Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

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Marzo 31, 2006

pachangueo

El equivalente español sería el de esos bares o discotecas llamados de pachangueo, en donde los himnos latinos del Bisbal y compañía se mezclan con una machacona base tecno. Aunque en Japón también tienen sus Bisbales, la experiencia en uno de estos clubes de pachanga exclusivos de japoneses es una experiencia que cuanto menos, merece la pena vivirla por no más de dos horas.

A la llamada de un club en donde las chicas pagan la mitad y reciben el doble de copas, decenas de chicos engominados y trajeados, como si saliesen de su jornada en el club de hostess, practican muecas de chicos duros, a la vez que lucen algún caro complemento que llame la atención de las féminas. Todo es una pose. Ni son tan duros como parecen, y desde luego, los que tienen el porsche aparcado en la puerta están cómodamente sentados y mejor acompañados en alguno de los reservados escondidos tras imperceptibles puertas. Y no desde luego mezclados con la "plebe".

El club a-life es de los únicos sitios en Roppongi junto al Velfarre en ocasiones, en donde el extranjero se sentirá fuera de lugar. Las chicas de la discoteca, repoducciones todas ellas de alguna de las populares revistas de moda JJ o Can-Cam, saben a lo que van. Los escarceos amorosos se producen a una velocidad de vértigo, como si fueran transacciones en donde tras evaluar el producto, se concierta una cita para probarlo y asegurarse. Tras la presentación de rigor en donde el trabajo y la posición son fundamentales, un par de bromas, y si todo va bien, intercambio casi inmediato de números de teléfono y email. El flirteo será en otro momento, cuando la chica encuentre un hueco en su apretada cita, y pueda comprobar in situ que la posición económica de su pretendiente se corresponde con su vestimenta y sus palabras. Y es que hay una máxima no escrita que dice que en Japón, el hombre siempre paga.

Y en ese ambiente de pachangueo y estereotipos, el baile aparece encorsetado en los mecánicos movimientos de un para-para, que contribuye a crear una incómoda sensación de premeditada diversión, compartida por todas estas "muñequitas" de revista cuya meta máxima es ser partícipes de un distorsionado cuento de la cenicienta (tamanokoshi)...

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Marzo 28, 2006

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más información

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Marzo 27, 2006

nihonga

La construcción de un museo como excusa para la revitalización de una zona, es un tipo de actuación urbanística de la que no escapa ninguna ciudad. A veces, es una medida que resulta ser un acierto, mientras que otras veces, los museos caen en el olvido tras la pomposa inaguración oficial, y pasan a convertirse en una simple estadística en la oferta cultural de la ciudad.

El museo arte contemporáneo de Tokio (MOT) es un ejemplo de como este tipo de edificios poco contribuyen a cambiar el aspecto de una zona. Situado en la zona de Kiyosumi, cercana a la bahía de Tokio, el museo se encuentra en el medio de hasta cuatro líneas diferentes de metro, sin estar cerca de ninguna de ellas. El paseo hasta el museo es un recorrido por una ciudad dormitorio de altos edificios, cruzado por grandes avenidas de intenso tráfico. En un claro rodeado de bloques colmena, se alza un museo de grandes proporciones, que confrontado con el parque saturado de niños de su alrededor, parece el esqueleto muerto de un enorme tobogán de hormigón.

La exposición permanente del museo es la típica colección hecha a retales de conocidas piezas de Warhol y Liechtenstein, cosida con artistas japonesas contemporáneos de dudoso prestigio, junto con obras de rvalorizados artistas. La colección no tiene ningún tipo de orden ni proyecto, ni declaración de intereses, por lo que es totalmente prescindible. Sin una colección permanente digna, la razón de ser del museo se sostiene en sus exhibiciones. Si museos de arte contemporáneo como el de Mito han adoptado una línea rompedora pero continuista en su planteamientoen cuanto a la elección de sus exhibiciones, que les ha valido el contar con el apoyo y el respeto del mundo de arte, el museo de Tokio, pese a contar con mayor presupuesto, no ha sabido encontrar todavía un camino definido en cuanto a su concepción del arte moderno, y sus irregulares exposiciones van desde valores consolidados como Araki o Yoko Ono, a "descubrimientos" artísticos de lejanas geografías que resultan ser decepcionantes. La única feliz ocurrencia de este museo ha sido el montar una exposición anual en torno a nuevos talentos del panorama artístico japonés. Una especie de "alternativa" artística que desde que empezó en 1998, ha logrado consolidarse como una plataforma para que los nuevos talentos lleguen al gran público.

