Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y digresivas de una vida en Tokio

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Julio 31, 2004

etiqueta

METROSEXUAL \me-(.)tro - seksh-(e-)wel/ n:
1: Twenty-first century male trendsetter 2: Straight, urban man with heightened aesthetic sense 3: Man who spends time and money on appearance and shopping 4: Man willing to embrace his feminine side.


Ya estaba al corriente de este nuevo palabro promocionado por las marcas de moda y las empresas de cosméticos, para que el "macho de a pie" no se sienta herido en su orgullo varonil, y pueda comprar las últimas tendencias dictadas por las revistas de moda sin verse cuestionado en su intocable sexualidad.

A mi esto de las etiquetas es algo que no me gusta nada. O acaso no es sospechoso que el hombre que antes se "cuidaba su cutis", haya pasado de ser muy femenino (o "marica" para los que no gustan de frivolidades) a ser metrosexual, un término que de tanto oirlo en los panfletos de moda suena hasta "cool".

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Hojeando el libro "The Metrosexual Guide to Style: A Handbook for the Modern Man" en una librería de importación, mis más oscuros temores se han visto confirmados... el libro no es más que una enumeración de normas básicas de urbanidad para saber mantener cierta educación y respeto por las mínimas etiquetas sociales, aderezas por un pátina kitsch al más puro estilo de ese James Bond que pedía siempre "Vodka Martini: shaken, not stirred". Que en el país de Beckham sea necesario un libro así para educar a las hordas de bárbaros hooligans me parece lógico y hasta positivo. Pero al resto del planeta con un mínimo de saber estar, el libro nos parecerá una soberana tontería. De hecho, a mi me ha recordado a cierto libro que había por mi casa cogiendo polvo, que se llamaba algo así como "La perfecta ama de casa", y no era más que uno de esos famosos libros del tardofranquismo (en este caso editado por ABC), de prosa aleccionadora y nacionalcatólica que enseñaba el buen camino a las mujeres virtuosas, camino que por supuesto no iba mucho más allá de la cocina y de servir al marido sumisamente.

Pero vamos, que apuesto a que habrá por ahí muchos machitos reconvertidos proclamando en voz alta su metrosexualidad.

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Julio 30, 2004

La Playa

Tras uno de esos extraños días sin húmedad, a veces una suave brisa te trae el aroma salado de mar. Es entonces cuando te das cuenta que Tokio es una ciudad costera.

Quizás por que soy de una ciudad de interior sobre la árida meseta castellana, tiendo a no considerar el mar como una necesidad vital. La gente de ciudades con mar parece que se ahogan tras pasar largas temporadas sin poder ver ni oír el continuo oleaje. Pero quizás Tokio es la excepción a este hecho, ya que todos sus habitantes viven de espaldas al mar. No hay en Tokio paseo marítimo ni playa propiamente dicha, salvo una artificial construida hace unos años en el complejo comercial que forma la isla prefabricada de Odaiba. Tampoco hay un puerto marítimo con ambiente de ocio, y nadie te dirá nunca que echa de menos el mar. Para los japoneses de Tokio el mar simplemente no existe.

Con la espinita clavada por mis vacaciones de Guam, el fin de semana pasado decidí hacer una pequeña excursión playera. Ya conocía las congestionadas y sucias playas de Enoshima y Kamakura, por lo que decidí explorar las playas de Chiba, relativamente cerca de Tokio (unas dos horas en tren) y con fama de playas limpias y no demasiado congestionadas. Al final fui a Kujukurihama (九十九里浜), una larga playa de surferos en la que afortunadamente no había demasiada gente. El único problema era el agua, demasiado sucia.

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Y en las últimas horas de sol, la playa se empezó a llenar paulatinamente de gente. La gente venía al jibiki ami, una especie de pesca colectiva que se realizaba antiguamente en Japón, y que ahora se ha quedado como un festival para deleite de turistas. Una barcaza extiende una larga red enfrente de la playa, y los dos extremos de la red los lleva a la playa para que la gente tire poco a poco de la red. Siguiendo la antigua tradición en la que toda la gente del pueblo sin diferencia de género ni edad tiraba de la cuerda, hoy las sufridas familias de domingueros tiran para ver si consiguen algún pececillo para la cena.

