Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

« Enero 2006 | PRINCIPAL | Marzo 2006 »

Febrero 27, 2006

chosen

Uno. Por fin conseguí ver en DVD dos películas japonesas, que de forma muy diferente retratan a la comunidad coreana que vive en Japón. Una es "Pacchigi!", uno de los estrenos del año pasado y que cuenta con cuatro nominaciones para los premios de la academia japonesa de Cine. Dirigida por ese alter ego de Garci televisivo que es Kazuyuki Izutsu, la película cuenta las vivencias de la comunidad coreana residente en Kyoto en la década de los 60. La segregación entre coreanos y japoneses, que hoy en día todavía permanece en la forma de Escuelas especiales para inmigrantes coreanos, es reflejada en los violentos enfrentamientos entre los jóvenes estudiantes coreanos y japoneses, con la yakuza de por medio echando una mano para no perder la batalla. Sin embargo, lejos de buscar dramatismo, la película se deja llevar por un espíritu irreal y psicodélico de tintes hippies, en el que el amor interracial triunfa, y los dos pueblos terminan hermanados por una canción interpretada por un proyecto de cantautor con conciencia social. Un final feliz que en vez de indagar en los graves problemas racistas a los que se ha enfrentado la comunidad coreana en Japón, sirve para aliviar las conciencias de los espectadores japoneses, que salen del cine pensado en "hay que ver lo incivilizados que son los coreanos, y la paciencia que tenemos los japoneses".

En una línea más dura arranca "Chi to hone" (Sangre y Huesos), que retrata la vida de una familia de coreanos en Japón, llegados a Hiroshima a principios del siglo XX. Sorprende comprobar la implicación de los inmigrantes coreanos en la política de un Japón, que por entonces era aliado de Corea, y fiel promotor del partido reformista de la península. El tiempo y las ansias expansionistas invertirían la situación, y si las primeras movilizaciones de soldados coreanos para combatir junto a los japoneses eran acogidas por un lado con la alegría que suponía ese ideal de la "Esfera asiática de Cooperación", la realidad terminaría por imponerse ante la paradoja que suponía el luchar contra sus "rebeldes" hermanos coreanos de la península. Tras la II Guerra Mundial, la comunidad coreana japonesa queda aislada y arrinconada en una sociedad que prefiere mirar a otro lado, a la vez que importa de Estados Unidos los mismos conceptos de segregación racial, con la diferencia de que en Japón no ha habido un Martin Luther King que tuviera un sueño de libertad para los chinos y coreanos. Al final la película opta también por no indagar más en tan incómodos planteamienntos raciales, y se centra en un Kitano Takeshi desatado en su papel de marido violento.

Dos. Del éxito de los artistas coreanos en Japón ya he hablado en alguna ocasión. A pesar de la revolución que supuso el aceptar artistas coreanos que no hablasen japonés, todos ellos no dejan de ser un producto "exótico", que nunca podrán gozar de los privilegios mediáticos de las estrellas japonesas. Una etiqueta con ciertas connotaciones racistas y no bien aceptada por la sociedad. Es el caso de dos grandes artistas japoneas, Ueto Aya y Haruka Igawa. Aún siendo hijas de inmigrantes coreanos, este hecho es ocultado sistemáticamente en todas sus biografías, y desde luego nunca mencionado en ninguna entrevista. Lo que convierte el hecho de tener sangre coreana en un estigma que acompaña a muchos japoneses. Todavía recuerdo la conversación con un amigo japonés que a altas horas de la madrugada y bajo efectos etílicos, me confesó con cierta tristeza su gran secreto: tenía un cuarto de sangre coreana.

Tres. Cuando las primeras cámaras de fotos desechables salieron en Japón, la calle les puso un curioso mote: bakachon. Literalmente estúpido coreano, el nombre aludía a la sencillez de operación de unas cámaras, que hasta un imbécil coreano podía usarlas. Con el tiempo la educación japonesa se impuso, y afortunadamente son pocos los jóvenes japoneses que saben de este curioso apodo de las insutanto camera

::: escrito a las 11:58 PM | {comentarios} (7)

Febrero 24, 2006

en obras

Estos días Tokio se parece más que nunca a Madrid. Zanjas por doquier, peones trabajando a destajo en obras abiertas hasta altas horas de la madrugada, pesados y molestos camiones embotellando las calles,... En definitiva, media ciudad levantada en un paisaje que como cada año ya es tradicional por estas fechas.

A falta de un mes para el término del año fiscal en Japón, llega el momento de dejar terminados todos los proyectos, y sobretodo, cumplir con los presupuestos. Una de las peculiaridades del sistema japonés, es que el dinero destinado a proyectos debe de gastarse a rajatabla, no debe de sobrar ni un yen. Lo que significa que ese dinero no utilzado proveniente de proyectos cancelados, o de presupuestos realizados al alza que resultaron mucho más baratos, debe de ser gastado y justificado antes de que termine el año fiscal, malversación de fondos incluida.

La solución es ponerse a levantar todas las calles, con la justificación de que el pavimento está en mal estado. La razón de optar por este tipo de obra es fácil. Primero porque es una obra rápida que se realiza por la noche aprovechando que hay menos tráfico rodado. Segundo porque se va haciendo por tramos, por lo que puede ajustarse el presupuesto según los metros arreglados; y tercero, es una obra que consume bastante dinero: El de las taladradoras, camiones, apisonadoras, asfaltadoras, y demás vehículos pesados, junto al ejército de obreros sable luminoso en mano encargados de desviar el inexistente tráfico o a algún peatón borracho.

Mi día a dia en bicicleta por la avenida Kasuga, me ha permitido comprobar como pavimentos en los que hasta las líneas de señalización eran de un blanco nuclear, se levantaban por la noche para quedar por la mañana igual que estaban antes. Un gasto innnecesario que va mucho más allá de las labores de mantenimiento, y cuyo remanente bien podría utilizarse en un sistema educativo que no tiene en cuenta a los estudiantes sin recursos, o para mejorar la calidad de un sistema sanitario incapaz de competir con las prohibitivas clínicas privadas.

Aunque bien pensado, levantar las calles es una medida no exenta de cierto electoralisto, derivado del efecto tangible que provca en el ciudado, la sensación de que el gobierno usa "visiblemente" sus impuestos.

::: escrito a las 11:47 PM | {comentarios} (3)

Febrero 21, 2006

eta 穢多

Antes de partir a Madrid para incorporarse a ARCO, la galería Mizuma organizó una pequeña exhibición/coloquio para presentar las obras que Makoto Aida había preparado expresamente para el mercado del arte madrileño. Sin duda Makoto es uno de los grandes artistas contemporáneos japoneses, y sus perturbadoras y provocativas obras a medio camino entre la ilustración y el manga, proporcionan activos dividendos a la galería Mizuma. No en vano, son sus obras las más cotizadas de todos los nuevos valores del arte japonés.

Quizás porque se le ha subido la fama a la cabeza o porque quizás haya algún contrato de por medio, reconoció sin pudor que estas eran sin duda sus peores obras. Afirmó que era la primera vez en su vida que hacía una obra de encargo, y la experiencia le había servido para comprobar que lo de los encargos no casa bien con el arte, y que cuando eres famoso con poner tu firma a cualquier cosa se le llama arte. Tanta sinceridad le honra y le hace mucho mejor artista de lo que es, ya que otro en su lugar se hubiese metido en complejas disquisiciones metafísicas sobre las razones de su obra. Sin embargo, para Makoto la consigna del encargo estaba clara: provocar. Y puestos a provocar en España, que mejor que la con la banda terrorista ETA. Tras algunas investigaciones, estableció un paralelismo lingüístico con el japonés, en donde ETA es el antiguo término utilizado para nombrar a los burakumin, la clase social de más bajo rango considerada casi como animales durante el periodo Tokugawa; mientras que GAL es el término que se utiliza para describir a muchas de las jóvenes escolares con faldita de tablas. Al final consiguió el objetivo, y como suele pasar en estos casos, la parte mas rancia de la prensa española (léase La Razón), y aquellos aspirantes a tertulianos con falta de Ideas picaron en el juego y le dieron a Makoto esa necesaria publicidad para rentabilizar el encargo.

