calor de hogar
El pasado domingo nevó por vez primera en lo que va de invierno. Unos tímidos copos que se hacían agua apenas tocaban el asfalto. El invierno en Tokio no es especialmente crudo, o al menos no de un frío blanco, aunque las bajas temperaturas combinadas con la sempiterna humedad, te hielan hasta los huesos. Tiempo de invierno, tiempo de no salir de casa. O al menos esa es la regla general, salvo cuando en casa hace más frío que en la calle.
El concepto de calefacción central es algo que se ve no llegó a cuajar. Conocerlo lo conocen, como demuestra que la casi centenaria biblioteca de la Universidad de Tokio tenga unos radiadores que podrían haber sido perfectamente traídos desde la inglaterra de la revolución industrial. Y creo también recordar que en una visita guiada por la Dieta (parlamento), mencionaron algo sobre un sistema de calefacción que fue probado por primera vez allí. Creo que son las dos únicas excepciones. Si tienes suerte y tu edificio es moderno, quizás puedas sobrevivir con el sistema de aire acondicionado, o con algún que otro invento de resistencia eléctrica embutida en el suelo. Eso si, luego evita mirar la factura de la luz sin un médico en la sala.
Las paredes de las casas japonesas tienen menos aislante térmico que una pared de pladur, por lo que las casas son perfectas neveras en invierno, y maravillosos hornos en verano. Situación que contribuye a disparar el gasto eléctrico para lograr una temperatura apta para la vida humana.
Mi casa no iba a ser la excepción, y aunque las paredes son de hormigón con gotelé, el que sea una casa luminosa no es algo demasiado positivo. Con tantas ventanas se te cuela el frío por mil rendijas, por lo que de poco valen pesados cortinajes. "Con el aire acondicionado se caldea la casa", te dicen, pero los japoneses parecen obviar un pequeño detalle: corrientes de convección. El aire caliente se mueve de abajo a arriba, y el aire frío en sentido contrario. Un aparato de aire acondicionado siempre se pone en el techo, porque la corriente de frío baja hasta el suelo, y de esta forma se enfría la casa de forma rápida y económica. Sin embargo, en invierno la situación cambia, y el que esté echando aire caliente a 40 grados desde el techo no ayuda a caldear la casa.
La situación pasaba por hacerme con un calentador extra. Tras mucho indagar, me compré un calentador de queroseno. Los de gas son muy engorrosos, porque además de enchufarlos a la electricidad, tienes que conectarlos a una toma de gas. En cambio a los de queroseno sólo tienes que enchufarlos, y rellenar el déposito. 20 litros salen a unos 10 euros, y dan para caldear la casa durante unos diez días de frío intenso. Vamos, que por un euro al día, calor de hogar...
Y aunque me hubiese gustado comprar un quemador de esos antiguos con tetera incorporada, finalmente opté por uno moderno con ventilador incorporado, lo que ayuda a caldear la casa mucho más rápidamente. Eso si, el baño sigue siendo una zona polar, detalle que desde luego no comparto con Tanizaki Junichiro. En su delicioso ensayo "Elogio de la sombra", Tanizaki defendía que los baños debían de ser una zona separada de la vivienda, situados en el jardín, disposición que se estaba perdiendo en un Japón influenciado por occidente de principios del siglo XX. Para él, no había placer más sublime que notar el fresquito del baño cada mañana, y desperezarse mientras hacía sus necesidades sobre una taza de madera olor a "pino".
Lástima que Tanizaki no hubiese conocido el placer de secarse la cara con una toalla calentita por el radiador del baño...
::: Escrito desde Tokio en Enero 28, 2005 06:42 PM