En teoría, el museo invita a varios artistas jóvenes, y ellos preparan una exhibición en torno a un tema elegido por el museo. En la práctica, los temas elegidos son tan vagos, que los artistas presentan obras ya realizadas e incluso exhibidas en galerías, y luego tratan de justificar la elección con el tema de turno (los más educados), o directamente hablan de las razones de su obra. El tema de este año era "No border", aunque afortunadamente fue el subtítulo "De nihonga a nihonga" el que dió cohesión a la exposición.

Sobre el término nihonga hay diversidad de opiniones. Para los más puristas es un tipo de pintura tradicional japonesa, conseguida a base de pigmentos naturales aplicados sobre papel japonés (washi). Para otros, la técnica queda en un segundo plano, y aludiendo a su significado literal (imágenes japonesas), nihonga es cualquier forma de expresión artísitca japonesa (de pinturas a grabados ukiyoe) que contenga elementos característicos de la imaginería japonesa, y que por tanto, se contrapone al arte occidental o yoga.

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Fuyuko Matsui - Nyctalopia, 2005.


De los siete jóvenes artistas invitados (de entre 35 y 40 años), todos coincidían en la técnica tradicional excepto Tenmyouya Hisashi, mientras que sólo Matsui Fuyuko, Nagasawa Akira, Mise Natsunosuke y el mismo Tenmyouya optaron también por una reinterpretación de la temática tradicional japonesa. Aunque la calidad de la obra de los artistas era bastante irregular, aparte de un ya conocido Tenmyouya, disfruté con dos artistas que creo que darán de que hablar en un futuro: Mise Natsunosuke y Matsui Fuyuko.

Mise Natsunosuke crea sobredimensionados panoramas en papel japonés o biombos, que poco tienen que ver con el estilo minimalista de este tipo de pinturas. La primera impresión es la de contemplar un sucio y caótico paisaje perfectaente inhabitable. Sin embargo, una observación detallada revela pequeños oasis de paz en forma de diminutos templos o pagodas junto a campos de arroz, mezclados con pequeños mensajes subliminales en forma de collage, o escondidas referencias a iconos japoneses que se manifiestan como sombras de un inconsciente colectivo. Reuniendo estas piezas, nos convertimos en espectadores de una historia que acontece según nos desplazamos por los paneles de largísimos biombos. Son esos treinta centímetros necesarios para la contemplación del detalle lo que nos permite sumergirnos en el cuadro. Para entonces, nuestra vista ya no podrá ni deseará escapar de ese detallista mundo filtrado por el artista desde las oscuridades del nihonga.

En contra del preciosismo de Mise, Matsui Fuyuko opta por la simplicidad tradicional de los retratos del nihonga. Sus pinturas en formato en rollo (kakejiku), nos hablan de etéreos personajes surgidos de ultratumba rodeados de un halo fantasmagórico y perturbador, sin duda ampliado por los diluidos trazos sobre el carnoso papel japonés. Muchas de sus representaciones humanas, parecen surgidas de un teatro Noh en penumbra, en donde figuras humanoides se aparecen ante la tenue luz de las velas. Mientras que las pinturas de animales presentan a famélicos especímenes, que parecen reprobarnos algunos de nuestros más bajos instintos animales.

Obras de un "clasicismo moderno" tan poderoso, que no dudaría en colocar en mi tokonoma si tuviera.

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Marzo 24, 2006

il caimano

En plenas elecciones presidenciales en Italia, hoy se estrena "Il Caimano", una película de ficción inspirada en la figura de ese esperpento llamado Silvio Berlusconi.

Han tenido que pasar cinco años para poder ver de nuevo una película de ese grande que es Nanni Moretti.

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Marzo 23, 2006

satellite of love

"In dreams you don't need to make any distinctions between things. Not at all. Boundaries don't exit. So in dreams there are hardly ever collisions. Even if there are, they don't hurt. Reality is different. Reality bites.
Reality, reality"

Murakami Haruki - "Sputnik Sweetheart"

Los libros de Murakami Haruki y Abe Kobo me producen una curiosa contraindicación en forma de sueños. Extraños sueños se suceden en mi inconsciente, particularmente en ese momento en el que al calor del futon, los ojos se cierran mientras que tu cabeza sigue las líneas de una novela que hace tiempo desapeció de tus retinas. Es el momento en el que la realidad parece fundirse más vivídamente con el inconsciente, y el tiempo se vuelve fragmentario, irreconocible en su linealidad.

En esos sueños, la angustia vital de los personajes de Kobo y Murakami se propaga bajo los acordes de misteriosas músicas de jazz, o bajo los acordes de sonatas olvidadas cantadas por oscuras mezzosopranos en fantasmagóricos cabarets salidos de una película de David Lynch. Sin embargo, es este un mundo donde la luz es la protagonista. La luminosidad de los escenarios se contrapone a la oscuridad en la que viven sumidos unos personajes sin rumbo, mecidos por las familiares luces de neón de impolutos supermercados, tratando de que sus propias sombras no sean abrasadas por los reflejos del casi cristalino hormigón.

La angustia vital de los protagonistas de estas novelas, les lleva a un deambuleo sin rumbo en donde la monotía parece ser la única cura para unos sujetos aterrados por la irrealidad que emana de la cotidianeidad. Los devaneos resultan inútiles, y esa "realidad" impuesta por una sociedad en la que el consumismo se ha convertido en un particular opio que nos mantiene alejados de angustias existencialistas, termina por uniformizar a unos personajes ahora vacíos. Vanished.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que son nuestros miedos interiores el motor de nuestra existencia. Ese engranaje necesario para mantener viva nuestra curiosidad, y a la vez, seguro para no sucumbir ante los interrogantes de nuestra propia existencia. En la calidez de nuestro mundo interior construido a base de retazos de novelas, irreales temores infantiles, viejas melodías, gastados recuerdos, inconfundibles olores o deshilachadas conversaciones, podemos refugiarnos mientras nuestro doppelgänger batalla sin escrúpulos en una realidad llena de sombras.

Lástima que la luminosidad de la lámpara de la mesilla siempre termine por sacarnos -boqueando-, de este mundo de sueños, para devolvernos a la realidad de una cama de sábanas descompuestas, y un libro que a modo de cepo nos sujeta los dedos...

Como es habitual, son escasas las traducciones al español. De Murakami Haruki se pueden encontrar con relativa facilidad cinco de sus títulos, aunque publicados fragmentariamente y sin el cuidado editorial que se merecen. Deberían Tusquets y compañía fijarse en la cuidada colección de los paperback de Vintage.

De Abe Kobo la situación es crítica. Hasta la fecha y que yo sepa, sólo tres libros suyos se han traducido al castellano, pudiéndose sólo encontrar con relativa facilidad "La mujer de la arena". Una lástima que este grandísimo escritor ampliamente traducido al inglés, francés y alemán nos este vedado a los hispanohablantes.

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Marzo 22, 2006

otsuka

Mi barrio visto por un hasta hace poco desconocido vecino...

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Marzo 21, 2006

u.n.k.l.e.

Se cerró el círculo. Han tenido que pasar casi dos años para que lo que ví una noche en una máquina de tabaco, por fin se materialice en el mismo club: James Lavelle aka UNKLE pinchando en el Womb.

Salir un lunes no es lo habitual, pero siendo martes fiesta nacional, había que celebrar la llegada de la primavera con un subidón hormonal acorde con la temporada. Eso es James Lavelle. Un DJ de los de verdad, de esos que demuestran que la gran mayoría de DJ japoneses de música electrónica todavía están a años luz de la élite. Y es que cuando el público todavía en estado de trance tras un increíble remix de Moby, acogía al DJ japonés residente, todo el mundo supo al instante que la fiesta se había acabado. La hasta entonces abarrotada pista de baile empezó a vaciarse, y hasta la fantástica iluminación laser del Womb parecía perder potencia. Atrás quedó una sesión, que hasta la fecha ha sido la mejor que yo recuerde en el Womb. O al menos así lo atestiguan las agujetas que tengo hoy.

La ncohe también sirvió para que me cruzara en el mismo club con Asano Tadanobu, del que ya he hablado en alguna que otra ocasión. Lástima que afectado por la sorpresa de haberle visto, no fuera capaz de cruzar ni una sola palabra con él.

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Marzo 18, 2006

nippon konchuki

El mes de marzo en Japón tiene un marcado color femenino, con la sucesión de tres fiestas de muy diferente signo: "Hina Matsuri" (3 de Marzo), Día de la mujer trabajadora (8 de Marzo) y "White day" (14 de Marzo). Tres fiestas que año tras año muestran la cara más superficial del lado femenino, sin entrar en las discriminaciones que todavía reinan en Japón.

Sobre el papel y a tenor de las estadísticas, Japón parece cumplir su papel de país civilizado en armonía con unas mujeres respetadas y en igualdad de condiciones que los hombres. La prostitución se prohibió en 1958 (nadie se lo cree), en 1985 se aprobó una ley destinada a promover la paridad en salarios y condiciones laborales (casi nunca llevada a la práctica), la píldora por fin salió de las sombras del mercado negro en 1999 (más vale tarde que nunca) y lo único cierto en todo es el derecho a voto de las mujeres, y porque vino impuesto por las fuerzas de ocupación. Hoy en día se tratar de mostrar una cara amable de la situación de la mujer en Japón, como la que pone el Primer Ministro cuando se pone las medallas por sus loables esfuerzos por incluir mujeres en los puestos claves del partido, siendo como es la política, un terreno tradicionalmente exclusivo para hombres. Lástima que todo sea una pose, y que de nuevo salga -como en muchos otros aspectos- ese Japón que no es el país de brillos cromados de perfección en el que viven algunos. El mismo Koizumi explicaba jocosamente que la inclusión de mujeres respondía a una deliberada estrategia: "las lágrimas de las mujeres son su mejor arma". Comentario que ofrecía la realidad de unas mujeres, que sistemáticamente son relegadas a la función de siempre: floreros. Y es que de acuerdo con un informe del World Economic Forum sobre diferencias de género y la importancia de la mujer trabajadora (Women’s Empowerment: Measuring the Global Gender Gap), Japón ocupa el puesto 38, al mismo nivel que Bangladesh, y por debajo de la mayoría de países desarrollados y sub-desarrollados. Un puesto que para una de las mayores potencias económicas del mundo, lejos de ser motivo de preocupación, no es más que una estadística a letra pequeña al final de la cola de las optimistas variables de recuperación económica. Razón por la que la gran mayoría de mujeres japonesas desconoce que el 8 de marzo es un día de reivindicación de unos derechos que parecen papel mojado.

La igualdad de géneros y oportunidades alcanza hasta la universidad. Una vez terminada, el rol típico de una mujer japonesa es trabajar hasta que le llegue su hora de casarse. Para aquellas "solteronas" la perspectiva se presenta como una carrera laboral de por vida, en la que no habrá ascensos ni se llegarán a ocupar puestos de importancia. Las mujeres casadas que desean reincorporarse a su puesto de trabajo ya sea por gusto o por necesidad, se encontrarán en que ninguna empresa les dará trabajo fijo, y que deberán trabajar como trabajadoras temporales, un estatus que les priva de todos los derechos de otro trabajador fijo igualmente cualificado, pero que las deja con las mismas responsabilidades. Todo un chollo para las empresas contratantes. Las más afortunadas y sacrificadas, lograrán labrarse una reputada carrera perdiendo por el camino su vida social, hasta el extremo de ser repudiadas como perros perdedores (makeinu) por no haber logrado su principal cometido en esta vida: casarse y críar hijos. Un negro panorama en el que por supuesto, también hay supermujeres que logran la irrealizable tarea de triunfar académica o empresarialmente, a la par que mantener una familia.