etagal.jpg

Otra de las obras que preparó para ARCO y de la que no he oído nada, era un montaje en el que como si fuera un tablón de mensajes, decía lo que todo el mundo piensa en Japón sobre la familia imperial pero que nadie se atreve a decir: "¡Masako aguanta!" o "¡Masako divorciate!". Obra que cuando fue presentada en la galería, todo el mundo coincidió en que sería impensable exhibirla en Japón. Lo que me hizo sospechar que quizás fuese esta su única obra no preparada de la colección ARCO, y que solo presentándola en el extranjero podría evadir la censura.

Aunque me da la sensación de que la obra en cuestión se debió de quedar en la aduana y no pudo realizar su viaje a Madrid....

FOTO: El cuadro de la polémica visto en ARCO.

::: escrito a las 11:59 PM | {comentarios} (2)

Febrero 19, 2006

mori // 015

Hace apenas una semana y casi tres años después, otro nuevo engendro del consumo ha sido inagurado en Tokio. De los productores de Ark Hills y Roppongi Hills, llega ahora Omotesando Hills. En la nueva milla oro en que se ha convertido eje Aoyama-Omotesando, se alza un nuevo centro comercial donde tengan cabida todas esas tiendas sin posibles para tener un edificio propio que haga sombra a los Dior, Prada, YSL, etc.

moriomote.jpg

La megalomanía de Mori Minoru aplicada en Roppongi Hills fue una buena jugada. Amparándose en el plan urbano del 2002 conocido como Urban Renaissance, que pretendía revitalizar la economía japonesa a base de incrementar el área aprovechable con enormes rascacielos que atrajesen nuevas empresas, Mori se convirtió en el profeta del nuevo Japón que emepzaba a salir de sus cenizas. El mastodónico complejo de Roppongi Hills se convirtió en el eje de los nuevos ricos, y en el centro empresarial de aquellas nuevas empresas que empezaban a dinamizar la monótona bolsa de Tokio. La empresa Livedoor y su presidente Horie Hirofumi, máximos exponentes de este movimiento han sido los primeros en caer, y en poner en duda muchos de los logros de esa tan ansiada recuperación económica.

Si se puede hablar de un Rockefeller en Japón, sin duda ese es Mori Minoru. Máximo responsable de la promotora, constructura e inmobiliaria de su mismo apellido (Mori Building Co.), ha construido un imperio a base de centros comerciales y oficinas centrados principalmente en Tokio. Sin embargo, Mori es también de esos filantrópicos ricos preocupados por el arte, y más peligroso aún, con "ideas". Ahora construir un enorme rascacielos y llenarlo de prohibitivas oficinas y carísimas tiendas es tener una visión. O al menos eso es lo que proclama a los cuatro vientos este visionario desde su think tank llamado con el rimbombante nombre de "Mori Urban Institute for the Future". Su idea es simple. A sabiendas de que Tokio ostenta el récord en cuanto a tiempo dedicado a los desplazamientos entre el trabajo y la oficina, se le ocurrió convertir el movimiento horizontal en un movimiento vertical. Condensar viviendas, lugares de ocio, servicios y oficinas en un conglomerado donde el único transporte necesario sea el ascensor. Por supuesto, para los privilegiados que puedan comprarse un piso en Roppongi Hills, la idea es magnífica. Para el resto de ciudadanos, no deja de ser una excentricidad. Tras este primer triunfo de la razón, cada nuevo proyecto de Mori viene acompañado por inútiles teorías urbanísticas que cambiarán nuestra forma de vida, envuelto de un altruista sentido por el diseño y el arte, para aquellos insensibles a los que la teoría sólo les entra por los ojos.

Para su útima creación ha contado con una de las vacas sagradas de la arquitectura japonesa: Tadao Ando. Reducido a una sombra de lo que fue, al menos el esfuerzo de integración de lo que es el monolito cuadrado de hormigón de Omotesando Hills, merece un elogio. Temiéndome otro exceso arquitectónico estilo Roppongi Hills, el gris edificio proyectado por Ando se camufla perfectamente tras los árboles, dando una imagen de contenida sobriedad. El interior del centro comercial se distribuye en torno a un atrio central, con unas tiendas dispuestas siguiendo un estrecho pasillo de suave pendiente, que permite dar un paseo continuo desde la entrada hasta el último piso sin perderse ninguna tienda.

kiokudojun.jpg Gente observando una serie de fotografías de todos los Dojunkai Aoyama Apartments

Quizás debido a las numerosas críticas recibidas o en un arranque de nostalgia, han pegado al edifico principal una réplica de los extintos apartamentos Dojunkai. Para el sacrilegio han reciclado muchos de los elementos originales, como balaustres, azulejos, pomos, etc, que insertados en un nuevo edificio, han perdido todo su encanto y no son más que cutres añadidos. Siguiendo las indicaciones del mecenas, este edificio llamado Ala Dojunkai albergará galerías de arte, en un intento de emular lo que significó para el arte los extintos Aoyama Dojunkai Apartments. De momento, sólo una galería ocupa el edificio: KIOKU. Esta ha sido una de las más activas galerías de los Dojunkai, que tragándose las lágrimas y el orgullo, han decidido continuar en el mismo lugar. De momento, su primera exhibición de esta nueva andadura ha sido un homenaje a los antiguos Dojunkai. Homenaje que ha contado con un gran apoyo, y que yo convertiría en una instalación permanente que recuerde a los visitantes que derruir un edificio es quitarnos una parte de nuestra identidad, y que en la mayoría de las veces contribuye a la banalización del espacio público.

dojunmemo.jpg Dojunkai - in memoriam
::: escrito a las 10:06 PM | {comentarios} (2)

Febrero 18, 2006

traslado

Lo que debería de haber sido un traslado aséptico y sin dolor se convirtió en un sufrido vagabundeo errático por internet. En concreto, este diario ha estado quince días clandestino en el limbo de internet. El tiempo en si no era problema, a fin de cuentas, ha habido varias ocasiones en las que no he podido escribir nada. Y aunque el pantallazo en blanco resultaba bastante desagradable para el visitante habitual, sobretodo lo siento por mis queridos okupas. Si, esos que han convertido los comentarios de un post en un foro sobre telenovelas coreanas, los del club de fans en español no oficial de las Converse, y los de la sección de contactos chico-busca-asiática surgida en un post sobre Radiohead (?) Los caminos de Google son inexcrutables...

Sobre esta odisea de dos semanas, voy a ahorrarme los aburridos detalles técnicos, y me voy a limitar a dar un par de consejos. El servicio de Hosting de Yahoo! Small Business es una mierda. Y si les falto al respeto son por los 9 dolares que me han robado por darme sólo quebraderos de cabeza. Su soporte técnico brilla por su asencia, y cuando por fin la Pauline se digna a contestarte, es sólo para hacer un copia/pega del FAQ. Encima, la pre-instalación del Movable Type es una chapuza, que te obliga a patearte varios foros para aprender como parcheárla. Al final, decidí cambiarme a Dreamhost, y puedo asegurar que efectivamente es un sueño. Todo funcionando como debe ser, la instalación del Movable Type arrancando a la primera, y encima por sólo 8 dólares mensuales un dominio gratis, 20Gb de almacenamiento, 1Tb de transferencia y la posibilidad de alojamiento de varios dominios. Espero no tener que mover este tinglado nunca más.

Y en estas dos semanas de incomunicación forzada, he aprovechado para terminar un viejo proyecto. Un blog con mayúsculas: Filmkritik. Lo de las mayúsculas, porque es un blog convencional destinado a la interacción y a la difusión de esa antidiluviana fotografía analógica. Un blog donde aparte de reflexiones y fotos, habrá información y algo de divulgación en torno a la fotografía y su relación con la arquitectura.

Por supuesto, tokyonikki seguirá siendo punto de partida y lugar desde donde nacerán muchos post en paralelo, aunque siempre desde la comodidad de este tranquilo retiro. A fin de cuentas, esto es un diario.

