Tokyo Nikki - Algunas notas fugaces y disgresivas de una vida en Tokio

Julio 05, 2005

a primera hora

Algunos días en los que soy el primero en llegar al laboratorio por la mañana temprano, y tras meter el agar en la autoclave, aprovecho esos casi cuarenta minutos de esterilización, para tomarme un café y completar el zumo que me bebí de corrido antes de salir de casa.

No hay muchas opciones cerca de la universidad para tomarse un café, por lo que invariablemente acabo desayunando en el Starbucks. Tras batallar con los empleados, y preguntarme si su amabilidad y su sonrisa "profiden" pueden ser reales a esas horas de la mañana, me siento delante de mi cappuchino y mi cinnamon roll, dispuesto a dejarme embriagar por la repetitiva y monótona bossanova que ya se ha convertido en marca de la casa.

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Sentado en la pulcritud de un mullido sofá, me da por recordar. Recuerdos de los cafés bebidos con mi padre en el bar "La Valencita", único sitio que mostraba signos de actividad en un barrio todavía con los cierres echados. Recuerdos de la complicidad desarrollada por la costumbre, que sin mediar palabra, producía el café y la ensaimada "Mallorca" de cada día. Un bar oscuro, amenizado por los boletines de la radio y las luces y gemidos de una tragaperras que también comenzaba su día. Servilletas de papel en el suelo, olor a tabaco y café, mezclado con los primeros pinchos de tortilla que salían de la cocina. Era también encuentro con trabajadores que llevaban horas despiertos, y que sus biorritmos no les pedían un cafe (un carajillo a lo más), sino la caña y el pincho que la gente de horarios convencionales pediría más adelante.

Un cuadro de costumbrismo, de tradiciones españolas que morirían en uno de esos cafés de franquicia de encefalograma plano que intentan vendernos. Atrás quedaban el repaso a la prensa diaria, los "rifirafe" del Real Madrid y el Atleti, las opiniones de algún anciano de ABC y misa diaria, o las pequeñas incomodidades laborales que eran compartidas con el resto de la parroquia. Y es que sentarse en la barra, era una comunión diaria donde involuntariamente compartíamos las intimidades de caras dormidas, malos despertares y legañas en los ojos.

De vuelta a Tokio, frente a un vaso de cartón con lo que queda de un café, una educada y melodiosa voz de fondo se ofrece a retirarme la bandeja y las migas de mi insípido bollo. Es la forma amable de invitarte a abandonar el local y dejar el ensimismamiento para otra ocasión.

Tengan cuidado ahí fuera.

::: Escrito desde Tokio en Julio 5, 2005 04:14 PM
Comentarios realizados...

Alguna vez creo que has comentado lo dificil de encontrar un cafe expresso en japon tal como lo conocemos aqui, pero aparte de eso, se venden maquinas para hacertelo en casa o eso seria como comprar neveras en alaska?

::: Escrito por Jose A en Julio 6, 2005 05:53 AM

Claro que hay máquinas para hacertelo en casa, aunque una vez vi una cafetera "oroley", y la vendían a un precio de objeto de diseño. Demasiadas películas de Almodóvar.

::: Escrito por jorge en Julio 6, 2005 11:25 AM
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