Pero para desilusión de los más pequeños que esperaban coger algún pez en las bolsas de plástico que llevaban en la muñeca, la red se reveló como un método para limpiar de porquería el agua de la playa. Y es que salvo algún pececillo despistado, lo único que se "pescó" fueron papeles, envoltorios y algas.

Y para terminar la jornada y quitarnos la sal del cuerpo, que mejor que un onsen. Para mi sorpresa, una nueva atracción que hasta ahora no había visto. Al aire libre una cama de roca pulida sobre la que circula un centímetro de agua a 36 grados. Toda una delicia estar tumbado mirando las estrellas, escuchando a las chicharras y grillos componer su melodía de noche de verano, mientras que una suave brisa mezclada con el aroma de madera de pino mece tu cuerpo desnudo sobre la confortable piedra.

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Julio 29, 2004

Rebajas

Apenas dos semanas de rebajas en invierno y otras dos en verano, marcan el periodo consumista para los cazadores de ofertas y chollos. Eso si, los japoneses cuando rebajan lo hacen a lo grande, y no es raro ver carteles del 50% en muchos de los grandes almacenes.

Dejándome guiar por este fervor consumista y con ganas de renovarme, me di un paseo por Harajuku (el barrio "fashion" por excelencia) para ver si podía hacerme con algo en condiciones.

La primera tienda que visité es uno de mis clásicos. Una tienda donde te venden los restos de colecciones de marcas de moda a precio de saldo. Generalmente siempre hay buenas gangas, que en rebajas se habían multiplicado.

Pero el problema en Japón no está en encontrar algo bonito, sino algo que sea de tu talla. No es que yo sea un gigante, simplemente soy un poco más alto que la media japonesa. El problema es que los japoneses apenas tienen culo, y los pantalones que parecen que te van fenomenal de largo, a la hora de probartelos descubres con resignación que no entras en ellos. Con camisetas no hay problema, pero con camisas es difícil encontrar una que no te provoque estar permanentemente encogido de hombros, o tener las mangas de la camisa estilo Enrique Iglesias.

Frustado por no encontrar nada de mi talla, encontré por fin "La Tienda". Si, esa tienda con la que conectas a la perfección, y deseas comprarte todo lo que tienen. Llevaba mucho tiempo buscándo ese tipo de tienda en Tokyo. Por supuesto hay tiendas de ropa extranjera que figuran entre mis favoritas, como APC y Marithe, pero me faltaba encontrar una tienda de ropa japonesa que me enganchase.

La marca en cuestión es "CALLE". Si, encima un nombre muy castellano, aunque los carteles de rebajas en italiano (Saldi), me hicieron dudar de si era realmente 100% ropa japonesa. Duda que me solucionaron al instante las amables dependientas, y que comprobé al probarme los primeros pantalones talla L. Afortunadamente, tenían también talla LL (equivalente en nombre a la XL, la siguiente sería LLL o XXL en inglés) que me estaba bien. Menuda alegría me llevé, aunque sólo pudiera permitirme un capricho, y es que a pesar del 70% de rebajas, la ropa era un poco cara.

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Julio 19, 2004

aIr

La nueva política japonesa de colocar todas las fiestas en lunes para que la gente haga puente, se gaste los ahorros viajando por Japón y reactive la economía ha provocado que la fiesta conocida como "Umi no hi" (día del mar) o "Marine Day", haya sido hoy lunes.

Esta fiesta fue creada en 1941, para conmemorar que el 20 de Julio de 1876 el Emperador Meiji regresó sano y salvo al puerto de Yokohama tras un viaje por el norte de Japón. Tras la guerra esta fiesta fue abolida, y no se volvió a reimplantar hasta 1996, más que nada para que los japoneses pudiesen tener al menos una fiesta oficial entre los meses de junio, julio y agosto; y por la presión de ciertos grupos ecologistas que reclamaban un día del mar. Esta fiesta también sirvió para adelantar un día el inicio de las vacaciones escolares, y actualmente es cuando los japoneses van en masa a las ya de por si frecuentemente congestionadas playas para darse un chapuzón conmemorativo. El que eligiesen "revivir" una fiesta aprobada tras los oscuros años de fanatismo imperial, es todavía un misterio sin resolver.

Fiesta el lunes, domingo clubber.

