Braniff gets you there with flying colors
En plena crisis del sector aéreo, con alianzas inimaginables, compañías antes orgullo e insignia de la nación ahora al borde de la quiebra, y con la irrupción en el mercado europeo de compañías ultra-baratas dispuestas a reventar los precios y la forma de viajar, parece que el glamour que rodeaba antaño los viajes en avión, se desvanece entre las medidas de seguridad de los aeropuertos-búnker. Bienvenidos a la colectivización de un transporte, y a su tranformación en meros autobuses aéreos. No más periódicos, no más aperitivos, no más bellas azafatas sonrientes y no más comida de plástico -bueno, quizás esto último no sea tan malo al fin.
Mucho antes de la crisis, mucho antes de los atentados terroristas, en plena década de los 70, una compañía revolucionó la forma de volar hasta límites nunca alcanzados desde entonces. Volar era una experiencia, no sólo aerostática sino mayestática. Una exposición en el Parco Museum de Shibuya, situado en el centro comercial del mismo nombre y famoso por ser testigo de las últimas tendencias, recoge los restos de Braniff, aerolínea que ha sido, es y nunca será (aunque Virgin Atlantic se acerca) modelo a seguir, como ejemplo de innovación, calidad y diseño. Y aunque desapareció en 1982 por suspensión de pagos, murió con glamour y sin renunciar a sus principios estéticos.
"Braniff Airline Expo" es el nombre de esta exhibición que recoge la historia de tan singular compañía, desde sus comienzos en 1928 de la mano de los hermanos Braniff, hasta su época dorada en los 70. Unos cuantos datos. Fue la primera compañía norteamericana que realmente explotó las rutas a latinoamérica. Fue también la primera que estableció una ruta continental para el Concorde, desde Washington D.C hasta Texas, además de un vuelo directo entre Dallas y Londdres/Paris.
Pero más que logros aeronaúticos, lo que realmente caracterizó a Braniff International y tema central de la exposición, fue el diseño. Artistas y diseñadores como Alexander Girard, Emilio Pucci, Alexander Calder o Halston entre otros, se encargaron de cuidar el diseño corporativo de Braniff hasta el mínimo detalle. Uniformes de azafatas y personal, vajillas, interiores de aviones y terminales, exteriores de los aviones, billetes, horarios, folletos, publicidad, identificadores... y un largo etcétera de objetos de uso cotidiano, convertidos en piezas de diseño acordes con los psicodélicos setenta. Diseño que en pleno revival setentero-ochentero en que vivimos, trasciende las barreras artístico-funcionales tipo Bauhaus, para ser consideras verdaderas obras de arte e iconos de una época sin fecha de caducidad aparente.
Pero otra de mis mayores sorpresas de esta exposición fue comprobar que Japan Airlines también hizo sus pinitos en esto del diseño. Durante los 70, los adinerados pasajeros de primera clase, disfrutaban de suelo de tatami, azafatas en kimono, y kakejiku tradicionales adornando las paredes, sin contar la experiencia gastronómica de comer sushi a once mil pies de altitud. Todo muy japonés, para convertir su vuelo a Japón en una experiencia inolvidable... Yokoso!
Fotos pertenecientes al libro:
"The end of the plain plane. Braniff airline Expo. Visual Book"
Ed. Glyph. Tokyo, Japan, 2004.

::: Escrito desde Tokio en Octubre 4, 2004 11:24 PM