Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

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Junio 28, 2005

verano acondicionado

En el acompasado tránsito estacional, hay inequívocos signos de la llegada del verano. Recuerdo que en Madrid, los primeros síntomas empezaban con una Feria del Libro que enlazaba mayo con junio, y marcaba el preludio de una época donde la disciplina de los institutos y universidades se relajaba para dar paso a los temidos examenes. Con los calores de Junio, a veces hacía una "finta" a los libros con sudorosas pachangas de baloncesto al aire libre, apurando una luz solar que se prolongaba hasta las nueve de la noche. La noche de San Juan era el punto de inflexión deseado, la fecha donde por fin comenzaban las tan añoradas vacaciones de verano.

En Japón hace tiempo que olvidé ese espíritu veraniego, para sustituirlo por uno más acorde al momento. Sin duda es la temporada de lluvias (tsuyu) la que marca el inicio de los calores, humedadesy demás pegasojas sensaciones. A la llamada del calor húmedo, los insectos se multiplican y un olor proveniente de los antiguos quemadores de incienso anti-insectos (katorisenko), emana de las viejas casas mezclado con los olores de espacios largo tiempo cerrados. Los shikketori (cubos desecadores) salen de profundas estanterías, para mostrarse visibles en primera línea de los supermercados junto a los insecticidas (sachuuzai). Los futon se multiplican en las barandillas de las terrazas, secándose de los sudores de la noche. Pero por encima de todo, el zumbido de los aparato de aire acondicionado termina por hacerse un hueco en el paisaje sonoro de los fuurin(especie de veleta con campanillas) y de los fricativos cantos de los grillos.

Es también la época de "puertas abiertas" de las tiendas más céntricas. Literalmente. Puertas abiertas que emanan una bocanada de aire frío y seco producidas por unos aparatos de aire acondicionado forzados al máximo. Aire que más que una invitación para encontrar cobijo en la tienda de los calores de la calle, es una muestra de estatus económico. "Podemos permitirnoslo", parecen decir. En un país huérfano de asociaciones ecologistas combativas, la estúpida y poca seguida iniciativa de no llevar corbata no es más que una inocente medida que poco ayuda a controlar el gasto energético de un país, que derrocha energía como si tuviese millonarías reservas energéticas. No hay petróleo, el gas se lo quedarán los chinos, y la panacea energéticas basada en la fusión (lease ITER) ya se la han quedado los franceses.

Negro futuro. Y más cuando desde el verano pasado se comenta con frecuencia el riesgo de un apagón generalizado y sus terribles consecuencias.

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Junio 27, 2005

el gran capitán



Foto:EFE

Real Madrid, campeón liga ACB




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Junio 24, 2005

El año de la muerte de Ricardo Reis

Curiosas las coincidencias de las exequias. Setenta años hace que murieron Carlos Gardel y Fernando Pessoa. Y lo que se dice del primero, también podría ser aplicado al segundo:

"Cada día canta mejor"

Y es que fue después de morir cuando se desveló la gran producción literaria de un Pessoa, que en vida no pasó de publicar un rancio libro de poemas de exaltación patriótica, y algunos pequeños poemas en algunas revistas literarias. Nada en comparación con el caudal literario que ahora conocemos, unido al de sus "desdoblamientos" heterónimos.

Si Pessoa es la poesía de la tragedia, de la soledad, de la inmensidad de un mundo interior ahogado entre las paredes del alma; Gardel canta poemas vivarachos, pícaros, de una alegría rufianesca incluso en las desdichas del amor, que se suceden como un carrusel de desenfadada promiscuidad.

Si atendemos al mito, descubrimos a un tal Charles Gardes nacido en Toulouse en 1890 (dos años después de Pessoa) que más adelante construyó su propio "heterónimo", el de un galán cantante de tango conocido como Carlos Gardel. Salvando distancias, dos hombres escondidos tras diferentes máscaras que tuvieron la desdicha de fallecer en la plenitud de su vida un mismo año.

Dos hombres de los que sólo nos quedan sus bronces. El de Pessoa, en su amado barrio do Chiado, y el de Gardel en su idolatrado barrio del Abasto. Dos barrios ejemplos de lo global como local, que diría Pla. O como el sentimiento de patria no reside en solemnes y heroicas construcciones nacionales, sino en el lugar donde pasamos la infancia.

