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de[s]proporción
En "Millenium Mambo", una de esas cada vez más frecuentes películas donde se mezclan actores asiáticos de varias nacionalidades, Shu Qi escapa de su cada vez más opresivo Taipei para refugiarse por unos días en un pequeño pueblo japonés enterrado bajo metros de nieve. El pueblo durante esos días hierve en actividad, mostrando sus mejores galas: Grandes carteles pintados a mano de viejas películas japonesas.
Todo esto sucede cada año en un pequeño pueblo en el corazón de Hokkaido (la isla más septentrional de Japón con permiso de las Kuriles), bajo el marco del "Yubari International Fantastic Film Festival". Y aunque me gustaría poder contar anécdotas de este festival, hasta finales de febrero que empieza poco hay que contar.
El tema es otro. Los carteles de cine, esos enormes carteles de proporciones descomunales sobre las marquesinas de los cines, hasta hace bien poco eran pintados a mano por artistas de la proporción, infravalorados en una época en donde la impresión digital todavía era una quimera. Desconocidos pero con un punto bohemio, como aquel personaje de "Trailer para amantes de lo prohibido", la irrupción de la "reprografía digital" no hizo más que convertir a estos pintores de brocha gorda, en auténticos artistas capaces de aportar una nueva dimensión artística al séptimo arte. El cartel de turno de cualquier producción americana, cuando es pintado a mano gana en humanidad. Las grandes facciones esbozadas con trazos inseguros y pequeñas desproporciones, provocan la simpatía de un espectador que se siente seguro entre los tonos pastel de una pintura, ajena a los brillos cromáticos de la fotografía. Para brillos los neones, debiera pensar el espectador cuando alza la cabeza para fijarse en el cartel.

El que esta profesión siga existiendo hoy en día es un misterio envuelto en glamour. Y que tanto en la Gran Vía de Madrid como en Tokio, todavía se puedan ver estos carteles pintados a mano, reliquias de otros tiempos y de otras películas, es una curiosidad digna de una tesis sobre interculturalidad.
En mi caso, ver estas anónimas pinturas callejeras me hace sentirme como en casa.
El otro sentimiento que me provocan es desear tener uno de estos cuadros reproduciendo la famosa foto de Irene Jacob en "Rojo" de Kieslowski.
Comentarios para: "de[s]proporción"
Esto me recuerda que en Mexico (supongo que no es el único lugar del mundo, seguramente es habitual en otros países en sudamérica) utilizan las paredes para anunciarse. Hay grandes murales, hechos por artistas anónimos, anunciando todo tipo de productos, incluso a los candidatos electorales cuando llega el momento. Aunque la imagen que más me impresionó fue un mural del EZLN en la estación de autobuses a la llegada a San Cristobal de las Casas con la reivindicación eterna(esa que los politiquillos de turno intentan olvidar) de la tierra para los indígenas....
a mí me gustaría tener este cuadro también. en Barcelona nunca he visto carteles pintados a mano, no sé si no hay o se nunca me he fijado.