Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

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Abril 28, 2005

benemérita

La vista de alguna de los servicios de emergencia (leáse ambulancias, bomberos o policía), me causa estupor. Verles avanzar a no más de cincuenta kilómetros por hora, con toda su parafernalia de luces y sirenas, mientras un megáfono va pidiendo educadamente a los coches que por favor se vayan apartando, me causa un sentimiento que va entre la carcajada y la lástima por las pobres víctimas que esperan alguno de estos servicios.

Verles avanzar lentamente, con los coches apartándose con desgana ante la interminable letanía del megáfono, te hace pensar a veces si no será algún conductor novato en prácticas asustado ante su primera salida. Pero no. La exasperante lentitud me ha llevado a veces a incluso intentar cruzar por el paso de cebra, calculando que la lejana ambulancia todavía tardaría sus tres minutos en alcanzarme. Imposible. Ante la mirada aterrorizada de algunos compañeros japoneses, que me sujetaron advirtiéndome de la preferencia de una ambulancia, contemplé tres largos minutos pasar frente a mi. "Un tiempo precioso durante el cual al sufrido enfermo le pueden dar hasta dos infartos de miocardio", pensaba por eso de matar el tiempo.

Mención aparte merece la polícia japonesa. Parece que es un mal común a otros países el que la policía no tenga dinero y/o se aburra, y se dedique a pequeños pero prolíficos delitos siempre a costa del ciudadano. Esto mismo me decía un amigo japonés, harto de recibir su tercera multa por conducir borracho... en bicicleta. Sí, incluso a las 2 de la mañana una bicicleta con un conductor ebrio puede ser motivo de desorden público. Bicicleta al depósito y pago de la correspondiente multa. Al final justos por pecadores. Porque si hay un peligro motorizado en Tokio, son las abuelas.

No se porque extraña razón, pero las abuelas siempre llevan unas bicicletas enormes donde nunca hacen pie, por lo que tanto para parar como para arrancar, necesitan tomar una carrerilla equivalente a la de un airbus al despegar. Incluso la forma, perfectamente metódica que tienen de subirse y bajarse de la bici, una pierna apoyada en el pedal y la otra cruzada por detrás, me provoca escalofríos y visiones catastróficas. Por si fuera poco, nunca se apartan por nada y carecen de visión lateral. Quizás sea por el hecho de que todas sin excepción llevan enormes sombreros, o unas cómicas gorras de visera transparente o tintada que les da un aire de antidisturbio. Y que no falten los guantes, esos guantes de lana blanca perfectos para el "frío" mes de agosto. A lo mejor la falta de visibilidad pueda ser la razón de que siempre estén tocando el timbre de la bici. Da igual que vayas por una acera de 6 metros de ancho y que la abuela te pase a cuatro metros. Invariablemente te va a pitar, como diciéndote "andate con ojo".

Pero volvamos a la policía. Recuerdo que hace tiempo, se emitió un programa de televisión sobre las persecuciones policiales, que intentaba buscar el estilo norteamericano de persecuciones por estados con helicópteros, colisiones y grandes despliegues, con el estilo de un anuncio de "Alístate al ejército español, ya que verás que divertido es, chaval". El programa sólo duró dos capítulos, y es que ver algunas persecuciones "en exclusiva" era como ver una película de esas antiguas, en la que varios policías perseguían a un ladrón que siempre terminaba escapándose ante la inefectividad policial, o hasta que llegaba Sherlock Holmes. El programa en cuestión, incluso hablaba de una unidad especial de "conducción rápida", aunque viéndoles conducir parecía que sólo habían pasado de 120 km/h jugando a la playstation.

Aunque lo mejor de la policía son las agentes. Las mujeres policía siempre van en parejas, y siempre conduciendo un pequeño coche. Como si realmente nadie las tomáse en serio, y simplemente por eso de guardar las apariencias, las dejasen jugar a "policías y ladrones".

Y es que todavía no he visto a ninguna "Señora agente" con pistola...

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Abril 26, 2005

pundonor

A veces, el orgullo y el prestigio pueden más que la verdad. Pero también a veces la verdad, aunque dolorosa, excede toda forma de control. Esto es lo que sucedió con el tremendo accidente ferroviario, que todavía ocupa portadas y telediarios en Japón.