Barrio que nunca te he podido olvidar aunque mi ausencia mucho tiempo duró. Barrio rincón de mi alegría vengo a buscarte la gloria de mis lejanos días. Quiero que sepas que no puedo vivir lejos de tus calles cubiertas de sol, porque el esplendor que hay siempre en ti, hace revivir mi amor.

Fragmento "Barrio Viejo" - Barbieri / Cárdenas / Gardel

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Junio 22, 2005

organic cafe

Fue en el verano del 2001. Gracias a una beca de intercambio disfruté de mi segunda estancia en Tokio, y de un minúsculo apartamento en Meguro. Muchas veces, el depender del último tren te quitaba de tomar la penúltima, algo especialmente doloroso si era una excepcional refrescante noche de verano, y no había ánimo como para alternar hasta primeras horas de la mañana. Se hacía necesario el buscar un sitio cercano donde poder apurar una última copa sin la urgencia de no poder volver a casa.

La respuesta vino gracias a la revista "Metropolis". Una reseña de un café en Nakameguro nos dió la clave a unos quince minutos andando de casa.

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"Organic Cafe" es un local de moderna decrepitud al estilo de los cafés de Lavapiés. Con un toque afrancesado, quizás esta proximidad europea me haga sentirme como en casa en alguno de sus viejos sillones, o en sus psicodélicas sillas de plástico de otras épocas. Los grandes ventanales que dan al río Meguro no son un espectáculo suficiente como para pasar toda una tarde, ni siquiera los escasos transeúntes que pasan por enfrente del café. Sin embargo, algo te atrapa. Podría ser su expreso, alguna de las tartas, algún cocktail o incluso alguna de sus abundantes raciones de comida italo-francesa. O quizás una selección musical entre el chill-out y el jazz -según temporada-, siempre escogida con gran gusto. Aunque quizás no haya más explicación que la de ser uno de esos espacios que haces como tuyo. Lugares donde pasar deliciosas horas solo o en compañía, y que si no fuera por la lejanía, serías más que un ocasional visitante.

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Junio 21, 2005

Misère et crime au Japon

A veces, como si fuera un reflejo de una época pasada, atisbo a ver reflejado en el vaho del espejo del sento, hermosas mujeres de piel blanca e imbricados dragones de mirada amenazante. Sobre las espaldas desnudas, estos enormes tatuajes parecen cobrar un brillo fantasmagórico al contacto con el agua. Sin embargo, los tatuajes son sólo el reverso de unas personas que charlan amigablemente con los ancianos del sento, o con ocasionales bañistas. A nadie parece sorprenderle que está ante un yakuza.

Están entre nosotros. Y no hace falta verles el filo de un tatuaje asomando por el cuello de la camisa para reconocerles. Su aspecto e indumenaria les hace fácilmente reconocibles, y no hacen nada por pasar desapercibidos. A fin de cuentas, pertenecer a la yakuza es motivo de honor.

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Aunque mistificada en occidente, en Japón es aceptada con recelo como una mafia que defiende el orgullo patrio frente a la ubicua mafia china, o las pujantes mafias rusas e iranies. Aunque en esto como en muchos otros temas, un velo de silencio lo envuelve todo, no es extraño conocer a gente que haya estado involucrado con la yakuza en algún grado. Hoy en día siguen controlando parte de la prostitución, el juego legal (pachinko) e ilegal (grandes casinos con poker, blackjack y ruleta donde se pierden grandes fortunas), pero ya no juegan el papel de "protección ciudadana" de antaño. Entonces, la yakuza garantizaba la seguridad de los barrios y la no existencia de delitos menores como robos, estafas a personas mayores, venganzas, etc... ya que la figura del delicuente individual simplemente no existía. La pertenencia forzosa a una banda aseguraba la seguridad de los comerciantes, siempre que pagasen peaje, por supuesto. Eso si, con el consuelo de sentirse más seguros que viviendo al lado de una comisaría.

La irrupción de nuevas mafias hizo que la yakuza perdiese territorio en las calles y buscase nuevas salidas. En plena burbuja económica, la estrategia favorita de extorsión de la yakuza era comprar pequeñas partes del accionariado de grandes empresas para poder asistir a la junta de accionistas, y una vez allí amenzar con destapar todos los asuntos sucios de la empresa a no ser que recibiesen una compensación económica por su silencio. Una estratagema que provocó que muchas empresas no vendiesen acciones a título individual, o que aumentasen el porcentaje de acciones necesarias para asistir a una de estas juntas.

