Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

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Enero 27, 2006

tokyo no yoru // monochrome


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Enero 26, 2006

yamato

Hay barcos que debido a su trágico final, se convierten en símbolos generacionales que materializan los sueños de una época. En Japón, sin duda el acorazado Yamato ocupa un lugar muy especial en la memoria colectiva tanto de ancianos como de adolescentes, por ser un nombre recurrente utilizado en famosas series de animación. Aunque su origen enlaza con el misticismo de los primeros habitantes de un pueblo que entonces no era conocido como Nippon, sino Yamato. Nombre que en los tiempos de mayor exaltación patriótica, serviría para definir el auténtico espíritu japonés del yamato damashi.

El Yamato fue concebido para ser el buque insignia de una orgullosa marina japonesa que había sido capaz de derrotar a la famosa marina Rusa en 1905, y por ende, se había ganado por derecho propio un puesto entre las potencias occidentales. Preocupados por la escalada armamentística, el tratado de Washington intentó limitar el tamaño de las flotas y la construcción de nuevos barcos entre las potencias que entonces dominaban el mundo: Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Italia y Japón. Entre la desconfianza que reinaban en la época, y el temor de un Japón que veía como sus vecinos asiáticos eran colonias occidentales y por tanto potenciales enemigos, decidió incumplir el tratado (al igual que Italia) y seguir con sus planes de contruir el mayor acorazado del mundo. Una nave que garantizase su soberanía en el pacífico, y que fuese mucho mayor que unos acorazados estadounidenses que debían someterse a las limitaciones impuestas para el paso por el Canal de Panamá.

en construccion
El Yamato en construcción en los astilleros de Kure

Así nació la clase de acorazados Yamato, de la que se proyectaron cinco navíos, de los que sólo tres fueron construidos: Yamato, Musashi y Shinano; si bien este último fue reconvertido a portaaviones, ante el papel estratégico que jugaron este tipo de embarcaciones tras la batalla de Midway. Con el Yamato navegando desde 1940, el sentimiento de invencibilidad del pueblo japonés se unió indisolublemente a un barco del que nadie pensaba podría ser hundido. Y de hecho, "oficialmente" del Yamato no se supo que había sido hundido hasta el final de la guerra, ya que el gobierno se cuido de esconder a los supervivientes en remotos hospitales, para aliviar como fuera lo que podría haber sido un duro golpe para la moral del pueblo.

Sin embargo, el papel del Yamato en la II Guerra Mundial no fue el que todos esperaban. Mantenido siempre en un segundo plano, y fuera de batallas importantes como la de Midway, resultó quedarse obsoleto en un conflicto donde la movildiad de la flota americana y sus golpes certeros en pequeñas islas, así como el rol de una aviación transportada en portaaviones, dejaron en evidencia a unos grandes acorazados concebidos para batallas de otras épocas. Caer en combate era la única forma de salvar el honor de un navío que no había ganado ninguna batalla importante, y para muchos de los fanáticos militares japonesas, Okinawa era la única salvación y la última batalla.

Cuando el 6 de Abril de 1945 el Yamato salió del puerto de Tokuyama en dirección a Okinawa, todos sus tripulantes sabían que iban a una misión suicida. No llevaban combustible para el viaje de vuelta, y sabían que tampoco contarían con un apoyo aéreo que días atrás se había consumido en acciones kamikaze para intentar parar al enemigo. A los tripulantes sólo les cabía preguntarse el porque de esta misión, y la respuesta, a parte de consignas ideológicas sobre la liberización de Japón, o sobre el pequeño sacrificio para salvar al pueblo, giraban en torno al Emperador. Desde Tokio, los militares jugaban su última carta: una última batalla en Okinawa vendiendo cara la derrota para intentar forzar una paz en términos favorables, que sin embargo no entraba en los planes estadounidenses. Ajeno a todo, un Emperador reducido a una figura decorativa en la maquinaria fascista. O al menos así es como lo muestra la historia, y biografías de reconocido prestigio como la de Edward Behr. De esta forma, la decisión de enviar al Yamato a la muerte responde a la interpretación de un comentario casual del Emperador, que tras ser informado de la pérdida de la mayor parte de la flota aérea en Okinawa, pregunta "inocentemente": ¿Y la marina?.

crisantemo
El símbolo del crisantemo, la marca imperial que presidía la proa del Yamato, en las profundidades del océano.

