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    <title>Tokyo Nikki</title>
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    <updated>2009-10-17T02:42:10Z</updated>
    
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    <title>in memoriam</title>
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    <published>2009-10-17T01:37:42Z</published>
    <updated>2009-10-17T02:42:10Z</updated>
    
    <summary>Montes, ¡¡¡jugón!!!! Pasamos de dormirnos en las madrugadas NBA con los comentarios de Trecet, a despertarnos insomnes con una sonrisa por las muletillas aprendidas la noche anterior. Gracias por enseñarnos que con el baloncesto la vida puede ser maravillosa....</summary>
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        <![CDATA[<p>Montes, ¡¡¡jugón!!!! </p>

<p>Pasamos de dormirnos en las madrugadas NBA con los comentarios de Trecet, a despertarnos insomnes con una sonrisa por las muletillas aprendidas la noche anterior. Gracias por enseñarnos que con el baloncesto la vida puede ser maravillosa.</p>

<center><img alt="montes.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/montes.jpg" width="300" height="180" /></center><br>]]>
        
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    <title>casas del mar</title>
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    <published>2009-10-07T12:08:56Z</published>
    <updated>2009-10-07T12:51:15Z</updated>
    
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        <![CDATA[<p><em>Umi no ie</em> (casa del mar) es como se conoce a los chiringuitos playeros en estas tierras. Casetas prefabricadas de todos los tamaños que por un "módico" precio te permiten comer, descansar en sus tatamis esmerilados por la arena, o simplemente tomar una ducha antes de regresar a casa. Algunas son fugaces construcciones que aparecen como hongos después de las lluvias de junio, mientras que otras, en playas especialmente grandes, se resisten a desaparecer con la llegada de los primeros tifones y permanece solitarias y silenciosas, salvo por el lamento de algún postigo mal cerrado. En la época en la que estamos hace tiempo que los chiringuitos desaparecieron, y sus propietarios, exhausto su espíritu emprendedor tras la temporada estival, ni contemplan la posibilidad de abrirlos uno de esos fines de semana en el que el sol brilla con fuerza como resistiéndose a la inevitable venida del otoño.</p>

<p>Un día como el del pasado domingo. Último baño del año.</p>

<center><img alt="pies.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/pies.jpg" width="300" height="225" /></center>]]>
        
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    <title>yes we can</title>
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    <published>2009-09-16T01:42:18Z</published>
    <updated>2009-09-16T02:29:11Z</updated>
    
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        <![CDATA[<p>Quizás desde fuera el cambio político en Japón se ha visto con cierto pragmatismo. A fin de cuentas ha sido pasar de un gobierno de derecha a uno de centro derecha, formado por antiguos y resentidos militantes del sempiterno partido en el gobierno (PLD, <em>Jiminto</em>). Sin embargo, en Japón el cambio generado tanto antes como después de las elecciones bien podría compararse con el efecto Obama. Sí, la inutilidad de los tres últimos presidentes ha tenido mucho que ver, al igual que la actual crisis mundial y la demasiado larga recesión económica japonesa. Pero sin el efecto regenerador de la madre patria yankee, quizás el cambio no hubiese llegado. Y no hubiese llegado por el terror al cambio de la conservadora sociedad japonesa. Siempre que el partido en la oposición se acercaba lo suficiente en las encuestas, el <em>Jiminto</em> recurría a su <em>mantra</em> infalible para convencer a los electores: "El partido en la oposición no tiene experiencia para gobernar".</p>

<center><img alt="youcant.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/youcant.jpg" width="300" height="252" /></center>

<p>El Jiminto o Partido Liberal Democrático estuvo la friolera de 54 años en el poder, muy a la par del PRI mejicano y sus casi 60 años. Sin cambio en las estructuras de poder, no es difícil imaginarse como la clase política japonesa se convirtió en un sistema de castas muy arraigadas en el mundo empresarial y en el de las grandes familias. Incluso el actual presidente Hatoyama, hijo de un primer ministro, no se libra de pertenecer a un sistema endogámico en donde la renovación brilla por su ausencia. </p>

<p>Con Hatoyama se espera una revolución a la japonesa -apocada y con insignificantes cambios, que sn embargo invitan al optimismo. Y no hablo de políticas de cara a la galería como la prometida reducción de CO2, sino de esa rebeldía que expresó el propio Hatoyama en su famoso<a href="http://www.nytimes.com/2009/08/27/opinion/27iht-edhatoyama.html?_r=1"> artículo del NYT</a>. Aunque después rectificó, entre líneas se podía leer un manifiesto que a ojos cubanos podría traducirse como "hay que luchar contra el imperialismo yankee". Y es que los americanos pierden a un viejo aliado. Pierden a un partido que prácticamente MacArthur colocó en el poder, y que hasta ahora y salvo algunas voces disidentes de ultra-derecha, se había dejado conducir dócilmente desde Washington. De ahí que una vez con Hatoyama en el poder, el artículo cobrara relevancia hasta el punto de hacer saltar las alarmas de la diplomacia. </p>

<center><img alt="yeswecan.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/yeswecan.jpg" width="250" height="328" /></center>

<p>Veremos en que acaba esta aventura política japonesa, aunque de momento, el cambio invita al optimismo.</p>]]>
        
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    <title>japón oeste // día 5</title>
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    <published>2009-01-12T05:32:52Z</published>
    <updated>2009-10-27T09:51:49Z</updated>
    
    <summary>Aunque el dormir al arrullo de las olas me había abierto el apetito, lo primero que hice al levantarme -antes incluso de tomar el zumo de naranja mañanero, fue subir el pequeño camino que desde la cala donde había acampado...</summary>
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        <name>Jorge</name>
        
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        <![CDATA[<p>Aunque el dormir al arrullo de las olas me había abierto el apetito, lo primero que hice al levantarme -antes incluso de tomar el zumo de naranja mañanero, fue subir el pequeño camino que desde la cala donde había acampado conducía hasta la cima del acantilado. En la cima, una placa conmemorativa junto a un pequeño faro recordaba el lugar donde se alzaba el castillo de Unomaru. Construido en 1571 por el clan Mori, y a cargo de los samurai al servicio de la familia Naito, este castillo fue de vital importancia para proteger los envíos de plata, que provenientes de las cercanas minas de Iwami Ginzan, salían con destino a España previa escala en México o Filipinas. </p>

<p>La historia se empezaba a hacer palpable en este enclave patrimonio de la humanidad, así que sin más dilación me aventuré al corazón de esta singular área histórica: Las minas de plata de Iwami Ginzan. Descubiertas a principios del siglo XIV, su explotación a gran escala no comenzaría hasta mediados del XVI, gracias en parte a las nuevas técnicas de extracción de la plata traídas por los españoles. Las exportaciones de plata crecieron de tal forma, que Francisco Javier en una carta de 1552 se refiere a Japón como la "isla de plata", la única de su tipo en el mundo. A partir del siglo XVIII, la mina empezó a mostrar signos de agotamiento y únicamente se hacían extracciones de cobre. La mina se cerró en 1923. aunque debido a la falta de materias primas durante la guerra, se reabrió en 1937. Se continuó extrayéndose cobre, hasta que en 1943 unas lluvias torrenciales inundaron múltiples galerías, forzando el cierre definitivo en 1945. </p>

<center><img alt="west20.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west20.jpg" width="300" height="219" /></center>

<p>Con el cierre, los últimos trabajadores y sus familias se marcharon, y la zona entro en un estado de abandono que ayudó a preservar un encanto que fue reconocido con su inclusión como patrimonio de la humanidad en 2007. Un paseo por los numerosos templos y pozos de extracción es una vuelta al pasado, en concreto, al periodo Edo. Una época de aislamiento y autarquía que exprimió hasta el máximo los limitados recursos naturales de Japón. Afortunadamente el tiempo ha reconstruido la zona, y las diferentes mina se encuentran hoy en día enclavadas entre bosques en donde sólo el acceso peatonal es permitido. No hay que tener mucha imaginación para ver como sería esta mina en su época de febril actividad, en donde la madera era un bien al servicio de la producción, como se recoge en la película de animación "La princesa Mononoke".</p>

