Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

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Octubre 31, 2004

clockwork halloween

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"Oh bliss! Bliss and heaven! Oh, it was gorgeousness and gorgeousity made flesh. It was like a bird of rarest-spun heaven metal or like silvery wine flowing in a spaceship, gravity all nonsense now. As I slooshied, I knew such lovely pictures! "

- Alex en "The Clockwork orange" -

Noche de muertos. Halloween también se celebra en Japón y cada vez con más adeptos, aunque continúa siendo la noche en la que los extranjeros salen de Roppongi, hasta sórdidas fiestas en los lugares más recónditos de la ciudad. Ni un solo bar en Shibuya para poder tomarse una copa tranquilamente, todos con improvisadas fiestas de Halloween con un extranjero en la puerta franqueando el acceso.

Y para mi que cualquier excusa es válida para disfrazarme (demasiados tebeos de "Mortadelo", quizás), no pude resistir la tentación y me decidí por encarnar a Alexander 'Alex' de Large, el protagonista de "La naranja mecánica". Y en vez de ir al Korova Milkbar fui a Ageha, más que nada por la gran fiesta de Halloween que habían montado. Un millón de yenes al mejor disfraz de la noche, y por supuesto entrada gratuita para los disfrazados.

Creo que ni en el concierto de Fatboy Slim había tanta gente. Lo de ayer fue una fiesta de Halloween por todo lo alto, aunque para unos amigos americanos el que esta fiesta se celebrase en un club y en Japón, les hirió un poco el orgullo patrio. Festejos a parte, me sorprendieron algunos disfraces.

Convertir lo cotidiano en disfraz es algo fácil y que no requiere mucho presupuesto. Así ir de futbolista o médico son disfraces socorridos que siempre pueden sacarte de un apuro. Otros disfraces cotidianos como el de enfermera, criada o colegiala, siempre causan furor por la carga erótica que contienen. Sin embargo, los disfraces de colegiala que venden no tienen nada que ver con los disfraces de los colegios en España, por lo que la novedad del vestuario y la evocación del disfraz contribuye también a despertar la líbido.

Sin embargo, en Japón los uniformes del colegio son calcados a los disfraces de colegiala, por lo que ver a una colegiala en una fiesta de Halloween te hace pensar más en una colegiala real que ha decidido salir de fiesta (algo de lo más normal en las noches de Tokio), a alguién que ha decidido disfrazarse.

Otros japoneses más avispados utilizaron cierta psicología inversa para llegar a la siguiente conclusión: "Si Halloween es una fiesta de extranjeros, vamos a darles su dosis de exotismo oriental". Y así no faltaron improvisadas geisha con yukata de verano, ni samurai venidos a menos con machacados trajes de kendo.

Para el próximo Halloween me pido ir disfrazado de sarariman...

::: escrito a las 10:53 PM | {comentarios} (3)

Octubre 25, 2004

remo

Paraleo al río Arakawa en lo que se conoce como Todakoen, hay un canal artificial que data de los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964. Tras los juegos, el canal fue cedido para uso y disfrute de los ciudadanos, aunque han sido las universidades las que han acaparado el protagonismo del canal. En las riberas, modernos edificios representan a cada una de las seis Universidades más prestigiosas de Tokio, que forman la liga conocida como Tokyo roku daigaku formada por la Universidad de Tokio, Waseda, Keio, Meiji, Hosei y Rikkyo. Cada edificio es una tarjeta de visita del poderío de cada Universidad, y aunque nuevos edificios de nuevas universidades también pueblan el canal, ninguno es comparable al de estas seis universidades, y de todos ninguno al de la Universidad de Tokio, que posee el edifcio más grande, más moderno y mejor situado de todos.