Las primeras informaciones dadas por JR WEST, una de las compañías en las que se desmembró el gigante estatal de ferrocarriles japoneses Japan Railways (JR), apuntaban a un objeto en la vía como causa del descarrilamiento. También, y ante las declaraciones de numerosos testigos, confirmaron que el tren en la última estación se había pasado ocho metros del andén, forzando el retroceso del tren y su consiguiente retraso. También las primeras informaciones apuntaban a un "afortunado" limitado número de víctimas.

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Sin embargo, ni fue una piedra la causante del descarrilamiento, ni ocho metros la distancia sobrepasada en al andén, ni unas pocas muertes el precio del accidente. Hechos que forzaron la dimisión del presidente de la compañía, al tiempo que se sabía que fue el exceso de velocidad el causante del accidente, que el tren se pasó 40 metros (equivalente a dos vagones), y que el número de muertes se sitúa por el momento en 73.

Entre estas muertes, una que ha causado alivio. La del conductor. Pero no por una cuestión de venganza, sino de comprensión. Puestos a pensar en el peso moral de culpabilidad que tuviera que cargar el desafortunado conductor, y a sabiendas que sólo habría una salida posible, mejor encontrar esa "salida" fortuitamente que tener que "practicarla".

Ryujiro Takami, un jóven de 23 años con once meses de experiencia, es la cara de este conductor. El rostro de una estadística bajo el título "fallo humano", que poco nos dice sobre si se podría haber evitado un accidente. Quizá el saber que Ryujiro contaba en sus once meses de conductor con dos sanciones, una por pasarse 100 metros en un andén, y otra por ser sorprendio por un pasajero mientras conducía con "mirada ausenta", puedan hacernos pensar que el accidente se podría haber evitado.

Sin embargo fallar es de humanos, y siempre puede haber una desafortunada primera vez.

FOTO: Buscando heridos entre los amasijos. Fuente: Kyodo News

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Abril 24, 2005

voyeur

En este fin de semana de santorales y homenajes varios, no voy a hacer un gastado homenaje a Cervantes, aunque sí recomendar el número de enero de "Studio Voice", que incluía una interesante lista de recomendaciones literarias para este año. Esta interesante y asequible revista de tendencias, autodefinida como multi-media mix magazine, cada mes gira en torno a algún tema monográfico tratado con indudable gusto y saber hacer. En esto de las listas y demás rankings, los medios japoneses se muestran muy democráticos, y pueden llegar a compartir lista -como pasa en este número-, un libro del Subcomandante Marcos con el libro subido de tono de alguna aidoru de moda.

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Aunque creo que a la hora de comprar un libro, es mejor dejarse de listas y recomendaciones, y apostar por un valor seguro como son los clásicos, haré mi particular recomendación sobre dos libros de fotografías de temática parecida, pero tratada de forma diferente. Las mujeres de los fotógrafos aunque imaginadas como musas inspiradoras, quizás sean más el perfecto campo de pruebas para un fotógrafo, que sabe que en todo momento puede echar mano de una socorrida y voluntariosa modelo. Sin embargo, un repaso a alguna de estas colecciones de fotos, por lo general nunca publicadas por eso de la intimidad, es un recorrido por los vericuetos de relaciones a veces tormentosas, como la de Man Ray con Lee Miller. Pero sobretodo, es la constatación vouyearista de unas relaciones por medio de unas instantáneas, que no serán muy diferentes de esas que pasarán ante tus ojos en el momento de tú muerte.

Uno. Un libro de fotografías que es ya un clásico. Las fotografías que Araki tomó de su mujer hasta su muerte en 1990, en una colección titulada simplemente con el nombre de su mujer: "Yoko".

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Una apropiada metáfora del papel de la fotografía la encontramos en la propia cámara de fotos. Un espacio negro, rasgado por la luz durante unas décimas de segundo. Las justas para formar una imagen en el negativo. En cierto sentido, las fotos de Araki son como un resplandor, una mirada que se abre en las oscuridades de los tabúes sociales, para formar una imagen en la conciencia social de un pueblo atado por convencionalismos de todo tipo. Hasta la publicación de este libro de fotos, el cáncer se sitúaba en el mismo nivel que el sexo, en la lista de temas tabúes del momento. Una muerte por cáncer o el padecerlo, era comparable al estigma de sufrir la sífilis hace algunas décadas, como retrataba Kurosawa Akira en su magnífica y poco conocida película "Shizukanaru ketto". En 1996, el libro de Araki en memoria de su mujer vio la luz, y con él la polémica. Por vez primera, el cáncer se reconocía abiertamente, e incluso se mostraba como una persona enferma y sin cura, podía vivir dignamente sin necesidad de esconderse. Como se ha dicho en algunos medios, Araki es el Andy Warhol de la sociedad japonesa, en su función de artista de calado social. Al igual que Warhol trató temas tabú del momento en la sociedad americana de los 70 como el uso de drogas y la homosexualidad, Araki ha destapado muchos de los tradicionalismos japoneses. Un año más tarde la publicación de "Yoko", una nueva aproximación al cáncer fue realizada por Kitano Takeshi en la excelente y premiada "Hana-bi". El tabú había sido asimilado.