Y un nuevo club: "Air". Situado cerca de Nakameguro, fuera del circuito habitual de sitios de marcha, es un club que me trajo recuerdos de mis salidas por el "Camp" y el "Suite" de Madrid en sus épocas de esplendor. Gente guapa, fashion victims y algo de ambiente gay fue la heterogénea mezcla que me encontré en un local donde todavía no han llegado los extranjeros. Un sitio amplio sin ser demasiado grande, bien insonorizado y con un sonido de calidad, aunque con una iluminación y un VJ un tanto flojo. Además, como invitado estrella DJ Pierre, toda una leyenda del house en Chicago y en el mundo.

Una noche memorable que en su ocaso me recordó:

1. Los afterhours que conozco están todos en Roppongi.

2. No hay chocolate con churros en Tokio, y es imposible tomarse un buen café hasta las siete de la mañana.

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Julio 17, 2004

vacaciones (y II)

El viaje empezó con dos horas de retraso, debido a las malas condiciones atmosféricas de la isla. Y es que si una semana antes me congratulaba por no haber elegido como destino Okinawa, mientras veía por la tele los efectos de un tifón sobre la isla, la suerte se volvió contra mí, ya que Guam estaba bajo los últimos coletazos del tifón Tingting.

Muchas turbulencias y una cálida lluvia fue la bienvenida a nuestra llegada a Guam a eso de las 5 de la mañana. Cuando por fin amanecimos al mediodía, la situación no había cambiado mucho, nublado y con un viento un tanto molesto. Ante esa perspectiva, sólo nos quedaba probar las otras alternativas de ocio que ofrece la isla, además de la playa y macrocomplejos hoteleros.

Y desgraciadamente la única opción era irse de compras, ya que tal y como define a Guam las Guías de viaje "Lonely Planet":

"Sure there's sun, sand and wilderness. But Guam - really - is all about the duty free shopping"

Para el japonés medio con sueños cosmopolitas, Guam es lo más parecido a Estados Unidos que puede llegar a ver sin tener que gastarse mucho dinero. Grandes carreteras dispuestas en cuadrícula, centros comerciales, Mcdonalds drive thru, y espacio por todos lados, ofrecen la imagen de un descolorido sueño americano. Los chamorro, o los indígenas de esta isla ofrecen la sensación de encontrarse en tierra de nadie. Han perdido sus raíces y parte de su idioma, y el sueño americano que les vendieron ha resultado ser humo. Si, es cierto que en sus pasaportes pone que son estadounidenses, pero no se corresponden con los yankees de piel blanca y pelo rubio que veranean en la isla o que trabajan en las bases militares. Incluso su acento es ligeramente diferente al que se habla en el "continente".

Guam se basa en el turismo, y el mal tiempo es su peor enemigo. Todavía están recuperandose del terrible tifón que destruyó parte de la isla hace un año, y aunque muchos hoteles siguen cerrados y los precios por los suelos, parece que la situación empieza a mejorar. Casualmente estaban en época electoral para elegir al gobernador, y uno de los lemas de uno de los candidatos que se anunciaba en las valles publicitarias, era que si salía elegido, vendrían turistas de todo el mundo. Un mensaje populista, pero que refleja la importancia del turismo como motor económico, algo que en España también conocemos muy bien.

Pero cuando ya te has recorrido todos los centros comerciales, y reencontrado con viejos conocidos del fast-food americano como Taco Bell o Little Caesar, descubres que ya no hay nada por ver. Y lo digo con conocimiento. Alquilamos un coche, y tras recorrer durante un día entero toda la isla comprobamos que los monumentos o sitios de interés, primero no tenían ningún tipo de interés, y segundo estaban en un estado de ruina total.

Un ejemplo es el famoso monumento llamado "Two Lovers Point", erigido en memoria a dos amantes que tuvieron que suicidarse juntos para poder preservar su amor. En el lugar, una escultura y un mirador recuerdan a estos Romeo y Julieta de Guam. Sin embargo, la escultura no estaba, y un amasijo de hierros daban a entender que se la "llevó el viento". Y bueno, la vista del mirador es bonita, eso si, aunque el sitio no es famoso por la vista, sino por ser el lugar elegido por miles de japoneses para casarse.