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Y es que la Universidad de Tokio, además mantiene un fraticida duelo con la Universidad de Kioto, al estilo del famoso duelo entre Oxford y Cambridge. Esta famosa competición de remo aunque no al nivel de los partidos de béisbol, es seguida por todo Japón, como síntesis de la bipolaridad que ha existido no ya entre dos capitales, sino entre dos modos de enfocar una herencia cultural. Los colores azul oscuros de Kyodai (Universidad de Kioto) representan la tradición de una cultura decidida a preservarse sin evolucionar, mientras que el azul claro de Todai es la visión aperturista representada por una ciudad abierta a todo tipo de influencias.

La tradición de las competiciones de remo ha llegado hasta mi facultad, y cada año una competición reúne a todos los departamentos y estudiantes para determinar el más rápido. Cada grupo tiene derecho a tres días de entrenamiento, aunque mi departamento sólo opta a uno y no porque vayamos sobrados precisamente. Sin embargo, este año para sorpresa de todos (y nosotros los primeros) marcamos el tercer mejor tiempo en la ronda preliminar que incluía a unas 45 embarcaciones.

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Sin embargo fue todo un espejismo. En cuartos de final no logramos clasificarnos, en parte a que nos cambiaron la embarcación por una con los asientos en un estado lamentable. De nada sirvieron nuestros esfuerzos, ya que hasta en tres ocasiones tuvimos que prácticamente detenernos porque los asientos corredizos se habían salido de su sitio. Acabamos con mal sabor de boca por el fallo y con unos callos en las de impresión.

Aunque mereció la pena esos segundos de gloria cuando hicimos el mejor tiempo, y olvidamos las miserias del laboratorio por un tiempo...

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Octubre 24, 2004

Niigata

Ayer, bajo toneladas de hormigón en un café cualquiera y sin escape posible, sin saber que el pequeño temblor que yo estaba sintiendo en ese momento había devastado parte de Niigata segundos antes, me dió por reflexionar lo que Watsuji Tetsuro había hecho casi un siglo atrás. Como la omnipotente y a veces violenta naturaleza de Japón ha condicionado el carácter y la mentalidad de un pueblo tan poco apegado a la vida. No sólo grandes catástrofes como tifónes y terremotos te despiertan a la vida continuamente, recordándote la fragilidad de nuestros enormes sacos de agua y vísceras. Pequeños accidentes naturales, como el breve florecimiento de los cerezos, o el último grito sangriento de las hojas de arce antes de caer al vacío, son símbolos de la transietoridad de esta tan especial sensibilidad japonesa.

Hoy mientras comía he podido por fin ver las primeras imágenes de la gran catástrofe. Puentes y carreteras irreconocibles, vías de tren dobladas como los raíles de una montaña rusa, casas irremisiblemente reducidas a escombros... Y sobretodo el drama humano de cientos de personas sin hogar, mendigos ahora de unos eficaces servicios sociales que junto con las fuerzas de protección civil, el ejército y cientos de voluntarios, han conseguido llevar alimentos, medicinas y agua potable a una provincia que a estas horas permanece incomunicada tanto por tren como por carretera.

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De entre todas las imágenes, una sobrecogedora. En una porción de asfalto que se mantenía en pie, como un oasis entre los amasijos de varios coches varados, una inscripción gigante en tiza contenía un terrible mensaje: "SOS. 12 heridos". Incomunicados, el que ese mensaje fuese visto desde un helicóptero resultó su tabla de salvación.

FOTOS: Kyodo news y Yomiuri shinbun

::: escrito a las 05:23 PM | {comentarios} (3)

Octubre 21, 2004

fotomatón

Gran torneo de Sumo de Otoño tirasumo.jpg

Canon AV-1 / Film Fuji Sensia III 100

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Octubre 19, 2004

Yayoi

Que Tokio es una ciudad en continuo cambio no es la típica frase hecha aplicada a urbes de todo el planeta. Si la vida media de un edifico es de 20 años, no es porque se estén cayendo de mal hechos (aunque mucho prefabricado hay), sino porque la falta de espacio exige una optimización continua en los usos del terreno.

