jarabe de palo
El tema de los hikikomori es un claro ejemplo de como algunas "excentricidades" japonesas son amplificadas en occidente hasta el punto de convertir ciertas perturbaciones sociales en epidemias. El término se refiere a personas fuera de la sociedad, que viven recluídas en sus casas o habitaciones, bajo la laxa aceptación de una sociedad que permite su existencia. Son muchos los documentales que llaman a la tragedia, aunque curiosamente son todos de producción occidental y basados en falsedades, como la de que han tenido que ser los psicólogos extranjeros los encargados de desvelar esta "enfermedad" a la opinión pública.
Por fin ayer pude completar el puzzle de las desinformaciones y ver un documental producido por la televisión japonesa sobre el tema. En principio, llama la atención las cifras mostradas sober hikikomori, desde los algo menos de seis mil reportados por las autoridades, a los más de un millón y medio que reclaman algunos voceros. También no hay acuerdo entre el perfil tipo. Dicen muchos que en su mayoría son adolescentes, cuando según el documental la media de edad está en torno a los 26 años. Sobre las causas se apuntan muchas: presión académica, marginación escolar, o incluso de un aislamiento social provocado por la adicción a internet, mangas, etc. Nada más lejos de la verdad. Los expertos de los centros de rehabilitación coinciden en que es la falta de atención de los padres la principal causante del fenómeno, y que dista de ser una enfermedad como dicen muchos. Afirmación poco a tener en cuenta, en un país donde el tratamiento psicológico brilla por su ausencia.
Familias que bien sea por exceso de horas de trabajo u otras causas, fallan en la atención a sus hijos. Y cuando estos un día deciden no ir al trabajo/estudios, la familia se lo permite e incluso fomenta su subsistencia evitando el enfrentamiento, con la vana esperanza de que algún día saldrán de nuevo, cuando la realidad es que el comportamiento de los hijos es un grito silencioso reclamando una más activa atención.
Y es que cuando veía los dramáticos documentales del la BBC sobre el tema, siempre me quedaba con una sensación de impotencia... ¿Por qué ante los primeros síntomas de aislamiento dentro del núcleo familiar los padres no reaccionan?. En el caso de estudiantes de primaria, es normal que muchas veces se intente alargar una enfermedad y escaquearse algún día extra del colegio, eso si, siempre teniendo que lidiar con una madre que no va a darte más de un día de gracia. Sin embargo, la permisividad familiar japonesa llega hasta límites extremos. Y asi lo contaba un chaval de 14 años, que tras dos años de hacinamiento en su habitación y cuatro meses de rehabilitación en un centro para hikikomori, confesaba que todo empezó con una caída durante una excursión escolar. Faltó un día a clase por la caída, el siguiente le dió pereza, luego otro por que no le apetecía, luego otro, y otro, y otro hasta juntar dos años de no hacer nada. Nada de nada. Ni siquiera estar enganchado al ordenador, televisión o manga. Su habitación después de dos años se asentaba sobre medio metro de basura, y unas paredes picadas donde el aislante térmico sobresalía por infinidad de agujeros que daban más dramatismo a la escena.
Entrar en uno de estos centros para hikikomori es toda una odisea vital para los padres, que tienen que enfrentarse incluso de forma agresiva con sus hijos, hasta conseguir que salgan de la habitación y sean internados. Lo que en España es considerado "unos azotes para quitarle la tontería", en Japón es una experiencia traumática que ha derivado en esta falta de entendimiento. Al final, los azotes se hacen necesarios, y los jóvenes ingresan en el centro de rehabilitación (no es un centro psicológico), donde principalmente conviven con otros chavales como ellos, y aprenden de nuevo a socializar y a mover el cuerpo tras meses de inactividad.
Por supuesto, hay casos que requieren de asistencia psicológica, y no de esa ama de casa fundadora de un centro de rehabilitación que aparece en el documental, metida a una especie de exorcista de hikokimori y que sólo parece tener una receta: jarabe de palo. Aunque también, se hace necesario quitar dramatismo a esta nueva epidemia que parece azotar Japón si atendemos a los medios occidentales.
::: Escrito desde Tokio en Agosto 2, 2005 10:24 PM