Pero no es el único. Visitamos un "parque temático" dedicado a mostrar la vida de los primitivos chamorros, aunque tras comprobar desde fuera que estaba vacío y en un estado lamentable, no llegamos a comprar la entrada que no hacía más que rebajarnos de precio la desesperada taquillera. Un bunker japonés con una batería antiaérea de la II Guerra Mundial okupado por mendigos, unas piscinas naturales convertidas en basurero... Y uno a uno fuimos recorriendo "lugares pintorescos" en un estado de dejadez increíble, y en lo que lo único pintoresco era ver a nativos bebiendo "Budweiser" y escuchando musica chamorra, que nos invitaban a unirnos a sus reuniones de "neveras musicales".

Afortunadamente, pudimos disfrutar de un día de buen tiempo y disfrutar de la playa y de algunas de las múltiples actividades ofrecidas por nuestro macrohotel.

::: escrito a las 10:49 PM | {comentarios} (5)

Julio 15, 2004

graffiti

En Shibuya, en una zona famosa por sus tiendas de discos y parada obligatoria para cualquier DJ, me encontré con el monigote de la foto.

Asnar

Y a mi que el bigotillo ese me suena de algo...

Será que ser profesor en Georgetown da prestigio internacional...

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Julio 14, 2004

let's be human beings

Había dos planes por la tarde. Ir a la Japan Foundation para ver "Escándalo" ("Shubun") de Kurosawa Akira, con un previo de Donald Richie (toda una eminencia), o ir a Harajuku, uno de los barrios más cool (con permiso de Shimokitazawa, Nakameguro y Hachioji) para asistir a un evento con la presencia de Mike Mills.

Al final, y oliéndome que lo de la Japan Foundation estaría hasta los topes, me decidí por el segundo evento. Como introducción, decir que Mike Mills es un famosísimo diseñador gráfico y cineasta de Nueva York. Ha dirigido videos musicales para "Everything but the Girl", "Moby" y "Air" entre otros, además de dos cortometrajes "Architecture of Reassurance" y "Paperboys", y un primer largo llamado "Thumbsucker", actualmente se encuentra en post-producción. Y bueno, como artista gráfico si que no terminaría nunca de recitar sus trabajos.

mills.jpg

El caso es que una tienda de esas fashion le había invitado a Tokio para promocionar su nueva línea de diseños de camisetas, un DVD con sus trabajos llamado "Lets be Human Beings", y en definitiva para hacer algo de publicidad. La fiesta en la tienda era una especie de introducción para una fiesta en una discoteca que habría después, y en la que previo pago, se podría obervar en directo como trabaja Mike Mills. Aunque era gratis, mucha gente luciendo el palmito, tanto japoneses como extranjeros, aparte de algún perdido que sin quererlo se había encontrado en medio de un evento donde daban bebida y comida gratis.

Cuando por fin apareció Mike Mills, bajo los efectos del jet-lag o de alguna copa de más, se produjo la histeria colectiva: Todo el mundo quería su firma, y si podía ser en una camiseta mejor que mejor. A fin de cuentas, la firma, garabato o monigote de un artista gráfico de renombre, siempre se revalorizará como obra de arte. Tiempo al tiempo.

No conseguí su firma, pero si que hablé un rato con él. Un tío muy majo. Hablamos sobre el margen de creatividad que tiene un artista gráfico, y me confirmó lo que ya me olía... ya puedes trabajr en Nueva York, Tokio o Londres, que al final siempre te tendrás que adaptarte a lo que quiere la empresa para la que trabajas, por lo que a no ser que te hagas freelance y puedas elegir los trabajos, o tener tu propia empresa, la cosa esta chunga. Y también derribó un mito de muchos japoneses al decir que en Nueva York, en las empresas de diseño gráfico, se trabajan muchas horas extra, tanto como en Tokio. Y es que los japoneses de la fiesta, o al menos mis amigos, tienen la idea de que Nueva York es la capital del diseño, y allí se trabaja en un loft megacool, se asiste a mogollón de fiestas, y conoces a esa gente tan interesante y tan moderna que sale en películas o series como "Sex and the city"...

Lo sorprendete fue que el servivio de catering había preparado como plato estrella... ¡gazpacho!. Cuando lo ví no podía creérmelo, por lo que se lo pregunté a uno de los del catering. La sorpresa de la chica fue mayúscula, porque indudablemente nadie de la fiesta sabía que esa sopa que se tomaba fría se llamaba gazpacho. Cuando se puso roja como un tomate, creo que fue cuando debió de intuir que yo debía de ser español. Y cuando me lo preguntó y se lo confirmé, ya no sabía donde meterse. Con un hilillo de voz me dijo que me parecía el gazpacho, que lo había preparado ella personalmente... Bueno, no es por ser purista, pero en una escala de diez le daría un seis, tiene mérito preparar gazpacho en Japón, pero estaba soso.

