Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y disgresivas de una vida en Tokio

« escapada | PRINCIPAL | Wenders is coming »

Ryukyu

De Okinawa tenía en la mente la típica imagen compartida por todos los japoneses de playas paradisiacas enmarcadas en un azul transparente, y de un folclore particular concentrado en la música y en una fuerte bebida alcoholica conocida como awamori. A mi pesar, esta imagen idílica aparecía distorsionada en mi inconsciente, quizás debido a las influencias de películas rodadas en estas islas como "Kamigami no Fukai Yokubo" de Imamura, algo así como la versión japonesa de "La costa de los mosquitos" en donde el hielo es sustituido por la caña de azúcar. "Bakuto gaijin butai" de Fukasaku, quizás la mejor película sobre las relaciones entre la yakuza y los militares en Okinawa, y por supuesto la poética "Sonatine" de Kitano. Influencias que junto a la reciente historia de Okinawa teñida de sangre, añadían más atractivo si cabe a un viaje que deseaba hacer desde hace tiempo. En este caluroso interludio de esta fría primavera tokiota, además de haraganear en una playa solitaria, asistir a un concierto del famoso grupo Nenes, probar todo tipo de comida típica, pasear por un curioso mercado, visitar monumentos y sitios naturales históricos, pudé por fin desconectar del trajín diario.

playa.jpg

Naha es la capital de este archipiélago conocido como las Ryukyu, referido comúnmente como Okinawa en referencia a la isla más grande. Hasta la anexión forzosa con Japón en 1868, el Reino de las Ryukyu disfrutó de un floreciente estatus de independencia de más de 450 años, reconocido por las sucesivas dinastías imperiales chinas. Tanto el idioma como la cultura, son diferentes a las de Japón, aunque los historiadores japoneses bien se encargan de recalcar que los primeros habitantes de Okinawa llegaron desde Japón en el periodo Jomon. Pese a este lejano origen común, lejos de hablarse hoy en día de un estatuto de independencia para Okinawa, sus habitantes asumen con resignación su papel de olvidados por la administración central, y la pérdida de unas tradiciones orales que agonizan a la par que la anciana población. Pese a que muchas tradiciones todavía perduran, son más un reclamo exótico de cara a los turistas, que una verdadera reivindicación cultural.

La primera impresión que se tiene de Okinawa nada más salir del aeropuerto de Naha, es que la isla esta ocupada por una gran base militar estadounidense en el centro, y que la ciudad se distribuye como puede a sus lados. De camino por la carretera local que conducía al norte de la isla, el aspecto era el de una sucia carretera del Medio-oeste americano: Grandes restaurantes drive-in y centros comerciales se situaban frente a la interminable alambrada de las bases, en donde el único signo local eran los multicolores rotulos de los pachinko. Incluso por momentos, la sensación de estar en otro país se agudizaba, como cuando te encontrabas rodeado por musculosos clones de pelo cepillo, que conducían ruidosos coches, andaban altivamente por la calle, o salían atropelladamente de bares de carretera en donde el country se mezclaba con inteligibles letras de rap. No obstante, Okinawa fue la última posesión devuelta al gobierno japonés (y con reservas) en 1972, y aún hoy en día y debido a su importancia estratégica por su cercanía a Taiwan, estas islas seguirán bajo dominio estadounidense mucho tiempo más. La presencia de estas bases es motivo de protesta y manifestaciones por parte de los habitantes de las islas, que ven como los norteamericanos campan a sus anchas fuera de la ley, sin que nadie pueda hacerles frente. Los casos de violaciones y demás altercados en los que algún marine se ha visto envuelto, ya no ocupan páginas en los periódicos, lo que da una muestra de la normalidad que ha alcanzado esta incómoda convivencia. Aún así, el pueblo sigue movilizandose. Y particularmente ahora que la amistad Koizumi-Bush ha alumbrado el nacimiento de nuevas bases militares norteamericanas por todo Japón, los habitantes de Okinawa no quieren permitir que un nuevo complejo militar se añada a los existentes, y perturbe aún más el frágil equilibrio ecológico (y también social) del archipiélago.