Hace poco un vecino de mi barrio me confirmó algo que me resistía a creer. Mi barrio es un barrio donde viven muchos yakuza. El verles, con sus grandes coches de lunas tintadas y maneras peculiares, no me sorprendía. A fin de cuentas, podía deberse a la proximidad de Ikebukuro. Sin embargo, cuando mi amigo me contó que apenas hace un mes había habido un tiroteo a menos de dos manzanas de mi casa, que incluso había salido por las noticias como un enfrentamiento entre dos bandas rivales, no supe que responder. Ni me había enterado.

Por eso, cuando volviendo a mi casa un jueves por la noche ví a uno de estos tipos que parecía sacado de una película de Fukasaku Kenji, meando en una farola parapetado tras un enorme coche, hice como que no había visto nada y continué andando.

FOTO: Una familia yakuza con esposas e hijos de hanami en Ueno.

De nuevo, un título literario. En esta ocasión, el del libro más completo sobre yakuza y demás delicuentes cuyo título completo es: "Misère et crime au Japon du XVIIe siècle à nos jours" de Philippe Pons.

Recuerdo que un extracto de este libro acompañado con fotos de yakuza apareció en el dominical "El País Semanal" hará unos tres o cuatro años. En alguna carpeta de mi caja negra de recortes en Madrid, supongo que todavía estará cogiendo polvo.

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::: escrito a las 09:20 PM | {comentarios} (3)

Junio 20, 2005

Il messaggio dalla camera oscura

"Casa Brutus" nació con vocación de ser una revista de arquitectura con carácter divulgativo abierta a todos los públicos, aunque con el tiempo va pareciéndose más a la versión japonesa de "Wallpaper", donde los temas arquitectónico se pierden en una oleada de sugerencias fashion, viajes exóticos y gadgets imprescindibles para el urbanita más cool.

Sin embargo, de vez en cuando algún reportaje trasciende la frivolidad de las tendencias, como es el caso del número de julio de "Casa Brutus" que explora la íntima relación entre arte y arquitectura. Un tema que por otra parte me fascina. Y es que a fin de cuentas, ante la imposibilidad de viajar por todo el mundo visitando edificios singulares, son las fotografías la primera tarjeta de presentación de unos arquitectos que cada vez más se ven en la necesidad de mimar la presentación de sus proyectos. De esta necesidad comercial ha surgido la figura del fotógrafo especializado en arquitectura. Alguien que debe interpretar las líneas maestras del edificio, para captar la impronta que el arquitecto dejó en algún ángulo imposible de acero y hormigón.

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Arquitectura y fotografía es una especialdiad eminentemente eslava. Bernd y Hilla Becher fueron los pioneros en rescatar un tipo de fotografía que fue la crónica de las inmensas fábricas de principios del siglo XX. Desde su docencia en Düsseldorf, formaron a otros fotógrafos de igual gusto estético aunque diferente técnica: Thomas Ruff y Candida Höfer. Todos ellos perfectamente reseñados en este número, además de un repaso al famoso departamento de fotografía de lo que es hoy la "Die Kunstakademie Düsseldorf", de la mano de un estudiante japonés del centro.

En otra sección de la revista, fotógrafos especializados en arquitectura hablan sobre como fotografiar edificios. Obviando los discursos metáfisico-espirituales que se establencen entre almas y cementos por muchos de estos fotógrafos, me quedo con la parte más técnica. Todos los fotógrafos optan por el medio formato como la mejor opción, aunque me sorprende que tres de ellos utilicen una Mamiya 6, una cámara de visor que no ayuda mucho a captar con precisión los recovecos de muchos edificios. Sorprende también la forma de trabajo de Nakami Jun, fotógrafo japonés que utiliza desde cámaras de gran formato hasta la cámara del móvil. Un profesional siempre al servicio del cliente, que a través de las fotografías del móvil puede elegir en tiempo real el ángulo deseado. Pero de entre todos los fotógrafos entrevistados, Jean-Pierre Cousin con su vieja Canon F1 no duda en proclamar una verdad que hace tiempo yo también hice mía: los viejos objetivos canon FD son los mejores. Una manía como cualquier otra.