En pleno furor nacionalista japonés, y con las vistas puestas en lo que fue la conmemoración del 60 aniversario del final de la II Guerra Mundial y del hundimiento del Yamato, salió en agosto del 2004 un libro que rápidamente se convertiría en un best-seller: "Otokotachi no Yamato" (Los hombres del Yamato), es un libro documental que reconstruye la historia del Yamato a través de los supervivientes, en un ejercicio historiográfico que huye de los grandes personajes y de la visión generalista que no entra en detalles. Henmi Jun, la escritora y recopiladora de entrevistas, no censura ninguno de los detalles más grotescos, y muchos de los párrafos describen los horrores de una guerra que para muchos de sus protagonistas, son vívidos recuerdos que todavía afloran en pesadillas.

En una época en donde el género bélico es el gran reclamo del cine japonés para atraer espectadores, con títulos como "Lorelei", "Bokoku no Aegis" o "Sengoku Jieitai", la adaptación al cine del Yamato se veía venir. Concebida como la mayor superproducción del cine japonés, demuestra lo que ya se sabía, que Japón se encuentra justo a diez años de distancia de las grandes producciones de Hollywood. Pese a construir una reproducción casi a tamaño real del destructor en Hiroshima, comparada con la que en su momento se hizo para el Titanic, lo cierto es que las similitudes entre ambas películas no acaban ahí. Muchos de los planos generales del Yamato -y pese a abundar los planos nocturnos para esconder los defectos-, recuerdan a las de esas infografías o montajes cartón-piedra que también abundaban en la película "Titanic". Por lo que si consideramos que la película de Cameron fue rodada en 1996, ya tenemos los diez años de retraso de la industria japonesa en cuanto a efectos especiales. Sin embargo, cabe destacar las excelentes y sobrecogedoras escenas de combate, que siguiendo el estilo hiperrealista de "Salvar al soldado Ryan" y "La delgada línea roja", añaden un realismo teñido de sangre que aunque en ocasiones pueda rozar el gore, no es más que un fiel reflejo del fragor de la batalla.

otokotachi

Son estas escenas la que salvan a una película, a la que no han sabido dotar de un soporte argumental que sostenga las cuidadas escenas de acción. La historia comienza como la del "Titanic", con la visualización de las imágenes captadas por los minisubmarinos que en 1985 y 1999 exploraron el lugar del hundimiento del Yamato. Tras las informaciones de rigor, la historia sigue con la poco creíble búsqueda de una hija adoptada a posteriori por uno de los fallecidos en el Yamato, que sesenta años después decide honrar a su padrastro yendo al lugar exacto del hundimiento justo sesenta años después: un 7 de abril del 2005. Acompañada por uno de los supervivientes, casualmente amigo de su padrastro, se embarcan en un pequeño pesquero que les habrá de llevar hasta las coordenadas del hundimiento, mientras que el abuelete va rememorando algunos de los hechos del Yamato. Un viaje en el que la insulsa actuación de la hijastra Suzuki Kyôka, resta dramatismo al papel del veterano y excelente actor Nakadai Tatsuya. En vez de tanto artificio generacional con incluso niño de por medio, hubiesen hecho mejor en hacer una reconstrucción más creíble de los hechos en la línea de "Soldados de Salamina". Pero si ya el ritmo de la película se ve interrumpido por la vuelta al tiempo presente, la inclusión de explicaciones históricas en plan No-Do, restan dinamismo a la reconstrucción de la vida en el Yamato, y ponen bastante en entredicho el nivel cultural de unos japoneses que debieran de conocer algo mejor su historia reciente. Por tanto, y aunque echando de menos alguna discusión política en las instancias del Palacio Imperial, si nos atenemos a la parte de la reconstrucción histórica, nos sale una película interesante y bien soportada por unos excelentes Nakamura Shidou y Sorimachi Takashi, perfecamente secundados por el resto del masculino reparto.

El Yamato se hundió, pero su herencia permanece viva. Es la doble cara de una tecnología militar que desarrollada para el Yamato, después ayudó a que Japón sea líder mundial en el campo de la óptica y derivados (cámaras fotográficas principalmente), y que convirtió a los astilleros de Kure en los únicos capaces de producir los enormes petroleros que surcan hoy día los océanos. Y para los nostálgicos, se hace imprescindible una visita al recién abierto museo Yamato, abierto, como no, en Kure.


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"...me temo que harán una versión muy light, sin una gota de sangre, y con algúna sosa historia de amor para agradar al posible público femenino..."

De las predicciones que hice sobre la película del Yamato allá por Septiembre, sólo acerté en la de la historia de amor. Una historia de amor platónico entre unos de los supervivientes del Yamato y una joven que no sobrevive a la bomba atómica en Hiroshima; y otra más directa pero no por ello más carnal, que acaba con la muerte de uno de los protagonistas en pleno combate. Historias que no desentonan con el ritmo de la película, lo que me convence de que fue la inclusión de un conocido rostro femenino (Suzuki Kyôka) la estratagema utilizada para captar a algún incauto espectador. Algo parecido a lo que hizo David Trueba al imponer a su mujer para un papel, que en la novela de Javier Cercas recaía en un hombre.

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Enero 25, 2006

ropas

Me compré una chaqueta y una camisa.
Seguro que habrán experimentado la sensación de vestir ropa nueva:
te miras al espejo, feliz, excitado por la "nueva piel".
Pero aquella camisa y aquella chaqueta eran distintas,
desde el primer momento eran nuevas y viejas a la vez.
El del espejo era yo, sin duda,
pero me notaba aún más "yo" que antes.
Tenía una sensación extraña, imposible de expresar con palabras:
llevaba puesta la Camisa y la Chaqueta,
y yo, metido en ellas, era yo,
me sentía protegido, como un caballero en su armadura.
¿Por una chaqueta y una camisa?
Me quedé de una pieza.
En la etiqueta ponía: "Yohji Yamamoto".
¿Quién era?¿Que secreto había encontrado?
No podía tratarse sólo de un patrón, una forma, una tela,
eso no podría haber explicado mi sensación.
Era más bien algo que venía de lejos, del pasado:
aquella chaqueta me recordaba a mi infancia, a mi padre, pero no en los detalles,
sino que era algo que estaba tejido en el conjunto.
La chaqueta era la traducción literal de este sentimiento, y lo traducía mejor que las palabras. ¿Cómo podía el tal Yamamoto conocerme tan bien, conocer a cualquiera, a todo el mundo?
Lo fui a visitar a Tokio.

Wim Wenders - "Aufzeichnungen zu Kleidern und Städten" (Notas sobre ciudades y ropas)

Existiendo un periodo de rebajas, parece como si no hiciese falta comprar en otra época del año. Incluso tiene un punto de triunfo, la sensación de que estas haciendo perder dinero a la empresa comprando algo por lo que sólo un día antes podrías haber pagado el doble. Iluso. Ahora la ropa viene de la India, e incluso rebajada un 90% sigue haciendo beneficio. Sí, a veces se necesitan comprar cosas fuera del periodo de rebajas, sobretodo teniendo en cuenta su corta duración. ¿Pero realmente necesitamos comprar algo? Vivimos en un primer mundo de armarios y maleteros empolillados que escupen ropa casi nueva hacia un tercer mundo, que la viste sin preocupaciones estéticas. A fin de cuentas, si todos vistiésemos igual todo el año, con un mono con las siglas del Partido, no habría un cambio sustancial en nuestra comodidad y sí un gran ahorro. Pero entonces, ¿que papel le queda a ese artificio llamado moda?

Identidad.

En el documental sobre Yamamoto, Wenders intuye que es el sentido de identidad lo que prevalece en el mundo de la moda. No es algo que se encuentre en las pasarelas, ni en las pesadas revistas de moda. Es algo que cada individuo construye, consciente o inconscientemente, para generar la imagen de si mismo. Un reflejo que puede ser fruto de ciertos convencionalismos sociales (llamemoslos etiquetas) o el mero hecho de ir a contracorriente.

Pese a las muchas razones que puedan aliviar nuestra conciencia consumista, terminamos por unirnos al fervor consumista de las rebajas. Por lo menos en Tokio no duran más de dos semanas, aunque no es un consuelo cuando se vive en el epicentro de la moda. Por poner un ejemplo. Tras ver la convencional muestra de ropa de la tienda de Marithe en Madrid, pasé por la de Tokio preguntándome si venderían la misma ropa en ambas ciudades. Para mi sorpresa y la de mi bolsillo, la ropa era completamente diferente. Hasta el punto que después de caer y pasar por caja, pregunté al dependiente por la razón de esa diferencia. La respuesta fue que cada tienda elige la ropa que quiere vender, por lo que mientras el conservador encargado de la tienda de Madrid prefiere no salirse de la norma, en Tokio apuestan por la ropa más original y rompedora, verdadera razón de existir de unos diseñadores como Marithé y François Girbaud. Y ya en plena efervescencia consumista, un nuevo descubrimiento: Bali Barret. Razón que me ha hecho pensar en hacer escala en Paris en periodo de rebajas.

Y sobre el prohibitivo (incluso en rebajas) Yamamoto, me tendré que conformar con el asequible gorro perteneciente a la colección Y-3 que ha hecho para Adidas.

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Enero 18, 2006

mucha mierda

De la árida escena teatral japonesa ya he hablado en alguna ocasión, aunque en su momento se me olvidó mencionar a las numerosas compañías anglosajonas que se dejan ver por aquí, sin aportar realmente nada nuevo. De las compañías residentes en Japón, su nivel de amateurismo les impide pasar de la típica representación de Shakespeare para escolares. No tengo nada contra Shakespeare, pero que a estas alturas continue atragantado para muchos no deja de ser sospechoso. De vez en cuando también arriban a estas tierras oportunistas troupe australianas o californianas, que con montajes descafenaidos de Mamet parecen querer descubrirnos una vanguardia que para ellos no va más allá del seco acento alemán de Brecht. Aficionados.

Menos mal que a pesar de que quieran lobatizarnos la Gran Vía convirtiéndola en un pequeño Broadway, todavía se puede ver teatro del bueno en Madrid, aunque no sean las navidades precisamente una buena época. Muchos teatros orientan sus programaciones al público infantil, hasta el punto de que muchos del llamado circuito alternativo programan inteligibles obras para niños de papis progres, que sinceramente, si yo fuera un niño me cagaría en mi progenitor por llevarme a tamaño despropósito, pudiendo estar felizmente hipnotizado viendo los diabólicos autómatas del Cortylandia.

Al final, la falta de tiempo se impuso y no pude ver todo lo que quería, aunque podría haber sido peor...