<center><img alt="west21.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west21.jpg" width="250" height="349" /></center>

<p>La visita me llevó toda la mañana, por lo que sin tiempo que perder, deshice el camino del día anterior, y me dirigí de nuevo hacia el museo de fotografía Shoji Ueda. Afortunadamente esta vez si que estaba abierto, y pude disfrutar de su magnífica exposición permanente de fotografías, alojada en esta hermosa atalaya de hormigón con vistas al monte Daisen.</p>

<center><img alt="west22.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west22.jpg" width="300" height="222" /></center>

<p>Entre la colección, descubro una colección de fotos que pese a no ser de sus más famosas, dicen mucho de este genial fotógrafo. Shoji Ueda empezó como un fotógrafo amateur haciendo retratando la pobreza de su tierra natal de Tottori. En cierta ocasión, un fotógrafo profesional de moda llegó al desierto de Tottori con toda tu troupe de asistentes y modelos con la idea de hacer un reportaje de moda en tan pintoresco paisaje. Shoji Ueda también estaba allí, y fue retratando a su estilo a tan singular colección de personajes llegados de la gran ciudad. El resultado fue una serie de fotos en donde se aprecia el contraste entre el fotógrafo artesano pendiente al detalle, y el de la superficialidad del fotógrafo profesional de moda. Toda una delicia.</p>

<p>El tiempo en el museo de se me pasó volando, y casi sin darme cuenta los bedeles me estaban echando amablemente al tiempo que me contaban batallitas de Shoji Ueda, complacidos de que un visitante extranjero haya peregrinado desde Tokio con el único fin de ver el museo, ¡y por dos veces!.</p>

<p>Estaba anocheciendo. Por un momento pensé en volver a las dunas de Tottori para intentar emular una vez más a Shoji Ueda. Pero un gris nubarrón que provenía de esa zona me hizo cambiar de idea, y decidí que era tiempo de cruzar la isla hacia la costa del mar interior de Seto.</p>

<p>La carretera 180 cruza las escarpadas montañas de Chugoku hasta Kurashiki. Una bella carretera flanqueada por ríos en su mayor parte, y en donde camiones sin control se deslizan a velocidades por encima de la ley. Pese a ser una carretera comarcal de montaña, apenas tiene curvas, lo que supone una alternativa gratuita a la autopista de peaje Yonago-Okayama. Frecuentada por camiones de gran tonelaje, la experiencia de cruzar estas montañas, lejos de ser una placentera experiencia, es una estresante persecución azuzada por camiones que no dudan en acercarse a menos de un metro a poco que te pongas a mirar el paisaje.</p>

<p>Por suerte llegué de una pieza a Kurashiki, y tras dar varias vueltas encontré un camping gratuito situado en medio de un parque público rodeado de enormes descampados. Un oasis en el desierto en donde instalé mi particular<em> jaima</em>, y me eché a dormir plácidamente pese a los varios perros callejeros que merodeaban alrededor de mi tienda.  </p>

<center><strong>Día 5</strong> Yunotsu - Kurashiki
<center><img alt="westmap5.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/westmap5.jpg" width="300" height="206" />
</center>
<strong>Distancia recorrida: 313 Km</strong> <br>
<strong>Tiempo de viaje:</strong> 12h<br>
<strong>Alojamiento:</strong> 0 yen</center>]]>
        
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    <title>japón oeste // día 4</title>
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    <published>2008-12-26T01:03:51Z</published>
    <updated>2009-01-19T12:56:30Z</updated>
    
    <summary>Hacía algo de frío por la mañana. El suficiente como para desechar la idea de un baño purificador en la cascada sintoista del camping. Al menos la noche anterior había comprado el desayuno, y disfruté de con los primeros rayos...</summary>
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        <name>Jorge</name>
        
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        <![CDATA[<p>Hacía algo de frío por la mañana. El suficiente como para desechar la idea de un baño purificador en la cascada sintoista del camping. Al menos la noche anterior había comprado el desayuno, y disfruté de con los primeros rayos de sol filtrándose por entre unos temblorosos árboles rociados por la humedad de la cascada. Tras tal bucólico despertar, recogí el campamento y me dirigí al cercano templo de Sanbutsuji.</p>

<center><img alt="west13.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west13.jpg" width="300" height="195" /><br><em>Preciosa cascada a 10 metros de mi tienda</em></center><br>

<p>El templo de Sanbutsuji, de la secta budista de Tendai, se encuentra en el Monte Mitoku, casi en la frontera entre la provincia de Tottori y Okayama. Aunque el origen de este templo es incierto, la leyenda lo atribuye a un hecho acontecido en el año 706. Se cuenta que Ennogyouja, un monje peregrino que se encontraba meditando en las montañas Katuragi de Nara, lanzó tres petalos de flor de loto al aire para que le indicasen lugares sagrados budistas. Uno de los pétalos cayó en la montaña de Yoshino, en Nara; otro en la montaña de Ishizuchi, en Ehime (Shikoku), y el último en el monte Mitoku. Ennogyouja viajó hasta el monte Mitoku, y construyó un templo en la falda de la montaña. Una vez acabado, lo levantó y lo incrustó en la montaña. De ahí que el templo de la cima, verdaderamente mágicamente "incustrado", se conozca como Nageiredou (templo lanzado). Más tarde, el monje budista Jikaku-taishi Ennin consagró la montaña a los budas Shakyamuni, Amida y Dainichi Nyorai, dándose el lugar a conocer como el "templo de los tres budas" (<em>Sanbutsuji</em>). </p>

<center><img alt="west14.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west14.jpg" width="300" height="198" /><br><em>Sandalias de escalada</em></center><br>

<p>A la entrada del templo un monje comprobó que llevaba el calzado adecuado, ya que en caso contrario por 500 yen podías alquilar unas <u>botas de trekking</u> sandalias de paja adecuadas para la escalada. Después tuve que registrar la hora de entrada a la montaña, y el amable monje me advirtió que no debía de olvidar firmar a la salida, porque si no tenían que mandar a los servicios de rescate. A estas alturas ya empezaba a arrepentirme de haber venido a esta montaña, aunque para tranquilizarme el monje me dió una banda amuleto para protegerme de los peligros de la escalada. </p>

<center><img alt="west15.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west15.jpg" width="250" height="379" /><br><em>Una cadena era la única ayuda para la escalada</em></center><br>

<p>Con escepticismo entré en el recinto sagrado pensando en lo exagerados que son estos japoneses; los mismos que para ascender el Fuji en verano se equipan como una expedición al K-2. ¡Qué equivocado estaba! La primera prueba era un pared de roca de 70 grados y unos 10 metros, con una cadena como única ayuda a la ascensión. Esa sería la constante. Paredes de roca, cuerdas, cadenas, y la sensación de estar ascendiendo a un verdadero templo de ascetas. Por el camino, pequeños templetes suspendidos sobre pilares de madera ofrecían un respiro al peregrino, y unas maravillosas vistas del valle. El compañerismo surgía espontáneamente entre los escaladores, y todos se ofrecían a ayudar a aquellos con más dificultades, incluidos algunos ancianos que subían por fe, y por empuje. Cuando por fin llegué al último templo, literalmente suspendido en una oquedad de la montaña, un sentimiento de gozo me invadió. Por supuesto el sufrimiento de la ascensión contribuye a la alegría, pero también el hecho de encontrarse ante uno de los más bellos templos de Japón. Un monumento que te quita el aliento, y que afortunadamente todavía no figura en las guías de viaje, aunque si hiciesen escaleras o un funicular (Shakyamuni y compañía no lo quieran) seguro que rápidamente se llenaría de autobuses y tiendas de recuerdos.</p>

