mientras leía los subtítulos, que ese problema tan lejano ocurrió también en Japón y dejó secuelas que aún hoy perduran. El miedo al comunismo empezó en Japón en el mismo momento en que terminó la guerra. No era un miedo fruto de las barbaries que el ejército rojo cometía sobre muchos de los presos de guerra japoneses. Era un miedo alimentado por las propias fuerzas de ocupación norteamericanas, que temerosas a que un rebrote comunista se extendiera por Japón, conducían interrogatorios entre los japoneses que iban volviendo a casa, y que podrían haber sido "reeducados" en el comunismo por sus captores en una especie de paranoica versión del síndrome de Estocolmo.
Sin embargo, las fuerzas de ocupación poco pudieron hacer por el rebrote de una izquierda que volvía a respirar tras los oscuros años de represión dictatorial, y que apenas podría intuir que se encontraba en una democracia ficticia orquestada por un régimen militar que poco se diferenciaría del anterior. El renacimiento de los grupos de izquierdas en todas sus variantes y grados de extremismo político, fue una bocanada de aire fresco en el recién inagurado panorama político japonés, y voz de un pueblo hambriento que coreaba con furia los eslóganes comunistas del tipo "kempôyori, meshida" (antes comida que constitución). El partido comunista fue el órgano político que canalizó el descontento de una población en plena penuria económica, y el sentimiento anti-americano que empezaba a surgir como respuesta a una ocupación que frecuentemente se excedía en sus cometidos. Cuando el partido comunista convergió con los recién creados sindicatos de trabajadores, impulsados por el propio MacArthur como uno de los símbolos necesarios para la democracia, se produjo la única respuesta posible que tienen los trabajadores para expresar su desconteno: Huelga General.
Encendida por los planes del gobierno de despedir a numeros trabajadores ferroviarios y funcionarios, los grandes sindicatos tomaron cartas en el asunto y secundaron una huelga general prevista para el uno de Febrero de 1947.
Las fuerzas de ocupación vieron en esta huelga un intento encubierto del partido comunista por llevar a cabo una revolución pacífica, que contaba con el apoyo de todas las fuerzas de izquierda, claramente anti-americanas. En un gesto de enormes consecuencias políticas que incluso hoy en día perduran, MacArthur prohibió el derecho a la huelga el 30 de Enero, lo que convirtió el papel de los sindicatos en Japón en meras marionetas sin ningún poder de presión real, que ha tenido mucho que ver en la situación actual de desprotección y abuso que sufren los trabajadores en Japón. Fue este también el momento en que comenzó lo que más tarde se conocería como reddo paji (red purge).
Tras la cancelación de la huelga, las fuerzas de ocupación en estrecha colaboración con políticos conservadores, burócratas y empresarios, comenzaron una purga con el fin de romper las uniones de trabajadores tanto en el sector público como en el privado. Esta primera limpia se llevó a más de once mil trabajdores ligados de alguna manera con algún sindicato, dejando el terreno abonado para la purga mediática teñida de rojo que comenzaría con el inicio de la guerra de Corea. Un año después del intento de huelga general, el departamento de censura de las fuerzas de ocupación ordenó la vigilancia de todos los medios de comunicación afines al partido comunista. Seis meses después el gobierno japonés redujo en un 60% el racionado papel de prensa a todas las publicaciones oficialmente comunistas. Fue sólo el inicio de una libertad de prensa propia de una "democracia", que con el inicio de la guerra de Corea el 25 de Junio de 1950, encontraría la excusa perfecta para el control indiscriminado de los medios de comunicación. Para MacArthur y el gobierno japonés, los líderes comunistas en poco se diferenciaban de aquellos militares condenados por manejables tribunales internacionales; una imagen que para muchos japoneses no encajaba en unos recuerdos formados por las detenciones de líderes de izquierda capturados antes de la guerra, precisamente por oponerse al militarismo y a la opresión. Sin embargo, el pueblo apenas tenía voz, y en las tres semanas posteriores al inicio de la guerra la afonía empeoró: setecientas publicaciones de izquierda fueron prohibidas, cifra que un año después aumentaría hasta las 1700. La purga no pararía ahí, y terminaría por alcanzar a los medios generalistas. En total, setecientos periodistas de prensa escrita serían despedidos acusados de "rojos", al igual que un centenar de periodistas de televisión y radio, e incluso 137 trabajadores de la industria del cine. Una "caza de brujas" en toda regla permitida por el gobierno del primer ministro Yoshida, y que apenas ha sido aireada en todos estos años por unos medios de comunicación que aún hoy día, parecen sujetos a una censura invisible que tiñe la política japonesa de un oscuro gris tecnocrático.
Good night, and good luck
Mayo 08, 2006
playa
Las playas de Okinawa en los contrastes entre el cristalino mar azul y sus arenas brillantes lavadas por la erosión, encierran un aviso de muerte contrapuesto a la exuberancia vegetal de los alrededores. La detenida observación de la arena revelará un cementerio descompuesto de infinidad de moluscos, reducidos muchos a pequeñas partículas de un blanco cenizo. Un microscópico espectáculo de muerte reposando bajo la helada belleza del paisaje.