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En el Japón moderno casi han desaparecido aquellas escenas de servilismo por parte de una mujer siempre sumisa a los deseos de su marido. Al menos, ahora ya no caminan un metro por detrás de su cónyuge cuidando de no pisar su sombra. Es este quizás el único cambio perceptible de una sociedad que aún hoy en día sigue educando a las mujeres en una ética machista. Sin ir más lejos, en todos los equipos deportivos masculinos de colegio y universitarios, siempre hay dos o tres "manager". Oséase, tres mujeres "esclavas" encargadas de doblar los uniformes, lavar las toallas, pasar la mopa, comprar bebida, dar masajes... un trabajo que hacen encantadas, y que no es más que el fiel reflejo de ese servilismo que las mujeres realizan en el aparentemente inocente acto de llenarte el vaso mientras bebes. Para muchos son normas de etiqueta, que junto a la forma en las que el lenguaje debe de ser usado, imponen una inconsciente imagen discriminatoria, en la que el hombre siempre tiene que estar un peldaño por encima.

Un ejemplo son las fiestas anteriormente mencionadas. "Hina matsuri" es desde la antigüedad el día de la mujer en Japón, o también, el día de las muñecas. El símil es claro, y efectivamente más de uno habrá comparado a las mujeres japonesas con frágiles muñecas. Es este un estereoptipo de fragilidad cultivado por las propias mujeres, que creándose una imagen cándida de suaves maneras e inocentes palabras, buscan reafirmar en los hombres su instinto de superioridad, para de esta forma quedar protegidas bajo el sentimiento de protección que los hombres desarrollan para estas "inocentes" criaturas. En estas representaciones, el lenguaje y los gestos juegan un papel fundamental, hasta el punto que existe un vocablo para nombrar este tipo de comportamientos femeninos: burikko, que se podría traducir literalmente como pretender (buru) ser una niña (ko). Pero también, y sin entrar en dobles lecturas, es un festival que busca la felicidad de las mujeres. Un noble propósito conmemorado desde la antigüedad que no debe de ser olvidado, y que en parte incluso para las mujeres adultas se consigue, ya que muchas recordarán el sabor de los momentos felices de su infancia cuando prueben de nuevo el dulce típico hina-arare (arroz inflado azucarado).

Sin embargo, esos momentos de respeto, felicidad gratuita y tradicional, han sido enterrados por ese nuevo monstruo del consumismo creado bajo el nombre de Día Blanco ("White Day"). Como no podría ser de otra manera, cuando una empresa de dulces decidió importar el día de San Valentín, se convirtió en un día de celebración del amor / respeto hacia el género masculino, y sólo los hombres podían recibir regalos (en este caso chocolate). "Afortunadamente" a la competencia se le ocurrió unos años más tarde crear el "White Day", o día en el que las mujeres podrían pedir cuentas por los regalos que hicieron. Lo general en este día es regalar galletas o algún otro dulce a aquellas mujeres que te regalaron chocolate "por obligación", y sólo a aquellas que signifiquen algo más (y sí, pueden ser varias) regalarlas algo de más valor que un simple dulce. "Un diamante es para la eternidad", que dirían algunas.

Un mes de superficiales celebraciones en torno a una mujer, la japonesa, que lejos de manifestarse por unos derechos que en otros países se han ganado con sudor y sangre, en Japón se diluyen bajo la fuerte base de un maquillaje que sirve para tapar todo tipo de imperfecciones, hasta los moratones de la conciencia. Así mientras la supuesta heredera al trono era paseada por sus padres como un Cristo de brazos abiertos por el Disneylandia, numerosas voces se alzaban pidiendo que no se modificara la ley que sólo permite varones acceder al trono imperial. Una corriente que en el ala más rádical del partido de Koizumi ha fructificado en una moción para cambiar ese artículo de la constitución que habla sobre la igualdad de sexos, y que en la zona más rancia de la Casa Imperial (léase príncipe Tomohito de Mikasa) ha producido que se llegue a sugerir la vuelta a un sistema de concubinato que garantice un heredero varón.

Hay mucho viejo verde por aquí.

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Marzo 14, 2006

秋葉原_

Barrio conocido como la Ciudad de la Electrónica, Akihabara ha pasado de exhibir los logros tecnológicos de una nación orgullosa de sus grandes conglomerados tecno-industriales (Sony, Panasonic, Toshiba, etc), a ser la meca del porno de animación (manga y anime). En sus calles, incautos turistas a la compra de sobrevaluados productos tecnológicos, comparten espacio con freaks japoneses (otaku), también llamados akiba (geek) en honor a su lugar de reunión favorito. Las pequeñas tiendas de componentes electrónicos se han reciclado en videoclubes donde dibujos demasiado infantiles parecen invitar a la pederastia, o en pequeños cafés donde chicas en minifalda disfrazadas de personajes manga, sirven bajo la atenta mirada de unos otaku encantados de poder en ver en carne y hueso a sus personajes favoritos. Frente a este floreciente mercado de videojuegos, multitud de pequeñas tiendas de ordenadores sobreviven gracias a la venta de baratos componentes de fabricación china. Hace tiempo que el sicilio japonés pasó a la historia, aunque todavía es posible comprar algún aparato “Made in Japan” con un precio ligeramente superior al de su homólogo “Made in Singapore”.

Una visión fotográfica y plural sobre la realidad del barrio de Akihabara en Tokio en Shashin Sanmyaku

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Marzo 11, 2006

tsujiri

Para muchos, la respuesta japonesa al monopolio Starbucks fue Excelsior. Un café creado por la empresa que gestiona la famosa franquicia del imbebible café americano Doutor, que decidió crear un modelo de negocio a imagen y semejanza del modelo americano. La estética, disposición del local, decoración, precios y servicio es una copia vejada de Starbucks, aunque con el mismo café aguado de Doutor. La réplica aunque poco original, demostró junto a Tullys que en el mercado de los café en Japón hay sitio para todos.

Los cafés se han convertido en una extensión del espacio privado de unos individuos, que encuentran en la multiplicidad de superficie pública, la familiaridad necesaria para convertir cualquier local de cualquier parte de la ciudad en un lugar familiar. Quizás por la falta de espacio vital de los minúsculos apartamentos de la megalópolis, los japoneses se ven abocados a una forma de esparcimiento comunitario que sin embargo no revierte en un establecimiento de redes sociales. En el espacio compartido, la individualidad, intimidad y discrección se exacerban, hasta configurar una barrera tan infranqueable como las endebles puertas de los apato (apartamento). Entre los tonos pastel y la música de ascensor, la catársis diaria acontece en soledad bajo los efluvios del café de máquina. Ni siquiera ell devenir diario logra crear un vínculo con los empleados del local: Cuando el reconocimiento visual producto de la rutina del café promete esa mirada cómplice y amistosa, la rotación de horarios o el cambio por nuevos empleados, rompe de nuevo la cadena de coincidencias y garantiza el anonimato en un local en el que sólo la cámara de seguridad es testiga de tu procesión diaria viciada de cafeína.

