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tomato
El sábado pasado descubrí como pasar con descuento en la discoteca. El truco está en decir que estas en la lista de invitados, y tener a bien de conocer el nombre de algún contacto importante. Aunque el sábado en teoría un amigo sí que debía de estar en la lista, poca esperanza había de que con una sola persona inscrita nos dejasen entrar a seis personas. Pero coló. Decir el nombre del contacto, y poner cara de VIP creído funcionó. Hasta al punto que nos permitimos, tan metidos en el papel como estábamos, simular un pequeño cabreo porque el descuento que nos hacían a los seis de 3500 a 2000 yenes (14 euros) por persona nos parecía un insulto. "Queremos hablar con el encargado".
Menos mal que la farsa duró poco, aunque por poco nos pillan cuando al franquear el sitio de la lista de invitados no pudimos controlar nuestra alegría. La noche merecía la pena. En un abarrotado AIR, la gente más cool del mundillo del diseño japonés compartía sudores con la plebe para ver el espectáculo montado por Tomato. Pocas veces el nombre del VJ ocupa más que el del DJ en el flyer.

Un vistazo al portafolio de Tomato, es suficiente para darse cuenta de la trascendencia que tienen en esto del mundo del diseño. Desde sus comienzos en Londres en 1991 como una escisión "artística" del grupo Underworld, Tomato se ha hecho con un nombre respetado que les ha abierto las puertas para trabajar con los más grandes: Adidas, Nike, Sony, Coca-cola, MTV y un largo etcétera. Actualmente cuentan también con una oficina permanente en Nueva York y Tokio, verdaderos "ejes del mal" del diseño, además de una productora que en breve deberá de empezar a producir esas películas tan bohemias que tanto gustan a gente como Vincent Gallo, el rey en esto de los "bodrios cool".
El espectáculo visual no fue para tanto. Parecía más una colección de retales de videos musicales, que un espectáculo montado para la ocasión. La única originalidad estribaba en que se utilizarían imágenes obtenidas de gente anónima que había posado en la exhibición paralela montada por Tomato en el KDDI Designing Studio. Al menos, escuchar pinchar a Trevor Jackson si que fue increíble. Hacía tiempo que no escuchaba a alguien tan bueno. El pionero del disco punk dió una nueva lección a los DJ japoneses de como debe llevarse el ritmo de una sesión, apostando por una heterogénea mezcla de estilos, con guiños como una magnífica remezcla del tema de Snoop dogg "Drop it like its hot". Y aunque después Kitsune bajo el nivel, me dolió especialmente encontrarme a las cinco de la mañana de nuevo en la calle, con los de seguridad pidiendo silencio para no molestar a los durmientes vecinos. Ni siquiera me consoló el cafetito caliente en la zona café del Air.
¿No hay after-hours en Tokio?
O más importante aún, ¿dondé se puede tomar un chocolate con churros a las cinco de la mañana? Porque se mire por donde se mire, como que a esas horas a un castizo que se precie no le entra un ramen...
Comentarios para: "tomato"
Me temo que te tendrías que ir a Tokyo Disneyland para comer チュロス. :P Eso sí, son de los dulces.
je, habra que pensarse exportar el chocolate con churros de madrugada...seguro que triunfa
Huy, pues los de Disney Sea están buenísimos... jajaja, sobre todo con sirope de caramelo ;-)
Lo malo es que a las 5 de la mañana me parece que Maihama te queda muy apartada, y que saltar los muros para colarte y prepararte tú mismo los churros de estrangis en un puestecillo de esos que tienen por el parque no te va a compensar xD
Volver a casa después de años viviendo en otro país:
Creo que esa sensación la tiene, de una manera o de otra, aquel que ha vivido varios años en el extranjero. Mientras estás fuera, no haces sino añorar y comparar lo que ves con lo que antes era tu hogar, y cuando vuelves a él, ya nada es lo mismo, y, nuevamente comparas, pero ahora, en dicha comparación gana lo que acabas de dejar.
Ese sentimiento es el que te convierte en un extranjero en todas partes, porque, en realidad, no son tus amigos quienes han cambiado, ni tu ciudad, sino tú mismo, que ya no eres ni de un sitio ni de otro, y en todas partes te sientes extraño, fuera de todo lugar, y echando de menos pertenecer a algún sitio.
De todas formas, a todo se acostumbra uno. En Tokyo seguro que se sorprenderán de las anécdotas que has vivido, y no siempre la comparación es abrumadora. Muchas veces, es divertida, y siempre enriquecedora.