Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

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Diciembre 30, 2005

kawa

Todavía recuerdo con nostalgia las riberas verdes del Arakawa, y esos paseos en donde tus pensamientos se enredaban con el horizonte, arrastrados por el mismo viento que susurruba a los campos de arroz.

La huida del tedio dominical, me lleva a veces a coger ese tranvía que arrastra una melodía de campanillas (chin-chin densha) y dejarme caer por alguna pequeña estación de algún perdido barrio de Tokio. Mi úlimo viaje, marcado quizás por la obsesión de un bálsamo de agua fluyendo, acabó frente a un río. El nombre de la estación -Arakawayuenchi-, aunque hacía pensar en el paso del río de igual nombre, encerraba además una sorpresa: parque de atracciones.

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Nada más bajarme de la estación, y a medida que me iba acercando a mi destino, la algarabía de niños y padres iba en aumento. El camino hasta el parque de atracciones está flanqueado por antiguas jugeterías, tiendas de caramelos, y pequeños restaurantes con menú para niños, dispuestos como una red para atrapar las emociones de unos niños que quizás hayan estado esperando toda la semana para tamaña excursión. Precisamente sorprende ver niños, muchos más de los que se ven en un Disneyworld tomado por adultos, y por las filias de unas mujeres con un grave complejo de Peter Pan.

El encanto de los pequeños y antiguos parques de atracciones es algo con lo que nunca podrán competir los enormes e impersonales parques temáticos. En Madrid, el viejo parque de atracciones parece haber ganado la batalla al enorme Warner, aunque si hablamos de parques con encanto, me quedo con el frío olor a moho del parque de atracciones del Monte Igueldo, y sus viejas atracciones que aún hoy, despiertan la imaginación de los más pequeños. Arakawayuen es uno de esos antiguos parques de atracciones, cuyo encanto no reside en estratosféricas montañas rusas, ni en referentes televisivos, sino en la sorpresa de las pequeñas cosas magnificadas por la enorme capacidad de sorpresa de unos niños, descubriendo por vez primera las reacciones de unos animales de granja, o la altanería de unos patos y cisnes ajenos al pan que satura el pequeño lago. Un espacio a la medida de los más pequeños, en donde ensayar tradicionales juegos de verbena al son del dulzón olor a anko (pasta de judías dulces), y sitio en donde compartir esos juegos de tradición oral con desconocidos compañeros, ajenos todavía a la soledad de los videojuegos.

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Tras el pequeño parque, por fin la vista del río que tanto andaba buscando, aunque no era mi buscado Arakawa, sino el Sumida. Antiguamente, Sumida era el nombre dado al río Arakawa a su paso por la capital, aunque hoy en día tanto el Arakawa como el Sumida pasan por Tokio... La explicación es de índole histórica. En agosto de 1910, las fuertes lluvias acontecidas en la región de Chichibu (Saitama) provocaron el desbordamiento del Arakawa (entonces algo desgraciadamente habitual), la consiguiente inundación en Tokio que provocó la evacuación de más de un millón de habitantes y pérdidas millonarias para la época. Bajo la dirección de Aoyama Akira, ingeniero japonés que había participado en la construcción del Canal de Panamá, se llevó a cabo el dragado del río, y la construcción de un segundo afluente que canalizase el enorme caudal. Cuando en 1922 el Arakawayuen fue construido, el río era todavía el Arakawa, aunque cuando por fin terminaron las obras de canalización en 1930, Tokio contaba con dos ríos comunicados: el Sumida y el Arakawa, cuyo curso en ocasiones va paralelo.

inundacion.jpg Tokio anegado en el año 43 del periodo Meiji (1910)

El atardecer se escapaba reflejado en las montañas de apartamentos que flanqueaban un río, sólo transitado por el último vapor que comunica este parque de atracciones con Asakusa. Con el parque ya cerrado, los últimos niños apuraban sus correteos frente al río, bajo la sombra de la inmóvil noria que ya había perdido sus luces de colores. Era entonces cuando el rumor del agua se hacía evidente, y su murmullo acompañaba a los ancianos viandantes del paseo fluvial de este pérdido y tranquilo barrio de Tokio, conocido todavía como Arakawa.

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Arakawayuen es el segundo parque de atracciones en funcionamiento más antiguo de Tokio, tras el de Hanayashiki en Asakusa, fundado en 1853.

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Diciembre 25, 2005

sobras

De entre todas las tradiciones navideñas de Japón, quizás la más peculiar es la del día de navidad. Si la nochebuena del día veinticuatro es una noche de amor, de salir con tu pareja y compartir un pastel de navidad, o cuanto menos de intentar buscar pareja en fiestas a la desesperada como la de Ageha para las personas solitarias (sabishinbo night); el día siguiente es el frío recordatorio para muchas mujeres de que todavía están solas pasado el peligroso ecuador de su fertilidad biológica.

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El día veinticinco los pasteles de navidad se venden a precio de saldo, lo que ha dado lugar a un cruel proverbio. Y no es otro que al igual que el día veinticinco se venden las sobras, las mujeres de más de veinticinco años sin pareja, no son más que eso: sobras.

Un comentario que estos días cobra más fuerza si lo sumamos a la etiqueta de makeinu. Literalmente "perro perdedor", se refiere a mujeres en la treintena que han decidido supeditar su carrera profesional a su vida personal. Son mujeres brillantes que han sabido ascender profesionalmente en una jerarquía masculina, pero que desde el punto de vista de otras mujeres "felizmente" casadas y de una gran mayoría social, no son más que mujeres perdedoras o infelices a secas. Una etiqueta que encuentra su definición amable en el término hitori-sama, palabra usada por los camareros en el restaurante para asignar mesa -¿una persona?-, referida a esas mujeres solitarias que frecuentan lujosos bares y restaurantes, y que se dejan ver socialmente mostrando una elevada clase económica, que para su desgracia, en Japón no es vista con envidia.

EL fenómeno de las makeinu ha llegado a verse reflejado en un video en el Q-front de Shibuya titulado "makeinu manbo", en el que en un sketch virtual protagonizado por perros, se intenta dar una parábola sobre la soledad de las makeinu. Video que si estuviera en su pellejo, me haría sonrojar de ira.

De momento y como viene siendo tradicional en esta sociedad machista, las mujeres callan, y sólo la proliferacion de blogs bajo el tema makeinu-nikki parecen ofrecer cierta reivindicación anónima de una generación, llamada a liderar un nuevo cambio socio-económico en un decrépito Japón.

::: escrito a las 09:26 PM | {comentarios} (3)

Diciembre 23, 2005

penne

Las frases en inglés sin sentido han creado un sublenguaje conocido como "engrish", que no es otra cosa que palabras mal deletreadas, frases de gramática inconexa o significados que fuera de contexto suenan a absurdo. Pero el engrish también debería de ser extensivo a otros idiomas como el italiano, francés e incluso español, utilizados con descaro para dar un toque europeo, pero que en realidad son palabras que "suenan" a estos idiomas, sin significar en realidad nada. Un expolio idiomático en el que el italiano ha sido la víctima más sufrida. Algo que no nos es ajeno, ya que los japoneses también se horrorizan del uso al que se da a los kanji (ideogramas) en occidente, que van desde significados opuestos, ideogramas inventados o incorrectos en su número de trazos. A unos y a otros lo que les preocupa es una estética que no entiende de corrección gramatical, y que queda muy bien en camisetas y demás productos temáticos de merchandising. Y es que si en Occidente triunfa todo lo que lleva kanji, en Japón el tipo helvética es más kakkoi (cool) que cualquier kanji.

El absurdo de este tipo de engrish encuentra su mejor caldo de cultivo en la música. Lo de intercalar una frasecita de inglés en una canción es algo que se hace muy a menudo, aunque los resultados son más bien dispares. Recuerdo un programa de la televisión que se llamaba algo así como "Aprende inglés a través del J-pop", en el que se encargaban de analizar estas frases que todo el mundo conocía, pero que nadie sabía lo que significaba. Algo así como el "wachiwon" de Gwen Stefani. Al final la voz en off del profesor de inglés siempre terminaba por corregir algunas de las frases, o por explicar el significado real de unas palabras que poco tenían que ver con la letra de la canción. Aunque rimar, rimaban.

El último engendro de engrish es el álbum de Otuska Ai -una cantante de J-pop-, titulado "Love Cook". Un título que no sé si lo habrán puesto como mensaje subliminal para todos los "engrish-parlantes". Más fácil hubiera sido una portada alternativa, versión cover de un albúm de fotos gurabia (modelo erótica), de mensaje más directo.

otsukacock.jpg

Mientras editaba la foto para esta pequeña broma, me dí cuenta que la Otsuka se ha unido a la moda de las lentillas extra-grandes. En el gran empeño asiático de tener ojos enormes, el último invento que te libra del quirófano son unas lentillas que sobrepasan el tamaño del iris, creando la sensación de tener unos enormes ojos. Efecto que combinado con el maquillaje adecuado, está triunfando esta temporada.

::: escrito a las 11:09 AM | {comentarios} (5)

Diciembre 21, 2005

En un lugar de Madrid

Sin el permiso de Albert Boadella y Esperanza Aguirre, me he tomado la licencia de modificar el cartel del último espectáculo de "Els Joglars" (sí, ya tengo las entradas), simplemente para ilustrar mi situación geográfica de los próximos días.

enunlugardemadrid.jpg

Si el tiempo lo permite, espero aplicar la limpieza obligada en Japón cada fin de año (ôshôji) a este diario, y rematar muchas de las entradas que tengo a medias, incluidas las de aquel viaje a Kyushu que todavía de vez en cuando viene a mi memoria.

Feliz Navidad para todos.

::: escrito a las 02:50 AM | {comentarios} (4)

Diciembre 12, 2005

rojo

En Japón la política se vive a pie de calle. Para que sirven los mítines partidistas, si al final van sólo los de juventudes, los compromisarios, y cuatro jubilados a echar la tarde. Mejor hacerlos en un espacio público concurrido -en frente de una estación si es posible-, y desde ahí lanzar las proclamas al aire con la esperanza de que alguien se pare y por un momento reflexione. Harto difícil en una sociedad donde el debate político nunca trasciende de la prensa especializada, y en donde sólo los titulares calan en la opinión de la gente. Y si encima les da por repartir octavillas micrófono en mano, una fría mañana de un día laborable, el fracaso está garantizado.

A su favor decir que pocos partidos políticos se dejan caer por mi estación de tren fuera del calendario electoral, por lo que ver a la recién formada sección femenina del partido comunista (kyosanto) fue toda una sorpresa. Más difícil fue conseguir uno de los panfletos. Por lo general, a los extranjeros se les ignora por un motivo fundamental: No importa que sepas japonés ni que tengas la nacionalidad japonesa, o que incluso seas inmigrante de segunda generación, sencillamente no puedes votar. Algo que bien sabe la gran comunidad de coreanos y chinos residentes en Japón. Al menos las de la sección femenina gastan otras maneras que los partidos de ultraderecha, y creo que incluso se alegraron de poder deshacerse de un panfleto ante el pasotismo de una muchedumbre de caras sonmolientas camino al trabajo.

El panfleto era una reproducción de la famosa orden de alistamiento forzoso que se recibía durante la II Guerra Mundial, coloquialmente conocida como "papel rojo" (akagami), por el indistinguible color sanguinolento pegado a un papel de estraza. Para los ancianos del lugar, la simple visión de ese papel todavía evoca pesadillas y recuerdos de una época imperial que muchos creían haber dejado atrás. Sin embargo, lo que hasta ahora eran simples rumores cada vez tiene más visos de cristalizarse. Y no es otra cosa que la reconversión de las fuerzas de autodefensa (jietai) en un ejército con capacidad para tomar un rol activo en cualquier conflicto armado, este o no la seguridad de Japón en compromiso.

akagami_p.jpg

En el reverso, información para un mítin "en familia" con proyección de un documental de producción propia incluido, y un recordatorio sobre la postura de del partido comunisto en todo esto. Que se reduce a "fuera bases norteamericanas de Japón", y cumplimiento estricto de la constitución en cuanto al presupuesto destinado a unas fuerzas de autodefensa, que de ninguna manera deberán de convertirse en un ejército. En mi opinión una postura bastante suave para un partido, que siempre ha estado muy lejos de la Revolución.

::: escrito a las 11:37 PM | {comentarios} (7)

Diciembre 09, 2005

aka Memoirs of a Geisha

Mañana llega a las pantallas japonesas "Sayuri", la esperada adaptación del best-seller "Memorias de una geisha". Y durante esta semana, la prensa ha estado calentando el ambiente ante el estreno de una película sobre la que hay opiniones divididas.

Empecemos por el principio. Por el libro de Arthur Golden. Una novela que sigue los estándares en cuanto a narrativa y estilo de un best-seller cualquiera, y que presenta la vida de una geisha desde una perspectiva en mi opinión bien documentada. El problema es el retrato de unos personajes que son meras cáscaras vacías, y cuyas emociones y formas de pensar, poco tienen que ver con el del kokoro (corazón, alma) japonés. Como si en realidad fuesen occidentales los protagonistas de la trama, bajo la piel de tópicos personajes. Simplemente leyendo algún clásico de Kawabata Yasunari, alguno de los relatos cortos de Mishima, o alguna obra de Chikamatsu Monzaemon, se puede llegar a entender que escribir desde el corazón de un japonés, es algo que no se enseña en ningún master en historia japonesa de la universidad de Columbia.

Sin embargo, el libro llegó a ser traducido al japonés, y tuvo unas ventas aceptables. Partiendo de la base de que la mayoría de los japoneses desconocen su propia cultura, y pocos han leído alguno de los clásicos literarios, la obra de Golden fue para muchos el descubrimiento de unas tradiciones en torno a las geishas, que nunca antes habían sido contadas por televisión.

En cuanto a la película, se supone que caerá en los mismos tópicos de siempre sobre Japón, como ya vaticina el Newsweek. Aunque la parte más sangrante para los japoneses es el reparto chino de la película, representado por actrices con menos carisma en Japón que Tom Cruise. Lo del gaijin bobalicón haciendo de samurai tenía su gracia y su punto entrañable para el público japonés, honrados porque un extranjero mostrase interés por su cultura. De hecho, en cuanto sale el tema los japoneses se apresuran a decirte orgullosos la lista de actores de Hollywood famosos que visitan frecuentemente Japón, enamorados como están de su "cultura". ¿Que hubiese sido mejor una actriz japonesa? Por supuesto. ¿Pero acaso hay alguna actriz japonesa que sea guapa, sepa actuar, bailar y hablar inglés? Lamentablemente la respuesta es no. Como inviable sería realizar la película en japonés, basada en un guión adaptado de una fuente en inglés sobre un aspecto japonés. Delirante.

nwsayuri.jpg En titular, "Los Estados Unidos que malinterpretan Japón"

La película pertenece a ese tipo de películas históricas pasadas por el filtro de Hollywood, estilo "1492", que tienen el único fin didáctico de aleccionar a un público eminentemente estadounidense sobre algún hecho histórico, sin profundizar demasiado, no vaya a a ser que se atraganten con las palomitas. La crítica anglosajona residente en Japón, generalmente benévola con este tipo de filmes, sólo ha criticado algunos aspectos de la ambientación, y el curioso inglés-acento-japonés hablado por los actores. Aunque lo del acento es algo imprescindible, porque gracias al inglés con acento alemán, italiano, francés o español, ahora sabemos por las películas de Hollywood que los nazis hablaban inglés arrastrando las "r", los franceses se dicen I love you frente a la torre Eiffel mientras se comen un croissant, que los italianos hablan todos como los mafiosos de Brooklyn, o que el castellano hablado por Colón nació en el "Little Havana" de Miami.

En fin, menos bodrios de Hollywood y más Woody Allen, es lo que necesita la cartelera japonesa. Por mi parte, quizás vea "Sayuri" cuando salga en deuvedé. Gong Li lo merece.

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Y de propina, una antigua colaboración sobre esta pseudo-literatura japonesa.

ARTHUR GOLDEN Y LA LITERATURA DE “INSPIRACION” JAPONESA
Jorge Larrañaga, 2003

“Memorias de una Geisha”: Best-seller. Récord de ventas en todo el mundo, traducida a tropecientos idiomas (incluido el suahili), y con los derechos comprados para el cine por un tal Steven Spielberg alias “El rey midas de Hollywood”.

En 1997, este best-seller destapó la caja de Pandora de las novelas exóticas de inspiración japonesa y/u oriental. Su enorme éxito, abrió las puertas a multitud de autores dispuestos a enriquecerse aprovechando el fenómeno. Por ejemplo, y por sólo citar a unos cuantos:

-Liza Dalby. Geisha por un año, y que además de contarlo, ha sido capaz de profanar el clásico “Genji Monogatari” con su novela “La historia de Murasaki”.

-Laura John Rowland. Escritora norteamericana de origen chino, culpable de la trilogía sobre las andanzas de un detective en el Japón medieval, cuyo primer caso ha sido “El tatuaje de la concubina”.

-Alessandro Baricco. Un ejemplo más cercano (él es italiano) y casi simultáneo al de Arthur Golden. Su novela “Seda”, un best-seller en España, Francia e Italia.

-Suzanne Visser. La penúltima en llegar con “Sushi”. Aventuras y desventuras de un detective en el Japón Moderno.

-Thomas Raucart (Su verdadero nombre es Roger Paidatz, el seudónimo Thomas Raucat es la traducción fonética de la expresión japonesa Tomarô Ka, que significa “¿Por qué no me detengo aquí?”). Aunque no es un autor moderno, la reciente publicación al castellano de su libro de historias “La honorable excursión”, merece incluirle aquí. Y es que de no ser por esta nuevo gusto por lo oriental, su libro nunca hubiese visto la luz.

El éxito de ventas de este tipo de literatura no es más que el penúltimo coletazo de una moda por lo oriental que lleva varios años entre nosotros. Es la moda de la decoración estilo zen auspiciada por la cadena de tiendas Muji, la moda del sushi y sus fusiones con comidas de todo el mundo, o la moda del manga y el anime concretada en el “medio” Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín que ganó “El viaje de Chihiro”.

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Parece que este tipo de literatura de inspiración japonesa sea la última tendencia en llegar, aunque lo cierto es que con menor o mayor éxito siempre ha estado ahí. Por ejemplo, llama clamorosamente la atención la novela “El bárbaro y la Geisha”, aventuras y desventuras de un gaijin en Japón con amor de por medio, libro que incluso fue llevado al cine en 1958 de la mano de John Huston, y protagonizada por el mismísimo John Wayne. Merecería la pena dedicar otro artículo sobre el cine de inspiración japonés, aunque me temo que eso es otra historia y mucho más larga. Centrándonos sólo en la literatura, sorprende comprobar la ingente cantidad de libros de inspiración japonesa existentes, y aunque no es objeto de este artículo el hacer una enumeración de todos, si que es curioso observar que este tipo de literatura comparte una serie de características comunes, que se repiten casi invariablemente en cada libro:

a) Explotan el lado más exótico y folclórico, por lo que sus historias se centran en geisha, samurai, ninja, actores de kabuki interpretando papeles femeninos, etc.

b) El carácter de los personajes responden al tópico bien establecido de cómo es el comportamiento del japonés tipo. Así encontramos que todos darán su vida por el grupo, respeto de un estricto código de honor llevado al paroxismo, suicidios frecuentes (seppuku), amores comedidos, sentimientos ocultos, respeto a la jerarquía, y así hasta cubrir todas las generalidades históricamente atribuidas al pueblo japonés.

c) Uso de una simbología común. El monte Fuji siempre omnipresente, puentes rojos, grandes linternas de papel o de piedra por doquier, kimono, obi, y cualquier objeto de la vida cotidiana japonesa, siempre usando su término en el original japonés (romaji), y acompañado por párrafos de profusas descripciones para deleite de los neófitos y tortura de los iniciados, ya que no dejan de ser una forma de llenar páginas gratuitamente.

d) Algunos relatos usan como hilo conductor la figura del gaijin de turno que queda sorprendido y maravillado por el exótismo de una cultura tan lejana, que por lo general, suele encarnarse en la figura de una “delicada” japonesa arraigada al convencionalismo representado en la figura de un rígido padre.


En contra de lo que pudiera parecer, las pifias referidas a errores históricos o de ambientación son más bien escasas, aunque siempre hay excepciones. Y es que como único motivo de consuelo de este grupo de autores, es que suelen documentarse bastante bien, siendo muchos de ellos verdaderos expertos en cultura japonesa, como por ejemplo Arthur Golden, que estudió en Harvard y en Columbia. Pero entonces, aparte de los puntos arriba expuestos, ¿Qué es lo que falla?.

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El conocimiento de una cultura no se debe ni mucho menos al conocimiento de su idioma, ni a la lectura casi memorística de textos clásicos y ensayos reveladores. Hay que ir más allá, al verdadero corazón de la sensibilidad, a lo que en Japón se denomina como shûkyôshin (宗教心). La literatura de inspiración japonesa carece de esto, y aunque intenta acercarse a esta sensibilidad, sus personajes no dejan de ser vacíos, reduciéndose a exóticos envoltorios incapaces de sentir genuinamente como un japonés. Y es que lograr imbuirse en la esencia de la cultura japonesa es algo, que hasta ahora, contados novelistas extranjeros han logrado.

De entre estas excepciones, el más destacado sea quizás Lafcadio Hearn. Gran estudioso de Japón, sus libros son documentos únicos y vívidos sobre el Japón Meiji que sin duda permanecerán para siempre. Hearn, aparte de cronista, fue también escritor. En su libro “Fantasmas de la China y del Japón”, aunque no hace más que recoger cuentos populares, los reescribe a su manera, con un estilo barroco y romántico para algunos, pero delicioso para todos.

Un paso por detrás podríamos situar a los traductores, ya que ellos en última instancia, también necesitan de un conocimiento de la sensibilidad japonesa para captar y traducir los matices de una lengua tan diferente a las occidentales. Y sin duda, el mejor quizás haya sido Arthur Waley y su celebrada traducción del "Genji Monogatari". Ni las académicas traducciones realizadas por Seidensticker, Royall Tyler, Helen Craig McCullough o Ivan Morris han podido alcanzar el grado de virtuoso preciosismo y sublime poesía que alcanza la de Waley, capaz de indagar en las mismas raíces del corazón japonés (nihonjin no kokoro no furusato). Y aunque sólo sea por poner un ejemplo en lengua castellana, citemos a Octavio Paz, que supo reinterpretar como nadie la esencia contenida en los haikus de Bashô.

De entre los autores actuales, quizás habría uno que podríamos “salvar de la quema”: Kazuo Ishiguro. Aunque nacido en Nagasaki, a los seis años emigró con su familia a Inglaterra, donde recibió una educación totalmente británica, por lo que sus libros son en inglés. Cabe preguntarse si esos seis años en Japón, o el hecho de tener raíces japonesas le confieren cierta ventaja respeto a los demás para entender el corazón japonés. Y aunque todavía lejos de los escritores japoneses cuando trata temas sobre Japón, es un escritor de cierta fama del que incluso se ha llevado una novela suya al cine: “Lo que queda del día”, en 1993, protagonizada por Anthony Hopkins y Emma Thompson.

Y para concluir, una recomendación que por si sola es evidente. La literatura es una excelente vía para el descubrimiento de la cultura japonesa, aunque eso si, dejemos de lado esa literatura de inspiración japonesa tan de moda, y aprendamos de geishas, samuráis y demás iconos de la cultura japonesa, sino a través de los clásicos, si al menos a través de los contemporáneos: Saikaku Ihara, Tanizaki Junichiro, Mishima Yukio, Kawabata Yasunari, por citar sólo alguno de los autores que mejor trataron estos temas.


Bibliografía citada

- BARICCO, Alessandro (2002): “Seda”. Ed. Anagrama, Barcelona.

- BASHO, M (1981): “Sendas de Oku”, versión de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya. Ed. Seix Barral, Barcelona.

- DALBY, Liza (2001): “Geisha”. Ed. Grijalbo Mondadori, Barcelona.

- DALBY, Liza (2002): “La historia de Murasaki. Una cortesana en el palacio imperial””. Ed. Grijalbo, Barcelona.

- GOLDEN, Arthur (1999): “Memorias de una Geisha”. Ed. Alfaguara, Madrid.

- HEARN, L. (1917): “Fantasmas de la China y del Japón”. Ed. América, Madrid.

- HEARN, L. (1986): “Kokoro: Ecos y nociones de la vida interior japonesa”. Ed. Miraguano, Madrid.

- ISHIGURO, Kazuo (1998): “Pálida luz en las colinas”. Ed. Anagrama, Barcelona.

- ISHIGURO, Kazuo (1998): “Un artista del mundo flotante”. Ed. Anagrama, Barcelona.

- PAYNE, Robert (1977): “El bárbaro y la Geisha”. Ed. Noguer y Caralt, Barcelona.

- RAUCART, Thomas (2002): “La honorable excursión”. Ed. Maeva, Madrid.

- ROWLAND, Laura Joh (2002): “El tatuaje de la concubina”. Ed. Salamandra, Barcelona

- VISSER, Suzanne (2002): “Sushi”. Ed. Ediciones B, Barcelona.

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Diciembre 08, 2005

/hk

Japón y China están condenados a encontrarse. Y aunque en el tema político-económico las diferencias todavían parecen irreconciliables, el flujo cultural entre los dos países es cada vez mayor. Algo que sin duda limará esas pequeñas diferencias sociales, ayudando a la larga a un mejor entendimiento.

manos.gif "Hands" de Kin-Wai Chau

Hasta hace bien poco, Japón ha ocupado una situación de hegemonía cultural en toda Asia. La influencia se hacía palpable en todas las artes, que veían en la copia japonesa una sofisticación de la que carecía el arte autóctono. Tras la asimilación y aprovechando la "bonanza" económica que vive la región, por fin el flujo cultural se ha vuelto bidireccional, y lo que se cuece en ciudades como Shanghai y Hong Kong es seguido con atención por los medios locales japoneses. Han sido muchos los especiales sobre Shanghai aparecidos en revistas de muy distinto pelaje, aunque todas coincidieron en resaltar el dinamismo de una ciudad rebosante de juventud y buenas ideas, ajena de momento a los vaivenes de un mercado que cada vez asfixia y uniformiza más el mundo del arte en Japón. Una situación, la japonesa, que también se da en Hong Kong. La antigua colonia británica, excepción cultural dentro de la china maoísta, representa una posición enquilosada dentro del panorama del diseño actual, que se limita a seguir los pasos establecidos por Japón y Europa, en una posición muy conservadora resultado de su larga experiencia como economía de mercado. Se quejan los diseñadores y artistas de Hong Kong de esta uniformidad en donde la originalidad brilla por su ausencia, y todo se supedita a los estudios de mercado bajo la sombra de lo políticamente correcto.

El especial de +81 sobre esta ciudad, titulado "Asian creatives: Hong Kong Now", y publicado en plena resaca tras la bienal, es un intento por ofrecer lo más alternativo de una ciudad que lucha por encontrar su identidad en algún remoto punto entre Oriente y Occidente. A tenor de lo visto, globalmente aportan poco a la escena artísitca internacional, y sólo algunas individualidades (muchas no nativas) consiguen aportar algo nuevo a la escena artística de una ciudad condenada a ser la eterna ciudad de los negocios, en donde no tiene cabida el arte.

plus81.jpg

Lo mejor sin duda de esta ciudad es Wong Kar Wai. Nacido en Shanghai, se trasladó con su familia a Hong Kong cuando tenía cinco años, ciudad que le adoptó y a la que cautivó siendo un clásico de los Hong Kong Film Awards. De Wong Kar Wai poco queda por decir que no se sepa, un punto compartido por los editores de +81, que decidieron centrarse en el equipo que le rodea. Un grupo de creativos que llevan con Wong Kar Wai desde sus primeras películas, y que como él mismo reconoce, son esenciales en el proceso creativo de sus películas, y parte indisoluble de su éxito y de su tan personal estilo.

William Chang, mano derecha de Wong Kar wai, es un reputado director artístico que abarca desde el diseño de producción, al vestuario o incluso el montaje. Toda una institución en Hong Kong, y ejemplo a seguir por muchos jóvenes cineastas. Cristopher Doyle y Wing Shya se reparten las funciones como directores de fotografía de unas películas de particular textura, que deben de seguir las abstractas indicaciones de Wong Kar Wai. Cuentan por ejemplo que para "In the mood for love", Wong Kar Wai les dijo que quería una "atmósfera roja"... Tras probar diferentes tipos de película, finalmente eligieron el de una pequeña compañía de Nueva York, cuya película recordaba a las texturas de los años 60, con la mala fortuna de que ya no producían ese tipo de película y la compañía estaba al borde la quiebra. Afortunadamente consiguieron hacerse con los últimos 200 rollos de una compañía que desapareció finalmente.

Entrevistas aparte, resulta interesante también una pequeña guía de Hong Kong, para aquellos viajantes que buscan algo más que el nuevo Disneyworld.

Pequeño directorio de artistas/diseñadores/fotógrafos en Hong Kong

- Kan Tai-Keung & Freeman Lau
- Alan Chan
- Hon Bing-Wah
- Tommy Li
- Stanley Wong
- Hung Lam
- Kabo
- Kenneth To
- Lio Beardsley
- Benny Luk
- Victor Cheung
- Francis Lam
- Kin-Wai Chau

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Diciembre 01, 2005

caja tonta

Desde hace casi dos años, las campañas de publicidad del televisor de plasma Aquos de Sharp, llaman la atención no por su su estilizada composición (que también), sino por su esfuerzo integrador de un aparato tan voluminoso en los hogares japoneses. O al menos eso se desprende de unos anuncios que siempre siguen la misma temática: Un edificio arquitectónicamente singular, una cuidada fotografía, y una vieja gloria en kimono.

Tradición frente a modernidad es el gastado eslógan que se desprende de unos anuncios que parecen querer enseñarnos que la fusión entre espacios estéticos tan alejados puede lograrse. Craso error. Porque si hay algo que precisamente sorprende, es la desproporción entre el gigante televisor de plasma y el espacio que le rodea. Como si hubiese un elemento ajeno que perturbarse la belleza de unos paisajes empequeñecidos por el gran agujero que es el LCD negro de la pantalla.

Y si pese a los esfuerzos integradores de la publicidad, la diferencia se hace tan claramente perceptible, su extrapolación a un casa japonesa de verdad (y no de anuncio) puede ser un atentado estético en toda regla. El ambiente social influye en el desarrollo tecnológico, y Japón en este sentido no es una excepción. La razón por la que en Japón se invertía en televisores en alta definición, mientras que en Estados Unidos la tecnología pasaba por enormes televisores es bien simple: una cuestión de espacio. Las casas japonesas son ratoneras en comparación con las enormes mansiones de los suburbios estadounidenses, lo que se refleja en el tamaño de la habitación en donde se ve la televisión. Un estudio demostró que la distancia desde la que se veía el televisor en estados unidos era mucho mayor que la de Japón, simplemente por una cuestión de proporción en cuanto al tamaño del salón de casa. Por tanto, una televisión de alta definición poco sentido tendría en Estados Unidos, cuando el cambio sería casi imperceptible desde la distancia a la que se ve la televisión, mientras que en Japón la alta definición si que sería justamente apreciada.

Ahora bien, alta definición en un enorme televisor de plasma es algo que sencillamente no "cabe" en la sociedad japonesa. Y mucho menos en una idílica habitación de tatami como quiere hacernos creer Sharp.

Pienso que el mayor avance tecnológico posible es que sea imperceptible y se confunda con el medio que nos rodea. Y si es inevitable que el aparato sea visible, al menos esconderlo o hacerlo pasar por algún objeto de diseño. O lo que es lo mismo, recuperar los principios de la Bauhaus, para conseguir la tan buscada reconciliación entre funcionalidad y belleza.

Los quebraderos de cabeza de Tanizaki Junichiro por adaptar a una casa tradicional japonesa avances como un ventilador o una lámpara -reflejados en su famoso "Elogio de la sombra"de principios del siglo pasado-, no serían nada si hubiese sabido del cambio que supondría la llegada de la televisión. De golpe, un enorme aparato invadió el limitado espacio contenido en cuatro tatami y medio (yojôhan), rompiendo toda la disposición jerárquica de una familia que hasta entonces giraba en torno al kotatsu (mesa camilla), cediéndole a la televisión el papel de un convidado de lujo al que todos prestaban atención.

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Con el tiempo, la televisión terminó por salir del inhóspito tatami, para adaptarse entre las librerías de una habitación de estilo occidental, y más recientemente, camuflada bajo el cromado de algún portátil de última generación. Y es que en una habitación de tatami, sólo el tokonoma tiene el privilegio de destacar. Un principio que parece haber sido olvidado, o supeditado a una fiebre tecnológica que en mi opinión, nunca podrá ofrecer la belleza de un pequeño y cuidado jardín, visto tras los shoji de una desnuda y cálida habitación de tatami.

Referencias

"Elogio de la sombra". Junichiro Tanizaki. Editorial Siruela, 1994

"Do Android Crows Fly Over the Skies of an Electronic Tokyo? - The Interactive Urban Landscape of Japan". Akira Suzuki. AA publications, 2001

(La fotografía en blanco y negro pertenece a esta última referencia)

::: escrito a las 11:44 PM | {comentarios} (5)