Dos. En este voyeurismo sobre las vidas en pareja, se sitúa también un libro más reciente sobre el papel de estas musas venidas a menos. Meisa Fujishiro, un prometedor fotógrafo japonés casado con la modelo Tanabe Ayumi, publicó el año pasado un intimista relato fotográfico de su esposa, con fotos tomadas durante tres años de convivencia. El libro, titulado "Mô, ieni kaero" (venga, volvemos a casa), podría bien subtitularse como "La otra cara de una modelo". Fotografías de escenas cotidianas, donde vemos a una chica con cara de sueño, o un rostro que podría ser el de cualquier chica normal, con el que rápidamente nos identificamos en el devenir de una vida salpicada de pequeños viajes, quehaceres domésticos, o insulsas tardes de aburrimiento. Sin embargo, incluso entre la cotidianidad de una vida en pareja, distinguimos la mirada de amor con que fueron tomadas esas fotografías. Una mirada, que al igual que en el libro de Araki, es muy diferente de esas otras fotografías tomdas a ocasionales modelos en el curso de una carrera profesional.

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Quizás es que cuando fotografías a tu pareja, es el corazón el que mira por el objetivo.

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Abril 20, 2005

ramen

Es casi una tradición el ver largas colas de gente esperando para comer en un restaurante de ramen, mientras que el restaurante de enfrente de la misma especialidad permanece totalmente vacío, salvo por unos empleados que por el rabillo del ojo miran golosamente a la competencia.

Pero últimamente puede decirse que hay una verdera fiebre por el ramen. Se abren nuevos restaurantes por doquier, y los canales de televisión dedican extensivos programas para mostrar el top ten de los restaurantes. Tal es el furor, que hasta los jóvenes se han apuntado a la moda, y son muchos los que están trabajando duro para conseguir abrir su propio restaurante, o para lograr puestos de responsabilidad en algunas de las franquicias más famosas. Incluso hay un manga que narra los sueños y anhelos de uno de estos curiosos restaurantes fast food.

Introducido desde China, pronto el "La-mein" pasó a conocerse en Japón como ramen, evoluciononando en distintas variedades locales. Así tenemos el tonkotsu-ramen en Fukukoka, shoyu-ramen en Tokio y el shio-ramen en Sapporo. La elaboración es relativamente sencilla: Sopa con fideos. Pero como sucede con los grandes grandes secretos gastronómicos, el secreto reside en los detalles. Cada tienda guarda celosamente el secreto que los hace únicos. Más que en un ingrediente seceto, el ramen se basa en las proporciones de alguno de los ingredientes a la hora de confeccionar la sopa.

Mi preferido es el tonkotsu-ramen, elaborado con una sopa a base de huesos y despojos de cerdo, junto con unos fideos más finos de lo habitual. Una de las franquicias más conocidas de Fukuoka es Ichiran. Desde que entras, te das cuenta hasta que punto llega la cultura del ramen en Kyushu. Si habitualmente los restaurantes de ramen tienen grandes mostradores donde la gente come en taburetes, charlando animosamente, y sorbiendo el ramen o sus mocos con placer manifiesto -ruidos típicos a los que se añade el del agua al escurrir los fideos en el suelo de la cocina-, en Ichiran la atmósfera es la de un templo... de los sentidos, eso sí.

Los taburetes se disponen en cubículos separados unos de otros por mamparas, separados a su vez del mostrador por una cortinilla de paja que sólo se abre para hacertte llegar el ramen previamente ordenado en una máquina de tickets. Según la filosofía del restautarente, sólo mediante este estado de aislamiento se puede degustar al cien por cien sus especialidades culinarias.

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Aunque lo cierto es que en Ichiran se come un buen ramen tras esperar la cola de rigor, tras un largo peregrinaje puedo afirmar que donde se come el mejor tonkotsu-ramen , es en un pequeño restaurante de Ikebukuro, no muy céntrico precisamente. Y a pesar de que ya me fastidia sobremanera el tener que esperar siempre más de treinta minutos para sentarme, correré el riesgo y lo haré público... se llama Mutekiya.

