más que fútbol
Desde hace una semana, la noticia que ocupa todos los informativos es el partido de fútbol que jugarán mañana la selección de Japón contra la de Corea del Norte. También desde hace una semana, se han ido sucediendo comentarios de políticos (entre ellos el presidente y el ministro de asuntos exteriores), intentando quitar hierro al asunto. "Sólo es un partido de fútbol", decían. Pero a estas alturas, ¿quién se lo cree?. Los partidos de fútbol entre selecciones es la mejor vara para medir el orgullo nacional. Una derrota en un mundial, es más dolorosa que perder una contrata millonaria. ¿A quién le importan unos millones en inversiones directas, cuando la nación disfruta del placebo de la victoria?. Y menos mal que en esto del fútbol los gringos hace tiempo que se resignaron, que sino cada partido sería una cuestión de estado de proporciones mayúsculas.
Japón tiene varias cuestiones pendientes con Corea del Norte. Todavía no se olvida el misil balístico que lanzado por Corea atravesó el archipiélago de oeste a este. Tampoco se olvida los barcos espías interceptados, ni que la ayuda enviada para alimentar a una hambrienta población acabe en manos del ejército , o revendiéndose para sufragar los gastos del programa nuclear. Es sólo un partido de fútbol, sí, pero hay mucho rencor acumulado.
Pero lo más significativo del partido no ocurrirá en el campo, sino en las gradas. Las aficiones de Corea del Norte y del Sur, por vez primera unirán sus fuerzas contra el "enemigo" común. Una ocasión histórica con la que nadie contaba para estrechar los lazos de unión entre estos dos pueblos divididos. Pero sobretodo, es una lección que Japón debería de aprender, ya que la unión sólo es un reflejo del odio acumulado por unos inmigrantes tratados en muchas ocasiones sin respeto y como calaña. Unas formas que vienen de lejos, cuando en el rígido sistema de clases, los inmigrantes coreanos y chinos eran meros animales, que ni siquiera llegaban al estatus de burakumin o eta, la clase más baja de la jerarquía.
Este rencor acumulado se ha hecho patente en un especial sobre la selección norcoreana emitido por la televisión japonesa. Dos de sus jugadores han nacido y vivido en Japón toda su vida, pero como hijos de norcoreanos que son, decidieron optar por la nacionalidad de sus progenitores. Integrados en la disciplina de la selección, la televisión japonesa buscaba presentar la típica historia de dos norcoreanos que aman Japón, pero que debido a las amenazas de los servicios secretos judeo-masónicos-stalinistas de Kim Jong II, se han visto obligados en contra de su voluntad a jugar contra Japón. Nada más lejos de la realidad. Vivir en Japón siendo chino o coreano no es una bonita experiencia, y menos si es en zonas rurales. Tras años de soportar racismo y rechazo, por fin tienen una oportunidad de vengarse.
Probablemente estos sean los jugadores más motivados de la selección norcoreana, ya que para el resto, saber que si pierden acabarán picando en las minas de carbón, no parece ser tan motivante...
FOTO: Koizumi y Kim Jong II vestidos de corto. Ilustración de Michael Griffin Kelly para "Metropolis"
::: Escrito desde Tokio en Febrero 8, 2005 11:59 PM