Uno. Se ha convertido ya en un clásico de las navidades. Els Joglars en el Albéniz, su teatro fetiche y ante su público, por mucho que todavía haya personas que no se hayan enterado de que va una obra de Boadella, y salgan del teatro echando pestes. Entre tanto homenaje, despropósitos y adaptaciones sin pies ni cabeza, se hacia necesario este enésimo montaje sobre "El Quijote" que sacase a la luz tanta gansada perpetrada. Con el dinámico montaje a que nos tienen acostumbrados, la obra desgrana el proceso creativo del montaje de un supuesto Quijote, por una vanguardista autora argentina que sin leer ni una palabra del texto original, intenta buscar el "mito", reduciéndo a Alonso Quijano y Sancho a sendas lesbianas supervivientes en una selva de carneros masculinos, sita "en algún lugar de Manhattan", que no de la Mancha. Teatro dentro del teatro, o como en aras de la originalidad artística se termina por profanar un clásico entre los clásicos. Por suerte, dos locos reinsertados laboralmente como fontaneros, logran poner un poco de sentido común en este mundo de cuerdos, precisamente a golpe de recitar textos del Quijote original. Textos de poder casi litúrgico que ponen en evidencia una imbecilidad humana que poco ha cambiado en cuatrocientos años.

En esta ocasión, el ataque de Els Joglars no lleva apellidos como en otras ocasiones, aunque muchos "acomplejados militantes de la modernidad escénica" (Boadella dixit) de este cuarto centenario, habrán de haberse visto retratados.

Dos. Aunque en un discreto segundo plano, el centenario del nacimiento de Miguel Mihura también fue celebrado. El mundo del cine homenajeo con una película en la que Garci demuestra una vez más que pese a contar con un excelente material como son dos buenas obras de Mihura ("Ninette y un señor de Murcia" y "Ninette, modas de parís"), es capaz de hacer una soporífera película con el único aliciente de ver a la Pataky en cueros. Y el mundo del teatro realizó un discreto homenaje con varias obras en cartelera, en la línea de lo que fue hace unos años la conmemoración de otro olvidado dramaturgo como Jardiel Poncela.

Tuve la ocación de ver "Tres sombreros de Copa", considerada la Comedia española del siglo XX, y dirigida una vez más por Gustavo Pérez Puig, el mismo que la sacó del olvido veinte años después de haber sido escrita. La obra fluye como un engranaje perfecto en el escenario, donde se nota el oficio de un director que conoce a la perfección todos los recovecos de un texto redondo. Todos los actores están muy correctos, aunque por encima de todos se sitúa Cipriano Lodosa, que en el papel de Dionisio clava el arquetipo de ese personaje masculino infeliz y maleable, tan típico de las obras de Mihura. Al final las risas se contagiaron y consigueron romper la atmósfera glacial de un teatro Príncipe medio vacio, que con su decrepitud parecía dar más verosimilitud al decorado de una pensión sin ambiciones creado por Gil Parrondo.

Tres. De Marcos Ordoñez -perteneciente a ese idílico panteón de críticos malditos de Els Joglars, a la derecha de ese otro gran inquisidor llamado Joan de Sagarra-, debo decir que no le tenía ningún respeto. Pero también debo confesar que desde su columna "A pie de obra" del suplemento "Babelia" de "El País", se ha ganado todo mi reconocimiento hasta el punto que es lo primero que leo del suplemento. Su última "buena obra del día" ha sido reconocer la labor de Rodrigo García -rectificar es de sabios-, y a propósito de la obra "Prefiero que me quite el sueño Goya a que lo haga cualquier hijo de puta", dice de él: "Alguien debería atar a Rodrigo García a la pata de una mesa para que escribiera más cosas como éstas". Comentario que podría ser un guiño o un despropósito, si atendemos al siguiente texto de García en "Compré una pala en Ikea para cavar mi tumba":

"Me siento culpable de tener atado al perro al lado de la sala de lectura; yo leo y me hago cada vez más inteligente y por mi culpa el perro se hace cada vez más tonto. Porque solamente son listos los perros callejeros. Atado será tonto. Ahora me planteo quien está peor atado y quien es más tonto, si yo en la sala de lectura o el perro."

Desgracidamente del teatro de García conozco sólo la mitad, la que corresponde a la lectura de sus textos, y a las referencias que me llegan por el boca a boca. Por diversas circunstancias, nunca logré entrar a ninguna de sus representaciones a cargo de su compañía La Carnicería Teatro", algo de lo que me arrepentiento. No quiso el espacio-tiempo que me encontrase con ninguna obra de García mientras estuve por Madrid, aunque al menos me llevé el hallazgo de uno de sus textos, con análisis y entrevista de propina. Todo el pack se puede encontrar en la librería La Avispa, en el número de primavera 2005 de "Estreno. Cuadernos del teatro español contemporáneo". Imprescindible.

Extracto de "Mis Memorias" de Miguel Mihura (1948)

Cuando yo estaba a punto de nacer, Madrid no estaba inventado todavía, y hubo que inventarlo precipitadamente para que naciese yo y para que naciese otro señor bajito, cuyo nombre no recuerdo en este momento, y que también quería ser madrileño.

La ocurrencia de inventarlo fue de un pastor, llamado Cecilio, que una tarde, cuando paseaba por el campo llevando en brazos a sus ovejas y meciéndolas maternalmente, como entonces hacían los pastores, vio un gran terreno, todo lleno de hoyos, de agujeros, de escombros y de montoncitos de arena.

- Aquí se podría hacer Madrid, para que naciese el señor Mihura y ese otro señor bajito, que nunca me acuerdo cómo se llama, y que también quiere nacer en Madrid -pensó Cecilio.

Y llamó a gritos a otro grupo de pastores, amigos suyos, a los cuales les comunicó su idea, que a todos les pareció maravillosa.

- Efectivamente -dijeron-, Madrid no está inventado y sería un buen negocio inventarlo, porque a la gente lo que le gusta es vivir en Madrid y dejarse de estar en provincias, paseando como una tonta por la calle Nueva o por el Malecón, y venga a bostezar.

- ¿Pero no costará demasiado caro? -expuso una oveja, inocente, blanca, llena de ricitos, y con su femenino sentido del ahorro.

- Nada de eso -afirmó Cecilio-. Lo difícil de Madrid es hacerle los agujeros, los hoyos, las cuestas y los montoncitos de arena. Pero como este terreno ya los tiene, lo demás no será complicado.

Y después de discutir sobre otros extremos, aquellos pastores fundaron la "Sociedad Anónima de Pastores Reunidos para la Construcción de Madrid y sus Alrededores".

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Enero 17, 2006

same old crap

Hace algo más de cinco años que de forma intermitente sigo la lista de correo de KineJapan, quizás la mejor alternativa anglosajona junto a Midnight Eye para estar al tanto de lo que pasa en el panorama cinematográfico japonés. En ocasiones la lista se convierte en un careo entre las opiniones academicas de Aaron Gerow y las más prosaicas del periodista Mark Schilling, aunque por ser dos pesos pesados de la crítica internacional, siempre se termina por aprender algo nuevo.

Pero hay más.

A través de esta lista he descubierto pequeños cines de ensayo en Tokio, festivales indies en oscuras aulas universitarias, videoclubes con películas a precio de saldo, y he tenido noticia de pequeñas joyas que de otra manera nunca hubiera tenido ocasión de ver.

Aunque de vez en cuando prima el humor y llegan cosas como esta...