<center><img alt="west16.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west16.jpg" width="300" height="363" /><br><em>Impresionante</em></center><br>

<p>Contento y todavía embargado por la belleza, bajé ligero la montaña, rebajando a casi la mitad el tiempo estimado de 3 horas de caminata. Algo cansado por el esfuerzo, me senté con placer en la moto, dispuesto a dejarme llevar por carreteras locales entre montañas, y por una larga autopista que paralela a la costa, atravesaba campos de arroz y molinos de viento. Casi sin darme cuenta, el monte Daisen empezaba a perfilarse a lo lejos como si de una pequeña réplica del Fuji se tratase. La cercanía del monte sólo significaba una cosa: me encontraba cerca del <a href="http://www.japro.com/ueda/">museo de fotografía Shoji Ueda</a>. Cuando tras subir una pequeña montaña por fin llegué al recinto del museo, me sorprendió encontrarme ante un parking vacío. Cuando me acerqué a la entrada mis temores se confirmaron: debido a la festividad de <em>Golden Week</em>, el horario habitual del museo había sufrido algunos cambios, y el día de hoy estaba cerrado. Maldiciendo mi mala suerte decidí no perder más tiempo y continuar el viaje, mientras mentalmente iba dibujando una nueva ruta que me trajera de vuelta.</p>

<p>En cuanto dejé atrás la prefectura de Tottori para pasar a la de Shimane, el creciente tráfico me recordó que me acercaba a un núcleo urbano importante: Matsue. La verdad es que al principio del viaje me había prometido el evitar los grandes centros urbanos en lo posible, aunque en Matsue había un monumento que quería visitar: la casa donde residió Lafcadio Hearn, restaurada y convertida en Museo. </p>

<p>La ciudad de Matsue descansa al lado del lago Shinji. Esta cercanía y el hecho de que es cruzada por varios ríos la confieren a veces la sensación de ser una pequeña isla rodeada de extensiones de agua interminables. Los accesos están bien señalizados, y el ambiente me pareció similar al de Kanazawa o Mito, aunque como sucede con todas las ciudades japonesas, la uniformidad se impone. El centro histórico esta muy bien conservado y preparado para el turismo. Tanto, que al llegar al parking del castillo, un amable voluntario octogenario me guió hasta el aparcamiento gratuito para motos situado en el interior del perímetro. Un lujo que no me terminaba de creer.</p>

<p>El castillo de Matsue, construido en 1611 es de los pocos castillos japoneses que no ha sido reconstruido de sus cenizas. Llama la atención que sea de color negro y no blanco, en parte por sus paredes cubiertas de madera. Junto al castillo, antiguos edificios Meiji intentan competir sin éxito con la sobriedad de un castillo que sigue siendo el principal reclamo de la ciudad. Paseando entre los cuidados jardines de alrededor del castillo atravesé un foso navegable surcado por pequeñas embarcaciones llenas de turistas, y me adentré en el conocido como "distrito de los samurai". Casas restauradas de antiguos samurai rodean al castillo reteniendo parte de la atmósfera de la época, y dando belleza al conjunto. Normalmente los castillos japoneses se encuentran aislados entre autopistas y edificios de hormigón, por lo que se hace raro poder pasear entre antiguas calles con el castillo de fondo como impasible guardián de la ciudad. Una de estas antiguas casas de samurai es donde vivió Lafcadio Hearn en 1890 cuando por primera vez llegó a Japón y fue contratado como profesor de inglés por la prefectura de Shimane. Sus quince meses en Matsue determinarían su percepción de Japón, y su vida: conoció a su mujer, Koizumi Setsu -proveniente de una de las casas de samurai cercanas, y se naturalizó japonés adoptando el nombre de Koizumi Yakumo, nombre por el que hoy en día todavía se le reconoce en Japón. La casa hoy en día es un museo que contiene objetos personales del escritor donados por su familia, así como fotos, libros, y un interesante árbol genealógico que muestra su descendencia hasta la actualidad.</p>

<p><img alt="west17.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west17.jpg" width="300" height="195" /><br><em>Entrada a la casa-museo de Lafcadio Hearn</em></center><br></p>

<p>Muy cerca de la casa de Lafcadio, en otra antigua residencia de samurai, encontré un restaurante con un bello jardín interior en donde descansé del largo día, probando la especialidad local: <em>kamonasoba</em> (sopa de fideos con pato). Tras la deliciosa comida, y arrullado por la fresca brisa del jardín y los sonidos del <em>fuurin</em> (pequeña campana mecida por el viento), tuve la tentación de tirarme en el tatami y reivindicar una patria tradición: la siesta. Sin embargo el tiempo apremiaba, y debía de llegar a Izumo antes de las 17h.</p>

<p>Siguiendo la carretera 431 fui bordeando el gran lago Shinji, que algo embravecido se asemejaba más al mar que a un lago de agua dulce. El santuario de Izumo (<em>Izumo Taisha</em>) no se encuentra muy lejos de Matsue, y se tardaría poco en llegar si no fuera por el intenso tráfico de visitantes que venidos de todo Japón acudan a visitar este sagrado recinto. Y no acuden sólo por devoción religiosa hacia el que es el segundo santuario sintoista más importante de todo Japón. Acuden también por superstición todos aquellos solteros a la búsqueda de pareja. Y es que el templo está levantado, además de a los miles de dioses (<em>kami</em>) que conforman el sintoismo, al dios Okuninushi no Mikoto, algo así como el dios del matrimonio. Por eso, a la hora de rezar y llamar al santo, en vez de las dos palmadas tradicionales, en Izumo Taisha se dan cuatro: dos de tu parte, y dos de tu futura pareja. Con semejante leyenda no es de extrañar que este santuario sea considerado el santuario del amor, y que cada año miles de jovencitas japonesas en edad de merecer viajen hasta este templo con la ilusión de encontrar un buen marido. Aunque me decepcionó no encontrar autobuses llenos de mujeres desesperadas por casarse, casualmente me encontré a un fortuito compañero de escalada que me acompañó durante la subida al templo de Sanbutsuji, y con el que departí animadamente sobre mis aventuras y las suyas, ya que al igual que yo, solitariamente había emprendido su periplo por Japón desde Yamaguchi.</p>

<center><img alt="west18.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west18.jpg" width="300" height="197" /><br><em>Templo de Izumo</em></center><br>

<p>Feliz por constatar que después de un par de días sin hablar todavía era capaz de articular sonidos, seguí mi solitario camino hacia el sur, hacia las minas de plata de Iwami. Aunque ya estaba atardeciendo, todavía quedaba algo de luz, por lo que opté por seguir la carretera 9, que bordeando el mar de Japón, ofrecía la perspectiva de un bonito atardecer. Volando entre acantilados y colinas, llegué al camping que me había fijado como destino. A la hora de elegir un lugar para acampar sólo tengo una premisa: que haya un balneario de aguas termales (<em>onsen</em>) cerca. Con eso en mente llegué al camping situado en Okidomari, cercano a las aguas termales del pueblo costero de Yunotsu.</p>

<p>Si el pueblo de Yunotsu está resguardado por una pequeña bahía, Okidomari es el pequeño cabo que sobresale. Una pequeña elevación que termina en una cala abierta al mar, en donde una zona de acampada gratuita comparte espacio con un merendero con barbacoas, y un edificio usado en verano como escuela de submarinismo. Se me hizo raro llegar a un sitio de acampada con luz natural, y no en plena noche cerrada como los últimos días. Dos tiendas y dos motos ya habían sido montadas, y mientras un japonés se afanaba en intentar encender un fuego, otro probaba suerte con la caña de pescar en la cercana playa. Feliz por disponer de toda la tarde libre, monté la tienda de campaña y me acomodé entre unas piedras de la rocosa cala para ver el atardecer. Acompañado por algunos ancianos parroquianos, todos en silencio observamos como el sol se iba hundiendo lentamente en el mar de Japón, para inmediatamente después, dispersarnos con una sonrisa y una plácida sensación que se vio interrumpida por los gritos de triunfo del motero que sacaba un enorme pez para la cena.</p>

<p>Dispuesto a tomarme una tarde de solaz sosiego, me dirigí al cercano pueblo de Yunotsu. Cuando había pasado por primera vez buscando el camping, pensé que me encontraba en el típico pueblo de pescadores, pero cuando en esta segunda pasada encontré la calle principal, me llevé una grata sorpresa. En una estrecha calle perpendicular a la costa, edificios antiguos de la época Meiji (s.XIX) bellamente conservados, acogían pintorescos baños públicos, cafés, restaurantes y ryokan. Fui paseando tranquilamente, acompañado por el sonido de los <em>fuurin</em> y las <em>geta</em> (sandalias de madera) de gente en Yukata cogiendo algo de aire antes de volver a un nuevo infierno de vapor. En un pequeño tronco tallado como un banco, improvisé una merienda y me deleité con la animación de esta estampa del siglo pasado, hasta que el rigo de gente comenzó a disminuir, y los ruidos de platos, palillos, y olores a miso anunciaban la llegada de la cena. Aprovechando la temprana cena japonesa, entré en el famoso <em>onsen</em> de Yakushiyu. Un terremoto en 1872 provocó la subida de las aguas termales hasta la superficie, y con ello la construcción de este edificio como baño público.  Con el tiempo sus aguas curativas adquirirían fama, hasta el punto que hoy en día es uno de los 12 baños públicos de todo Japón, distinguido con la categoría 5 (la más alta) por la Asociación Japonesa de Spa y Aguas Termales. Las tres plantas del baño son un ejemplo de conversación y restauración. La primera alberga los baños, la segunda un pequeño café-galería de arte, y la última una terraza con bellas vistas de Yunotsu. Lo ostentoso de las estancias de aire<em> art deco</em> contrasta con la austeridad de la zona de baño. Como si el baño hubiese sido excavado en la roca, las aguas desprenden un particular aroma fruto quizás de su alto contenido calcio, sodio y cloratos, que dan además un sabor especialmente salado al agua. Compartiendo aguas con ancianos y curtidos hombres de mar, me relajé de un agotador día que había empezado temprano con una ascensión que ahora se me antojaba lejana.</p>

<center><img alt="west19.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west19.jpg" width="300" height="193" /><br><em>Calles de Yunotsu y onsen de Yakushiyu</em></center><br>

<p>Después del baño, y tras descansar un rato en la terraza, me dirigí al único restaurante abierto a "estas horas" (las 21h) según la encargada del <em>onsen</em>. Había decidido en esta tarde de relax que por la noche me daría un homenaje, y dejaría la frugal comida de campaña. El único sitio abierto no podía haber sido mejor. Como si estuviera fuera de lugar, un moderno restaurante de comida japonesa decorado al estilo minimalista que se impone en Tokio, era la única luz visible en la ahora casi en penumbras calle. El restaurante estaba animado con gente tomando una copa, café o incluso había algún otro despistado como yo al que se le había pasado la hora de la cena. Aunque no había especialidades locales para degustar, comí un <em>tonkatsu</em> (filete de cerdo empanado) que me supo a gloria, y tras charlar animadamente con la camarera y anotar todas sus sugerencias turísticas, me dirigí de vuelta a mi tienda.</p>

<p>Mis compañeros de acampada apuraban los últimos rescoldos del fuego, y los últimos trozos de un pez limón (en japonés <em>buri</em>, especie muy común) hecho a la parrilla. Al verme llegar me ofrecieron compartir con ellos su captura, y aunque ya había cenado, no pude decir no ante la oportunidad de un resopo con buena compañía bajo las estrellas, y animado por cigarras compitiendo en melodías con el mar.</p>

<center><strong>Día 4</strong> Hawaionsen - Yunotsu
<center><img alt="westmap4.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/westmap4.jpg" width="300" height="206" />
</center>
<strong>Distancia recorrida:</strong> 253 Km<br>
<strong>Tiempo de viaje:</strong> 11h<br>
<strong>Alojamiento:</strong> 0 yen</center>]]>
        
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    <title>vuelta a Miyakejima</title>
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    <published>2008-12-05T06:25:01Z</published>
    <updated>2008-12-22T14:20:22Z</updated>
    
    <summary>Algo más de tres años han pasado desde el realojo de Miyakejima, y pese a las advertencias de las autoridades de que hay que llevar máscara de gas en caso de emergencia, y de que no se puede acampar, muchos...</summary>
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        <name>Jorge</name>
        
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        <![CDATA[<p>Algo más de tres años han pasado desde el realojo de <a href="http://www.tokyonikki.com/www/2005/02/miyakejima.html">Miyakejima</a>, y pese a las advertencias de las autoridades de que hay que llevar máscara de gas en caso de emergencia, y de que no se puede acampar, muchos son los turistas que se animan a visitar la isla atraídos ya no sólo por su litoral apenas explotado, ni por los delfines que campan a sus anchas cercanos a Mikurejima; también por la curiosidad de ver una isla que por cuatro años estuvo deshabitada.</p>

<center><img alt="miya1.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/miya1.jpg" width="300" height="205" /><br><em>La vida se abre camino entre las rocas volcánicas</em></center>

<p>A medida que el ferry nocturno desde Tokio se va acercando a Miyakejima, los contornos de la isla se van dibujando en una neblina que no se sabe si es fruto del amanecer, o de algún nuevo escape de gas. Cuando por fin el barco está entrando al puerto, la primera imagen que reciben los turistas es desoladora: Cientos de árboles desnudos y blanquecinos, petrificados en un rictus de muerte, conforman un cementerio en la ladera del volcán que poco tiene que envidiar al famoso cementerio de lápidas blancas de Arlington. En el muelle, varias furgonetas desperdigas esperan a unos turistas que miran con resignación a los compañeros de fiesta de un barco, que sigue su ruta hacia Hachiojima, isla de surferos que ante el panorama que se vislumbra suena a paraíso. Apremiados por las prisas de los conductores, los turistas apenas tienen tiempo de darse cuenta que el barco ya ha partido y que irremediablemente tienen que quedarse. </p>

<center><img alt="miya2.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/miya2.jpg" width="300" height="198" /><br><em>Escuela comida por la lava</em></center>

<p>Afortunadamente, el panorama de desolación va cambiando gradualmente a medida que se va al norte de la isla. Con los primeros signos de vegetación, aparecen también las primeras casas, y los primeros edificios que por suerte, no muestran signo alguna de abandono. La isla, frecuentada principalmente por submarinistas, pescadores, y turistas deseosos de bañarse con delfines, tiene ese aire de isla tropical al modo de <a href="http://www.tokyonikki.com/www/2006/04/ryukyu.html">Okinawa</a>, pero influenciada a la vez por esa especial atmósfera que tienen las <a href="http://www.tokyonikki.com/www/2005/07/isole.html">islas de Tokio</a>. El único alojamiento posible son las pensiones desperdigadas por toda la costa, en donde sus dueños, hablan sin pudor sobre el exilio en Tokio, y sobre la alegría que supone reencontrarse en la isla durante la época estival. Y es que muchos optaron por fijar su residencia y su familia en Tokio, aunque luego vuelvan en verano a llevar el negocio familiar. </p>

<center><img alt="miya3.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/miya3.jpg" width="300" height="197" /><br><em>Faro de Izu Misaki</em></center>

