verano acondicionado
En el acompasado tránsito estacional, hay inequívocos signos de la llegada del verano. Recuerdo que en Madrid, los primeros síntomas empezaban con una Feria del Libro que enlazaba mayo con junio, y marcaba el preludio de una época donde la disciplina de los institutos y universidades se relajaba para dar paso a los temidos examenes. Con los calores de Junio, a veces hacía una "finta" a los libros con sudorosas pachangas de baloncesto al aire libre, apurando una luz solar que se prolongaba hasta las nueve de la noche. La noche de San Juan era el punto de inflexión deseado, la fecha donde por fin comenzaban las tan añoradas vacaciones de verano.
En Japón hace tiempo que olvidé ese espíritu veraniego, para sustituirlo por uno más acorde al momento. Sin duda es la temporada de lluvias (tsuyu) la que marca el inicio de los calores, humedadesy demás pegasojas sensaciones. A la llamada del calor húmedo, los insectos se multiplican y un olor proveniente de los antiguos quemadores de incienso anti-insectos (katorisenko), emana de las viejas casas mezclado con los olores de espacios largo tiempo cerrados. Los shikketori (cubos desecadores) salen de profundas estanterías, para mostrarse visibles en primera línea de los supermercados junto a los insecticidas (sachuuzai). Los futon se multiplican en las barandillas de las terrazas, secándose de los sudores de la noche. Pero por encima de todo, el zumbido de los aparato de aire acondicionado termina por hacerse un hueco en el paisaje sonoro de los fuurin(especie de veleta con campanillas) y de los fricativos cantos de los grillos.
Es también la época de "puertas abiertas" de las tiendas más céntricas. Literalmente. Puertas abiertas que emanan una bocanada de aire frío y seco producidas por unos aparatos de aire acondicionado forzados al máximo. Aire que más que una invitación para encontrar cobijo en la tienda de los calores de la calle, es una muestra de estatus económico. "Podemos permitirnoslo", parecen decir. En un país huérfano de asociaciones ecologistas combativas, la estúpida y poca seguida iniciativa de no llevar corbata no es más que una inocente medida que poco ayuda a controlar el gasto energético de un país, que derrocha energía como si tuviese millonarías reservas energéticas. No hay petróleo, el gas se lo quedarán los chinos, y la panacea energéticas basada en la fusión (lease ITER) ya se la han quedado los franceses.
Negro futuro. Y más cuando desde el verano pasado se comenta con frecuencia el riesgo de un apagón generalizado y sus terribles consecuencias.
::: Escrito desde Tokio en Junio 28, 2005 11:05 PM
Hacia anyos que no saboreaba lo tipico del verano de Japon. Leyendo su articulo, parece que de ahi emane el olor bochornoso del verano de este pais... la verdad es que lo es literalmente.
Ya estamos en la temporada de lluvias (tsuyu), pero parece que hasta la fecha no ha llovido mucho y luego inevitablemente vendran los problemas de la falta de agua!! A ver como se la arreglan.
En BCN donde vivi anyos, lo que nos trae el verano es muchisimos turistas a la playa y el centro vacio de la ciudad. En agosto, parece una ciudad desierta exepto el frente maritimo.
Por eso cuando recuerdo aquellos dias, siempre vienen a la mente con una cierta melancoria, que
como si hubiera un silencio dentro de un bullicio de las noches eternas de BCN... y me atrae, aunque muero del calor.