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mori // 015
Hace apenas una semana y casi tres años después, otro nuevo engendro del consumo ha sido inagurado en Tokio. De los productores de Ark Hills y Roppongi Hills, llega ahora Omotesando Hills. En la nueva milla oro en que se ha convertido eje Aoyama-Omotesando, se alza un nuevo centro comercial donde tengan cabida todas esas tiendas sin posibles para tener un edificio propio que haga sombra a los Dior, Prada, YSL, etc.

La megalomanía de Mori Minoru aplicada en Roppongi Hills fue una buena jugada. Amparándose en el plan urbano del 2002 conocido como Urban Renaissance, que pretendía revitalizar la economía japonesa a base de incrementar el área aprovechable con enormes rascacielos que atrajesen nuevas empresas, Mori se convirtió en el profeta del nuevo Japón que emepzaba a salir de sus cenizas. El mastodónico complejo de Roppongi Hills se convirtió en el eje de los nuevos ricos, y en el centro empresarial de aquellas nuevas empresas que empezaban a dinamizar la monótona bolsa de Tokio. La empresa Livedoor y su presidente Horie Hirofumi, máximos exponentes de este movimiento han sido los primeros en caer, y en poner en duda muchos de los logros de esa tan ansiada recuperación económica.
Si se puede hablar de un Rockefeller en Japón, sin duda ese es Mori Minoru. Máximo responsable de la promotora, constructura e inmobiliaria de su mismo apellido (Mori Building Co.), ha construido un imperio a base de centros comerciales y oficinas centrados principalmente en Tokio. Sin embargo, Mori es también de esos filantrópicos ricos preocupados por el arte, y más peligroso aún, con "ideas". Ahora construir un enorme rascacielos y llenarlo de prohibitivas oficinas y carísimas tiendas es tener una visión. O al menos eso es lo que proclama a los cuatro vientos este visionario desde su think tank llamado con el rimbombante nombre de "Mori Urban Institute for the Future". Su idea es simple. A sabiendas de que Tokio ostenta el récord en cuanto a tiempo dedicado a los desplazamientos entre el trabajo y la oficina, se le ocurrió convertir el movimiento horizontal en un movimiento vertical. Condensar viviendas, lugares de ocio, servicios y oficinas en un conglomerado donde el único transporte necesario sea el ascensor. Por supuesto, para los privilegiados que puedan comprarse un piso en Roppongi Hills, la idea es magnífica. Para el resto de ciudadanos, no deja de ser una excentricidad. Tras este primer triunfo de la razón, cada nuevo proyecto de Mori viene acompañado por inútiles teorías urbanísticas que cambiarán nuestra forma de vida, envuelto de un altruista sentido por el diseño y el arte, para aquellos insensibles a los que la teoría sólo les entra por los ojos.
Para su útima creación ha contado con una de las vacas sagradas de la arquitectura japonesa: Tadao Ando. Reducido a una sombra de lo que fue, al menos el esfuerzo de integración de lo que es el monolito cuadrado de hormigón de Omotesando Hills, merece un elogio. Temiéndome otro exceso arquitectónico estilo Roppongi Hills, el gris edificio proyectado por Ando se camufla perfectamente tras los árboles, dando una imagen de contenida sobriedad. El interior del centro comercial se distribuye en torno a un atrio central, con unas tiendas dispuestas siguiendo un estrecho pasillo de suave pendiente, que permite dar un paseo continuo desde la entrada hasta el último piso sin perderse ninguna tienda.
Gente observando una serie de fotografías de todos los Dojunkai Aoyama Apartments Quizás debido a las numerosas críticas recibidas o en un arranque de nostalgia, han pegado al edifico principal una réplica de los extintos apartamentos Dojunkai. Para el sacrilegio han reciclado muchos de los elementos originales, como balaustres, azulejos, pomos, etc, que insertados en un nuevo edificio, han perdido todo su encanto y no son más que cutres añadidos. Siguiendo las indicaciones del mecenas, este edificio llamado Ala Dojunkai albergará galerías de arte, en un intento de emular lo que significó para el arte los extintos Aoyama Dojunkai Apartments. De momento, sólo una galería ocupa el edificio: KIOKU. Esta ha sido una de las más activas galerías de los Dojunkai, que tragándose las lágrimas y el orgullo, han decidido continuar en el mismo lugar. De momento, su primera exhibición de esta nueva andadura ha sido un homenaje a los antiguos Dojunkai. Homenaje que ha contado con un gran apoyo, y que yo convertiría en una instalación permanente que recuerde a los visitantes que derruir un edificio es quitarnos una parte de nuestra identidad, y que en la mayoría de las veces contribuye a la banalización del espacio público.
Dojunkai - in memoriamTrackBack
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Comentarios para: "mori // 015"
En japon el reducido espacio de convivencia obliga a tener que costruir una y otra vez sobre el mismo suelo urbano. Es una verdadera lastima, dada la reducida historia moderna en cuanto a arquitectura. Al menos conservar algun reducto donde recordar que hubo es positivo, quiza no suficiente, pues es como quien expone animales disecados pero asume que se extinguiran.
ah que bien encuentrar de nuevo tu página abierta, es que hace días sólo decía que estava fuera de servício cuando intentava abrir, me encanta las cosas que cuentas de ahí.