Hace ya unos meses que mi laboratorio al completo se mudó a un flamante edificio nuevo contiguo al vetusto edificio de la Facultad. Bueno, todo el laboratorio no. El laboratorio donde se trabaja con isótopos (el único de la facultad) permanecerá en los sótanos por motivos de seguridad, con lo que si antes ya cansaba el estar todo el día subiendo y bajando de una planta a otra, ahora que hay cinco plantas de diferencia y un edificio de por medio, los paseos son ciertamente insidiosos.

Con este nuevo edificio son ya tres los edificios añadidos al original, una heterogénea mezcla arquitéctonica que escandalizaría a más de un arquitecto, aunque ya se sabe que en temas de ciencia se impone la funcionalidad antes que el diseño. Hace poco uno de estos añadidos fue demolido para construir un nuevo edificio, y al retirar los escombros y cavar los nuevos cimientos, se descubrieron restos arqueológicos que tuvieron paralizadas las obras un buen tiempo. Incluso la televisión se hizo eco de la noticia.

Quizás en otra parte de Japón el hallazgo hubiese pasado desapercibido, pero no en Bunkyo-ku, nombre del distrito donde se sitúa la Universidad de Tokio. Y es que cuando en 1828 se descubrieron unas cerámicas junto a varios utensilios en lo que es hoy la estación de metro de Nezu -una de las estaciones de acceso al Campus-, nadie podía imaginar que estos restos arqueológicos darían nombre a todo un periodo histórico de la cronología japonesa, el conocido como Yayoi (300 AD - 300 DC). Nombre que además recibe una parte del campus de la Universidad (frecuentemente referido como Campus de Hongo), en homenaje a los restos encontrados.

Panorámica del descampado de la polémica

Finalmente los restos simplemente resultaron ser del siglo XVIII, y tras ser cuidadosamente desenterrados y clasificados, se reanudó la construcción del edificio sin mayores consecuencias que la inclusión de un panel informativo dando cuenta del curioso hallazgo. Y aunque las comparaciones siempre son odiosas, me imaginó que en Estados Unidos se hubiese armado un gran revuelo por encontrar restos "tan" antiguos, hasta el punto que seguro que cambiarían el planteamiento original para levantar algún tipo de pseudo museo patriótico de historia americana. Y en España... bueno, creo que los restos estarían ya bajo toneladas de asfalto bajo el subsuelo.

::: escrito a las 11:11 PM | {comentarios} (4)

Octubre 18, 2004

Takaosan

El domingo recuperé mi espíritu dominguero y tiré "pa" el monte. Decir la sierra de Tokio es mucho, pero el Monte Takao y las colinas contiguas son lo más parecido a la Sierra o a la naturaleza en estado salvaje, que se puede encontrar dentro del área metropolitana de Tokio.

La excusa era ver el Festival de Otoño celebrado en el templo Takaosan Yakuoin, un curioso festival en el que niños disfrazados de ninja son los protagonistas de esta tradicional celebración. Al final, llegamos tarde para ver el festival aunque pudimos ver algunos de estos diminutos ninja de regreso a casa. Y aunque el festival no pudimos verlo, ya que estábamos allí decidimos subir hasta la cima del monte.

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Viendo a muchos japoneses, parecía que la ascensión del Takao era equiparable a subir el Himalaya. Botas y ropa de montaña, grandes mochilas, bastones y piolets constituían un disuasorio arsenal, totalmente innecesario para una ascensión de 599 metros. Intimidados porque calzabamos unas simples zapatillas y la ropa de los domingos, por si acaso decidimos hacer la mitad del trayecto en un cómodo telesilla, y reservar fuerzas para la bajada a pie.

Como no podía ser menos y al igual que el Fujisan, tiendas y venta de souvenirs por todos los lados, además de mucha gente, mucha, incluida esa rara avis de abueletes escaladores capaces de dejar en evidencia a muchos jóvenes y no tan jóvenes. Desde la zona del telesilla, un suave camino asfaltado conduce a la cima, abriéndose paso entre enormes cedros e increíbles perspectivas de Tokio y Yokohama. De camino a la cima también se sitúa el famoso templo budista que da nombre a la montaña, construido en el año 744 como lugar de culto del legendario Tengu, deidad budista de larga nariz y alas, su presencia ha servido para preservar este pequeño rincón natural del desmesurado crecimiento urbano de Tokio.