Sostenido por los cadáveres calcificados, me vinieron a la memoria fragmentos de esa excelente película de Terrence Malick, "La delgada línea roja": Una reflexión sobre la tragedia de la Guerra del Pacífico, que tiñó de rojo idílicos paisajes que bien podrían ser los mismos en donde me encontraba. Una sensación que sin embargo no experimenté en las reconstruidas playas turísticas de Guam, lo que dice mucho del misticismo que todavía puede respirarse en unas playas, donde no es difícil encontrar símbolos y amuletos sintoistas dispuestos para aplacar a los espíritus errantes.
Mayo 07, 2006
estación de servicio
En estos días de asueto con motivo del puente de la Golden Week, aproveché para hacer un pequeño viaje de nuevo por el oeste de Japón. Partiendo desde Kobe fui enlazando trenes y autopistas con tranquilidad, pasando entre otras ciudades por Yamaguchi, Shimonoseki, Kokura, Beppu... Una ocasión para reencontrarse con el placer de viajar sin prisas y sin rumbo, parando acorde a la marcha de unos biorritmos somnolientos por el buen tiempo y la buena comida.
Ciudades, pueblos y paisajes que una vez más me han recordado ese Japón de viejas tradiciones, difícil de encontrar incluso en los barrios más conservados de la ciudad. Para muchos, el paisaje rural japonés es una repetición de pequeñas colinas, campos de arroz, anodinas construcciones de hormigón, y autopistas a nivel que horadan la geografía montañosa del país. Un paisaje que visto a través de las ventanillas del coche o del tren, es una monótona sucesión de estampas conocidas que ahogan el impulso del viajero a la busca de nuevos paisajes. Sin embargo, los contrastes entre las diferentes regiones no se ven en torno a las autopistas o las estaciones de trenes, si no en las estrechas carreteras secundarias, en las casi abandonadas vías donde trenes de un solo vagón chirrían junto a las cigarras, y sobretodo, en los pequeños afloramientos de aguas termales que no aparecen en ninguna de las numerosas revistas de viajes estilo "Descubrejapon". Lugares donde unos parroquianos curiosos, conversan con los extranjeros que prefieren el destartalado onsen del pueblo al del enorme complejo hotelero de las afueras.

En el vagabundeo al azar por los pequeños pueblos, se descubren hermosos paisajes que en su simplicidad y belleza sin artificios se entreven los rasgos de una cultura japonesa que reposa en la madera carcomida de pequeños santuarios, o en las rocas pulidas por el uso de los inagotables afloramientos termales. Un paisaje cubierto por una neblina perenne, pudoroso como las gentes que lo habitan.
Ha sido este un viaje de huida. De alejamiento de la marabunta de turistas que en estas fechas dejan un Tokio vacío, para encontrar su cuota de relax en esos paisajes irreales de los folletos de las agencias de viajes. Una escapada permanente por carreteras secundarias, en donde sin embargo fue inevitable escapar de los atascos y las familias en monovolumenes con DVD. Especialmente el encuentro con la civilización y con el grueso del pelotón de turistas se producía en las estaciones de servicio de las grandes autopistas de peaje.
La televisión en el primer día de vacaciones anunciaba atascos de más de 40 kilómetros en las principales vías de salida de las grandes ciudades, e imágenes de colapsadas estaciones de servicio en donde se podía llegar a esperar una hora para poder entrar al baño. Estos lugares de descanso en poco se diferencian de los de otras latitudes. Una heterogénea masa de gente que va desde camioneros, moteros, solitarios conductores o familias con niños y suegra incluida. Todos compartiendo un mismo espacio vital en donde los baños compiten en dimensión con la zona de restaurantes y maquinas expendedoras, y en donde los olores del udon barato se mezclan con los de los restos de la combustión de los innumerables vehículos. Estas estaciones en el medio de la nada, se antojan como pequeños oasis en el desierto del asfalto, cuando la realidad es que son un infierno de calima humana que en estas fechas de grandes desplazamientos mas vale evitarlos. Aun así, el muestrario de gentes que pasan por una de estas estaciones sirve para hacerse una idea bastante concreta de todos los estratos sociales que pueblan este país, echandose sólo en falta el cupo de inmigrantes camino de Algeciras.
Mayo 02, 2006
unit
No se por qué, pero hubo algo que me recordó al Lux de Lisboa y a aquellas gélidas noches primaverales, en donde encotrábamos calor en el frenesí de la pista de baile o en la tertulia animada por unos Jack Daniels tomados a pequeños sorbos. Quizás fue la diversidad de espacios del club Unit en Tokio, lo que me recordó a esa vieja nave lisboeta, en donde el fluir de la tarde junto al Tajo metamorfoseaba un local que pasaba de ser un tranquilo café-galería a un moderno club de moda.