En el apartado bibliográfico, un repaso a los mejores libros de fotografía cuyo tema es la arquitectura, empezando por un libro de fotografías de 1927 de edificios de Le Corbusier -pionero en esto como en otras cosas-, llamado "L´architecture vivante" de la mano de P. Jeanneret. De entre los libros citados, me quedo con un viejo conocido, Naoya Hatakeyama, y con una notable ausencia: Ryuji Miyamoto, un fotógrafo recientemente galardonado con un premio de la Japan Arts Foundation, famoso por sus fotografías de decrépitos edificios en estado de demolición.

En definitiva, un número imprescindible.

El título del post corresponde a otro clásico. Un libro de fotografías de Carlo Mollino publicado en 1949.

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Junio 12, 2005

ginzART

Para muchos, Ginza es el barrio del lujo. La famosa milla de oro de Tokio, se reparte entre este barrio y los alrededores del famoso cruce Omotesando-Aoyama. Sin embargo, Ginza es también el glamour y el recuerdo de un barrio que nació a imagen y semejanza de algunos barrios europeos. El mármol, la piedra y demás acabados elitistas han preservado alguno de los edificios más antiguos y emblemáticos de Japón, que aún se conservan. Un vistazo a algunas de las fotografías y películas antiguas de Japón, y sólo la fisonomía de Ginza es visible entre la neblina de tonos sepia y grueso blanco y negro.

Cuando los escaparates de Ginza echan el cierre, comienza el mercado de la carne. Un mercando de exquisiteces, donde una cara bonita poco tiene que hacer si es incapaz de mantener una conversación inteligente con alguno de los adinerados empresarios o políticos que frecuentan estos exclusivos clubes de alterne.

Arte y sexo nunca habían estado tan cerca. Y es que la otra cara de Ginza, es la de meca del arte en Tokio. En sus calles, 114 galerías de arte luchan por conquistar el corazón de algún filantrópico mecenas. Perder la tarde en Ginza armado de un mapa y direcciones es una opción barata (todas las galerías son gratis) y recomendable para pulsar el arte japonés. El arte no se encuentra en bohemios barrios ni en destartaladas galerías. El arte se envuelve, se promociona y se presenta convenientemente socializado en lugares donde pueda ser comercializado. No es algo nuevo. En Madrid, la mayor concentración de galerías de arte se sitúa en la prolongación Barrio de Salamanca - Retiro. Zapatos de tacón y perfumes franceses establencen vínculos imaginarios entre cafés y galerías, mostrando la frivolídad de un comercio, el del arte, que en Ginza parece compartir locales y algo más con el de la "carne"...

Para no perderse, TOKYO ART BEAT es la mejor herramienta para estar al día sobre galerías y eventos. Un increíble site cuyo formato debería ser exportado a otras ciudades.

::: escrito a las 11:56 PM | {comentarios} (3)

Junio 09, 2005

kobe 95/05

Un particular homenaje de Camper a la tragedia, o un guiño de afecto entre España y Japón en forma de zapatos.

El pie izquierdo pintado por un niño en el 2005 y el derecho en 1995, año del terremoto de Kobe. Una década para reconstruir.

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FOTO 1: Aparecido en la revista "Pen", No. 153, Junio 2005
FOTO 2: "Nagata-ku" de Ryuji Miyamoto, 1995

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Junio 07, 2005

"palindromes"

Para algunos, las películas de Todd Solondz son perturbadores experimentos cinematográficos, herederos de aquella "Freaks" de mi 1932. Un muestrario de personajes marginales, ante los que no sabes si reír, compadecerte o llorar. Sin embargo, para Solondz estos personajes son sólo máscaras para suavizar la caústica crítica social al sistema americano. No hace falta viajar a la América Profunda para toparse con algunos de estos estereotípicos personajes. Basta con ir a los suburbios de cualquier ciudad, para ver el estereoisoméro de un negativo de Solondz. Un palíndromo.

La realidad se mezcla con la ficción. Ambas se leen de la misma forma, y a fin de cuentas, ¿qué es la ficción sino una interpretación de la realidad leída en sentido contrario?.