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Fue en el viaje por Kyushu cuando descubrí una posible alternativa japonesa a la colonización del expreso americano. Aunque de momento sólo cuentan con dos establecimientos en Kitakyushu, Tsujiri es lo más aproximado a una fusión entre un café de franquicia y un tradicional kanmidokoro de Kyoto. Con una decoración minimalista en la que no faltan motivos típicamente japoneses como pequeños jardínes zen o plantas de bambú, el local ofrece una variedad de bebidas en las que el té es la base. Un concepto en el que los famosos frappuccino, macchiato y demás combinaciones, ofrecen nuevos sabores usando la variedad de té maccha en vez del café expreso. Y como no podría ser de otra manera, el merchandising gira en torno al mundo del té, pudiéndose comprar desde todos los utensilios para realizar una ceremonia del té en casa, a diferentes clases de cuencos y teteras típicamente japonesas, o vasos y tazas con el logo del establecimiento. Sin olvidar la venta de las variedades de té que se ofrecen, recolectadas de todas partes del mundo.

Si encontrásen un socio económico, estoy seguro de que estos establecimientos serían todo un éxito, y no sólo en Japón.

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Marzo 05, 2006

akademi

Otra aburrida gala más que sólo sirvió para confirmar lo que todo el mundo sabía, que "Always" arrasaría en todas las categorías. En estos tiempos de escasez creativa, el cine japonés se ha vuelto tan predecible que hasta a los actores y directores asistentes en la gala, se les notaba el hastío de tener que hacer el paripé cara al público a sabiendas de que hacía meses que ya estaba todo decidido.

Todos coincidían que tras el dominio de las productoras Shochiku y Toei de los últimos años, y en aras de la alternacia, este debía de ser el año para Toho ("Always"). Cálculos empresariales aparte, lo cierto es que no había en la terna otra película que hubiese enganchado con el público como "Always", con diferencia la película japonesa que más ha recaudado el año pasado. La tradicional película de samurais de presencia obligatoria en las nominaciones, "Kita no Zero Nen" (Toei), pese a haber hecho una buena recaudación y contar con una "gran estrella" de Hollywood como Watanabe Ken, no logró imponerse a la moralina de teledrama de "Always" y fue la gran perdedora de la nocha al conseguir sólo un premio de los doce a los que estaba nominada. El premio fue el de mejor actriz para la veterana Yoshinaga Sayuri. Todo un gesto de coherencia inexplicable, que afortunadamente privó a la insulsa Koyuki de un premio que para muchos llevaba su nombre.

Y siguiendo la línea conservadora, anticipo que para el próximo año y si no hay sorpresas, "Otokotachi no Yamato" será la gran triunfadora, y que al igual que "El último samurai" en el 2005, será "Sayuri" la que se alzará con el premio a mejor película extranjera.

Espero estar equivocado.

XXIX edición de los premios de la Academia Japonesa - Lista de ganadores

Mejor película: "ALWAYS - Sunset on the Third Street"
Mejor director: Yamazaki Takashi ("Always")
Mejor guión: Yamazaki Takashi , Furusawa Ryota ("Always")
Mejor actor: Yoshioka Hidetaka ("Always")
Mejor actriz: Yoshinaga Sayuri ("Year One in the North")
Mejor actor secundario: Tsutsumi Shinichi ("Always")
Mejor actriz secundaria: Yakushimaru Hiroko ("Always")
Mejor banda sonora original: Sato Naoki ("Always")
Mejor fotografía: Shibasaki Kozo ("Always")
Mejor iluminación: Mizuno Kenichi ("Always")
Mejor dirección artística: Kamijo Anri ("Always")
Mejor sonido: Tsurumaki Hitoshi ("Always")
Mejor montaje:Miyajima Ryuji ("Always")
Mejor película extranjera: "Million Dollar Baby"

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Marzo 03, 2006

corporalis

Quizás los latinos, acostumbrados a los excesos del contacto y de la proximidad física, el término lenguaje corporal se reduce a algunos gestos obvios -próximos al lenguaje de sordomudos-, o a un misterioso código utilizado en los manuales de selección de personal, de aquellos en los que un cruce de piernas a tiempo puede ser el elemento fundamental para conseguir trabajo.