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Y aunque todavía el otoño no había cubierto el bosque de tonos rojos, el verdor de los momiji (arce), junto con el frescor y suave ronroneo de la cascada Biwa-daki, me recordaron a esos frondosos bosques de Navarra, donde perderse caminando es un delicioso y obligado placer.

Que necesario es tomar de vez en cuando unas bocanadas de aire fresco.

::: escrito a las 11:13 PM | {comentarios} (1)

Octubre 11, 2004

PEN

Sería difícil clasificar esta interesante revista, ya que cada número es una pequeña monografía de temática diversa. El número de este mes va sobre carteles y créditos de cine. Y en portada, sequencia de los títulos de "Mujeres al borde un ataque de nervios". Que no se diga que nuestro Pedro no es internacional.

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Y no acaba ahí la cosa. En páginas interiores entrevistas a algunos de los mejores rotulistas de créditos de películas, entre ellos Juan Gotti, argentino afincado en España y colaborador habitual de Almodóvar.

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Interesante también el repaso a los carteles de cine que han marcado estilo, y el listado con algunas de las tiendas donde poder conseguir en Tokyo carteles de importación. Aunque visto que un cartel original de "Goldfinger" cuesta 100.000 yenes (740 euros), mejor decorar la casa con alguno de los carteles que te regalan en el videoclub.

::: escrito a las 11:55 PM | {comentarios} (7)

Octubre 08, 2004

slow is beautiful

Últimamente hay un movimiento que se está propagando "lentamente" por la sociedad japonesa. El leiv motif convertido en logotipo de esta corriente es "slow life", sinónimo de una forma tranquila de vivir que se contrapone a la norma general de un país estresado por naturaleza. Con una altísima tasa de suicidios en su mayoría derivada del exceso de trabajo (karoshii), y con una ausencia casi paradójica de psicólogos (tanto seculares como laicos) para un país desarrollado, las alternativas para combatir el estrés no pasan por remedios chinos, sino por huir de las grandes ciudades y volver al campo en un forzado intento de autarquía a la manera tradicional. Son muchos los programas de televisión, revistas e incluso películas que muestran las ventajas de esta relajada vida en zonas rurales, donde aunque parezca difícil de creer, son lugares que poco tienen que ver con el animalario social visto en las grandes ciudades.

Una casa tradicional japonesa en el campo. Sentarse en el endai (veranda) mientras se saborea una taza de ocha (té), o simplemente dejarse mecer por la apatía de ser, por ese ensimismamiento de mirada perdida, es un sentimiento recogido en "Cha no aji" ("Con sabor a te"), interesante película que roza momentos de preciosista realismo mágico.

La película gira en torno a las historias y anécdotas de los miembros de una particular familia, armada en torno a un excéntrico abuelete. El primer amor adolescente, superarse a si mismo, reencuentros con viejos amores, o peculiares descubrimientos interiores, transcurren por este collage de atípicos personajes, donde no faltan continuas referencias de temática manga. Y es que el director de esta perla es Katsuhito Ishii, muy ligado al anime y responsable entre otros trabajos, de la secuencia de animación de "Kill Bill 1".

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Dos apuntes. A destacar un hermoso plano secuencia de unos 10 minutos, en el que un soberbio Tadanobu Asano da una lección de espontaneidad y demuestra el por qué es uno de los mejores actores japoneses del momento. Y la otra gran sorpresa, es el pequeño papel de Terajima Susumo, una cara habitual en las películas de Kitano, que encarna en esta ocasión al espíritu de un yakuza enterrado vivo, que será el desencadenante de la historia más original y divertida, además de hilo conductor de la película.

::: escrito a las 11:42 PM | {comentarios} (4)

Octubre 05, 2004

llueve sobre mojado

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Esto empieza a tener tintes de diluvio universal. Desde el sábado lloviendo sin interrupción, y las predicciones metereológicas precisamente no indican que vaya a cambiar la situación.

Junto con la lluvia, un descenso brusco de las temperaturas, por lo que me vi obligado a cambiar el futon de verano por el de invierno, además de sacar parte de la ropa de invierno. Y a poco estuve de sacar el kotatsu (especie de manta eléctrica en la versión moderna)

Casi llegó el invierno

::: escrito a las 11:25 PM | {comentarios} (1)

Octubre 04, 2004

Braniff gets you there with flying colors

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En plena crisis del sector aéreo, con alianzas inimaginables, compañías antes orgullo e insignia de la nación ahora al borde de la quiebra, y con la irrupción en el mercado europeo de compañías ultra-baratas dispuestas a reventar los precios y la forma de viajar, parece que el glamour que rodeaba antaño los viajes en avión, se desvanece entre las medidas de seguridad de los aeropuertos-búnker. Bienvenidos a la colectivización de un transporte, y a su tranformación en meros autobuses aéreos. No más periódicos, no más aperitivos, no más bellas azafatas sonrientes y no más comida de plástico -bueno, quizás esto último no sea tan malo al fin.

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Mucho antes de la crisis, mucho antes de los atentados terroristas, en plena década de los 70, una compañía revolucionó la forma de volar hasta límites nunca alcanzados desde entonces. Volar era una experiencia, no sólo aerostática sino mayestática. Una exposición en el Parco Museum de Shibuya, situado en el centro comercial del mismo nombre y famoso por ser testigo de las últimas tendencias, recoge los restos de Braniff, aerolínea que ha sido, es y nunca será (aunque Virgin Atlantic se acerca) modelo a seguir, como ejemplo de innovación, calidad y diseño. Y aunque desapareció en 1982 por suspensión de pagos, murió con glamour y sin renunciar a sus principios estéticos.

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"Braniff Airline Expo" es el nombre de esta exhibición que recoge la historia de tan singular compañía, desde sus comienzos en 1928 de la mano de los hermanos Braniff, hasta su época dorada en los 70. Unos cuantos datos. Fue la primera compañía norteamericana que realmente explotó las rutas a latinoamérica. Fue también la primera que estableció una ruta continental para el Concorde, desde Washington D.C hasta Texas, además de un vuelo directo entre Dallas y Londdres/Paris.

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Pero más que logros aeronaúticos, lo que realmente caracterizó a Braniff International y tema central de la exposición, fue el diseño. Artistas y diseñadores como Alexander Girard, Emilio Pucci, Alexander Calder o Halston entre otros, se encargaron de cuidar el diseño corporativo de Braniff hasta el mínimo detalle. Uniformes de azafatas y personal, vajillas, interiores de aviones y terminales, exteriores de los aviones, billetes, horarios, folletos, publicidad, identificadores... y un largo etcétera de objetos de uso cotidiano, convertidos en piezas de diseño acordes con los psicodélicos setenta. Diseño que en pleno revival setentero-ochentero en que vivimos, trasciende las barreras artístico-funcionales tipo Bauhaus, para ser consideras verdaderas obras de arte e iconos de una época sin fecha de caducidad aparente.

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Pero otra de mis mayores sorpresas de esta exposición fue comprobar que Japan Airlines también hizo sus pinitos en esto del diseño. Durante los 70, los adinerados pasajeros de primera clase, disfrutaban de suelo de tatami, azafatas en kimono, y kakejiku tradicionales adornando las paredes, sin contar la experiencia gastronómica de comer sushi a once mil pies de altitud. Todo muy japonés, para convertir su vuelo a Japón en una experiencia inolvidable... Yokoso!

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Fotos pertenecientes al libro:

"The end of the plain plane. Braniff airline Expo. Visual Book"
Ed. Glyph. Tokyo, Japan, 2004.