::: escrito a las 12:34 AM | {comentarios} (5)

Enero 16, 2006

do_co,mo.mo

Docomomo es el acrónimo de DOcument and COnservation of buildings, sites and neighbourghoods of the MOdern MOvement, una organización académica fundada en Holanda en 1988 por Hubert-Jan Henket, con el único propósito de conservar el legado arquitectónico modernista, o lo que es lo mismo, el de aquellos edificios contruidos entre 1920 y 1970. Japón se convirtió en el primer país asiático en pertencer a esta organización en 1998, y desde entonces sus miembros velan por la difícil preservación arquitectónica, en un país empeñado en demoler cualquier "ruina" que no cumpla con los debidos preceptos de seguridad por muy histórica que sea.

docomomojapan.gif

En el 2003, el comite japonés creó una lista con las cien construcciones modernistas más importantes de Japón, en la que además de clásicos como los apartamentos Dojunkai, empatan en el número de edificios (6) los arquitectos Kunio Maekawa y Kenzo Tange

Con ocasión del centenario de su muerte, la sala de exposiciones de la Estación de Tokio -pequeña pero muy "modernista"- alberga una retrospectiva de Kunio Maekawa, o lo que es lo mismo, un repaso a la evolución de la arquitectura japonesa del siglo XX. Discípulo de Le Corbusier e indirectamente de Frank Lloyd Wright a través de Antonin Raymond, Maekawa es considerado el padre del modernismo en Japón, y su legado abarca todo un siglo de cambios históricos que de alguna forma dejaron su impronta en un hormigón, cuyas trazas han seguido varias generaciones de arquitectos.

inhouse.jpg The international house of Japan de Maekawa. Fotografía de Koichiro Kanematsu

A Maekawa se le podría considerar el arquitecto oficial del gobierno y de lo políticamente correcto, siempre a cargo de las grandes obras estatales e intentando mantenerse lejos de los vaivenes políticos que podrían dejarle sin trabajo. Durante la II Guerra Mundial, los proyectos de Maekawa para el régimen poco tenían que envidiar a las megalómanas construcciones de Albert Speer. Enormes centros de "intercambio cultural" en Tailandia, edificios gubermamentales en Manchuria, plantas industriales en Japón, ampliación del palacio Imperial o edificios corporativos japoneses en Shanghai fueron algunos de sus proyectos que aunque muchos no pasaron del papel, no cayeron en saco roto. Tras la guerra, las adjudicaciones a Maekawa siguieron fluyendo y su círculo de influencias continuó ampliándose, lo que le valió por ejemplo la construcción de la central del banco Sogo, así como muchas de sus filiales por todo Japón.

bunkakaikan.jpg Interior del Tokyo Bunka Kaikan de Maekawa. Acuarela de Jean-Philippe Delhomme para Casa Brutus, Septiembre 2004

Habitual arquitecto de los pabellones de Japón en diferentes Exposiciones Internacionales, y con gran presencia en la Expo de Osaka, sus obras en hormigón desnudo, de líneas sobrias y sobredimensionadas, creaban un efecto intimidador perfecto para dar presencia a los edificios gubernamentales. Muchas de las sedes de los gobiernos prefecturales, así como auditorios o centros culturales, llevan la marca de esta arquitectura funcional y sin estridencias siempre con el beneplácito de la administración central.

Tras el hormigón llegó el ladrillo, y con el cambio el estilo de Maekawa terminó en mi opinión por volverse gris, pese al colorido almagre del barro cocido. Obras como el edificio Tokyo Marine, el museo metropolitano de Tokio o el museo de arte oriental en Colonia, Alemania, son algunos ejemplos que no pasarán a la historia, de un arquitecto convertido en la sombra de lo que fue y que buscaba reinventarse a si mismo. Por ejemplo, el ladrillo desnudo de colores brillantes del Museo Metropolitano, crea una sensación de agobio visual que desde luego no invita a la contemplación estética. Un museo debiera de caracterizarse por sus paredes lisas de colores apagados, que diluyan y refresquen la mente tras cada contemplación pictórica, vaciándola y relajándola para el siguiente cuadro.

casamayekawa.jpg Interior de la residencia Maekawa

Pese a ser el padre del modernismo y catalizador de las influencias europeas, pienso que su obra más conseguida fue su propia casa. Un ejemplo de conjunción de estilo japonés y funcionalidad modernista, que recrea a la perfección lo que debería de ser la máxima de toda arquitectura: adaptación cultural y con el entorno. Terminada en 1942, su casa guarda el embrión de los módulos habitables prefabricados que establecidos por todo Japón, darían cobijo a muchas de las familias deshauciadas durante la posguerra. Módulos en madera diseñados por un Maekawa en plenitud, que marcarían el patrón de lo que debería de ser una reinterpretación moderna del espacio familiar tradicional.

