pundonor
A veces, el orgullo y el prestigio pueden más que la verdad. Pero también a veces la verdad, aunque dolorosa, excede toda forma de control. Esto es lo que sucedió con el tremendo accidente ferroviario, que todavía ocupa portadas y telediarios en Japón.
Las primeras informaciones dadas por JR WEST, una de las compañías en las que se desmembró el gigante estatal de ferrocarriles japoneses Japan Railways (JR), apuntaban a un objeto en la vía como causa del descarrilamiento. También, y ante las declaraciones de numerosos testigos, confirmaron que el tren en la última estación se había pasado ocho metros del andén, forzando el retroceso del tren y su consiguiente retraso. También las primeras informaciones apuntaban a un "afortunado" limitado número de víctimas.
Sin embargo, ni fue una piedra la causante del descarrilamiento, ni ocho metros la distancia sobrepasada en al andén, ni unas pocas muertes el precio del accidente. Hechos que forzaron la dimisión del presidente de la compañía, al tiempo que se sabía que fue el exceso de velocidad el causante del accidente, que el tren se pasó 40 metros (equivalente a dos vagones), y que el número de muertes se sitúa por el momento en 73.
Entre estas muertes, una que ha causado alivio. La del conductor. Pero no por una cuestión de venganza, sino de comprensión. Puestos a pensar en el peso moral de culpabilidad que tuviera que cargar el desafortunado conductor, y a sabiendas que sólo habría una salida posible, mejor encontrar esa "salida" fortuitamente que tener que "practicarla".
Ryujiro Takami, un jóven de 23 años con once meses de experiencia, es la cara de este conductor. El rostro de una estadística bajo el título "fallo humano", que poco nos dice sobre si se podría haber evitado un accidente. Quizá el saber que Ryujiro contaba en sus once meses de conductor con dos sanciones, una por pasarse 100 metros en un andén, y otra por ser sorprendio por un pasajero mientras conducía con "mirada ausenta", puedan hacernos pensar que el accidente se podría haber evitado.
Sin embargo fallar es de humanos, y siempre puede haber una desafortunada primera vez.
FOTO: Buscando heridos entre los amasijos. Fuente: Kyodo News
::: Escrito desde Tokio en Abril 26, 2005 11:48 PM
Las personas que tienen en sus manos las vidas de mucha gente, como es el caso de un conductor de tren, debieran sopesar con mucho detenimiento si es más prioritaria la seguridad de esas personas o la de cumplir los compromisos de horarios de la compañía para la que trabajan. Un retraso de varios minutos quizá pueda provocar el enfado en distinto grado de muchos pasajeros, pero sólo es tiempo perdido (en mayor o menor cantidad). Sin embargo, cuando se juega con los límites de la seguridad puede dar lugar a consecuencias catastróficas.
Lo que me resulta incomprensible es que en un país donde el respeto a las normas es tan seguido por todos, para este conductor pesara más el recuperar el tiempo perdido que el infringir el límite de velocidad. Quizás pensó que subiendo un poco la velocidad haría felices a 600 pasajeros...
Por cierto Jorge, sigo tu diario desde hace bastante tiempo y esta es la primera ocasión en la que participo. En mi opinión tienes uno de los blogs "mejor amueblados" y con mejor prosa que he leído en mucho tiempo. Continúa así.