basesno.jpg
Propaganda en contra de las bases

A medida que se va avanzando hacia el norte por la famosa ruta 58, la sensación de estar en una colonia estadounidense te abandona, para verte en una carretera sinuosa en medio del campo que va atravesando pequeños pueblos en donde sólo las luces de los konbini añaden algo de familiaridad al paisaje. De vez en cuando, grupos de motos a gran velocidad pasan silbando peligrosamente a velocidades no permitidas por la ley, aunque su evasión dura la pequeña distancia que hay entre los innumerables semáforos. Cuando tras algo menos de dos horas de carretera -engañado por la inmensidad de una isla minúscula en los mapas-, llegas por fin al norte, descubres vacías playas salvajes de un azul intenso en donde la vegetación lucha por abrirse camino hasta el mar, compitiendo en exuberancia con una variada fauna tropical de peces multicolores, corales, estrellas, erizos... que indiferentes a la presencia humana nadan a sus anchas entre el coral y monolitos de formas imposibles, tallados por un paciente mar que parece también descansar recostado en la arena. Aunque no se pueda hablar de playas de fina arena, y sí de playas pedregosas llenas de conchas, los ancianos del lugar advierten a los coleccionistas de conchas de abstenerse de remover la arena para llevarse algún recuerdo, ya que existe el riesgo de que esa piedra de formas caprichosas resulte ser un resto humano... Al final de la II Guerra Mundial, más de un tercio de la población se inmoló por el emperador en estas paradisiacas islas, bien tirándose al mar desde alguno de los acantilados, o mediante granadas lanzadas en oscuras trincheras de entretierra. Si consigues descifrar el lenguaje de alguno de los pocos ancianos de la isla, escucharás historias de apariciones, espíritus errantes, y maldiciones traídas por haber removido alguno de los restos que yacen junto con los de moluscos. Historias que alcanzaron clima de terror en mi visita al monumento conmemorativo Himeyuri. Alzado junto a los subterráneos de un hospital de campaña, los guías cuentan historias de suicidios sin ningún tipo de pudor, y sin ahorrarse ninguno de los detalles más escatológicos. Hechos que hablan de gente suicidándose mediante axfisia usando sus propios orines, miembros descuartizados por bombas lanzadas en hacinados corredores, los terribles efectos de las bombas de gas, o relatos de enfermeras que ante la falta de medios y el temor a la grangrena, mutilaban a sangre fría y sin anestesia a los heridos en combate. Fruto del pánico a una ocupación que se preveía como un apocalipsis de sufrimiento del que era mejor escapar muerto. Este monumento se encuentra paradojicamente rodeado de innumerables tiendas de recuerdos, en donde poder comprar todo tipo de equipamiento militar de los vencedores, desde viejas granadas a cascos originales, o todo tipo de uniformes, como si el mercantilismo a costa del ejército invasor, aliviase en algo la memoria de unos muertos, que deben de conformarse con unas flores secas recicladas una y otra vez.

::: escrito en Abril 12, 2006 11:45 PM |

TrackBack


http://www.tokyonikki.com/cgi-bin/mt-tb.cgi/22



Comentarios para: "Ryukyu"

Veo que el viaje ha sido provechoso, al menos de tus palabras se deduce una vivencia llena de sensaciones que al parecer te trasladan a otro sitio y epoca sin salir de Japon. Creo que es bueno que estas realidades se conozcan, ya que a veces tendemos a pensar que solo son nuestros paises de residencia los que tiene problemas con regiones diferentes en habla y costumbres, y no nos damos cuenta, incluso los que vivimos en estas regiones, de que quiza estamos mucho mejor de lo que estan otros que se merecen lo mismo.

Escrito por:
Jose A | Abril 13, 2006 10:54 PM

Hola, he encontrado esta página, por casualidad...uno de mis grupos favoritos es radiohead y el buscador me trajo hasta tu sitio...pero el punto es que me gusto mucho el trabajo que hay en esta página, es una personal" muy buena, como pocas debo decir. ahunque no te conozca no pude evitar dejar mi post en tu sitio, es una cultura muy interesante la Japonesa, y más aún cuando se refieren a ella con las palabras utilizadas aquí...

se despide, Gissell Ríos. Santiago, Chile.

creo que no será la última vez que pase por aquí.

Saludos.

Escrito por:
Gissell Ríos | Abril 14, 2006 01:51 PM

Me alegro de que esos dos dias te hayan dado para tanto... Sabes?, me impresiona esa habilidad que tienes para ver mas allá de lo que algunos veriamos normalmente. No sé si yo solo hubiera disfrutado con la superficie del viaje o todo eso es algo que se palpe con facilidad. Un saludo y a seguir cuidandose.

Escrito por:
Javier | Abril 17, 2006 04:12 PM




Escribe un comentario: