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Noviembre 30, 2005
always
No se como lo hago, pero de nuevo terminé viendo uno de los melodramas de la temporada: "Always", o también subtitulada como san-chôme no yûhi, en referencia al atardecer desde una cuadra de un barrio. La verdad es que ver películas japonesas se pone difícil, ya que la otra opción era el destrozo que por lo visto han hecho al adaptar la famosa novela de Mishima Yukio "Nieve de primavera", reduciéndola a un insulso drama pastelón pese a contar con Pin Bing Lee como director de fotografía, el mismo de "Deseando amar" o "Millennium Mambo" . No se podía esperar más de Yukisada Isao, director de entre otras la lacrimógena "sekai no chûshinde ai wo sakebu". Y aunque el director tenga mucho que ver, parte de la culpa recae también en la adaptación realizada por una "escritora" de unos 22 años (no recuerdo su nombre), a la que sin duda el proyecto parece haberle venido un poco grande. Esperemos que no les de al mismo equipo por adaptar toda la tetralogía de "El mar de la fertilidad"... Seguro que Mishima debe de estar revolviéndose en su tumba de sólo pensarlo.

Desde hace tiempo viene intuyéndose en Japón cierto gusto retro por recuperar la historia más reciente. En especial, la de aquellos años de triunfo y superación que fue el periodo de posguerra. Ahora que faltan dos años para que la generación del baby-boom se jubile en masa, y se produzca el temido cataclismo del sistema de pensiones, es hora de homenajear -antes de que pierdan la memoria-, a esos anónimos héroes que contribuyeron a convertir un país arrasado por la guerra en una potencia mundial. Parece que la tendencia se hace extensiva a España, donde también recientemente las series de televisión y películas sobre la Transición crecen como hongos. Pero mientras que en España este tipo de revisiones históricas van indisolublemente unidas con la política, en Japón esta brilla por su ausencia. Y no precisamente porque no hubiese manifestaciones políticas en la época, sino porque todo ha quedado reducido a la visión simplista de una historia de superación colectiva, sólo al alcance de una sufrida raza como la japonesa. Encubierta la política de este modo, no extraña que se aluda demasiado a la "excepcionalidad" japonesa (en todos sus sentidos) para explicar muchos de los triunfos (y también fracasos) de un pueblo no tan diferente a otros.
Como sucede en estas producciones aptas para todos los públicos tipo "Cuéntame", la historia muestra la felicidad de una generación que empieza a salir de los rigores de posguerra, para comenzar a disfrutar de grandes adelantos como la televisión, el frigorífico o la lavadora. Basada en 1958, año en que se terminó la torre de Tokio, "Always" cuenta las historias de varias familias que viven precisamente en el distrito contiguo al de la Torre. Es una historia coral basada en la vida de diferentes arquetipos: Una familia que posee un pequeño taller mecánico; un frustrado escritor que alterna su trabajo en una tienda de caramelos con la escritura de novelas baratas; un médico que perdió a su familia en la guerra; una chica de alterne obligada a pagar las deudas contraídas por la enfermedad de su padre; y una avispada adolescente llegada de Aomori a la gran capital para trabajar. Personajes bastante estándar que recogen parte del espíritu "amable" de la época, pero que desde luego no trazan con realidad un periodo en donde los escritores eran más cínicos; abundaban las pan-pan girls (prostitutas al servicio del ejército de ocupación); muchos de los llegados de zonas rurales no encontraban trabajo y vagabundeaban en torno a la estación de Ueno; había mafias enriquecidas por un mercada negro a punto de desaparecer o por el floreciente mercado del sexo; y sobretodo las cicatrices por la reciente guerra seguían abiertas, por ejemplo en el drama de muchas familias desechas por la guerra que todavía esperaban el regreso de alguno de sus miembros, quizás atrapado en algún punto entre China y Rusia, abandonado por Japón y esperando una deportación que quizás nunca llegaría.

Un clima de miseria que si bien no es representado por la historia, si es captado por una cuidada ambientación. Y es que sin duda el punto fuerte de esta película es la esmerada dirección artística, y el esfuerzo en efectos especiales realizado para mostrar a todo color como era el Tokio de la época. Color por cierto que se ha conseguido al revelar la película con el procedimiento conocido como Tohoscope, que no es más que la versión japonesa del famoso Cinemascope. Sin duda parte del mérito recae en el propio director, y en su pequeña compañía de efectos especiales (Shirogumi) que se ha encargado de la producción. Además de espectaculares vistas de la construcción de la Torre de Tokyo, de amplios planos con calles llenas de coches y de gente, o de la recreación del interior y el exterior de la estación de Ueno, destaca la reconstrucción del barrio donde viven los protagonistas, que refleja a la perfección la suciedad, el abandono, e incluso las estructuras dañadas todavía por la metralla de los bombardeos. Pero también los protagonistas visten con gastados jerseys con pelotillas, sucios pantalones, e incluso con unas caras ennegrecidas por el trabajo duro y el polvo proveniente de unas calles sin asfaltar. También resulta original que no se haya recurrido a la tradicional voz en off del niño que se ha hecho mayor, un recurso demasiado gastado en estas producciones nostálgicas. Aunque del niño protagonista, eso sí, no nos libramos y por partida doble. Afortunadamente los pequeños actores Koshimizu Kazuki y Suga Kenta bordan sus personajes con una naturalidad y una frescura pícara que hacía mucho tiempo que no veía. Todo lo contrario que una Koyuki que de nuevo y haciendo honor a su nombre, muestra una frialdad en su actuación que hace poco creíble a su personaje. Del resto de elenco, un trabajo correcto en donde se nota química entre ellos.

Detalles todos que ayudan a meterse en la película y ser partícipe de esos momentos de felicidad en la miseria, que aunque no vividos permanecen en nuestro inconsciente colectivo. Y es que una escena como la llegada del primer televisor al barrio, suponía un acontecimiento vecinal no muy distinto del vivido en España, que te hace reflexionar sobre como en el fondo todos compartimos los mismos referentes culturales. Bendita globalización.
Si es usted un turista nostálgico y amante del cine, sin duda este TOUR basado en "Always" es de obligación en su próxima visita a Tokio.
Noviembre 29, 2005
Beaujolais

El vino francés Beaujolais Nouveau ya forma parte de la larga lista de nuevas tradiciones japonesas adaptadas de occidente, como el día de navidad o San Valentín. La tradición francesa dice que este vino joven procedente de uvas recolectadas en Septiembre, debe de consumirse el tercer jueves de Noviembre. Ocasión que en Japón se ha hecho coincidir con la celebración por la llegada del kôyô (hojas rojas de los arces), y que en el fondo es una fiesta de trasfondo romántico celebrada por cada vez más parejas. Y es que sin llegar a los niveles de ocupación hotelera del día de navidad, la llegada del Beaujolais hace difícil conseguir una habitación en alguno de los numerosos love hotel de Tokio.
Ese día, todos los restaurantes y cafés sin distinción ofrecen este vino, que posee un color que casa a la perfección con el de las hojas de arce. Japón consume la tercera parte de la producción mundial de Beaujolais Nouveau, y es de lejos el primer importador de un vino que no ha logrado abrirse mercado en países de gusto más exquisito como España, y que cada año baja sus ventas. El año pasado por ejemplo, más de doscientos mil hectolitros de este vino fueron destilados para convertirse en vinagre o alcohol industrial, lo que ha contribuido a bajar un poco los precios de la cosecha de este año.
Pese al empuje de Japón y su prometedora incursión en China, nos encotramos ante un vino sobrevalorado, por la simple razón de que para el estreno mundial se requiere transportarlo en avión. Por tanto, el encarecimiento debido al transporte termina por poner al mismo nivel un vino barato como este, con un crianza. Aunque gracias a la envidiable mercadotecnia francesa, los japoneses lo disfrutan como si de una obligación estacional se tratara.
Noviembre 28, 2005
papel de periódico
Repartir periódicos en Japón poco tiene que ver con ese idílico trabajo adolescente de ir tirando periódicos con mala leche desde tu BMX, y menos aún con la versión adulta interpretada por Chris Elliot en el clásico de televisión "Get a Life" o "Búscate la vida" en la versión española.
En Japón, es un trabajo a tiempo completo y de dedicación casi exclusiva que no se limita sólo a repartir el consabido periódico de la mañana. Cada barrio dispone de un centro que cubre las necesidades informativas de la zona, que es además una residencia para los empleados. Los horarios de trabajo convierten a estos centros en algo parecido a un cuartel de bomberos, donde los trabajadores viven, duermen y haraganean en torno al edificio a la espera de que los camiones traigan el papel recién impreso. Un trabajo que es cada vez más desempeñado por inmigrantes, que ven una oportunidad perfecta para poder trabajar y vivir sin demasiadas preocupaciones. Por ejemplo en mi barrio, son los chinos y filipinos los encargados del duro reparto nocturno.
Tras descargar el camión que trae la prensa del día, se procede al embalaje de cada periódico con su correspondiente publicidad, y se carga en alguna de las bicicletas o motocicletas que esperan frente al "cuartel". Alrededor de las 3 de la mañana comienza la ronda por el barrio, y si tienes un sueño ligero, casi inevitablemente oirás el sonido intermitente del motor de la moto al ir parándose en cada casa, o la carrera del repartidor al ir subiendo los pisos de tu edificio. Sonidos que vienen a indicarte que en esa noche de insomnio, ya va siendo hora de intentar dormir antes de las primeras luces.
Tras el trabajo, de vuelta al dormitorio y a dormir hasta por la tarde. Aunque hay mucha menos gente suscrita al periódico de la tarde, es entonces cuando también se procede al reparto de los "extras". Si en España el periódico dominical se compra al peso según los regalos que contenga, suscribirse a un determinado periódico en Japón también depende de las promociones. Cada semana los repartidores distribuyen desde bolsas de basura con el logo del periódico, a detergentes, jabones, papel albal, bolígrafos, cuadernos, o cualquier otro objeto de uso cotidiano que ayude a dar "utilidad" al periódico. La competición entre periódicos es feroz, y el regalo recibido a la hora de suscribirse es determinante para muchos lectores.
Son también los repartidores la gente que lleva el pulso al barrio, y que en cierta manera controlan la llegada de nuevos vecinos. Recuerdo que en el mismo día de la mudanza, me estaba esperando un ejemplar de un periódico, que recibí gratis durante una semana. Tras el periodo de prueba, la consiguiente visita con muestras de los regalos que podría recibir si me suscribía. Al quiebro de que leer un periódico en japonés era demasiado difícil para mi, el repartidor respondió con una selección de periódicos en inglés, de la que sólo pude escaquearme diciéndole que si me conseguía un periódico en español me suscribiría con mucho gusto. Afortunadamente no tenía respuesta para mi petición, y ya no volvió a intentar la venta. Ahora sólo me queda librarme del cobrador de la NHK (televisión pública japonesa), aunque esa es otra historia...
Noviembre 18, 2005
sento
Ya casi llegó el invierno. Las hojas se tiñen de sangre en un último suspiro, como si ese rojo fuego fuese capaz de calentar algo más que las retinas. La bajada de temperaturas se siente en la calle, y en como los veraniegos puestos de yakitori comienzan a ser sustituidos por los primeros puestos callejeros de oden. Es tiempo también de ver como muchos yatai (restaurantes en la calle) comienzan a cerrar sus cortinas, intentando crear un ambiente un poco más cálido para el cliente en busca de un ramen o un sake caliente para combatir el frío.
Hoy el frío me ha llevado a dar por inagurada mi particular temporada en el sento (baño público). A menos de cinco minutos de mi casa hay dos sento de nueva planta encajados en edificios de apartamentos que dejan bastante que desear. No es que sean sucios, caros o incómodos. Simplemente les falta el encanto de los viejos establecimientos, como la onmipresente figura del monte Fuji. En el primero que fui, las paredes estaban ocupadas por un psicodélia de motivos espaciales y el agua estaba en torno a los cincuenta grados. Demasiado caliente para mi gusto. Además, que hubiese también una sauna (por la que es famoso este establecimiento) no me encajaba en mi idea de baño público. En el segundo, surrealistas mujeres bastante horteras intentaban dar algo de originalidad a las paredes, aunque simplemente contribuían a acrecentar la sórdida imagen de un sento vigilado además por un circuito cerrado de cámaras de televisión.

Fue en este último sento en donde un amable viejecillo me confeso medio susurrando que a él tampoco le gustaba este sento, pero que no le quedaba otro remedio porque es donde venían sus amigos. También a media voz me indicó donde estaba su sento favorito, y ya en la zona de baño me explicó que lo de enjabonarse antes de meterte en el agua caliente es un invento nuevo. Primero has de meterte hasta el cuello de una forma escalonada pero breve, después te enjabonas, para tras aclararte poder luego disfrutar todo el tiempo que quieras dentro del agua caliente.
Localizado dos nuevos sento a unos diez minutos de mi casa, hoy decidí probar la recomendación del simpático anciano: un sento de los de antes con su chimenea desafiante, bien conservado y regentado por una pareja de ancianas hermanas que cada dos por tres entraban a la zona de hombres a limpiar o quizás a vigilar... Aunque antiguo, esa pátina producida por el uso constante y cuidado, contribuye a dar solemnidad a un establecimiento presidido, esta vez sí, por una vista del Fuji "sostenido" por publicidad de los diferentes sento de la zona. El agua esta a unos soportables cuarenta y cinco grados, y el baño del día de lavanda me ha dejado un confortable olor en el cuerpo.

Después del baño mientras me relajaba tomando leche envasada en una botellita de cristal, frente a un enorme televisor de plasma totalmente fuera de lugar, pude comprobar como los cantantes de enka (canción tradicional japonesa) poco se diferencian de nuestras folclóricas. En un programa de variedades casposo muy al estilo de Jose Luis Moreno, los cantantes de enka embutidos en brillantes y horteras trajes con mucha purpurina, se emocionaban, envalentonaban, lloraban y hacían gallitos como una Rocío Jurado cualquiera, ante la emocionaba parroquia local que seguía con verdadero interés las canciones de tiempos pasados. Y es que, el que la entrada para mayores de sesenta años sea gratuita, contribuye sin duda a convertir este sento en un simpático "hogar del pensionista", en donde sólo se echa de menos una mesa de Mahjong, que de seguro daría mucho "juego"...
FOTO 1: Típica pared de sento con su Fuji pintado, y debajo los anuncios de establecimientos de la zona. Tomada del museo de arquitectura al aire libre
FOTO 2: Una foto tomada a hurtadillas del sento del que hablo. Se ve su banca de tatami, su báscula, su pulida y gastada madera, y desgraciadamente el Fuji esta tapado por las nubes de vapor...
Noviembre 14, 2005
late night
En horario de madrugada y tras las noticias, la televisión japonesa muestra todas sus miserias. Es hora de asistir a zafios espectáculos vejatorios, debates de dudosa credibilidad y demás telebasura de consumo dirigida por una galería de personajes cuanto menos extravagantes. Desde cómicos sin escrúpulos a personajes sin dignidad tratados como animales, estrellas del porno metidas a jueces de familia, y meretrices elevando su caché catódico o simplemente buscando encubiertamente los favores de alguna estrella de segunda fila.
En uno de estos debates, cuatro estudiantes de la Universidad de Tokio fueron invitadas para contar los entresijos de esta sagrada institución. El objetivo era romper algunos tópicos, principalmente el de que hay pocas mujeres y las que hay no son de buen ver. Y vaya que si lo consiguieron, porque nunca había visto a ninguna estudiante así en el campus. El debate empezó con poco interés, las cuatro era bastante modositas y a las preguntas un poco subidas de tono del presentador, contestaban con risitas intentando esquivar el tema. Sin embargo, el debate tenía truco, ya que de las cuatro estudiantes, una no lo era. Habían metido a una actriz porno infiltrada para dar un poco de juego al asunto, que finalmente logró que las verdaderas estudiantes se soltaran, y empezaran a contar todas las intimidades de una universidad. Terminaron compitiendo entre ellas para ver quién hacía el comentario más tórrido o la afirmación más escandalosa, como si de un programa del corazón se tratase. Todo por el morbo.
Hablaron de unas facultades infestadas de chicos otaku, con los que es imposible mantener una relación normal, y como deben de conseguir sus ligues en alguna universidad privada. También hablaron de como muchas de las estudiantes, tras una infancia dedicada a los estudios, al llegar a la universidad se liberan con resultados un tanto desastrosos. Su inexpereriencia en temas de moda y maquillaje, explicaría que en su primer año de carrera vayan todas como unos adefesios. En su segundo año la situación se normaliza, porque descubren que con sólo copiar alguna revista de moda es suficiente, aunque el resultado es bastante artificial como demostraron las propias invitadas encajadas en unos disfraces que llevaban con poca soltura.
El debate se fue poniendo caliente, y empezaron a contar como muchas de estas mujeres que descubren la vida, entran en una espiral de promiscuidad, alcohol y demás comportamientos lascivos sin freno, que ponen en entredicho el prestigio de una supuesta estudiante de élite. El laxo nivel acadmémico provoca que esta etapa universitaria sea en realidad como una "universidad de la vida", o el momento de la primera borrachera, el primer beso, la pérdida de la virginidad... una situación que me recordó a la de aquellas estudiantes españolas, que tras estudiar en un rígido colegio católico de provincias, llegaban a Madrid para estudiar en la universidad, y a pesar de vivir en un Colegio Mayor católico y estudiar en alguna universidad de ideología afín, perdían el control y caían en pecado, aunque sus padres nunca llegaban a enterarse de la doble cara de estas "niñas bien".
Noviembre 07, 2005
Kitano´s medore
En los karaokes, el término medore se refiere a una canción que no es sino una mezcla de los grandes éxitos de un artista. Algo parecido a lo que ocurre en la última película de Kitano Takeshi. Como si fuera un burla a la crítica y a todos aquellos estudiosos de su cine, que sobretodo en occidente le han colacado en un pedestal, Kitano recurre a su lado más canalla y se burla de todos ellos haciendo un encubierto homenje a muchas de las escenas más famosas de sus películas, y abusando de las actitudes de sus famosos personajes yakuza. En cierto sentido, esta pelícual que sigue la línea cómica de su anterior "Minna yatteruka!" ("Getting Any?"), muestra su doble naturaleza a una crítica occidental, no acostumbrada a la vis cómica de ese gran bufón que es Beat Takeshi. Además, la película comienza y termina con un rubio marine norteamericano apuntando a Kitano, como si fuese una premonición a como la crítica y parte del púbico occidental vilipendiaría a esta película. En su todavía breve paso por festivales, las críticas no se han hecho esperar y en el festival de Venecia por ejemplo, un crítico afirmó que "a todos nos gustan los sueños de Kitano, pero no somos su psicoanalista", mientras que en el pase para el público, muchos reclamaron su dinero a la salida.

En "Takeshis", la trama gira en torno a dos personajes que no son sino dos alter ego de la misma persona: Kitano Takeshi y Beat Takeshi. Es esta sin duda la película más autobiográfica de Kitano Takeshi, en donde el mismo se ve reflejado tanto en el pasado, como en un futuro posible. Beat Takeshi es la cara pública, el personaje de un duo cómico que ha alcanzado notoriedad como actor y director de cine gracias a sus películas sobre yakuza. En el otro lado, Kitano Takeshi, quizás el personaje que encarna los duros comienzos por abrirse camino en el mundo de la farándula, o la representación de un posible fracaso. Un personaje que trabaja en un konbini y vive una vida gris, en donde su único sueño reside en convertirse en actor, yendo persistentemente a numerosos casting. En uno de estos casting se cruza con Beat Takeshi, su doppelgänger, lo que desencadena surrealistas sueños y alucinaciones varias, en donde todos los personajes alternan sus papeles en una espiral de pasados perdidos y futuros posibles.
Hasta casi el final, la película mantiene el ritmo y la frescura de su planteamiento, dejando brillantes escenas como la de un casting para un papel de un empleado de un restaurante de ramen de pose yakuza, en donde se presentan una banda de verdaderos yakuza dispuestos a lograr el papel. O el dúo fromado por un siempre excepcional Terajima Susumu y una Kyono Kotomi que hace lo que puede, también resultan interesantes. Y por supuesto el propio Kiano Takeshi que en un excelente ejercicio interpretativo logra hacer de si mismo con naturalidad. Sin embargo, hacia el final la película entra en una cascada alucinógena en torno a un bicho, con una escena en un bar interpretada por Miwa Akihiro, que recuerda a una película de David Lynch. Estos elementos y la catársis de violencia del propio Kitano, desvirtua a una película que podría haber sido un gran film. Por eso hay que entenderla como una sonora carcajada de Kitano ante la crítica, y como una declaración de principios sobre la libertada creativa de un director, que tras la comercial "Zatoichi" de hace dos años, necesitaba un nuevo cambio en su carrera, o más bien un reencuentro con su pasado.
Producida, escrita, dirigida, interpretada y montada enteramente por él, Kitano Takeshi es un privilegiado que vive en una situación de libertad económico-artísitica que ya hubiera querido para si otro grande como Kurosawa Akira.
Noviembre 03, 2005
Japan Graffiti II
"Most art of this type has unfortunately not survided. The majority is destroyed by zealous municipal officials who fail to recognise the artistic merit and historical value of daubing on walls"
La reciente exposición organizada por el museo de arte contemporáneo de Mito (en Tochigi), sobre la evolución del graffiti en Japón, ha causado gran revuelo en la prensa de arte especializada. Para los más permisivos, el graffiti todavía no ha alcanzado en Japón una popularidad ni un nivel suficiente como para que un museo estatal le dedique una retrospectiva, aun siendo el museo de Mito famoso por sus arriesgadas exposiciones. Pero el debate se ha centrado en un tema, que a estas alturas resulta caduco: ¿Es el graffiti un arte?
Una pieza abstracta en IkebukuroPara los que conciben arte como algo que puede exponerse en un museo, el graffiti no es un arte. Y en cierto modo tienen razón. Exponer una fotografía de un graffiti en un museo sólo muestra la fuerza visual de la pintura. Un graffiti es arte en el sentido de su ubicación y de su trascendescia en el espacio que ocupa. Es quizás la única manifestación de arte espontáneo o arte politizado libre de ataduras comerciales que sobrevive hoy en día, y transplantarlo a un museo o una galería de arte no hace más que banalizarlo. Al igual que un edificio con categría de obra de arte no debería de entenderse sin su interacción con el entorno, los graffitis deberían de ser reconocidos como tal, y en los númerosos libros sobre graffitis, las piezas deberían de ir acompañadas de un mapa con su localización. Sin embargo, la grandeza del graffiti es su transitoriedad y su adaptabilidad. Diferentes generaciones tapan viejos graffitis con nuevos graffitis sobre la misma pared, fiel reflejo de la fluidez cultural de las grandes ciudades. Por eso, estos libros de fotografías son archivos de tendencias y memoria sobre la evolución de un arte, que al ser impreso entra en una íntima unión con la fotografía. Tan importante como capturar la gama de colores del graffiti, es el mostrar su interacción con el entorno.
Stencils en unas escaleras en IkebukuroEl graffiti no puede separse de su dimensión política de "resistencia cultural". Desproveerlos de este significado los acerca a una cultura de consumo y reduce su expresióin artística a una categoría que desde luego no entra en los canónes del arte. Un ejemplo lo encontramos en el parque de Bosozoku en el distrito de Meguro de Tokio. En este parque, los graffiteros de lo políticamente correcto tienen el beneplácito de las autoridades y la categoría de cívicos voluntarios. Gracias a ellos, los impopulares graffitis cargados de significado político que llenaban el parque, han sido tapados por amables pinturas multicolor donde es posible hasta ver a algún pikachu, que de seguro tranquiliza a los padres de paseo con sus niños.
Desaparecido graffiti comercial que adornaba la discoteca Vuenos de ShibuyaNo es el único sitio legal en esta tan controlada metrópolis. En el distrito de Shibuya, desde marzo del 2004 una organización sin ánimo de lucro (komposition) se encarga de gestionar los espacios públicos que las autoridades habilitan para el "arte callejero", localizados en el parque Miyashita, los alrededores del río de Shibuya y Udagawacho entre otros. El otro espacio aceptado por el gobierno es el muro que se extiende junto a la autopista 16 bajo las vías del tren de la línea Toyoko a su paso entre las estaciones de Sakuragicho y Takashimacho en Yokohama. Un lugar que desde mediados de los ochenta ha sido respetado por las autoridades como un sitio de práctica.
Sin embargo, el graffiti es un acto vandálico que no respeta el espacio público. Y como tal debe de ser considerado como arte. Atendiendo a esta definición, el primer graffiti en Japón quizás surgió durante la II Guerra Mundial. En pleno esfuerzo militar, el raciocinio se alimentaba por el gobierno con grandes vallas con el eslógan zeitaku wa teki da (el lujo es el enemigo), que pronto fue modificado por espontáneos e inconformistas "graffiteros" con zeitaku wa suteki da (el lujo es maravilloso). Japón, tan influenciado por Estados Unidos, alcanzó su mayoría de edad e independecia a mediados de los 90, gracias a gente como Take Junichiro y Yamane Yasuhiro, que decidieron pintar las cajas de cartón donde se hacinaban los vagabundos en la salida oeste de la estación de Shinjuku. De golpe, los brillantes graffitis pusieron en evidencia el problema de los sin techo, que hasta entonces permanecían "camuflados" por un marrón que sólo causaba indiferencia a los trauseuntes. La visibilidad del problema incomodó a las autoridades, que decidieron trasladar el problema a lugares menos visibles, y desde luego, prohibir este tipo de arte que daba color a las chabolas.
Stencils y stickers en NakameguroActualmente, las mejores zonas para seguir la evolución del hardcore graffiti en Tokio, se sitúan en Nakameguro, Shibuya, Shinjuku e Ikebukuro. Un paseo por las zonas más alejadas de las correspondientes estaciones, revelará un mundo incipiente de tags, stencils, stickers y piezas, que se suman en una impagable galería de arte, fiel reflejo de la voz de la ciudad.
El material sobre el graffiti en Japón es bastante escaso, como corresponde a un país en donde todavía el elevado grado de civismo ha impedido el desarrollo de este particular arte urbano. El único libro editado hasta la fecha es el catálogo de la exposición "X-Color / Graffiti in Japan" en la Art Tower Mito Contemporary Art Gallery. Más material puede encontrarse en la red, en esta misma página o en algunas revistas:
Revistas sobre graffiti
- Kaze magazine
- Drawamok magazine (no se edita actualmente, aunque todavía es posible conseguir algún viejo ejemplar en librerías especializadas)
Revistas generalistas
- Studio Voice (febrero 2002)
- Gendai Shiso (octubre 2003)
- Art it (vol.3 no.4 2005)
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