Aunque a ella le dije que estaba muy rico, para ahorrarla una depresión y un despido.

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Julio 09, 2004

"Glorioso adiós..."

"Aunque le quedó tiempo para terminar alguna otra cosa antes de encontrarse con su mala muerte..."

Asi empezaba la que creo que es, la última Crítica de cine (con mayúscula) de Angel Fernández-Santos. Y hay en esta crítica algo de autohomenaje, de coincidencia y también de despedida. Es la última película de la actriz Marie Trintignant antes de su muerte, como lo es esta última Crítica de Fernández-Santos antes de que un cáncer nos lo arrebatase el pasado 6 de julio.

Es difícil moverse en el campo de la crítica, sobretodo cuando se trata de un fenómeno cultural como el cine, libre de las ataduras estilísticas de la élite académica, y género en el que todo el mundo es libre de opinar y designar su película/actor/director favorito. Y en este terreno de arenas movedizas, los críticos de cine juegan a ser hombres del tiempo: siempre se equivocan. Comentarios como "Pues la crítica era buena...", o "No entiendo porque la han puesto tan mal..." se oyen frecuentemente a las salidas de los cines, desvirtuando la opinón de los susodichos expertos en la materia.

Por supuesto no hay crítico infalible, pero si con olfato. Y el que lo tenía más fino era Fernández-Santos. Leyendo sus críticas olvidabas la película que trataba, para deleitarte con la lectura de una bella prosa, que acariciaba al cine con la ternura de alguién que lo ha vivido desde dentro.

Se nos va no un periodista ni un guionista, sino un gran escritor.

Muere Ángel Fernández-Santos, el referente más combativo del cine español

Ángel Fernández-Santos, crítico titular de cine de EL PAÍS desde 1982, escritor combativo, íntegro y honesto, maestro y referente de los escritores cinematográficos españoles e internacionales, falleció ayer en Madrid a causa del cáncer que padecía desde hace meses. Nacido en Los Cerralbos, Toledo, en 1934, licenciado en Derecho y con estudios de Filosofía y Letras y de Dirección en la Escuela Oficial de Cinematografía, Fernández-Santos fue guionista de películas como El Espíritu de la colmena, de Víctor Erice; crítico de cine y teatro en diversas publicaciones y autor de los ensayos Maiakovski y el cine y Más allá del Oeste. Sus restos serán incinerados hoy, a las 12.15, en el cementerio madrileño de la Almudena.

MIGUEL MORA
EL PAIS | Cultura - 07-07-2004

Fue una despedida a lo grande. Comió como una lima (sus tres platos de rigor, mañana y noche); bebió como un chaval (cerveza de presión y el vino que viniera); se rió como un enano con la pandilla de casi siempre (Boyero, Oti, Heredero, Bonet, Hermoso, González Macho, y El Morita, de mozo de espadas); habló de poesía (escribía en secreto y algún día encontraremos el escondrijo); recitó a Rimbaud y Baudelaire; disfrutó mirando de reojo a las mejores señoras del mundo ("aquí vienen las mujeres más caras del Mediterráneo, desde el Líbano hasta Gibraltar, y todas las modelos y aspirantes a estrellitas")... Este año, para el que fue su último festival (él lo sabía de sobra, pero no lo decía), se buscó un hotelito más cerca de La Croisette para ir y venir andando a ver las películas sin ahogarse por la disnea; defendió a Almodóvar de los colmillos afilados de la tertulia hispana ("es un genio y la peli es negrísima y durísima"), estuvo totalmente seductor con la poeta italiana que alguien incorporó alguna noche (le prometió incluso mandarle un poema para su revista) y presumió de nieta cada vez que tuvo ocasión (hasta le guardó con un cariño desarmante el dossier de Shrek 2, en cuyo pase se rió a carcajada limpia: "Cuando vuelva a Madrid tengo que llevar a mini Elsi a verla. En cuanto la estrenen").