El local es el habitual de estos tipos de negocio. Pocos metros cuadrados donde en pequeños taburetes se hacinan los clientes. A la entrada, un gran cartel muestra las revistas y programas de televisión que se han hecho eco de su fama. Dato que no pasa desapercibido para la veintena de personas que permanentemente hacen cola frente a su entrada. Tanta gente, y el continuo trasiego de un local fast food es lo que menos me gusta de los restaurantes de ramen. Cuando lo que te pide el cuerpo es una sobremesa tras una deliciosa comida, los camareros te retiran el bol sin que te des cuenta, "invitándote" indirectamente a abandonar un sitio tras el que esperan nuevos comensales.

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Abril 16, 2005

Shibaura

tokio-ciudad-del-neón es un tópico que ilustra a la perfección el capitalismo salvaje que se esconde tras los miles de anuncios que empapelan esta ciudad. Es un capitalismo ruin que te asalta en los lugares más insospechados. Entras en el metro, y por si viajar como el ganado no fuese claustrofóbico, la marea visual de un caótico vagón multicolor oprime tus sentidos con los colores brillantes del papel cuché. Curioso que siempre los sueños te los vendan en vívidos colores.

La mejor manera de saber que les pasa por la cabeza a los despiadados creativos japoneses es echar un vistazo al "Kokoku Hihyo", una revista mensual que recoge lo mejor de la publicidad japonesa en todos los formatos, así como las campañas publicitarias más originales a nivel mundial. Asi te enteras por ejemplo que una "brillante" idea fue meter a una pobre chica en una enorme jaula de cristal en medio de una librería, con una pila de revistas para que pasase el rato. No fue un "experimento sociológico", ni una performance con mensaje. Simplemente una ocurrencia para vender el Tokyo Designers Block. "Qué estupendos y originales que somos", debieron pensar.

El último número me desveló una incógnita que me perseguía desde hace semanas por todo Tokio. Una incógnita color azul cielo que respondía al nombre de Shibaura ocupaba vallas publicitarias de muchos lugares de Tokio, y hasta la portada del último número del "Kokoku Hihyo".

Shibaura es un proyecto arquitectónico que podría considerarse un Odaiba a pequeña escala. Odaiba es una isla artificial construida en la bahía de Tokio hará algo más de diez años. Se concibió como un proyecto faraónico en plena burbuja económica, como solución a los problemas de espacio urbano que presentaba Tokio. Por aquella época de economía desbocada, se decía que si al emperador le diese por vender el terreno que ocupa su "humilde" morada en pleno centro político-financiero de Tokio, podría comprarse TODO el Estado de California. Una barbáridad financiero-inmobiliaria de la que ya sabemos su final. Con Odaiba se ganaba terreno al mar, y se construía de cero la utopía de todo urbanista con aires de visionario, o de sociólogo resentido, según se mire. A día de hoy, Odaiba es un gran descampado unido a Tokio por un puente colosal, que al menos sirve de tránsito entre Tokio y Chiba. Para aparentar, algunos edificios temáticos y grandes centros comerciales dan color y animación a los pocos afortunados inquilinos de una isla que cuenta con la única playa urbana de Tokio.

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Shibaura es un nuevo intento pero con un planteamiento ligeramente diferente. Aunque en cuanto a concepto comparte mucho con Odaiba, el proyecto se desligó del concepto de Odaiba cuando en 1998, en plena crisis económica, se apostó por la densificación urbana como solución a la escasez de suelo, y como medida de reactivación económica con la construcción de nuevos rascacielos con apoyo gubernamental. Así vieron la luz Roppongi Hills y los rascacielos de la zona de Shimbashi entre otros. Se decidió entonces exportar este modelo de crecimiento vertical a una comunidad residencial, siendo una pequeña isla esta vez perfectamente conectada a Tokio, la que albergara una urbanización privada sólo al alcance de los nuevos ricos, y sus mascotas por supuesto.

Los ricos lo compartirán todo, incluidos bicicletas y coches de uso exclusivo en la isla. Los niños de los ricos no se quedarán en casa, sino que se podrán mezclar en la guardería o en el parque con otros niños ricos. Si se ponen malos, a la clínica privada, aunque deporte es salud y más si es realizado en modernas instalaciones deportivas privadas. ¿Que se te olvidó comprar algo en el supermercado privado y ya está cerrado? Sin problemas. Compra el antojo de la parienta en el konbini privado. ¿Quieres dar envidia a tus amigos? Una fiesta en la sala de fiestas común "Lady Ana" les dejará anonadados.

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Movido por la curiosidad, y antes de que lo privaticen todo y nos conviertan a los desgraciados no propietarios en personas non grata, me pasé a inspeccionar la isla. Iba con la ilusión de ver una de esas ciudades inmaculadas, nuevas, y casi del futuro, pero sólo encontré una gran zona en estado de obras que no tenían pinta de avanzar muy rápidamente. De hecho, hasta el 2007 no estará todo el complejo terminado, aunque la primera torre se inagurará la próxima primavera.

Es pronto para evaluar el impacto de este tipo de comunidad cerrada en la sociedad japonesa. Sobre el papel, Roppongi Hills compartía mucho de esta comunidad vertical sólo para ricos, a modo de una pequeña ciudad en miniatura que minimizaría tiempos de transporte. Pero Shibaura es ligeramente diferente en concepto, ya que sólo se pretende que sea un ghetto residencial aislado del resto de la ciudad. De momento, la fuerte campaña de publicidad va enfocada a los miles de trabajadores de las colindantes zonas de Shinagawa y Shimbashi. En especial, a los trabajadores de la empresa Dentsu, el gran gigante de la publicidad japonesa...

FOTO 1: Rainbow Bridge, el puente que conecta Tokio con Odaiba. Al fondo, dos solitarias torres de apartamentos.

FOTO 2: En construcción.

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Abril 14, 2005

de lo efímero

Disfrutar de los cerezos en flor entre multitudes dista mucho de la concepción de belleza asociada a esta típica celebración japonesa. Sin embargo, la esencia de esa belleza sublime siempre perseguida puede encontrarse en cualquier estampa callejera. No descubro nada hablando de la transitoriedad asociada a los cerezos durante siglos de desarrollo estético japonés. Pero conviene hacer notar que la belleza de un cerezo no reside en sus simples flores de tonos pálidos, sino en el juego que establecen con el aire cuando se desprenden delicadamente de una ramas que son efímera morada. El espectáculo de ver caer esta lluvia de pétalos arrastrados por el viento, es algo digno de ver, incluso sentado entre miles de personas rozanado el coma etílico.

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El fin de semana pasado por fin llegó la eclosión floral a Tokio. Un sábado radiante, más propio de un caluroso día de verano que de primavera, permitió que desde primeras horas de la mañana, miles de japoneses luchasen por conseguir unos metros de lona con vistas a algún cerezo. Pero lo mejor estaba por llegar. Un domingo ventoso se encargó de crear espontáneos torbellinos florales, y de alfombrar el negro asfalto con estas débiles florecillas. Al viento le siguió una lluvia que convirtió el breve asfalto orgánico en masas putrefactas de tejidos vegetales, acumulados y despreciados por los mismos que unos días antes habían loado su belleza.

Cruel destino.

Una anécdota. Quién me iba a decir que el mejor sushi que probaría en mi vida sería en un hanami en pleno parque de Ueno. Y es que quiso la casualidad que nuestros vecinos de hanami fuesen unos yakuza con familia incluida, que no dudaron en compartir con nosotros unas viandas al alcance de muy pocos. También por vez primera ví un fajo de billetes "grandes", sujeto por uno de esos horteras clips de oro y brillantes, que aparecen en las películas de mafiosos italianos residentes en Manhattan. También quiso la casualidad que finalmente el miedo nos pudiese, y tuviesemos que trasladar nuestro "campamento" a un acogedor karaoke.

::: escrito a las 06:46 PM | {comentarios} (5)

Abril 08, 2005

historia de un paraguas

En los días de lluvia, los paraguas de plástico transparente van de mano en mano por las calles de Tokio. Estos impersonales paraguas de mango blanco, frágiles varillas y endebles lonas transparentes, añaden uniformidad al gris de los días lluviosos.

Varias veces he pensado en seguir a uno de estos paraguas en su larga travesía de mano en mano. Comprado a toda prisa en algún konbini por algo menos de 500 yenes, al menos cambiará dos o tres veces de mano, confundido con alguno de sus idénticos semejantes en algún paraguero de un restaurante cualquiera. Otros permanecerán en el olvido cuando la lluvia haya acabado, para ser rescatados algún día por alguna mano furtiva con urgencia de guarecerse. Y los más longevos, terminarán su recorrido en la puerta de alguna casa, donde con suerte disfrutarán de algún otro paseo de la mano de algún inquilino.

serie kasa monogatari

Sin embargo, la existencia de estos paraguas es tan frágil como el metal de sus varillas, y más pronto que tarde, el viento jugueteará hasta la muerte, o el óxido o la humedad terminarán por pudrir su estacionaria existencia de los crueles días claros.

