jefe
En España abunda una especie conocida como "jefe". Tratar de describir como es uno de estos individuos es difícil, porque cuando te topas con uno invariablemente piensas: "'¡Qué jefe!", sin que haya razones aparentes. Abunda esta fauna en el taxi y en los bares, aunque también es fácil verlos en otras profesiones, o incluso entre jubilados. El perfil típico sería el de un hombre en torno a los cincuenta años, voraz lector de prensa deportiva, aficionado a la radio, que principalmente posee una particular labia basada en una rica colección prefabricada de opiniones listas para servir con cualquier tema, aderezada con mordaces chistes sin gracia. El "jefe" sabe de todo y nunca se equivoca. Y ay de quién se atreva a contradecirle. Observarles en su hábitat natural es digno de ver, y te hace pasar un buen rato a costa de sus gracias, siempre que no seas tú el involucrado en algúna trascendental discusión sobre fútbol, política y... no, últimamente los toros no pintan mucho.
Yo creía que esta especie era autóctona de España y de ciertos vecinos mediterráneos como Italia o Francia. Pero resulta que hasta en Japón los "jefes" existen.
Los taxistas japoneses son bastante discretos, y no entran en una conversación a no ser que se les invite a participar directamente. Aún así, hay muchos que son unos auténcticos "jefes". Son los conductores mayores de cincuenta años, de gafas tintadas, y con una permanente lata de té verde en el salpicadero que en realidad esconde el "one-cup sake". Es fácil verles dormir la siesta en alguna calle apartada, con el asiento reclinado, ventanas subidas, aire acondicionado y el motor en marcha. Sin duda, estos "jefes" poco tienen que envidiar a sus homólogos españoles.
La similitud entre estos dos lejanos "mundos del taxi" se podía esperar, pero lo que me faltaba por descubrir era el "jefe" de bar. Ante la falta de bares, y con un más que atento servicio en casi todos los restaurantes, encontrar un "jefe" era difícil... pero no imposible. Finalmente, en una barra de sushi (kaiten zushi) de Ikebukuro encontré al más "jefazo" de todos. El kaiten zushi en cuestión es altamente recomendable. Muy buen sushi y a un precio muy ajustado: todos los platos a 136 yenes. A casi cualquier hora del día hay una cola hasta la calle de gente esperando para sentarse, lo que por un lado da una muestra de su calidad, y por otro garantiza un pescado fresquísimo cualquier día. Detrás de la barra, tres sushi shokunin (cocinero de sushi) se afanan por atender las especiales peticiones de los clientes con rapidez y diligencia. Y ahí está nuestro hombre: Sato-san. Se me había olvidado decir que otra caracterísitica de los "jefes" es que siempre tienen un nombre bastante común, y Sato es un sin duda apellido de "jefazo" como podría ser un García cualquiera.
Suelo ir bastante a comer sushi, por lo que ya me conozco muchas de sus gracias, sólo reídas por él mismo y por su aprendiz (kohai). De las más habituales, destaco dos: Al ser preguntado por las sugerencias del día (osusume), responde con un: "No lo sé, hoy no he ido al mar a pescar", seguido de una pretendida risa contagiosa que se queda suspendida en el aire ante el asombro de los clientes. Y la otra es cuando alguien pide nattomaki, y hace una ininteligible relación con el nombre de una olvidada folclórica japonesa que nadie parece conocer. Todo un crack, y más si consideramos que se está saltando la etiqueta que suele imperar en estos sitios. Esperemos que no echen a este showman, que por cierto prepara muy buen sushi.
::: Escrito desde Tokio en Julio 29, 2005 11:53 PM