Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y disgresivas de una vida en Tokio

« chosen | PRINCIPAL | akademi »

corporalis

Quizás los latinos, acostumbrados a los excesos del contacto y de la proximidad física, el término lenguaje corporal se reduce a algunos gestos obvios -próximos al lenguaje de sordomudos-, o a un misterioso código utilizado en los manuales de selección de personal, de aquellos en los que un cruce de piernas a tiempo puede ser el elemento fundamental para conseguir trabajo.

Para un país parco en efusividad corporal y dado a los circunloquios como es Japón, este tipo de lenguaje ocupa un lugar de privilegio en las formas de relación social, e incluso establece a veces su propio lenguaje basado en la repetición de poses o pequeños gestos. De mi primer viaje a Japón hace seis años y del día a día de protocolarias reuniones, recuerdo en especial la sorpresa al comprobar lo importante de la distancia física a la hora de mantener una conversación formal, y como los latinos tratamos de reducir esa distancia. Fue al tercer pequeño paso de retroceso de mi interlocutor, cuando caí en la cuenta de que estaba violando un espacio, infranqueable para un desconocido. A traves de la observación, poco a poco fui descifrando este lenguaje que no está escrito en ningún mamual, y que añade unos niveles de expresividad que en cierta manera evocan al teatro Noh.

El Noh es un teatro de máscaras, que lejos del colorido folcrórico del Kabuki, ofrece un espectáculo sobrio de colores apagados. Su contemplación produce un desasosiego fruto de la observación de un cúmulo de emociones contenidas, que sin la protección de las máscaras y los rígidos kimonos, precipitarían nuestros sentimientos a una experiencia orgástimica de sentimientos, que sin duda nos haría perder toda concepción y valoración real de nuestras propias experiencias. A través de los pequeños y estudiados movimientos de los pies, o del controlado reflejo de las tibias luces sobre las máscaras, los actores se mueven impulsados únicamente por un lenguaje corporal que nace de los primitivos acordes de la música en escena. Los sentimientos nos llegan en un estado instintivo, puro, liberados de esos filtros que conforman el lenguaje y nuestra expresión facial. Intentamos buscar la verdad en unos ojos, que no son más que un filtro acuoso reflejo de nuestro pensamiento, y no de nuestra alma. Sintiendo como animales, asistimos a la corporización de unas máscaras de gastados colores, que nos hace preguntarmos si todavía queda algo dentro de nosotros de esas experiencias hhipnóticas fruto del peyote conducidas por un chamán de máscara grotesca. Es entonces cuando el brillo del sudor que escapa de las máscaras nos devuelve a la realidad de unos actores que en ese estado catártico de tensión, son capaces de llevar a cabo esa liturgia de invocación de los espíritus que invariablemente aparecen en todas las obras de Noh.

nohinst.jpg Instalación de teatro Noh de Sugimoto Hiroshi para el Kunsthaus Bregenz

Aprendido el lenguaje, algunas de esas "insulsas" historias de amor a la japonesa adquieren un nuevo significado. Es lo que pasa en la película "Hana-bi", en donde esas escenas lentas para algunos, encierran una tragedia contenida: Una mirada, una sonrisa o una inclinación de cabeza, es capaz de condensar páginas y páginas de lírica amorosa, demostrándonos la futilidad del lenguaje a la hora de expresar nuestras emociones. Y como el pueblo japonés, a pesar de alcanzar niveles de concrección extraordinarios en ese ejercició de síntesis poética llamado haiku, ha sabido interpretar sus limitaciones (y por ende las del género humano) expresivas, y ha optado por un lenguaje corporal que cuando es impuesto disciplinariamente, se convierte en la excusa de muchas emociones reprimidas.

A un nivel más cotidiano, se sitúa ese lenguaje fruto de la monotonía de mi laboratorio. Pequeños gestos o palabras, encierran una agresividad imperceptible a través de la máscara sonriente de sus transmisores. Por ejemplo, decir buenos días y buenas noches, nunca recibe respuesta por parte de unos compañeros cuyo mutismo delata ese pequeño gesto de estúpido triunfo que significa el haber llegado antes o salido después del laboratorio. O encender la luz del escritorio pese a tener abundante luz natural, es la señal indicadora de que se ha "fichado", aunque la realidad sea que lejos de estar trabajando muchos se encuentren echando una cabezadita en la biblioteca o cómodamente instalados en sus apartamentos situados a no más de cinco minutos andando de la facultad.

Pequeñas convenciones tácitamente aceptadas por quizás una ortodoxia confunciana, que hacen echar de menos nuestra franqueza latina.

::: escrito en Marzo 3, 2006 11:55 PM |

TrackBack


http://www.tokyonikki.com/cgi-bin/mt-tb.cgi/6



Comentarios para: "corporalis"

¿y no es difícil convivir con una expresión corporal tan comedida?

Escrito por:
teresa | Marzo 11, 2006 06:05 AM

En http://www.allzine.com/Foro/index.php lo puedes encontrar. ;)
Por cierto, la película es DIOS.

Escrito por:
Posteador enmascarado | Abril 15, 2006 07:57 AM


Escrito por:
balabo_zt | Mayo 11, 2008 11:23 PM


Escrito por:
balabo_zt | Mayo 11, 2008 11:24 PM




Escribe un comentario: