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el quadern gris
Me pregunto a menudo si este diario es sincero, es decir, si es un documento absolutamente íntimo.
La primera pregunta que se plantea es ésta: ¿Es posible la expresión de la intimidad? Quiero decir la expresión clara, coherente, inteligible, de la intimidad. La intimidad pura, bien pensado, debe ser la espontaneidad pura, o sea una secreción visceral e inconexa. Si uno dispusiera de un lenguaje y de un léxico eficaces para presentar esta secreción, no habría problemas. Pero lo cierto es que no existe un estilo adecuado a la sinceridad ni un léxico eficiente. Pero aun suponiendo por un momento que la intimidad fuese expresable, ¿quién la entendería, quién la podría comprender? Si no fuese única, particularista, personalísima, absolutamente primigenia ¿qué aspecto tendría, cómo se podría imaginar su presencia? Cuando no podemos aclarar la nebulosa interna, decimos habitualmente: yo ya me entiendo... Los borrachos dicen lo mismo. Sospecho que los niños, cuando no consiguen hacerse entender, piensan lo mismo. Mi idea, pues, es que la intimidad es inexpresable por falta de instrumentos de expresión, que su proyección exterior es prácticamente informulable. Pensad, solamente, en la enorme fuerza de deformación y de falsificación que tiene el estilo tradicional, la ortografía y la sintaxis habitual, en toda tentativa de querer expresar el pensamiento de apariencia más sencilla, en la pretensión de describir el objeto más insignificante.
Y, por si esto no fuese bastante, están todos los monstruos invencibles: la vanidad, el tartufismo, la educación, el egoísmo, el convencionalismo, la envidia, el resentimiento, la humillación, la influencia del dinero o la falta de dinero, la impotencia..., es decir, todo el detrito de pasiones y de sentimientos que uno arrastra desde que se levanta hasta que se acuesta. Metidos en este juego de fuerzas oscuras pero de gran peso, las contradicciones íntimas son permanentes.
Josep Pla
Palafrugell, 5 de Septiembre de 1918
Comentarios para: "el quadern gris"
Pensando de manera radical por supuesto que la intimidad es inexpresable porque no nace como lenguaje sino como otro tipo de experiencia que sólo puede hacerse visible a los otros mediante el lenguaje. Sabemos que la intimidad sólo puede expresarse a los demás a través de un medio que es lo que llamamos lenguaje. Pero en nosotros qué es primero, ¿nuestra intimidad antes de que nosotros mismos la transformemos en lenguaje (pensamiento)?. ¿Somos pensamiento o algo previo al pensamiento?. ¿Utilizamos el pensamiento como medio para entender y hacer visible nuestra propia interioridad?. ¿Es el pensamiento algo en sí o simplemente un medio que nos ayuda a entendernos y a relacionarnos con nosotros mismos y con los demás a través del lenguaje?.
El problema, desde mi punto de vista, se zanja con el descubrimiento de la privacidad, que nos hace enfrentarnos a una estructura donde lo íntimo puede pasar a ser parte del ámbito de lo inexpresable sin mayor importancia.
¿Acaso antes lo tenía? Depende de cómo queramos verlo. Yo no me atrevo a pensar que no haya un campo de impregnación entre lo público y nuestra intimidad. Si no está la privacidad, lo íntimo ha de tocarse con lo público de tal manera que pudiendo ser afectado por lo público a de participar en sus estructuras. Y no lo planteo desde una ontología cosificadora; pero claro, no es el momento para ponerse a largar sobre el asunto, que esto es sólo un comentario.
Simplemente comentar eso, que por ahí en medio puede andar la privacidad cambiando las exigencias estructurales de la intimidad para relacionarse con lo público.
Es un eterno debate, y en mi opinión, el lenguaje ayuda a vertebrar nuestro pensamiento, y por tanto, a expresarlo. Se podra argumentar que la inteligencia no necesita de un lenguaje que la organiza, y que existe una inteligencia "pura" innata en nosotros. Sin embargo, es un tipo de inteligencia instintiva similar a la que demuestran ciertos mamíferos superiores al resolver puzzles sencillos.
Trascender esta inteligencia "animal" sólo es posible mediante el lenguage, teniendo presente que en la definición de lenguage entran otros como el lenguage matemático. El problema, es que a veces el lenguage se convierte en una maraña que limita y condiciona nuestra forma de pensar. Es por eso por lo que los filosófos, primero fijan una terminología específica que les permita trascender las ataduras del lenguage convencional, para alcanzar un lenguage puramente eidético.
Según entiendio a Pla, su impotencia ante la expresión de la intimidad era simplemente el miedo (común por otra parte) de mostrar un verdadero ser, que por otra parte es inexpresable. Al mismo tiempo que confesamos, nuestra conciencia crea un nuevo espacio de intimidad donde resguardarse, haciendo imposible una expresión completa de nuestra intimidad.