Así fue más o menos el último Cannes del último Rey de Cannes, del último crítico-autor, de uno de los periodistas más sabios, cultos, elegantes, amables y simpáticos que he conocido.

Ángel Fernández-Santos era una institución en Cannes, en Venecia, en Berlín. Toda Europa (y todas las major de Estados Unidos) sabían de su ojo infalible para detectar el genio y la poesía, de su honestidad a prueba de bombas, de su inteligencia para anticipar el éxito o la ruina, de su olfato para encontrar joyas escondidas y baratas y darles el espacio y el vuelo que merecían, y de su capacidad para distinguir el camelo de la obra duradera y la estafa del arte auténtico. Todos conocían también la extraordinaria forma que tenía de llevar al papel los juicios más arriesgados, los pensamientos más complejos, y para señalar los balbuceos y los puntos negros de las películas. Todo eso que se puede resumir en las palabras inteligencia y generosidad le había convertido en un referente no sólo de la crítica española sino internacional, en un tótem de la sabiduría cinematográfica.

Pero más allá de todo eso, fuera del papel, era un tipo absolutamente único, y verle moverse por Cannes, un verdadero espectáculo: saludaba a sus clásicos entre el enjambre de plumillas desorientados, elegía los mejores restaurantes y los mejores platos con precisión exacta, sabía por qué esta o aquella película había sido programada, se dormía cuando se tenía que dormir, y detectaba las reacciones del público con una visión de entomólogo. Pero la escena cumbre del Rey de Cannes era la que protagonizaba cada mañana a las ocho, cuando aparecía media hora antes que todos los demás en su sala Debussy (en la que mejor se oye y mejor se ve del mundo con mucha diferencia). Llegaba cargado con una bolsa de plástico llena de periódicos franceses ("Le Figaro es el mejor y el más rápido desde hace 40 años"), bajaba las escaleras, saludaba a los acomodadores y se sentaba en la primera butaca de la primera fila a mano derecha. Los años, el triperío y la angustia de la falta de nicotina le habían dado un aspecto entre Hemingway, Orson Welles y John Ford, así que ocupaba su asiento con la autoridad de un juez y la bohemia de un joven aficionado (le gustaba llevar una camiseta antigua y raída del festival), y empezaba a leer y a recortar piezas con las manos mientras recibía los saludos de los popes del cine europeo con una sonrisa socarrona, rechazaba invitaciones a festivales insensatos y postizos, e iba rumiando las 90 líneas diarias en su cabeza prodigiosa de capitán Achab, con la mirada pícara y dulce del que lo ha visto todo pero aún no ha perdido la inocencia ni el encanto.

Genio sin darse importancia, compañero maravilloso sin presumir, prueba viviente de que la honestidad personal es la única ética posible y símbolo de la autoexigencia en la escritura y el estilo, la pasión y la experiencia como modo de pagar la ilusión de los lectores de periódicos, el insobornable Angelito sólo tenía un defecto: su timidez austera y castellana, su complacencia por la vida sencilla y los pequeños placeres, su absoluta falta de ambición y malicia, que nos privó de un guionista genial, de un poeta eminente y de un novelista de fábula. Claro, que si lo pensamos bien, todo eso es justamente lo que fue durante todos estos años. Un escritor mayor disfrazado en el anonimato del periodista para no tener que aguantar palmadas en la espalda, pelmazos aduladores, productores embaucadores y estrellas en busca de fama. Así, ahora lo sabemos, mantuvo su independencia hasta el final, tan limpia como el primer día, y despellejó sin tener que nombrarlos a los imbéciles que se empeñaban en convertir el arte del cine en un escaparate y una estulticia exhibicionista y vacía.

Cuenta su hija Elsa que estos últimos días, mientras su corazón enorme se fundía en negro, Ángel hablaba en francés. Quizá estaba dictando la última crónica para Cahiers du cinéma (el tío era capaz de dictar tres folios de un tirón sin mirar más que unas pequeñas notas tomadas a vuelapluma durante el pase). Quizá estaba despidiéndose de sus amigos de Cannes, o recordando el diálogo de su fugaz romance con Catherine Deneuve, o repitiendo una de las frases de la última película de su adorado Godard. Sea lo que fuere, lo único que se puede agregar, como siempre, es chapeau Angelito.