<p>Es en esta época de verano cuando la isla vive sus dos momentos más importantes del año: el festival (<em>matsuri</em>) de Gozutenno (deidad india Gavagriva), y el <a href="http://challenge-miyakejima.com/">WeRide</a>, una concentración motera creada para reactivar el turismo, con aspiraciones de convertirse en el equivalente japonés de la la <a href="http://www.iomtt.com/">isla de Mann</a>. Con la llegada del <em>matsuri</em> a mediados de Julio, muchos de los antiguos habitantes de la isla ahora instalados en Tokio, o familiares de los que todavían persisten en enfrentarse al volcán, regresan para reencontrarse con sus orígenes, sin importarles que una vez esa misma tierra se rebeló contra sus humanos moradores. La bebida corre gratuitamente durante el festival, hasta que llegadas las 23h lentamente y sin protestar, la gente vuelve a sus casas, a sus pensiones, y a sus vidas de continua lucha y temor. Agradeciendo que un día más, las emanaciones del volcán no hayan alcanzado niveles de toxicidad.<br />
</p>]]>
        
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    <title>&amp;#12467;&amp;#12540;&amp;#12498;&amp;#12540;</title>
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    <published>2008-11-04T05:00:48Z</published>
    <updated>2008-12-05T02:28:07Z</updated>
    
    <summary>&quot;Me gusta tanto el café, que en los restaurantes siempre pido té&quot; Así es como se resume mi antigua, aunque no por ello resuelta frustración, sobre lo difícil que es tomarse un buen café en Tokio....</summary>
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        <name>Jorge</name>
        
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        <![CDATA[<p><em>"Me gusta tanto el café, que en los restaurantes siempre pido té"</em></p>

<center><img alt="coffee.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/coffee.jpg" width="300" height="300" /></center>

<p>Así es como se resume mi <a href="http://www.tokyonikki.com/www/2004/02/cafe.html">antigua</a>, aunque no por ello resuelta frustración, sobre lo difícil que es tomarse un buen café en Tokio.</p>]]>
        
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    <title>japón oeste // día 3</title>
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    <published>2008-10-10T05:28:17Z</published>
    <updated>2008-11-20T13:55:16Z</updated>
    
    <summary>Me despertó un rugido de motores. A la luz de la mañana comprobé que efectivamente el camping estaba al lado del mar, en plena bahía de Miyazu. Sus tranquilas aguas eran surcadas por pequeños veleros, y por potentes lanchas rápidas...</summary>
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        <name>Jorge</name>
        
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        <![CDATA[<p>Me despertó un rugido de motores. A la luz de la mañana comprobé que efectivamente el camping estaba al lado del mar, en plena bahía de Miyazu. Sus tranquilas aguas eran surcadas por pequeños veleros, y por potentes lanchas rápidas que salían de un embarcadero adyacente al camping. A la izquierda se distinguía una playa entre pinos sin construcciones que llamaba la atención en una bahía poblada de hormigón. ¿Sería el famoso brazo de de Amanohashidate?</p>

<center><img alt="west8.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west8.jpg" width="300" height="179" /><br><em>Amanohashidate desde el mirador</em></center>

<p>En cinco minutos llegué hasta el telesilla por el que se accedía al mejor mirador de Amanohashidate. Mientras subía pude comprobar que efectivamente ese brazo de arena y pinos que separaba la bahía de Miyazu era el famoso paisaje conocido como <em>hakusha seisho</em> (arenas blancas y verdes árboles). Famoso porque es uno de los tres más famosos paisajes de Japón (<em>Nihon sankei</em>), un centenario ranking que comparte con la isla de Miyajima en Hiroshima, y el conjunto de islas de Matsushima en Sendai. Amanohashidate se traduce como "las puertas del cielo", y dice la leyenda que si dando la espalda lo miras agachado entre tus piernas, serás capaz de ver las puertas al cielo. Todo el mundo en el mirador, independientemente de su edad, intentaba vislumbrar la entrada al cielo.</p>

<p>Se ve que no son muchos los turistas extranjeros que visitan Amanohashidate, ya que los ancianos guardas del parking incumplieron la regla de oro del timador profesional: "No vayas jactándote de tu timo con tu amigo, el guiri puede hablar tu idioma". Dejé a los guardias blancos de ira, y me dirigí al brazo de arena con la intención de atravesarlo. Por suerte no fue necesario infringir la ley, ya que aunque cortado al tráfico, bicicletas y motos de menos de 125cc pueden atravesar sus algo más de tres kilómetros de arena y pinos. Tranquilamente fui recorriendo el camino de tierra, parándome ocasionalmente a contemplar el paisaje.</p>

<center><img alt="west9.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west9.jpg" width="250" height="340" /><br><em>La senda de las puertas del cielo</em></center>

<p>Desde Amanohashidate atravesé una montañosa zona para llegar a Kinosaki Onsen, en la prefectura de Hyogo, un pequeño pueblo junto al río Murayama famoso por sus aguas termales. La zona de onsen se concentra en torno a un tranquilo canal flanqueado por árboles, bancos donde sentarse, y antiguos comercios y tiendas de souvenirs que te trasladan a eas épocas nostálgicas de un Japón recién salido de posguerra. Remojé mis pies en las aguas termales, y tras el descanso, continué mi camino en dirección a la prefectura de Tottori.</p>

<center><img alt="west10.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west10.jpg" width="300" height="198" /><br><em>Viaje al pasado: Kinosaki onsen</em></center>

<p>Atravesando una carretera flanqueda por aerogeneradores mecidos al son de la brisa del mar de Japón, me preguntaba cuando la vegetación empezaría a disminuir para dejar paso al famoso desierto de dunas de Tottori. La verdad es que en ningún momento cambio la típica frondosa vegetación japonesa, y sólo cuando llegué al parking del centro de turismo del desierto, percibí realmente que lo que tenía frente a mis ojos no era una playa grande, sino un pequeño desierto de 16 kilómetros de largo y dos de ancho. Acostumbrado al paisaje japonés, el ver esta árida extensión me sorprendió en parte por la novedad del paisaje, la enorme duna en donde la gente se veía como pequeñas hormigas, o quizás porque este fue el lugar en donde Ueda Shoji tomó sus mejores fotografías. El lugar es cada día asaltado por miles de turistas atraídos por la promesa de un paisaje que sin duda es único en todo Japón, convirtiendo este repositorio de arena de playa, en un pequeño parque temático en torno al desierto, en donde hay que pagar hasta por hacer una foto de los camellos que lo recorren.</p>

<center><img alt="west11.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west11.jpg" width="300" height="187" /><br><em>Imposible llegar a la maestría de Ueda Shoji</em></center>

<p>Contento por dejar atrás la marabunta turística, pasé por la laguna de Koyama y me dirigí al corazón de la prefectura de Tottori. Ya era tarde para intentar la subida al templo Mitokusan Sanbutsuji, por lo que me localicé un camping en los alrededores y me dirigí hasta allí. De camino pasé por el lago Togo, en donde me paré a ver un hermoso atardecer encaramado a una tradicional casa de pescadores. Cuando terminó el reconfortante espectáculo, dí un par de vueltas al lago hasta que por fin logré orientarme y pude localizar un camping escondido en una colina rodeada por campos de arroz. Al llegar al desierto camping por un estrecho camino, me sorprendió encontrarme en un camping gratuito limpio y bien conservado que hasta tenía zona de juego infantil con tirolina incluida. Aunque lo que me sorprendió fue el estruendo proveniente de una cascada al lado del parque. Sin siquiera quitarme el casco me dirigí a la cascada, y pude comprobar que era en realidad un santuario al que se accedía por un pequeño torii (característica puerta de entrada de los templos sintoístas) cubierto de musgo. No me fue difícil encontrar un lugar en donde acampar en este vacío camping, y tras considerar la idea una ablución bajo la cascada sagrada, me decidí por aguas más calientes, y me dirigí a un pequeño pueblo llamado Hawai-onsen. El nombre no es casual, ya que la provincia en donde me encontraba (Yurihama) está hermanada con Hawai. Aunque se ve que la relación no es tan próspera como debiera parecer, ya que al lado del lago Toga, una enorme reproducción de la Ciudad Prohibida de Pekin se anuncia como el principal reclamo turístico de la zona. Tras un relajante baño en las aguas termales de un pequeño <em>ryokan</em>, volví a mi tienda a dormir protegido por el estruendo místico de la cascada, y el suave arrullo de unos árboles que apenas dejaban entrever el cielo estrellado.</p>