Solondz fuerza los límites del experimento planteado por Buñuel en "Ese oscuro objeto del deseo", y el papel principal "Aviva", es interpretado por 7 actrices y un actor. Una nueva metáfora en forma de palíndromo, con múltiples interpretaciones. Desde la invariabilidad de la conducta sea cual sea el aspecto, hasta la metamorfosis del aspecto en función del estado mental del personaje al afrontar determinadas situaciones. Por ejemplo, una Jennifer Jason Leigh interpretando a una madura Aviva a vuelta de todo, o una Sharon Wilkins en el papel de una enorme oveja negra en el hogar de una familia fundamentalista católica.

Todas ellas son etapas de un personaje envuelto en un atípico viaje iniciático adolescente, buscando un embarazo que se ve inevitablemente truncado. En el fondo, un análisis sobre el aborto en la sociedad estadounidense visto desde múltiples ángulos, de una lucidez perturbadora a la vez que sarcástica.

Hay más. Una película reposada de una fotografía descolorida, en donde el espectador es mecido por los colores pálidos de lugares de tránsito, al son de una música hipnótica, sólo interrumpida por las estridencias de un rock católico opio de las masas.

FOTO: Cartel promocional japonés de "Palindromes". Estrenada el 4 de Junio en los cines "Cinemarise"

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Junio 06, 2005

shibuya

Hasta hace unos años, Shibuya era el barrio de Tokio paradigma de la juventud, la moda, y escaparate de numerosas brechas generacionales. En sus calles, tiendas de ropa, karaokes, bares, discotecas y un sinfín de ofertas de ocio tomadas por los más jóvenes japoneses y sus depredadores... Shibuya, con sus grandes pantallas de televisión, iluminación caótica y jóvenes "modernos", era el escenario favorito de los periodistas extranjeros, que tras un paseo por el barrio concluían categóricamente el cambio de la sociedad japonesa, la búsqueda de la individualidad, y más tópicos rotos por otro superficial tópico más.

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A día de hoy, Shibuya afronta un nuevo cambio pero no generacional. En sus calles, los restos de modas pasadas permanecen como una atracción más de una barrio tomado por los extranjeros. El cambio no es nuevo. Poco a poco, clubes de Roppongi se instalan en Shibuya, intentando crear un nuevo gueto en una zona frecuentada obligatoriamente por la comunidad internacional. En la inmensidad de Tokio, Shibuya es un pueblo donde puedes encontrarte a ese amigo de la infancia, o ir saludando a compatriotas como si de un tiovivo se tratase.

Shibuya es una encrucijada, que ocupa el centro del corazón más "fashion" de Tokio. Por un lado, Harajuku y Aoyama, escaparate de tendencias; al otro, Daikanyama y Naka-meguro, zonas refinadas donde la moda alternativa es consumida por gente con posibles; y Shimokitazawa, la opción barata y alternativa, verdadera cocina de tendencias donde se preparan los platos que se servirán en Harajuku primero, y que tras un barniz comercial se comercializarán en Daikanyama después. En medio, un barrio que no es más que un enorme kilómetro cero, en busca de una identidad por encima de vaivenes sociales.

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Junio 03, 2005

tsuyu

Temporada de lluvia. La humedad termina por condensarse, y nos sorprende en forma de lluvia. Una lluvia pesada, caliente, que enrarece el ambiente más que refrescarlo. La temporada de lluvia es la antesala al calor húmedo del verano. Si la primavera es la época de los cerezos, de los primeros brotes, las tímidas flores y demás bucolismos, las intermitentes lluvias son el empujón que necesita la maleza y demás hierbas rastreras para florecer y anegar los primaverales paisajes.

Prefiero la lluvia en invierno, o en otoño si me apuran. Una lluvia sobria, fría, seca, a juego con el gris del cielo. Días de lluvia para reflexionar, pasear, e incluso para oler el crepitar de la sedienta tierra al recibir las primeras gotas. La humedad del verano ahoga los olores de lluvia, confundidos en la pesadez vaporosa del ambiente.

Sin embargo, en la época de lluvias las inertes fibras vegetales del tatami parecen cobrar el brío su vida pasada, y el olor, ese olor tan caracterísitico, se hace más intenso. Estos días caliginosos son una invitación a permanecer en casa, descalzo sobre el tatami, esperando que alguna suave brisa atraviese la cortina de lluvia para dar un soplo de energía a tu cuerpo aletargado. Con la ventana abierta, el sonido de la lluvia se hace perceptible. Un sonido monótono, rítmico, que marca el compás de un ciclo vital de meteorología variable.