Los edificios de Kunio Maekawa recogidos en el top 100 de Docomomo Japan:

- Kimura Sangyo Laboratory, 1932. Aomori.
- Nippon Sogo Bank, 1952. Tokyo.
- Kanagawa Prefectural Library and Music Hall, 1954. Yokohama.
- The International House of Japan, 1955. Tokyo.
- Kyoto Kaikan, 1960. Kyoto.
- Tokyo Bunka Kaikan, 1961. Tokyo.

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Enero 15, 2006

Japón vs España

La cita será el 24 de Agosto en Hiroshima. La suerte nos ha sonreído y nos tocará enfrentarnos a Japón, un rival del que no vale decir eso de que es el anfitrión. Tras ganar a Estados Unidos en el Mundial de Indianápolis y a Serbia en el pasado Europeo, lo de enfrentarnos en casa del rival es algo totalmente anecdótico.

grupob.gif

Del resto de equipos, Alemania es el que más preocupa por ser nuestra bestia negra de los últimos años, aunque mejor encontrárnosla en la ronda previa que en cuartos. Nueva Zelanda, la gran sorpresa del último Mundial, será un equipo correoso al igual que Angola, otros viejo conocido. Panamá es una incógnita, aunque si dejó fuera a Puerto Rico es porque tienen un buen equipo.

El grupo me parece bastante asequible, por lo que iré reservando las entradas para los octavos y cuartos en el Saitama Super Arena.

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madriz

De vuelta de la vorágine inmobiliaria en que se ha convertido Madrid, y con la convicción una vez más de que en cada vuelta otro recuerdo ha dejado de pertenecerme, reflexiono sobre esta ciudad canalla que peligrosamente va cerrándose sobre si misma. La proliferación de barrios dormitorios de calles solitarias faltas de comercios, zonas verdes o plazas vertebradoras; en donde sólo la imponente presencia de un enorme e impersonal centro comercial parece dar algo de color, amenaza con aislar aún más el carácter de unas gentes que siempre han tenido fama de abiertas. Los nuevos barrios, lejos de ser modernas construcciones fruto de algún estudioso urbanista, no son más que calcos de los masificados barrios franquistas de obreros, en donde casas de pisos baratos construidas con el mismo molde, ocupaban cuadras enteras en donde era difícil encontrar un comercio o un taller en alguna de sus calles. Con el tiempo los comercios se abrieron paso desde los oscuros sótanos a golpe de pico, aunque su paso ha sido fugaz ante el empuje de unas grandes superficies que han puesto en jaque a unos comercios que más allá de ser proveedores, ejercían la función junto a los bares de ágora del pueblo. Hoy los bares se convierten en franquicias, y desde los sótanos de las nuevas construcciones no salen más que coches.

tribunal_p.jpg

El colorido social de un pueblo siempre habituado a vivir en la calle parece haberse perdido, siendo sustituido por la algarabía de unos inmigrantes que por suerte dan algo de calor humano a las vacías zonas comúnes de esta ciudad que se desmembra, ante la complaciente mirada desde la distancia de unos ciudadanos atrincherados en sus hipotecas con seguridad 24h y pista de paddle.

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Enero 06, 2006

opera omnia

Max: Yo soy un poeta ciego.
El preso: ¡No es pequeña desgracia...! En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.
Max: Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol.

"Luces de Bohemia - Esperpento"

Una noche de Reyes como la de hoy de hace setenta años, vio cadáver a Ramón del Valle-Inclán. Bonito regalo para un grande.

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