<center><img alt="west12.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west12.jpg" width="300" height="405" /><br><em>Caseta de pescadores sobre el lago Togo</em></center><br><br>

<center><strong>Día 3</strong> Amanohashidate - Hawaionsen
<center><img alt="westmap3.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/westmap3.jpg" width="300" height="215" />
</center>
<strong>Distancia recorrida:</strong> 228 Km<br>
<strong>Tiempo de viaje:</strong> 10h<br>
<strong>Alojamiento:</strong> 0 yen</center>]]>
        
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    <title>japón oeste // día 2</title>
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    <published>2008-09-19T02:53:55Z</published>
    <updated>2008-10-16T16:43:56Z</updated>
    
    <summary>Tras una agotadora primera jornada de viaje, dormí del tirón en la espaciosa habitación de tatami del albergue. No llegué a tiempo para las habitaciones compartidas, pero para mi sorpresa, la habitación individual resultó ser limpia y funcional. Apurando la...</summary>
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        <name>Jorge</name>
        
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://www.tokyonikki.com/">
        <![CDATA[<p>Tras una agotadora primera jornada de viaje, dormí del tirón en la espaciosa habitación de <em>tatami</em> del albergue. No llegué a tiempo para las habitaciones compartidas, pero para mi sorpresa, la habitación individual resultó ser limpia y funcional. Apurando la hora de salida y con buen tiempo, en menos de diez minutos me planté en el santuario de Atsuta.</p>

<p>De todos los santuarios sintoistas de Japón, este de Nagoya es el tercero en importancia tras el de Ise e Izumo. En Atsuta se guarda una espada que según la leyenda la encontró el dios sintoísta Susano en la cola de un dragón de ocho cabezas. Este tesoro mitológico, junto con un espejo y una joya, son los tres tesoros japoneses que dan legitimidad a la milenaria estirpe imperial. La joya se guarda en el santuario de Ise y el espejo en el palacio imperial de Tokio.</p>

<center><img alt="west2.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west2.jpg" width="300" height="196" /><br><em>Templo de Atsuta</em></center>

<p>Como todos los santuarios sintoistas, el de Atsuta esta rodeado de un frondoso bosque que hace sumergirte en esa paz espiritual de raíces animistas, origen del sintoismo. Por grandes avenidas de tierra se accede a un recinto sagrado que poco se diferencia del de otros santuarios. Quizá el único signo diferencial de este santuario son los gallos, que salvajes, pululan cacareando por el recinto a sus anchas, enzarzándose ocasionalmente en furtivas peleas. Por supuesto, la famosa espada no está expuesta al público, y ni si quiera existen fotografías. Al menos, paseando por el recinto descubrí un legendario árbol plantado por el mismísimo Kobo Daishi hace más de 1300 años. ¿Quizás una señal de buenaventura?</p>

<p>Mi siguiente parada fue el castillo de Nagoya, uno de esos castillos reconstruidos durante la posguerra, que parece hecho siguiendo el mismo patrón que los de Osaka, Hiroshima, Kokura, etc Al menos, el de Nagoya tiene la singularidad de que su tejado está coronado por dos estatuas de oro representando a un <em>shachihoko</em>, un animal mitológico con cabeza de tigre y cuerpo de pez. Aunque las estatuas son también reconstrucciones, son el símbolo y orgullo de una ciudad llamada a ocupar un papel relevante en este siglo, como muestran sus desafiantes rascacielos junto a la estación central. Capital de la industria automovilística japonesa, y situada entre Osaka y Tokio, esta ciudad de amplias avenidas será sin duda el motor económico que empuje (con el permiso de Fukuoka) una locomotora japonesa algo renqueante por el inminente colapso de Tokio, y el ya ocurrido de Osaka.</p>

<center><img alt="west3.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west3.jpg" width="300" height="197" /><br><em>Castillo de Nagoya. Bonito pese a ser nuevo</em></center>

<p>En el noroeste de Nagoya se encuentra el pequeño pueblo de Inuyama y su castillo, el más antiguo de Japón (siglo XVI), y de los pocos que sobrevivieron a las bombas aliadas. Aunque pequeño, su magnífica situación en lo alto de una colina bordeada por el río Kisogawa engrandece su presencia, y le dota de una particular belleza que no tienen otros castillos más famosos. El castillo está abierto al público, y el interior restaurado nos muestra empinadísimas escaleras, espacios estrechos, techos bajos, y unas vistas de la planicie de Nobi que quitan la respiración. Una experiencia obligada, que se verá doblemente recompensada si se recorren las vetustas casas de samurai de los alrededores, o el apacible jardín yurakuen.</p>

<center><img alt="west4.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west4.jpg" width="300" height="198" /><br><em>Castillo de Inuyama. Imprescindible.</em></center>

<p>Mientras me marchaba por la carretera paralela al río y veía al castillo alejarse, no podía evitar pensar en la fantástica foto que hubiese conseguido si me hubiese esperado hasta el atardecer, para retratar a contraluz el torreón desafiante rasgando un cielo sangre. Pero el tiempo apremiaba y los lugares por visitar eran muchos, así que emprendí el camino de nuevo sin ser consciente de que la carretera me depararía una sorpresa. En dirección al lago Biwako, me topé con Sekigahara, lugar donde aconteció una de las batallas más sangrientas de la historia de Japón el 21 de Octubre del 1600. Tokugawa ieyasu fue el vencedor de una batalla que cambiaría la historia, unificando finalmente Japón y dando comienzo al periodo conocido como Tokugawa (o Edo) que duraría más de doscientos años. Hoy en día el lugar de la batalla es una gran planicie jalonada de campos de arroz, en donde varios monumentos y placas conmemoran a los vencedores y caídos. </p>

<center><img alt="west5.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west5.jpg" width="300" height="131" /><br><em>Sobre la colina, imponente el castillo de Inuyama</em></center>

<p>Siguiendo por la carretera 21 llegué por fin a la prefectura de Shiga y al lago Biwa, el más grande de Japón. Un mar interior que alcanza más allá del horizonte, imposible de abarcar con la mirada. Acercarse a este lago es confundir a los sentidos. Por un lado, la vista identifica esta enorme extensión con un mar de tranquilidad sin apenas oscilaciones, mientras que por otro lado, la falta de olores salinos y de la característica pegajosa humedad marina, hacen que no sepamos bien ante que nos encontramos. Con todo, un paisaje precioso el de este lago rodeado de montañas, y en el que la metereología no me permitió bañarme. En otra ocasión será.</p>

<center><img alt="west6.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west6.jpg" width="250" height="342" /><br><em>Embarcadero en el norte del lago Biwako</em></center>

