benemérita
La vista de alguna de los servicios de emergencia (leáse ambulancias, bomberos o policía), me causa estupor. Verles avanzar a no más de cincuenta kilómetros por hora, con toda su parafernalia de luces y sirenas, mientras un megáfono va pidiendo educadamente a los coches que por favor se vayan apartando, me causa un sentimiento que va entre la carcajada y la lástima por las pobres víctimas que esperan alguno de estos servicios.
Verles avanzar lentamente, con los coches apartándose con desgana ante la interminable letanía del megáfono, te hace pensar a veces si no será algún conductor novato en prácticas asustado ante su primera salida. Pero no. La exasperante lentitud me ha llevado a veces a incluso intentar cruzar por el paso de cebra, calculando que la lejana ambulancia todavía tardaría sus tres minutos en alcanzarme. Imposible. Ante la mirada aterrorizada de algunos compañeros japoneses, que me sujetaron advirtiéndome de la preferencia de una ambulancia, contemplé tres largos minutos pasar frente a mi. "Un tiempo precioso durante el cual al sufrido enfermo le pueden dar hasta dos infartos de miocardio", pensaba por eso de matar el tiempo.
Mención aparte merece la polícia japonesa. Parece que es un mal común a otros países el que la policía no tenga dinero y/o se aburra, y se dedique a pequeños pero prolíficos delitos siempre a costa del ciudadano. Esto mismo me decía un amigo japonés, harto de recibir su tercera multa por conducir borracho... en bicicleta. Sí, incluso a las 2 de la mañana una bicicleta con un conductor ebrio puede ser motivo de desorden público. Bicicleta al depósito y pago de la correspondiente multa. Al final justos por pecadores. Porque si hay un peligro motorizado en Tokio, son las abuelas.
No se porque extraña razón, pero las abuelas siempre llevan unas bicicletas enormes donde nunca hacen pie, por lo que tanto para parar como para arrancar, necesitan tomar una carrerilla equivalente a la de un airbus al despegar. Incluso la forma, perfectamente metódica que tienen de subirse y bajarse de la bici, una pierna apoyada en el pedal y la otra cruzada por detrás, me provoca escalofríos y visiones catastróficas. Por si fuera poco, nunca se apartan por nada y carecen de visión lateral. Quizás sea por el hecho de que todas sin excepción llevan enormes sombreros, o unas cómicas gorras de visera transparente o tintada que les da un aire de antidisturbio. Y que no falten los guantes, esos guantes de lana blanca perfectos para el "frío" mes de agosto. A lo mejor la falta de visibilidad pueda ser la razón de que siempre estén tocando el timbre de la bici. Da igual que vayas por una acera de 6 metros de ancho y que la abuela te pase a cuatro metros. Invariablemente te va a pitar, como diciéndote "andate con ojo".
Pero volvamos a la policía. Recuerdo que hace tiempo, se emitió un programa de televisión sobre las persecuciones policiales, que intentaba buscar el estilo norteamericano de persecuciones por estados con helicópteros, colisiones y grandes despliegues, con el estilo de un anuncio de "Alístate al ejército español, ya que verás que divertido es, chaval". El programa sólo duró dos capítulos, y es que ver algunas persecuciones "en exclusiva" era como ver una película de esas antiguas, en la que varios policías perseguían a un ladrón que siempre terminaba escapándose ante la inefectividad policial, o hasta que llegaba Sherlock Holmes. El programa en cuestión, incluso hablaba de una unidad especial de "conducción rápida", aunque viéndoles conducir parecía que sólo habían pasado de 120 km/h jugando a la playstation.
Aunque lo mejor de la policía son las agentes. Las mujeres policía siempre van en parejas, y siempre conduciendo un pequeño coche. Como si realmente nadie las tomáse en serio, y simplemente por eso de guardar las apariencias, las dejasen jugar a "policías y ladrones".
Y es que todavía no he visto a ninguna "Señora agente" con pistola...
::: Escrito desde Tokio en Abril 28, 2005 11:24 PM