Para un país parco en efusividad corporal y dado a los circunloquios como es Japón, este tipo de lenguaje ocupa un lugar de privilegio en las formas de relación social, e incluso establece a veces su propio lenguaje basado en la repetición de poses o pequeños gestos. De mi primer viaje a Japón hace seis años y del día a día de protocolarias reuniones, recuerdo en especial la sorpresa al comprobar lo importante de la distancia física a la hora de mantener una conversación formal, y como los latinos tratamos de reducir esa distancia. Fue al tercer pequeño paso de retroceso de mi interlocutor, cuando caí en la cuenta de que estaba violando un espacio, infranqueable para un desconocido. A traves de la observación, poco a poco fui descifrando este lenguaje que no está escrito en ningún mamual, y que añade unos niveles de expresividad que en cierta manera evocan al teatro Noh.

El Noh es un teatro de máscaras, que lejos del colorido folcrórico del Kabuki, ofrece un espectáculo sobrio de colores apagados. Su contemplación produce un desasosiego fruto de la observación de un cúmulo de emociones contenidas, que sin la protección de las máscaras y los rígidos kimonos, precipitarían nuestros sentimientos a una experiencia orgástimica de sentimientos, que sin duda nos haría perder toda concepción y valoración real de nuestras propias experiencias. A través de los pequeños y estudiados movimientos de los pies, o del controlado reflejo de las tibias luces sobre las máscaras, los actores se mueven impulsados únicamente por un lenguaje corporal que nace de los primitivos acordes de la música en escena. Los sentimientos nos llegan en un estado instintivo, puro, liberados de esos filtros que conforman el lenguaje y nuestra expresión facial. Intentamos buscar la verdad en unos ojos, que no son más que un filtro acuoso reflejo de nuestro pensamiento, y no de nuestra alma. Sintiendo como animales, asistimos a la corporización de unas máscaras de gastados colores, que nos hace preguntarmos si todavía queda algo dentro de nosotros de esas experiencias hhipnóticas fruto del peyote conducidas por un chamán de máscara grotesca. Es entonces cuando el brillo del sudor que escapa de las máscaras nos devuelve a la realidad de unos actores que en ese estado catártico de tensión, son capaces de llevar a cabo esa liturgia de invocación de los espíritus que invariablemente aparecen en todas las obras de Noh.

nohinst.jpg Instalación de teatro Noh de Sugimoto Hiroshi para el Kunsthaus Bregenz

Aprendido el lenguaje, algunas de esas "insulsas" historias de amor a la japonesa adquieren un nuevo significado. Es lo que pasa en la película "Hana-bi", en donde esas escenas lentas para algunos, encierran una tragedia contenida: Una mirada, una sonrisa o una inclinación de cabeza, es capaz de condensar páginas y páginas de lírica amorosa, demostrándonos la futilidad del lenguaje a la hora de expresar nuestras emociones. Y como el pueblo japonés, a pesar de alcanzar niveles de concrección extraordinarios en ese ejercició de síntesis poética llamado haiku, ha sabido interpretar sus limitaciones (y por ende las del género humano) expresivas, y ha optado por un lenguaje corporal que cuando es impuesto disciplinariamente, se convierte en la excusa de muchas emociones reprimidas.

A un nivel más cotidiano, se sitúa ese lenguaje fruto de la monotonía de mi laboratorio. Pequeños gestos o palabras, encierran una agresividad imperceptible a través de la máscara sonriente de sus transmisores. Por ejemplo, decir buenos días y buenas noches, nunca recibe respuesta por parte de unos compañeros cuyo mutismo delata ese pequeño gesto de estúpido triunfo que significa el haber llegado antes o salido después del laboratorio. O encender la luz del escritorio pese a tener abundante luz natural, es la señal indicadora de que se ha "fichado", aunque la realidad sea que lejos de estar trabajando muchos se encuentren echando una cabezadita en la biblioteca o cómodamente instalados en sus apartamentos situados a no más de cinco minutos andando de la facultad.

Pequeñas convenciones tácitamente aceptadas por quizás una ortodoxia confunciana, que hacen echar de menos nuestra franqueza latina.

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