<p>Fui bordeando el lago en el sentido contrario a las agujas del reloj hasta mi próximo destino, un jardín zen situado en la ciudad de Takashima. Para llegar, hay que atravesar una pequeña zona de montañas desde la que primero se divisa el lago Biwa, para luego meterse en las profundidades de valles y bosques. Lejos de ser una carretera tortuosa, los ingenieros simplificaron el proceso e hicieron una carretera en línea recta (367) que cruza en perpendicular toda la serranía. Una carretera entre pinos, que especialmente bajando a más de cien hora por la montaña, hace que se te meta el frío hasta los huesos. Casi tiritando llegué al pequeño templo de Kosoji, antiguamente conocido como Shurinji, situado al pie de las montañas Hira. En el recinto de este templo estaba el jardín que sirvió de inspiración al discípulo de Kobori Enshu, para crear el famoso jardín de la villa imperial de Katsura. Un jardín famoso por la singular angularidad de su laguna, y sus disposiciones rocosas que semejantes a islas se comocían como <em>tsurujima</em> (isla de grulla) y <em>kamejima</em> (isla de tortuga). Decían las crónicas históricas que la belleza de este jardín era tal, que se asemejaba a "Hourai Shinsen", una legendaria tierra de inmortalidad, en donde se suponía que residían los alquimistas chinos. Pero a pesar de que este jardín zen fue mencionado por la revista Brutus en su lista de los 45 mejores ejemplos de arquitectura tradicional japonesa en Septiembre del 2007, este lugar ha pasado a mejor época. Quizás por la falta de turistas de este recóndito templo, el jardín ha sido abandonado a su suerte, y la maleza desfigura lo que debió ser un precioso jardín zen con vistas a las montañas. Todavia quedan restos de su época de esplendor, como una destartalada taquilla, y un enmohecido cartel con entradas a 300 yenes.</p>

<center><img alt="west7.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/west7.jpg" width="300" height="221" /><br><em>Lo que queda del otrora bello jardín de Shurinji</em></center>

<p>Decepcionado por desviarme 40 km de mi ruta con el fin de ver un futuro descampado, emprendí el camino de regreso por el mismo puerto por donde había bajado. Ante la perspectiva de volver a congelarme de frío, decidí tomar algo caliente en un curioso café llamado "Loft Cafe" por el que había pasado en el empiece de la subida al puerto. El café, aislado en el bosque en un claro de la carretera, resultó ser un lugar con solera. De sus paredes de casa prefabricada colgaban clásicos vinilos de jazz perfectamente embalados, y fotos de concentraciones moteras y coches de época. Dos parroquianos eran el único aforo del pequeño local atiborrado de recuerdos, y pronto empecé una anima conversación en torno a motos, rutas, y detalles más personales de esos que gustan indagar a la gente de pueblo. Sin darme cuenta la noche se me había echado encima, y todavía me quedaban por recorrer cien kilómetros hasta mi destino. Aunque me invitaron a pasar la noche en tan curiosos enclave, la carretera me urgía continuar con mi ruta, y con pena, decidí reemprender la marcha reconfortado no tanto por el café como con el calor humano.</p>

<p>Volando por carreteras desiertas, llegué a Amanohasidate. Acampé en un camping gratuito que por la guía parecía estar al lado del mar, y me dirigí al <em>onsen</em> (aguas termales) más cercano a quitarme el todavía insistente frío del puerto de montaña. Relajado y cenado me acosté con el lejano murmullo del mar y las estrellas. ¡Por fin dormía al aire libre!</p>

<center><strong>Día 2</strong> Nagoya - Amanohashidate
<center><img alt="westmap2.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/westmap2.jpg" width="300" height="206" />
</center>
<strong>Distancia recorrida:</strong> 285 Km<br>
<strong>Tiempo de viaje:</strong> 11h<br>
<strong>Alojamiento:</strong> 0 yen</center>]]>
        
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    <title>que pensarán de nosotros</title>
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    <published>2008-09-09T02:45:22Z</published>
    <updated>2008-10-09T02:46:48Z</updated>
    
    <summary>Los resortes que mueven a que un tema se convierta en la canción del verano son inescrutables. Los resortes comerciales, digo. Esos que hacen que una canción se repita machaconamente de costa a costa, terraza a terraza, y traspase nuestras...</summary>
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        <name>Jorge</name>
        
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        <![CDATA[<p>Los resortes que mueven a que un tema se convierta en la canción del verano son inescrutables. Los resortes comerciales, digo. Esos que hacen que una canción se repita machaconamente de costa a costa, terraza a terraza, y traspase nuestras fronteras transportada por hordas de germanos de regreso a casa por vacaciones. Pero hay canciones que por diversas razones se convierten en nuestra propia canción del verano. Esa que invariablemente asociaremos a nuestro primer verano de amor, el primer viaje con los colegas, o esa alocada estancia en el extranjero. Canciones que nos recordarán el verano cada vez que fortuitamente oigamos alguna de sus notas, porque es sintómatico de estas canciones el desaparecer una vez que termina el verano. Sólo alguna gastada recopilación repetida insistentemente en algún perdido bar nos recordará Aquel verano.</p>

<p>Por diversas razones, mi canción del verano es esta. Un tema que ha sido sin duda el descubrimiento latino de este verano. Hilarante.</p>

<p><object width="300" height="247"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Pv7wFLope2I&hl=es&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/Pv7wFLope2I&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        
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    <title>desde la carretera</title>
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    <published>2008-08-12T23:00:30Z</published>
    <updated>2008-08-13T00:07:19Z</updated>
    
    <summary>Ya estoy en la mitad de esta carretera tantas encrucijadas quedan detrás. Ya está en el aire girando mi moneda y que sea lo que sea. Dios bendiga las celebraciones religiosas, budistas en este caso. Aprovecho este hiato para escapar...</summary>
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        <name>Jorge</name>
        
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        <![CDATA[<p><em>Ya estoy en la mitad de esta carretera  <br />
tantas encrucijadas quedan detrás. <br />
Ya está en el aire girando mi moneda  <br />
y que sea lo que sea.  </em></p>

<p>Dios bendiga las celebraciones religiosas, budistas en este caso. Aprovecho este hiato para escapar del trajín diario, respirar aire viciado a gasolina y tostar mi piel con el tizne del asfalto. De <a href="http://www.tokyonikki.com/www/2008/04/into_the_wild.html">nuevo</a> en moto, y de nuevo una <a href="http://ameblo.jp/tokionikki">pista</a> para encontrarme.</p>

<p><a href="http://www.flickr.com/photos/tokyonikki/">http://www.flickr.com/photos/tokyonikki/</a></p>]]>
        
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    <title>uv</title>
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    <published>2008-07-08T13:22:09Z</published>
    <updated>2008-08-08T13:27:45Z</updated>
    
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        <name>Jorge</name>
        
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        <![CDATA[<p>Mientras en España la gente hace mezclas imposibles –aceite de oliva con nenuco- para intentar un bronceado exprés que les dure hasta el otoño, en Japón el vampirismo lleva a usar inventos imposibles para que ni el más mínimo rayo de sol llegue a la epidermis. En las tiendas es difícil encontrar crema con protección solar menor de 30, y la ropa con protección rayos UV se vende en cualquier tienda y para cualquier prenda, y no en tiendas especializadas como ocurre en otras partes del mundo.</p>

<p>El que muchas mujeres usen paraguas en verano es ya una estampa habitual que a nadie sorprende. Los grandes centros comerciales, museos y demás sitios públicos, sacan los paragüeros en días de sol como si de un día lluvioso se tratase. Y las más radicales, se arman de largos guantes que les protejan los antebrazos, y de enormes viseras opacas que además de impedir que los rayos de sol entren en contacto con la piel –convenientemente untada en maquillaje anti-uv, les den también un poco de anonimato por la ridícula estampa que componen. Nunca se me olvidará la imagen de una mujer equipada de esta guisa en la playa, intentando controlar a su hijo pequeño con la mano que le dejaba libre el paraguas. </p>