::: escrito a las 08:19 PM | {comentarios} (8)

Febrero 03, 2006

challenger

Desde que salió allá por septiembre del 2004 la revista "Tokyo Graffiti", no ha habido mes que no haya faltado a la cita quiosquera de esta interesante a la vez que inclasificable revista. Bajo el epígrafe "New Generation Magazine", la revista pulsa por medio de fotografías aspectos sociales y generacionales de Japón. Aparte de los típicos snapshots en Harajuku mostrando las últimas tendencias masculinas y femeninas, hace también un recorrido por diferentes barrios intentando captar las diferencias generacionales en cuanto a la forma de vestir. Así por ejemplo, en el barrio de Sugamo retrata a la tercera edad, en el de Futagotamagawa a los jóvenes matrimonios con hijos, en Akihabara a los otaku y demás especímenes, en Aoyama niños pequeños a la última paseados por unos orgullosos padres que nunca salen en la foto, y en cada número un barrio invitado para que descubramos su estilo y tendencias. Impagable es también la muestra de apartamentos -fiel reflejo de la personalidad de su inquilino-, las comparaciones fotográficas mismo lugar/misma pose de gente en plan 25 años después, o las fotos de pareja en donde se ve que menos la hermosura, todo se pega y especialmente la forma de vestir.

tg

Aparte, a través de pequeñas fotos tamaño carné en las que una persona sujeta una pizarra escrita con su opinión, se muestra el parecer de diversos colectivos sobre algún tema en concreto. La muestra es bastante heterogénea, y los grupos van desde estudiantes de instituto, sacerdotes de diversas religiones, salaryman, camareros, transportistas, hostess, extranjeros, jubilados, universitarios, etc. En el último número, y ante la pregunta de cual fue la noticia que más te había impactado, el grupo de extranjeros coincidió en los ataques terroristas. Muchos en el de las torres gemelas, y curiosamente tres españoles incluidos en la muestra coincidieron en el atentado de Madrid del 11M. Pero particularmente me llamó la atención la respuesta de un estadounidense que afirmaba que la noticia que más le traumatizó fue la explosión del Challenger, vivida y compartida en su jardín de infancia.

Fue entonces cuando recordé mi primer y único diario, de tapas verdes y cerradura con cadenita dorada. Un diario que debí de recibir como regalo cuando aprendí a escribir, y en el que probablemente no llegué a llenar más de diez páginas, antes de descubrir que el papel semejante a cartulina del diario, era perfecto para dibujar o hacer aviones. Tras la primera anotación de rigor en plan "querido diario que feliz estoy por tenerte voy a compartir contigo todos mis secretos", y las siguientes monótonas y aburridas descripciones de "hoy he ido al colegio, he comido macarrones, he visto Barrio Sésamo mientras merendaba, etc", el diario se convirtió en lo más parecido a la sección de necrológicas de un diario cualquiera. Muertes y desgracias. De entre ellas, todavía recuerdo la anotación que hice sobre el fatídico accidente del Challenger, del que recientemente se han cumplido veinte anos. Con la letra semejante a un garabato propia de un crío de 6 años, todavía sin domesticar por la disciplina de los cuadernos Rubio, escribí con mi mejor letra y con el mayor tono solemne del que era capaz: "hoy ha estallado el Challenger". Para hacer más efectiva la noticia, incluí un esquemático dibujo de lo que debería de ser el trasbordador en el momento del despegue, y unas líneas que semejaban la trayectoria zigzagueante de su colapso. Una noticia que me debió de impresionar, y que en ese juego infantil de buenos y malos que nos vendían con eso de la guerra fría, en mi caso terminó por crear una imagen bastante chapucera de los norteamericanos. Impresión alimentada por las excelencias técnicas soviéticas que ya había visto en la película "Firefox", que ni el mísmisimo John Rambo luchando contra los malos malísimos soviéticos en Afganistán consiguió hacerme cambiar. De ahí que en todos mis dibujos infantiles de guerras, los españoles siempre ganábamos a los yanquis.

Bonita infancia.

::: escrito a las 07:57 PM | {comentarios} (2)