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::: escrito a las 11:24 PM | {comentarios} (13)

Octubre 03, 2004

DJ KRUSH

A mi ototo...

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Más información sobre DJ Krush en:

http://www.mmjp.or.jp/sus/krush/

::: escrito a las 11:56 PM | {comentarios} (1)

Octubre 02, 2004

Converse All Star

La marca de las botas de baloncesto para mi se ha convertido en algo que roza el fetichismo. Desde mis tiempos escolares, siempre he calzado unas Converse. Será por Larry Bird, o será por que las Converse se me adaptan como un guante al pie, pero el caso es que mis primeras botas fueron Converse, y desde entonces he seguido fiel a esta marca que hasta hace poco representaba el antagonismo a Nike, o al menos eso creía yo en mi particular imaginario.

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Las Converse ejercieron su dominio hasta finales de los 80, cuando hicieron su irrupción unas tal Air Jordan que revolucionaron el mercado de las zapatillas. Por un lado, Converse representaba la "pureza de la tradición", frente a Nike que representaba un tipo de juego extremadamente físico, personificado en tipos con muelles en vez de piernas. Sin embargo, el año pasado Nike compró Converse, en un terrible guiño a la historia de este deporte.

Sin embargo Converse sigue fabricando botas de baloncesto, además de las clásicas Chuck Taylor, por lo que cuando mis actuales botas fenecieron en acto de servicio, ni se me pasó por la cabeza el reemplazarlas por una marca diferente. Sin embargo, el buscar unas Converse en Tokio fue toda una aventura.

Ya en Madrid solía tener problemas en encontrar Converse, no porque no hubiese, sino porque no encontraba un modelo que me gustase. Sin embargo en Tokio directamente no existen. Tras recorrerme todas las tiendas del "barrio del calzado" (Okachimachi) y las mayores tiendas de Ikebukuro, comprobé: Uno. Que las Converse de baloncesto no existen. Dos. Que las Converse Chuck Taylor se venden como churros.

Sin perder el ánimo consulté la web japonesa de Converse, y para mi sorpresa si que se comercializan botas de baloncesto en Japón, aunque sólo cuatro modelos. Tras elegir on-line el modelo, llamé a las oficinas y conseguí la dirección de una tienda de deportes en Shinkuju, donde por lo visto las vendían. Efectivamente, allí estaban.

Y mientras se desarrollaba mi búsqueda, cayó en mis manos un interesante artículo de "Slam" (revista norteamericana de baloncesto), sobre la historia de las zapatillas de baloncesto. Me llamó la atención un dato perfectamente extrapolable a mi propia experiencia en españa. Actualmente se va a los playgrounds (canchas en la calle) a lucir zapatillas y demás parafernalia, sin importar demasiado el nivel de juego. Sin embargo, en los "viejos tiempos", el que estrenaba zapatillas e iba vestido como si de un video de rap se tratase, era considerado el típico "flipao" que apenas sabía jugar, y por tanto no era respetado en la pista. Y es que en los 80, unas zapatillas machacadas eran sinónimo de "jugón" tanto en los playground de Nueva York como en los de Madrid. Todavía recuerdo como siempre que estrenabas zapatillas, todos los compañeros se apresuraban a pisartelas para que perdiesen el brillo y no desentonasen.

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Aunque por supuesto, también había esa satisfacción en llevar un modelito exclusivo, como bien sintetiza Bobbito García en el libro "Confessions of a Sneaker Fiend":

"And there were rewards for being the shit, with hot sneakers that no one else had. Any true sneaker fiend’s most cherished memories are of the days that he heard the words, “Yo, money, where’d you get those?” Ah, just writing them makes me smile. The rush of someone noticing your most treasured possessions was immeasurable".

FOTO: Mis viejas Cons (rojas con mi número 13) saludan a mis nuevas Converse Icon, un "remake" del clásico modelo Weapon con las que Bird ganó el último campeonato para los Celtics en el 86.