<p>Desde la antigüedad la piel blanca se ha considerado un signo de belleza en Japón. Ya en el periodo Heian las cortesanas vivían esclavas de la penumbra de palacio para no perder esa blancura de crisálida que realzase sus negras dentaduras. Una tonalidad fantasmagórica que degeneró en un embadurnamiento en polvos de arroz que a la larga creó un nuevo canon de belleza, en el que tanto hombres como mujeres competían en igualdad de condiciones. Algo queda hoy en día de esa estética antigua. A principios de siglo XX Tanizaki Junichiro reivindicó en “Elogio de la sombra” esa tonalidad de porcelana única, más blanca que la de esas mujeres occidentales que quizás amarillas por la envidia dieron de usar esta etiqueta a la raza asiática. </p>

<p>Y quizás en un problema de razas quede todo esto. A las japonesas levemente tostadas, de piel de caramelo, se las confunde a veces con hawaianas. Un epíteto que no deja de ser motivo de cierta satisfacción. Sin embargo, pasado ese umbral, cuando la piel adquiere esa oscuridad profunda de pescadores y obreros, se convierten en filipinas o tailandesas, perdiendo automáticamente todo el glamour de Hawaii, e incluso el respeto de sus conciudadanos que dudan de si están hablando con un extranjero, un inmigrante o un “medio humano” <em>harufu</em>  (del inglés <em>half</em>, mitad, el término designa a personas mitad japonesa, mitad extranjera). Quizás los motivos raciales no sean tan importantes a la hora de decidir el vivir en la sombra, y lo sean más razones dermatológicas o de tendencia.</p>

<p>¿Y que pasa con los hombres japoneses? Hasta hace bien poco la sabiduría popular decía que para que los niños crecieran sanos y fuertes había que ponerles al sol. Medida que hoy día seguro que ha costado más de alguna discusión con la suegra. Aún así, el moreno sigue siendo un signo de vitalidad entre los niños japoneses, y pocos y raritos son aquellos niños de paupérrimo color. Lástima que cuando entran en el instituto, a la mayoría se les olvida que hay sol sobre sus cabezas.<br />
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    <title>¡campeones!</title>
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    <published>2008-06-30T11:35:49Z</published>
    <updated>2008-07-07T13:42:28Z</updated>
    
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        <![CDATA[<p>Pese a la diferencia horaria, religiosamente cumplimos con los deberes patrios de ver a España <strike>caer en cuartos</strike> ¿ganar la Eurocopa?. Increíble. Lástima que tuvimos una celebración aguada por la insistente lluvia que caía hoy lunes a las 6 de la mañana. </p>

<center><img alt="hachi_es.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/hachi_es.jpg" width="300" height="333" /></center>

<p>Aunque ante la vigilante y suspicaz mirada de la numerosa polícia, que en estas fechas prepara que todo vaya bien para el G8, conseguimos colocarle la bandera a la famosa estatua de Hachiko en Shibuya, y por unos minutos, hacerle cómplice de la Cibeles, Neptuno, Canaletas y demás fuentes, estatuas y monumentos de España teñidos por la marea roja.</p>]]>
        
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    <title>boston celtics +17</title>
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    <published>2008-06-18T12:38:47Z</published>
    <updated>2008-07-07T12:56:13Z</updated>
    
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        <![CDATA[<p>Emocionante esta clásica reedición de las finales de los 80 entre Lakers y Celtics. Y no sólo por la carga emotiva, sino también por el juego y la épica desplegada por unos Celtics, mis Celtics, que vuelven a la senda del anillo décadas después. Para la historia quedará la lesión y la reaparición minutos después de Paul Pierce, calentando en una bicicleta estática para no enfriarse ante la atónita mirada de un público que quizás recordaba las extrañas posturas en el suelo de un dolorido Larry Bird, en su particular lucha contra su maltrecha espalda. O esa remontada con victoria tras ir perdiendo por 23 puntos ante la atónita mirada de todas las celebrities de Los Angeles, o los 39 puntos que les endosaron en el último y definitivo partido de la serie, logrando que este pabellón recupere algo de la magia tras el derribo del Boston Garden parecía perdida. </p>

<center><img alt="bclogo.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/bclogo.jpg" width="300" heiht="329" /></center>

<p>Pues si, mientras otros preferían el showtime de los Lakers de Magic, la rudeza de los Bad Boys de Thomas, o la individualista espectacularidad de los Bulls de Jordan, yo me deleitaba por el juego en equipo de unos Celtics encabezados por Larry Bird, que como decía uno de mis posters, representaba “la pureza de la tradición”. Esto es, entender el juego como un deporte de equipo en donde la individualidad se muestra en el campo haciendo mejores a tus compañeros, y no en la tabla de estadísticas. Una máxima que unida a una intachable ética de trabajo, llevó a un jugador físicamente limitado, a ser un prodigio de técnica, visión de juego e inteligencia que no se ha vuelto a repetir.</p>

<center><img alt="celtics.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/celtics.jpg" width="300" height="119" /></center>

<p>A finales de los 80 los Boston Celtics estaban en declive. Era el tiempo de saltimbanquis como Wilkins y Jordan, y el momento en que el merchandising y el hip hop empezaron a irrumpir en la mejor liga del mundo. Las estanterías se llenaban de nuevos modelos, y las emergentes estrellas de hip hop lucían modelos creados en especial para esos nuevos atletas de la pelota. Sin embargo, yo me mantuve fiel a la tradición, y desde esas primeras<a href="http://www.tokyonikki.com/www/2004/10/converse_all_star.html"> Converse</a> de bota que tuve a los diez años inspiradas en las de Larry Bird, hasta el día de hoy, han sido Converse las únicas zapatillas de baloncesto que he usado…</p>]]>
        
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    <title>fukutoshin</title>
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    <published>2008-06-16T14:28:29Z</published>
    <updated>2008-07-07T12:37:31Z</updated>
    
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        <![CDATA[<p>Una <a href="http://www.tokyometro.jp/fukutoshin/index.html#/top">nueva línea</a> de metro se añade al denso entramado de Tokio, en una inauguración que fue un acontecimiento social y político. No es para menos, mientras que en Madrid sólo por tedio sacamos a pasear a las tuneladoras para hacernos un par de kilómetros de nuevo metro, en Tokio hacía años que no se abría una nueva línea. Inaugurada ayer domingo, la línea fue la atracción del día, reuniendo niños, “jubiletas” y curiosos que no querían perderse esta atracción de feria más barata y accesible que cualquier montaña rusa. La línea cubre la colapsada franja entre Ikebukuro y Shibuya, uno de los tramos con más tránsito de viajeros de la línea circular de tren de Yamanote. </p>

<center><img alt="futuko.jpg" src="http://www.tokyonikki.com/www/futuko.jpg" width="300" height="290" /></center>

<p>El proyecto ha sido el último de este tipo llevado a cabo por el ayuntamiento de Tokio. A partir de ahora, sólo iniciativas privadas se aceptarán para cualquier otra ampliación de la red. Y es que este ha sido un proyecto discutido. Si bien todo el mundo coincidía en el colapso de la red, un nuevo metro no se veía como una solución en parte por la pereza de muchas personas a tener que recorrer cientos de metros en profundidad hasta los andenes o los largos paseos para aquellos que quieran conectar con otras líneas. Pero no sólo los usuarios de transporte público se mostraron escépticos. La construcción del proyecto suponía también levantar casi toda la avenida Meiji Dori, una de las arterias principales de la ciudad al estilo de la M-30. Desde el 2001 y hasta hoy, los atascos han sido frecuentes, y el tráfico un caos agravado por la también construcción en la yamate dori (la M-40 de Tokio) de una autopista de peaje.</p>

<p>Hoy lunes, primer día laborable en que esta línea entra en servicio, se notaba un ligero descenso de viajeros en la línea yamanote, quizás porque muchos asalariados decidieron probar esta nueva línea. Sin embargo, por la tarde la nueva línea se colapsó por el alto número de viajeros, y perdió un punto en esa escala de fiabilidad y puntualidad que se le exige al transporte ferroviario japonés. </p>

<p>Yamanote 1 – Fukutoshin 0<br />
</p>]]>
        
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