Situado en la cosmopolita zona de Daikanyama, y muy cercano al club Air, el Unit es un espacio relativamente reciente pero que ya se ha hecho un hueco en la noche tokiota en parte a sus conciertos y sesiones de DJs escogidos con esmero. En sus tres enormes plantas hay hueco para un minimalista Café, una sala de conciertos en donde las bandas suenan genial y algo peor los DJ, y un bar oscuro de excesos góticos en donde poder descansar o charlar sin agobios.
La ocasión que me llevó allí era lo que prometía y termino siendo, una de aquellas noches irrepetibles. Con el famoso locutor de la BBC y DJ inglés Gilles Peterson haciendo de maestro de ceremonias, asistí a tres conciertos de ese jazz cercano al ska del que los japoneses son los verdaderos maestros. Ya hablaré en otra ocasión del excelente panorama jazzístico de Japón, y de los excelentes directos cargados de energía de unas bandas que se complementan a la perfección. Aunque llegué un poco tarde al evento, y tuve la suerte de ser el último en ser admitido antes de que colgasen el cartel de aforo completo, tuve la ocasión de ver a las dos bandas cabeza de cartel y disfrutar de mi reencuentro con UFO, motivo principal de que me decidiese por fin a pasar por el Unit.
Double famous es una formación reciente a base de miembros de diversas bandas, en los que destaca la cantante Miyuki Hatakeyama ex- de mi querido grupo Ego-Wrappin`. Es una banda cargada de sonidos optmistas que bien podrían ser la banda sonora de una película happy-ending. Sus composiciones son ligeras melodías de tintes bossa-nova que algún dependiente sin duda las clasificaría en la sección "easy-listening".
En contraste a la actitud feliz de un anucio de compresas de Double Famous, Soil & "Pimp" sessions es un banda agresiva curtida en innumerables festivales, comandada por el autodenominado Shachô, que en efecto resulta ser todo un jefazo del espectáculo. Su concierto fue toda una descarga de adrenalina, tanto del público como de los miembros de la banda, que confesaron que llegaban corriendo de otro concierto, y que pese a su estresante calendario, no querían perderse de ninguna manera el compartir escenario con bandas de prestigio, y con las improvisaciones de un colaborador no habitual: el MC Earl Zinger.

Pero sin duda el plato fuerte de la noche (al menos para mí) era el DJ Toshio Matsura. A principios de los 90, mucho antes del boom del mestizaje y de las remezclas sin cuartel, una banda japonesa empezó a hacerse un hueco en el panorama internacional con sus mixes de bossa-nova y música electrónica. Quizás no fueron los pioneros, pero si los que con más gusto mezclaron unos temas, que aún hoy y pese a la avalancha de DJ y recopilaciones, suenan como nuevos y con un estilo que no ha sido superado. La banda era UFO (United Future Organization) y uno de sus cerebros fue Toshio Matsura. Un ecléctico DJ que después de saltar a la fama, alternó producciones personales con famosos proyectos como Gotan Project. La sesión en el Unit fue un derroche de sonidos latinos que calentó el ambiente y mantuvo a la gente en la pista de baile mientras la siguiente banda se preparaba en salir. La sesión fue bastante corta, y la gente que se agolpaba frente a la cabina se quedó con ganas de más de este gran DJ y productor japonés.
Por último, el propio Gilles Peterson se puso a los platos, y aunque su elección de temas fue bastante buena, la sesión resultó ser plana, sin ritmo y sin pasión. Más propia de un CD recopilatorio que de un directo, lo que provocó la desbandada general y la okupación indiscriminada de sofás y escaleras para recuper el aliento trás una noche vibrante.
Mayo 01, 2006
oppningsmugg
Y como no podía ser de otra manera, el domingo me fui al IKEA para cumplir con mis obligaciones de dominguero global. El primer IKEA de Japón está en Chiba, aunque bien podría estar en Móstoles. Es lo que tiene esta cultura de uniformidad global que nos invade y que repite comportamientos en cualquier parte del mundo. Los atascos para llegar, la avalancha de gente en el interior, las familias con niños disfrutando de este gratuito parque temático... Todos los ingredientes que han hecho famoso a este establecimiento los encontré ayer en esta parte del mundo.

Aprovechando un descuido del anciano guardia de seguridad me colé por la salida, evitandome una espera de más de treinta minutos. Una vez dentro, era como si estuviera en un IKEA de España tomado por una exursión de turistas japoneses. Y es que hasta parte del staff de este IKEA de Tokio es foráneo aunque bilingüe o incluso trilingüe. Todo un acierto que da dinamismo y capacidad de reacción frente al estaticismo del típico empleado japonés. Una vez dentro abriéndome camino entre la marabunta, me dio oportunidad de descubrir el vocablo que bien podría definir a IKEA en Japón: "mendôkusai". Usado para nombrar la pereza de potenciales compradores que descubrían que ese aparador tan mono, tenían que primero encontrarlo ellos mismos en el almacén de la planta de abajo, llevárselo a casa, y armarlo con sus manitas. Un sistema que sin duda echó atrás a muchos compradores, y es que en la espera para poder pagar comprobé que casi nadie compraba muebles y sólo pequeños objetos como si de souvenires se trataran.




