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Miyakejima
Lo que se conoce como Tokyo-to (東京都) o área metropolitana de Tokio, no sólo son una serie de colapsados distritos junto a una isla artificial. A unos doscientos kilómetros al sur, un pequeño archipiélago de islas se enorgullece de ser parte de la capital del estado, aunque la distancia y su condición de islas, mantenga a sus habitantes ajenos a los vaivenes cosmopolitas de la gran ciudad.
Hace algo más de cuatro años, una de estas islas conocida como Miyakejima fue desalojada debido a las emisiones de dióxido de azufre de un volcán activo, verdadera presencia intimidadora de la isla y seña de identidad. Los algo más de cuatro mil habitantes fueron evacuados, dejando tras de si no sólo objetos materiales, sino parte de unas vidas atadas a los caprichos del volcán Oyama. Sólo un equipo de geólogos y bomberos permaneció en la isla junto a algunos habitantes, para garantizar que no se produjese ningún expolio por parte de algún oportunista, y para retirar de circulación los frigoríficos de las casas, susceptibles a explotar por una mala combinación de gases.
Pero por fin, el primer grupo de repatriados embarcó ayer en el muelle Takeshiba de regreso a la isla. No volverán todos. Muchas familias han rehecho su vida en la metrópolis, y el miedo a un nuevo desalojo puede más que las raíces. Aún así, se calcula que más de dos mil habitantes volverán durante las próximas semanas a sus hogares. O al menos a lo que queda de ellos.
Las primeras imágenes de la isla eran desoladoras. La naturaleza había impuesto su ley, y arbustos y malas hierbas difuminaban lo que antaño habían sido casas y signos de civilización. Oxidadas máquinas de bebidas en los suelos, casas con aspecto de haber sido abandonadas precipitadamente, cierres y toldos desechos... Es mucho lo que tendrán que hacer los habitantes de Miyakejima para reconstruir su hogar, aunque antes de acondicionar las abandonadas casas, se imponen las tareas del alma.
Nada más pisar la isla, muchos recién llegados se encaminaron hacia los cementerios. Cuatro años es mucho tiempo, incluso para un muerto. El silencioso reencuentro con los ancestros sólo fue roto a intervalos por el chasquido metálico de unos altavoces, que con voz femenina urgían a ponerse las máscaras antigas. Y es que, como si de una cruel bienvenida se tratase, el volcán Oyama saludó a sus habitantes con peligrosas emanaciones que hicieron temer el regreso.
"Cuatro años es mucho tiempo, y es normal que los muertos se enfaden", decían los más ancianos del lugar.
Comentarios para: "Miyakejima"
Este podria ser uno de esos duelos del hombre contra la naturaleza. Aqui podria hablarse de un claro vecedor, aunque por el momento promulgue una tregua.
Gracias y de veras siento no poder ayudarte. No se nada del músico que mencionas.
No hay problema Jorge, sigo moviéndome en busca de datos, a la espera de otra maravillosa crónica del lejano (más cercano, en parte, gracias a ti) Japón.
jorge_: deseo poder tener contacto para aprender del mundo en japon, si me puedes sugerir algun lugar o texto.
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