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Julio 08, 2004

all tomorrow parties

Ya son muchas fiestas y muchos clubes recorridos en Tokio, los que han hecho que tenga una idea bastante aproximada de como es la vida nocturna por aquí. Descartando los clubes de Roppongi, una excepción dentro de la escena noctámbula de la ciudad con sus propios códigos y músicas, el resto de clubes japoneses comparten algunos puntos en común.

Quizás el más sorprendente es el respeto o adoración hacia el DJ. En los clubes europeos la gente suele ir bastante a su "rollo", sin apenas observar al DJ, salvo alguna mirada de odio si es muy malo o de envidia si es una estrella. Mientras que en Tokio, todo el mundo baila mirando al DJ de frente, como si fuese un concierto normal y corriente, lo que da una sensación de inmovilidad que al principio causa sorpresa, e incluso te hace sentirte incómodo si se te ocurre bailar de frente de algún amigo/a dando la espalda a la cabina del DJ.

Otro de los puntos diferentes es una falta general de ritmo. Por alguna extraña razón que se me escapa, el japonés medio no es muy diestro bailando. Quizás es que los latinos llevamos el ritmo en el cuerpo, o quizás es que carecemos de sentido del ridículo. Pero por supuesto, hay japoneses que saben moverse, aunque no es una habilidad natural, sino adquirida. No es raro observar, frente a las grandes cristaleras de los enormes edificios de oficinas de Tokyo, jóvenes practicando pasos de baile mientras ven su reflejo en el cristal. Muchas veces, se establecen verdaderas competiciones por demostrar quién es el más diestro, incluso cada cristal tiene un ranking que hay que ganarlo.

Pero no hace falta irse hasta Shinjuku, en multitud de espacios apartados donde pueda encontrarse un reflejo, estos jóvenes práctican -la mayoría de las veces sin música-, movimientos elaborados que luego transplantarán a la pista de baile. En ocasiones movimientos arrítmicos y de una superficialidad manifiesta, pero que hacen las delicias de los nativos.

Algunas recomendaciones de discotecas en Tokio...

Womb
Ageha
Liquid
Yellow
Club Asia
Vuenos
Club Harlem
Neo
Bed
Milk
La Fabrique

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Julio 02, 2004

vacaciones (I)

Durante esta semana, en el laboratorio hemos estado de mudanza. Nos vamos a un nuevo y flamante edificio construido al lado de la vieja facultad. A partir de ahora, compartiremos todos una misma sala, lo que facilitará que todo el mundo vigile a su compañero, y que el nivel de competición por ver quién se queda hasta más tarde en el laboratorio (aparentando hacer algo), se recrudezca hasta límites que me asustarían, si no fuese porque hace tiempo que renuncié a esta absurda competición japonesa.

Pero la historia de hoy es otra. Decidí aprovechar el parón forzado por la mudanza para marcharme de vacaciones. Destino: GUAM. Una pequeña isla del pacífico, en lo que se conoce como Micronesia o Islas Marianas. Y actualmente, bajo soberanía Norteamericana.

Descubierta en 1521 por Magallanes, la isla pasó a formar parte de España desde 1565 a 1898, año en que tras la recapitulación de la guerra española-americana, la isla fue vendida a los Estados Unidos por 20 millones de dólares. En 1941 los japoneses invadieron las islas Marianas y tras una sangrienta campaña en la que murieron 7000 soldados americanos y 10.000 japoneses, la isla pasó de nuevo a manos americanas en 1945 y hasta hoy. Esta isla es también famosa por la ya legendaria historia del soldado japones que perdido en la jungla, siguió haciendo la guerra por su cuenta. Fue el sargento Shoichi Yokoi, que fue descubierto el 24 de Enero de 1972 en una cueva en la jungla de Guam, con la convicción de que la guerra en el pacífico todavía continuaba, y que él era el último superviviente.

Aunque los Estados Unidos ganarón la guerra y se anexionaron este territorio, los japoneses al igual que en Hawai, ganarón la guerra comercial. Y es que Guam está totalmente volcado a los intereses de los turistas japoneses. La cercanía a Tokyo (tres horas y media en avión), ha convertido esta isla en uno de los destinos más baratos, para aquellos japoneses a la busca de playas tropicales. Hoteles, restaurantes, centros comerciales... por poner ejemplos de toda una serie de servicios ofrecidos en japonés, un idioma convertido en el segundo idioma oficial no declarado de la isla.

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