Nadie le echará en falta. Su recambio gemelo aguarda impaciente a ser recogido en algún paraguero improvisado en un día lluvioso.

::: escrito a las 11:47 PM | {comentarios} (25)

Abril 06, 2005

aoi

Azul.

Un azul arrugado en un plástico azul, es el color de los sin hogar en Tokio. En céntricos parques, alejados del bullicio entre árboles apartados, o bajo enormes puentes de hormigón, junto a alguno de los innumerables canales que rompen la ciudad, es posible ver los pequeños hogares de estos desposeídos, que se mueven entre la indiferencia de la gente "normal".

Sin pudor, ven pasar a la gente. No piden limosna. Sólo observan, como estatuas de rasgos grotescos como las de los santones del templo de Sanjusangendo de Kioto. Como si fuesen palomas atrevidas que no se apartan ante el paso decidido de los que tienen zapatos que calzarse, los sin hogar picotean las sobras de una sociedad que hace tiempo decidió ignorarlos.

No sorprende, en una ciudad ordenada y moderna, orgullo y capital de una nación, encontrar estampas de miseria humana en cualquier esquina. Me pasó ayer yendo en bicicleta a la Universidad como cada día. Muy cerca del Tokyo Dome, en la concurrida avenida Kasuga-dori, un mendigo de aspecto demacrado, barba rala y tez ennegrecida, en cuclillas defecaba en medio de la acera sobre un papel de periódico. La gente ni siquera paraba, ni le concedía una mirada caritativa. La fría indolencia de la gente contrastaba con la naturalidad con que el hombre se cagaba en la pulcra acera de una socidedad para la que no existe. ¿Un acto de rebeldía política?

La escena se me repite a cámara lenta, difusa, como si de una película de colores quemados y mucho grano se tratara. Una película de esas de realismo sucio que dicen, pero que sin embargo fue real y de una claridad meridiana, ocurrida en un luminoso día de primavera de un vívido cielo azul.

Azul.

::: escrito a las 11:58 AM | {comentarios} (7)

Abril 02, 2005

nadie lo sabe

Haciendo la compra nocturna por Ikebukuro, un descubrimiento. En la zona más comprometida de este barrio, entre sex-shop, clubes de mala muerte y demás locales relacionados con el sexo, justo encima de un pachinko se sitúa un pequeño y moderno cine de autor. Fue una casualidad que viese un viejo poster de "Los siete samurai" y me acercase a mirar. Cual fue mi sorpresa al descubrir que están programando un ciclo sobre Kurosawa Akira para todo este mes. Una oportunidad para revisar algún clásico, aunque desde aquel intensivo ciclo en la Filmoteca, poco de Kurosawa me queda por ver.

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De vuelta a casa, por fin pude alquilar "Daremo shiranai" (Nobody knows), la famosa película por la que Yagira Yuya ganó el premio al mejor actor en el Festival de Cannes del 2004.

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Impresionante película, o mejor dicho, experimento cinematográfico. Rodada en el curso de un año, es una película intimista que narra una gélida tragedia arropada por tiernos y cotidianos sentimientos, de una forma muy cercana a "La habitación del hijo" de Nanni Moretti. Sin embargo, Koreeda Hirokazu, el director, apuesta por una deconstrucción del guión muy afortunada a la hora de trabajar con niños, como la empleada por Zhang Yimou en "El camino a casa". El director planteaba situaciones, como por ejemplo una cena familiar distendida e irformal, y los actores debían de crear el ambiente y los diálogos, resultando una naturalidad cercana al documental de una improvisación pasmosa. Rodada con una hermosa fotografía muy natural, es una película de sentimientos muy a la japonesa, donde los silencios rellenan los afectos, y las miradas y los gestos hablan por el corazón. Pero además, Koreeda demuestra un sólido oficio, y sorprende la maestría con la que combina los fríos planos generales cargados de soledad contenida, con primerísimos planos de pequeños gestos u objetos.

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Una gran película de la que me arrepiento no haber tenido tiempo en su momento de verla en pantalla grande.

FOTOS: Algunos fotos tomadas durante el rodaje, que captan muy bien la atmósfera del film

::: escrito a las 02:16 PM | {comentarios} (4)